el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 15 de enero de 2019

TARDE DE MARTES

Aprovecho un rato libre para reseñar un par de libros que ya tengo leídos.
Me voy a 2015, cuando se reúne después de muchísimos años la dupla integrada por el escritor y guionista estadounidense Jerome Charyn y el dibujante francés François Boucq, para la que será su tercera (y hasta ahora última) obra en conjunto. A lo largo de 80 páginas, Little Tulip nos invita a seguir la vida de Paul, un chico que nace en Estados Unidos, se muda con su familia a Rusia y durante los años ´40 vive la pesadilla de la persecución política, la captura a manos del régimen stalinista y la vida en cautiverio en un gulag de Siberia. Tras recuperar la libertad en 1953, vuelve a New York. Charyn nos narra en paralelo la infancia y juventud de Paul en Rusia (donde le dicen Pavel) y su presente, ambientado en la convulsionada New York de principios de los ´70. Y tanto el joven Pavel como el adulto Paul la van a pasar sumamente mal.
Little Tulip es una de las historias más sórdidas, más oscuras, más desoladoras que leí en mi vida. Ni siquiera cuando narró su autobiografía en la novela The Catfish Man, Charyn se privó de mostrarnos escenas violentas o escabrosas. Pero en esta obra lleva ese nivel de truculencia y mala leche a límites insospechados. Acá sí, no vas a encontrar ni cinco centavos de esperanza. Recién sobre el final, Charyn se anima a explorar una remota posibilidad de paz y tranquilidad para un personaje que a lo largo de la novela va a perder prácticamente todo. Ya sea en Rusia o en EEUU, bajo la mano dura de Josef Stalin o bajo la mascarada de Richard Nixon, Pavel/ Paul será protagonista o testigo de asesinatos, violaciones, torturas, mutilaciones, peleas sangrientas y escenas de sexo con menores de edad.
No quiero contar más del argumento, pero básicamente son esas dos historias: el paso de Pavel de niño a joven en las heladas estepas rusas y una aventura de corte más policial en la New York de los ´70, entrelazadas con notable habilidad por un Charyn inspiradísimo. Y por supuesto, todo retratado con escalofriante belleza por el inmenso Boucq, quien maneja a la perfección la documentación histórica, el marco de realismo que requiere la historia, y a la vez sabe aportar esa cuota de expresionismo, de grotesco incluso, que acentúa la crueldad, la perversión o la venalidad de los distintos personajes que pueblan las viñetas de Little Tulip. Imposible recomendarla lo suficiente, de verdad. Si leíste La Mujer del Mago o Boca de Diablo, ya sabés que Charyn y Boucq no fallan.
Salto a Argentina, a 2018, cuando se publica el primer librito de Proyecto Tifón, una saga que reúne a varios de los superhéroes que integran el universo de Capitán Barato, creados por Daniel Muller y Lea Caballero. Acá el Capitán Barato aparece muy poquito, en un brevísimo back-up en el que lo vemos hospitalizado. Yo asociaba al personaje con el humor, o la comedia, y claramente este libro no va para ese lado.
El tramo central de la publicación está dividido en dos capítulos, ambos escritos por el imparable Rodolfo Santullo, que creo que nunca había escrito superhéroes. El primer capítulo se centra en Miss Capi, una justiciera urbana sin poderes que sobrevive de modos absolutamente inverosímiles a los embates de varias villanas (estas sí, bastante más power que un humano normal). Recién al final las Tragedias parecen infligirle a la heroína la previsible derrota, acompañada de una “muerte” que cualquier fan de los superhéroes sabe que se va a revertir. Todo esto está dibujado por Kristian Rossi, a quien se le nota mucho el parentesco estético con Eduardo Risso (de quien es asistente), con una narrativa muy sólida, un buen trabajo en el color y algunos fondos que podrían estar y no están (los que están, están buenísimos).
Durante todo ese primer tramo, Miss Capi trata infructuosamente de contactarse con otro héroe, Alto Voltaje, quien está investigando acerca del Proyecto Tifón y su vinculación con quien parece ser el principal villano de esta saga. Alto Voltaje será el protagonista excluyente del segundo capítulo, donde no hay mucho más que una confrontación con los esbirros de este villano (al que Santullo logra dotar de una cierta tridimensionalidad) y la confirmación de que el Proyecto Tifón es mucho más peligroso de lo que suponían los héroes. Este tramo tiene a cargo de la faz gráfica a Pablo Ayala (lo vimos allá por el 16/05/18), que lleva al extremo la técnica de las fotos retocadas en el Photoshop, con millones de filtros y efectos locos. El fuerte de Ayala es el color digital, con el que logra unos engamados muy atractivos, que además de darle clima al relato le dan una pátina de belleza pictórica. Y lo vi un poco más firme en las escenas de acción que en trabajos anteriores. Aclaro que NO soy fan de la estética pseudo-pictórica basada en el manoseo de fotos, pero hecha esa salvedad, el trabajo de Ayala me gustó.
Lo único que realmente no me cerró es lo poco que pasa en 52 páginas. Puestos a sintetizar o ir al grano, se podría haber contado lo mismo en 24 ó 30, como mucho. Pero como los diálogos de Santullo son ágiles y los dibujos se ven bien, no me molesta tanto la estirada. Veremos cómo sigue la historia en la segunda entrega, en la que el foco estará puesto en otros personajes a los que nunca escuché nombrar.

Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.  

jueves, 27 de octubre de 2016

DOS DE JUEVES

Hace 10 años, cuando Mike Carey estaba al frente de una de la series de X-Men y las series de X-Men todavía vendían fortunas, a los muchachos de Image se les ocurrió desempolvar viejas historietas que el guionista británico había realizado para la editorial Caliber en los inicios de su carrera en los EEUU. Así es como en Mike Carey´s One-Sided Bargains nos encontramos con un relato breve en forma de prosa, con una historieta corta medio vendehumo que había salido en un número de la antología Negative Burn (con dibujos medio precarios del ignoto Paul Holden) y con las 44 magníficas páginas de Dr. Faustus, originalmente publicadas en el one-shot homónimo de 1997.
Si tenías dudas de por qué Neil Gaiman se cebó con Carey, lo manijeó todo lo que pudo, lo llevó a jugar al universo de Sandman y lo puso a cargo nada menos que de Lucifer, Dr. Faustus te las despeja por completo. Sin ser un choreo de Sandman ni mucho menos, Dr. Faustus recrea esa onda de historieta culta, sofisticada, con espacio para la aventura, para elementos cercanos al terror, pero sobre todo con el sustento que dan las grandes estructuras dramáticas de los clásicos de la literatura. En este caso, Carey parte del célebre relato Faust, de Johann Wolfgang von Goethe y le cambia muchísimos elementos y le añade otros. El resultado es una versión conmovedora, profunda, capaz de sorprender incluso al que se sabe de memoria la historia clásica.
El dibujo está a cargo de otro británico, Mike Perkins, que nunca le puso tantas pilas a una historieta. Acá lo vemos intentado jugar en un registro entre Bryan Talbot y John Bolton (más algún derrape hacia el lado de Kelley Jones), muy prolijo, con mucho respeto por la ambientación histórica y un gran trabajo en la puesta en página. Con estas 44 páginas le perdoné las tiradas a chanta en sus números de Captain America, cuando era suplente de Steve Epting.
En 2007 empezó a salir en Francia una serie llamada Janitor, de la que se publicaron cuatro álbumes hasta 2011. El guionista era el maestro Yves Sente, garantía de calidad, y el dibujante nada menos que François Boucq, un genio infalible. Norma lo empezó a publicar en España en 2008, pero sacó un sólo tomo y la discontinuó. Yo igual me compré ese Vol.1, a ver qué onda, y la verdad es que la historia es muy atractiva. Estas 46 páginas funcionan como presentación del personaje (Vincent, un cura joven, atlético y valiente, que trabaja para el Vaticano en misiones de espionaje que se suelen poner picantes) y de un conflicto que se va a resolver en el Vol.2. Lógicamente, este es el tramo con más chamuyo y menos acción, pero en ningún momento se hace aburrido.
Buena parte del mérito le corresponde al dibujo de Boucq, que no tiene el vuelo surrealista de Jerónimo Puchero ni los homenajes a Jean Giraud de Bouncer, y sin embargo no defrauda en lo más mínimo. Como cuando dibujó XIII, el maestro la rompe en un thriller contemporáneo (una de James Bond sin gadgets fantásticos), donde el realismo es fundamental. Obviamente me hice fan de Janitor e intentaré conseguir las continuaciones, aunque sea en francés.
Tengo leídos un par de libros más, así que casi seguro clavo otra reseña antes de fin de mes. Hoy cerramos acá.

