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martes, 28 de noviembre de 2023
MARTES DARK
Ahora sí, tengo otros dos libritos listos para reseñar en este espacio que sigue firme junto al pueblo hace casi 14 años.
El sello Vendetta lanzó este año la tercera edición de Dossier Macabro, una antología de relatos de terror a cargo de autores argentinos (y autoras, claro). Nunca había visto los dos libritos anteriores, pero por suerte las historias son autoconclusivas y no requieren ningún tipo de lectura previa.
La primera historia nos presenta un guion bastante digno de Emilio Balcarce, junto a un dibujante (Julián Zacaríaz) que no me convenció. Tampoco tuve suerte con los dibujos de la segunda historia (a cargo de Grendel Belarrousse), que trabaja sobre un guion también bastante piola, y con un buen manejo del armado de las secuencias. Entre lo mejorcito de la antología destaco la tercera historia, "El Conjuro", muy buen guion de Federico Rodríguez, dibujado como la hiper-concha de Dios por Omar Hirsig. Gran laburo.
Además de coordinar el proyecto, Leo Figueroa aporta un guion ("Cacería") que está bien, cumple con la consigna de generar tensión en el lector y rematar par el lado que uno menos se imagina, incluso cuando parte de una premisa bastante trillada. Lo acompañan los dibujos (muy correctos) de Cecilia Desiata. Me quedan por destacar el trabajo de Luisina Módica en una historieta de 11 páginas que también sube al podio de este Dossier Macabro. También el dibujo de Dante Ginevra, sugestivo y efectivo en partes iguales, en una historia cuyo guion (obra de Antonio Sachs) es apenas una idea que no se llega a desarrollar. La historieta de Guido Barsi y Alfredo Retamar entra también al grupo de contenidos más que dignos, y también al de las premisas que el fan de los comics de terror ya sabe desde el principio para dónde van a ir. Y me gustaron también los diálogos de Jorge Carrión en las dos historietas que escribe, especialmente en "Los guardianes del hermano Inaro", cuya idea es bastante ganchera y su dibujante (Manel) bastante competente.
La antología cierra con una ilustración de Nahuel Greco realmente escalofriante, hermosa, de altísimo impacto. Me pregunto si no hubiese estado bueno usarla como portada, o como contratapa, y por supuesto me encantaría ver a este dibujante al frente de una historieta, en lo posible con buen guion. Dossier Macabro es un producto bien logrado, que sirve para descubrir a algunos artistas que por ahí uno no tiene en el mapa, para constatar la evolución de otros y otras, y (en el mejor de los casos) para enganchar con la historieta argentina a gente que consume cine y literatura de terror pero -por los motivos que sean- todavía no se hizo adicta a las viñetas. Falta un poco, hay tuercas para ajustar (sobre todo en la elección de los dibujantes), pero el camino es el correcto.
Vamos para atrás en el tiempo, al año 2010, cuando se empieza a serializar en la Skorpio italiana una historieta felizmente recuperada por Historieteca para nuestro mercado: Los Malditos, una saga creada por Eduardo Mazzitelli, originalmente pensada para ser dibujada por Lucho Olivera. Pero Lucho falleció antes de empezarla, y se activó el Plan B, que fue Sergio Ibáñez. Para mi gusto, el trabajo que hace Ibáñez en esta historieta es muy, muy bueno, sin nada para envidiarle al Lucho de la última época. Lo único que no me terminó de gustar son los primeros planos de las mujeres, pero aparecen muy pocas mujeres en las 72 páginas que tiene la obra, y hay varias que ni siquiera hablan. El resto de la faz gráfica me cerró por todos lados: los climas, los paisajes, los fondos, las escenas de acción, los detalles en trajes y armas. Ibáñez creó un mundo de fantasía oscura en el que se mueve con mucha solvencia, un mundo ominoso, adusto, duro, ideal para poblarlo con los personajes extremos y por momentos atroces que crea Mazzitelli. Es un trabajo parejo de punta a punta, con algunas páginas realmente consagratorias en las que Ibáñez deja la vida y más.
