Entre los muchísimos comentarios que surgieron a raíz de la reseña de la Liga del Mal, se mencionó varias veces al editor y guionista Damián Connelly, y ahora me toca mencionarlo varias veces a mí, en la reseña de esta antología compuesta por tres historietas suyas.
La Autopsia nuclea a tres relatos que comparten ambientación (la ciudad de Winchester, a la que ya visitamos el 09/03/13, en la reseña de Días Negros) y un tema que las engloba: el canibalismo. La primera historieta es la más extensa (28 páginas) y después hay una de 9 y una de 8. Vamos de atrás para adelante.
La última y más breve historieta de gente que morfa gente tiene un guión muy clásico, muy “de manual”. Demasiado fiel a las consignas del género de los muertos que resucitan, Niara y Menelik tiene momentos lindos, pero uno siempre sabe lo que va a suceder. Dibuja un muy inspirado Gerardo Baró (a quien también vimos en el libro de la Liga del Mal) que, incluso sin color, da cátedra.
Algo similar sucede con La Furia, la historia de 9 páginas. De nuevo, Connelly se aferra a las convenciones del género, ya muy transitadas, y le queda poco margen para darle al guión visos más originales o más sorprendentes. Acá hay más cheap thrills que en Niara y Menelik, más escenas pensadas para shockear al lector, y si lo logra es principalmente porque el dibujante (Daniel Sguiglia) enseguida identifica a estos momentos clave y pone ahí toda la carne al asador. En promedio, el dibujo no descolla, es más bien adocenado. Pero hay un par de viñetas muy, muy notables, en las que se agradece el esfuerzo extra por parte del dibujante.
Claramente, Connelly se gastó toda la munición gruesa en la historia más extensa. Severina abreva en los tópicos del terror caníbal, pero además tiene un clima único, cautivante, que no se parece a ninguna otra obra del género. Acá, las atrocidades de esta mujer antropófaga son un elemento más en una compleja trama de amor, perversión y sumisión. Esta es una historieta espesa, asfixiante, marcada por la fatalidad, donde cada silencio tiene mucho peso. Por ahí los diálogos se pasan un poquito de rimbombantes a tal punto que no suenan naturales al oído, pero el trabajo que hace Connelly con Severina, Alicia y Daniel es realmente excelente y los momentos en los que elige mostrar sus cartas y correr los velos no pueden estar mejor elegidos.
El dibujo está a cargo de Carina Altonaga, quien se mueve con mucha solvencia en el estilo académico-realista. Altonaga se apoya mucho en la referencia fotográfica, pero no tiene ningún problema a la hora de integrarla a su grafismo. Creo que su principal logro (porque dibujar bien la anatomía y las caras no es un logro, es lo que cualquier dibujante profesional debería poder hacer) es su equilibrio sutil y perfecto entre masas negras y espacios blancos, que revelan un cuidadoso estudio y una sólida comprensión de la técnica del claroscuro. Y quizás el punto flojo de Altonaga, lo que le queda por explorar, incorporar y mejorar, es la elección de los ángulos, un item en el que acá no se juega para nada, sobre todo en la primera mitad del relato.
Como balance final, recomiendo leer este primer tomito de La Autopsia para estremecernos con la macabra belleza de Severina y disfrutar de los dibujazos de Baró en Niara y Menelik. Y a esperar, a ver con qué otro género se mete Damián Connelly en su próxima incursión por los pagos de Winchester...
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jueves, 30 de enero de 2014
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