jueves, 4 de junio de 2015

04/ 06: JERONIMO PUCHERO Vol.5

El maestro François Boucq se tomó su tiempo para volver a escribir y dibujar una aventura de Jerónimo Puchero (Jerome Moucherot, en francés): una pausita breve, de 13 años. El Vol.4 había salido en 1999 y el Vol.5 apareció en 2012 en Francia y el año pasado en nuestro idioma, a través de Norma, que nos empomó y lo editó sólo en tapa dura, mientras que los otros cuatro tomos sólo están en tapa blanda. No me extrañaría que pronto reediten los cuatro primeros en tapa dura y un montón de nabos se los vuelvan a comprar, para tener toda la colección en el mismo formato…
¿Qué sumó Jerónimo Puchero en esta nueva entrega? Cantidad de páginas. Boucq se animó a un álbum más extenso, con 84 páginas de historieta. Y para agilizar el trámite, no las coloreó él, sino su hijo Alexandre. ¿Y qué perdió la serie tras el prolongado paréntesis? Algo de la sorpresa inicial. Yo creo que Jerónimo Puchero arrancó como una aplanadora porque era una idea fresca, originalísima, un delirio genial que te sorprendía desde la primera viñeta hasta la última. Pero claro, eso fue hace más de 20 años. Después uno se fue acostumbrando al planteo disparatado de esta serie y al volver a leerla hoy, no es “más de lo mismo”, pero algo del impacto ya no está.
Esta tendría que ser frase de cierre de la reseña, pero la mando ahora: si nunca leiste Jerónimo Puchero, empezá por ESTE tomo. Sí, ya sé que dice “Vol.5”, pero arrancá por acá. Boucq lo pensó como un álbum totalmente atípico, en el que el propio argumento le da una excusa perfecta para explicar quién es Puchero, cómo funciona el mundo en el que vive y por qué hace lo que hace. Y el título obviamente es una joda: no es un manifiesto, es una especie de parodia a un documental en la que un científico se mete en la jungla urbana de Puchero para analizar “seriamente” a este especímen y su habitat.
Entre equívocos y bizarreadas, el libro ofrece una buena cantidad de momentos logradísimos en términos de comedia, con pasos más de slapstick (como cuando Puchero tiene que domesticar a su traje para poder usarlo) y otros más de humor verbal. El tramo que sucede en el edificio en el que conviven personas de toda la historia de la humanidad es breve y también inolvidable por lo genial de la idea y lo efectivo de los chistes que llega a meter Boucq en esas seis páginas. La comedia de enredos con los esquimales también, tiene apenas tres páginas pero está resuelta con una gracia increíble.
El dibujo es tan alucinante como siempre. Boucq baja un poquito la sobrecarga de líneas cuando dibuja a los seres humanos, pero sigue tan zarpado como siempre a la hora de dibujar a los animales, con infinitos detalles, pero además con plasticidad, con expresiones graciosas, aunque sin llegar a humanizarlos. En los edificios y los paisajes lo que hace este ídolo es inconmensurable. La jungla de Boucq es definitiva, cobra vida, te envuelve, te enrosca, la sentís latir, la olés. Y cuando dibuja edificios o interiores no se queda atrás. Esa escena en el supermercado… te juro que nunca viste un supermercado tan bien dibujado en tu fuckin´vida. La verdad que son muchísimas las imágenes pensadas para detonarte las retinas. Tantas, que aunque no te interesen ni el personaje ni la trama, o no te causen gracia los chistes, este libro te va a maravillar sólo por la faz gráfica.
Ahora se puso de moda traer de vuelta a personajes que hacía mucho que no tenían nuevas aventuras. Este año vuelven el Metabarón, Corto Maltés, ya volvió Las Siete Vidas del Gavilán… en cualquier momento vuelven Torpedo y Ranxerox y estamos todos. Por suerte, este regreso de Jerónimo Puchero fue mucho más allá del mimo a los viejos nostálgicos que lo recordábamos de los ´90. Si sos fan del glorioso François Boucq o de su carismático personaje, sabés que este libro vale lo que te pidan. Y si nunca te enganchaste con las demenciales peripecias de Jerónimo Puchero, te repito: arrancá con este tomo y después entrale a los álbumes de los ´90. Puchero es un viaje de ida y cada vez que Boucq se proponga recorrer un nuevo tramo, sabe que cuenta conmigo.