Mazzitelli pergeña una aventura con dosis moderadas de machaca, bastante intriga palaciega y mucho espacio para la reflexión. Se supone que vamos a ver al príncipe Iwan regresar al reino que gobernara su padre Gwenneg, pelear por el trono y tomar el lugar que le corresponde en la línea sucesoria. Pero a medida que avanza la historia, Mazzitelli nos revela detalles oscuros del reinado de Gwenneg, caracterizado por los excesos, la ambición desmedida y un talento escabroso para faltar a su palabra. Todo esto en "historias dentro de la historia" que sirven para darles carnadura a los personajes que deciden secundar a Iwan en su gesta, por motivos que al principio nos son esquivos y que el guion dejará en claro a su debido momento. El mandato familiar, el honor, la amistad, la justicia, el poder... todos temas que aborda el mítico guionista en Los Malditos y que enriquecen a la trama y la despegan de las clásicas convenciones del género de la epopeya fantástica con ambientación medieval, espadas y hechicería.
El resultado es sumamente satisfactorio y además nos gratifica a los fans de Mazzitelli que queremos ver recopilados más trabajos suyos, no sólo los realizados en dupla con Quique Alcatena. De hecho este año salió en Argentina otra obra de Mazzitelli e Ibáñez (Duncan) pero no la tengo. La voy a leer en digital para la votación de los Premios Cinder y si está al nivel de Los Malditos, no voy a dudar en comprarla, porque acá pude disfrutar de un equipo realmente afianzado y de una aventura que tiene -además de buenas ideas- muy buen ritmo, altas dosis de emoción y momentos que nos invitan a pensar y a ponernos en el lugar del otro. No es poco.
Y nada más, por ahora. Ni bien logre avanzar un poco más con la pila de lecturas pendientes, nos vamos a reencontrar con nuevas reseñas, acá en el blog. Mañana a las 22:30 hago un vivo en el canal de YouTube de Comiqueando. Si algun@ se quiere sumar, nos vemos ahí.
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martes, 28 de junio de 2022
NOCHE DE MARTES
Tarde pero seguro, tengo leídos otros dos libritos para comentar. Se vienen semanas complicadas para mí, porque estamos cerrando un nuevo número de Comiqueando Digital, pero trataré de mantener un ritmo aceptable en los posteos...
Empezamos en EEUU, año 2017, con el primer tomo de Violent Love. No sé si alguna vez había leído otras obras de Frank Barbiere, sospecho que no. Si venís leyendo hace unos años este blog, deducirás rápidamente que caí en esta historieta porque la dibuja Víctor Santos, un autor del que soy muy fan y al que le compro prácticamente cualquier cosa que haga.
El guion me gustó bastante. Es un thriller muy violento, casi una peli de Quentin Tarantino pero sin esos diálogos eternos y divertidos que caracterizan al cineasta. La trama se centra en el recuento de la trágica vida de una mina que un día decide jugarse lo poco que le queda (que es el pellejo) para vengarse de los asesinos de su padre, y su inmersión en un mundo sórdido de crimen, marginalidad y sangre. Por entre los tiros en la cabeza, las torturas y las violaciones, asoma una trama romántica, que pega más de un giro a lo largo de estos cinco episodios, ninguno demasiado imprevisible. Pero está buena, porque humaniza a estas máquinas de robar y matar. El giro de las últimas páginas del tomo sí me resultó más sorpresivo, y es muy interesante todo lo que abre para que Barbiere resuelva en el segundo y último TPB.