lunes, 6 de agosto de 2012

06/ 08: BOUNCER VOL.3

Mirá si todas las series fueran así... Este tercer tomo de Bouncer arranca un nuevo arco argumental (después de aquella magistral saga con la que arrancó la serie, repartida entre los dos primeros tomos) y lo hace de tal manera que no necesitás en lo más mínimo haber leído los álbumes anteriores. Si este es tu primer libro de Bouncer, ni vas a sospechar que antes hubo otros dos. Por ahí te preguntarás por qué le falta un brazo, pero bueno, no es lo importante. Alexandro Jodorowsky te presenta a los personajes que vienen desde el Vol.1 de la misma manera que a los nuevos, y de la misma manera que al conflicto que los va a envolver en este tomo y en el próximo. Todo da la sensación de empezar acá y eso es realmente muy, muy notable.
Por supuesto, lo grosso es que la nueva trama también está bárbara: Bouncer se convierte casi por accidente en el verdugo de su pueblo y recibe la orden de ejecutar a la mujer a la que ama y al marido de esta, un ex-esclavo negro que encontró oro y se convirtió en minero. Por algún motivo, Bouncer está seguro de que la pareja es inocente, y ahora va a tener que demostrarlo. En el medio, hay un enfrentamiento muy heavy con los muchachones de un peso pesado, un millonario que de a poco se quiere comprar todo el pueblo, incluyendo el saloon donde labura Bouncer. Y además hay un subplot que avanza poco e intriga mucho: los hombres importantes del pueblo que mueren envenenados por la picadura de una serpiente coral. Seguramente en el próximo tomo esto se integrará al tronco central de la trama.
El villano, el soberbio y desalmado Clark Cooper, es el personaje más opaco de este tomo. Es demasiado obvio, tiene pocos matices, tanto él como sus matones. Y el personaje mejor trabajado, lejos, es Noemie, la puta del saloon que tiene la mejor onda con Bouncer pero a la hora de los bifes, lo deja en banda para... no te lo puedo contar. La secuencia de la juventud de Noemie, su secret origin que termina con ella ya convertida en prostituta, es probablemente la más estremecedora de un tomo en el que las emociones fuertes se acumulan como las puteadas contra Macri por el paro de los subtes. Así como en los dos primeros álbumes sorprendían la crueldad, la violencia, lo escabroso de las atrocidades que veíamos perpetrar a los personajes, acá sorprende lo conmovedor de las escenas, cómo Jodorowsky juega todo el tiempo a exaltar sentimientos de lealtad, de amor, de amistad, de dignidad, pero también de codicia, de lujuria, de odio e intolerancia.
El otro integrante de la devastadora dupla de Bouncer, el maestro François Boucq, también hace, a su manera, una especie de “borrón y cuenta nueva”. No le cambia los rasgos al personaje principal, ni mucho menos, pero sí encuentra la vuelta para desprenderse del omnipresente fantasma de Jean Giraud, que tanto se notaba en los primeros tomos. Acá hay “giraudismos” sólo en las tomas amplias de los paisajes, esos cañones y desfiladeros semi-desérticos que sí, parecen copy-pasteados de algún álbum del Teniente Blueberry. Pero todo el resto es mucho más Boucq que en las entregas anteriores. Sobre todo las expresiones faciales (más extremas, más zarpadas) y las peleas, tienen cero Giraud y muchísimo Boucq. En el Vol.2, el creador de Jerónimo Puchero la descosió con una secuencia onírica, en la que uno de los personajes flasheaba bajo los efectos del peyote. Esta vez, el guión encuentra la forma de meter otra escena en esa onda y de nuevo, el lucimiento de Boucq es prodigioso.
Si no conseguís los dos primeros tomos de Bouncer, no te calentés: arrancá con el Vol.3 y dale para adelante. Yo ahora tengo que conseguir el Vol.4, a ver cómo catzo termina esta saguita, que arrancó con un tomo brillante, que no bajó ni un milímetro el altísimo listón propuesto por los dos anteriores. Aguante el buen western!

miércoles, 4 de abril de 2012

04/ 04: BOUNCER Vol.2

Ningún asesino que se precie deja un trabajo a medio hacer y yo ya soy un asesino serial de comics, así que vuelvo al toque, a despachar a este sucio bastardo que zafó casi de milagro, el otro día.
No me lo vas a creer, pero este tomo de Bouncer es mucho mejor que el anterior. Tiene un único “problema”: acá cierra TODO lo que planteó Alexandro Jodorowsky en el Vol.1. El plot de la venganza de Seth contra el asesino de sus padres (que no es otro que su tío Ralton) y el misterio acerca del paradero del fastuoso diamante que se choreó Lola en el último asalto que perpetró junto a sus hijos, hace ya muchos años. Y no sólo eso. Además de resolver perfectamente los plots pendientes, Jodorowsky ahonda un poco más en el pasado de Bouncer, y presenta, desarrolla y les pone moñito a dos nuevos personajes: por un lado Deborah, el interés romántico de Seth, y por el otro el carismático Crazy Butterfly, un personaje que a Jodorowsky no le interesa trabajar hacia adelante, pero que trabaja maravillosamente hacia atrás, en un flashback sencillamente glorioso.
¿Cómo seguirá esta serie? Ni idea. La verdad es que este tomo cierra todo tan bien, que el Vol.3 va a tener que abrir otra saga, que lleve a Bouncer para otro lado totalmente distinto. Y va a tener que ser una historia del mega-carajo, para que no parezca que los autores están estirando una serie sin ideas nuevas (y grossas) simplemente para que no se corte la facturación. Por suerte, están los elementos para gestar nuevas aventuras fuertes, impactantes. Ya está resuelta la cuestión familiar (madre, hermanos y sobrino) de Bouncer, y ahora es tiempo de que el manco encargado del saloon/ cabarulo “El Infierno” se convierta en el verdadero protagonista, ya no en el mentor de Seth, que lo opacaba bastante. Será cuestión de que el shaman Jodorowsky no baje ningún cambio en la salvajada, en la forma atroz y descarnada que propone para redescubrir el tan remanido (pero evidentemente, todavía viable) Far West.
Por el lado del dibujo, tenemos al maestro François Boucq muy inspirado, y no sólo en el Teniente Blueberry de Jean Giraud. Guarda: mirás un álbum de Bouncer de lejos y parece un álbum de Blueberry, de no ser por dos detalles. El color, que es mil veces mejor, y los diálogos, que son menos y mejor repartidos entre las viñetas. Después, cuando lo mirás de cerca, descubrís que –a pesar de las nada desdeñables similitudes- el estilo de Boucq dice presente, se planta, se muestra y la rompe. Y además Giraud nunca dibujó una escena en la que Blueberry le entrara al peyote y empezara a alucinar, sin duda uno de los picos más altos de este tomo. La narrativa, una vez más, está muy jugada a las viñetas chatas y horizontales, tipo widescreen, con bastantes primeros planos, en los que Boucq muestra con lujo de detalles las caras de los personajes y hace gala de su virtuosismo a la hora de dibujar expresiones faciales.
Con mucha acción, excelente caracterización, mucha violencia, mucha crueldad y una asombrosa capacidad para rematar las tramas en espacio breves, sin estirar en lo más mínimo, Jodorowsky y Boucq pegaron un hitazo que duró siete tomos. Cuando lea el Vol.3 me voy a enterar si valió la pena seguir más allá del final que propone el Vol.2 que –repito por enésima vez- es redondísimo, emotivo y brillante.
Ah, me quedaba pendiente el tema de la traducción: impecable, realmente. Muy buen trabajo de la gente de Norma, que logra que esto se lea tan lindo en castellano como en francés.

lunes, 2 de abril de 2012

02/ 04: BOUNCER Vol.1

Uh, qué dejá vu (diría el poeta). Por segunda vez en la semana, agarro el Vol.2 de una serie cuyo primer tomo había leído antes de empezar con el blog, para descubrir que no entendía ni me acordaba una chota, y finalmente regresar al primer casillero, a releer el Vol.1. Esta vez me pasó con Bouncer, el impactante western de los maestros Alexandro Jodorowsky y François Boucq (a tacharlos de la lista de ilustres próceres del Noveno Arte a los que este blog nunca les había dedicado ni una mísera reseña), una obra extensa iniciada en 2001 por esta dupla que en algún momento, cuando estaban haciendo Cara de Luna, se peleó para el orto, dejándola inconclusa. Pero pasaron los años, los grossos se reconciliaron y no sólo terminaron con muchas pilas Cara de Luna, sino que se reunieron para una nueva epopeya, que es esta.
La idea de que Jodorowsky y Boucq pudieran encarar un western ya era, por lo menos, atractiva. Bizarra, sorpresiva, potencialmente llena de sorpresas. Y la verdad es que el primer tomo cumple ampliamente con las expectativas que genera. ¿Querías sorpresas? Hay miles. ¿Querías un western que no se pareciera a los miles que ya existían? Esto es exactamente eso. El primer tomo sirve para presentar a los que –yo sospecho- serán los tres personajes centrales de la saga. El que más chapa acumula (y más secuencias protagoniza) es el tuerto Ralton, sin dudas el villano central de Bouncer. Los otros dos son el hermano de Ralton, quien además de haber perdido un brazo, enterró su antigua identidad y se hace llamar simplemente Bouncer; y Seth, sobrino de Ralton y Bouncer, único sobreviviente de una de las varias masacres que le vemos perpetrar a Ralton, en la que decapita a su hermano Blake, padre de Seth.
La historia de los tres hermanos (Blake, Bouncer y Ralton) y su mamá Lola (una de las prostitutas más aguerridas del Oeste, que dio a luz a sus tres hijos entre los 12 y los 16 años) ocupa un tercio del tomo, un extenso y cautivante flashback que Bouncer le narra a Seth y que ojalá continúe en los próximos tomos. En este racconto aparece un elemento que sin dudas será central, porque tiene todo para convertirse en el eje de la confrontación entre Ralton (capitán del recientemente derrotado ejército de la Confederación) y Bouncer: el botín del más espectacular robo perpetrado por Lola y sus hijos, oculto hace décadas en algún lugar que hasta ahora nadie dice conocer. Pero en el flashback queda bastante claro que Bouncer probablemente sepa dónde están escondidos los miles de dólares y el majestuoso diamante de aquel sangriento asalto a un tren, que terminó con los hermanos enfrentados entre sí.
La codicia, entonces, pareciera ser el motor de esta siniestra trama enchastrada de asesinatos, saqueos, torturas, violaciones, mutilaciones y profanación de cadáveres, en un nivel muy heavy, incluso para los standards del Salvaje Oeste. Al lado de Bouncer, los comics más jodidos de Jonah Hex son para publicar en la Genios o la Billiken.
El dibujo de Boucq es glorioso. Trabaja mucho con viñetas alargadas, horizontales, lo que los yankis llaman “widescreen”. Casi todas las páginas tienen una o dos de esas, y algunas tienen cinco o seis. En las caras, vemos a un Boucq más realista, menos caricaturesco, más cerca de un comic de Hermann (ponele) que de los delirios grotescos que pelaba en Jerónimo Puchero. Por supuesto, a la hora de dibujar westerns, ningún dibujante francés puede zafar de la sombra, de la impronta omnipresente, del insuperable Blueberry de Jean Giraud, y Boucq no es la excepción. Todo el tiempo vamos a encontrar paisajes, angulaciones, trucos de iluminación, etc., que ya vimos en algún álbum del querido Teniente. Un detalle menor, pero notorio: Boucq trabaja acá con dos coloristas... y uno es Nicolas Fructus! La bestia salvaje, el grosso entre los grossos, autor integral de la saga de Thorinth, que ahora labura con Jodorowsky en la serie Showman Killer. Un lujo absoluto.
Bueno, acá hay pasta para disfrutar de una gran serie. Veremos como sigue y lo veremos bastante pronto, porque el Vol.2 está ahí, sobre la mesa. De hecho, me mira y me dice “¿Y, boludo? ¿Ya entendiste lo que antes te dejó descolocado? ¿Cuándo volvés a terminar con lo que empezaste?”. El Vol.1 lo tengo en francés y los siguientes en castellano, así que acá se juegan una parada importante también los traductores de Norma. Que no decaiga.