Felizmente, el guionista se da cuenta de que con Santos se sacó la lotería, y permite que el valenciano narre tranquilo, con espacios, con escenas pensadas para que se luzcan el trazo y la paleta de este monstruo. La puesta en página es trepidante, el dibujo tiene un impacto tremendo, la sangre parece salpicar de verdad al lector y la reconstrucción de tiempo y lugar (pueblos del sur de California a principios de los años ´70) funciona sin fisuras. Santos pone todos sus recursos a trabajar para que la lectura de Violent Love resulte atrapante, adictiva. Y le sale muy bien. Por momentos me dio la sensación de que el color le restaba un poco de protagonismo al dibujo, especialmente en las escenas más turbias, más oscuras, pero en la segunda leída noté cómo la paleta de Santos no traiciona nunca la consigna de acompañar desde la gráfica los climas que propone el guion. Me sigue gustando más la obra de Santos en blanco y negro, pero esta forma de encarar el color está muy bien, me doy cuenta de que es algo que el público de Image no solo acepta sino disfruta.
Violent Love no es para cualquier tipo de lector, por la brutal y lo explícito de la violencia. Pero por lo menos esta mitad, está muy bien llevada, tiene momentos originales, tiene profundidad en la caracterización, toca (aunque sea por encima) ciertas problemáticas sociales típicas de los EEUU de principios de los ´70 y termina con un cliffhanger jodido como enema de chimichurri. Y además dibuja Víctor Santos, con lo cual está casi todo dicho.
Seguimos acá nomás, Argentina 2021, con el libro Dago: La Justicia Secreta, una novela gráfica de 96 páginas de las que se producen en nuestro país para la editorial italiana Aurea, en este caso escrita por Néstor Barron y dibujada por Sergio Ibáñez.
Lo de Ibáñez me resultó muy raro. Es como si fueran dos dibujantes distintos. Uno que se mata en los fondos y les pone toda la onda, la dedicación y el talento; y otro que dibuja a los personajes de un modo mucho más rústico, por momentos estáticos, sin onda. como si se los quisiera sacar de encima rápido. Este "segundo Ibáñez" logra reproducir en los primeros planos de Dago algunos rasgos de los que asociamos al trazo mágico de Carlos Gómez. Y en los primeros planos del villano de este episodio, nada menos que Giácomo Barazutti, reaparece algo de la impronta del maestro Alberto Salinas, co-creador y primer dibujante de la longeva serie. Fuera de esos primeros planos, hay poco del Ibáñez que disfrutamos en trabajos como La Guarida del Gusano Blanco o Ecos de Mundos Posibles. Me da la sensación (también por la escasa cantidad de cuadros por página) de que este es un trabajo hecho a velocidades supersónicas, sin tiempo como para que el dibujante cuide más algunos aspectos, lo cual es una pena, porque uno de Ibáñez espera otra cosa.
El guion de Barron tiene una virtud irresistible: no está estirado. Muchas de estas novelas de Dago te cuentan en 96 páginas historias que daban para la mitad, pero en La Justicia Secreta tenemos una trama realmente compleja, con un elenco vasto (donde por ahí sobra La Flor, que no aporta nada), una conjura política espesa para que desentrañen Dago y sus aliados, y otro elemento muy ganchero: el regreso (no sé cuántos van) de Dago a su Venecia natal, lo cual le va a dar la posibilidad a Barron de poner al duro justiciero cara a cara con Barazutti, el único que queda vivo de los asesinos de la familia Renzi. La gran contra que tiene Dago, que es su falta de emociones, la forma desapasionada en la que resuelve las aventuras casi sin despeinarse, acá no se siente, porque -si bien por fuera mantiene la calma- cada regreso a Venecia significa reencontrarse con los fantasmas de la vida que le robaron cuando su familia fue traicionada y asesinada.
Y lo más interesante, lo que hace que este guion de Barron sea realmente relevante para cualquiera mínimamente interesado en las andanzas de Dago, es el rol de Ginetta, la joven que fuera novia de Cesare y terminara dando a luz a los hijos de Barazutti. Lo que sucede con este personaje es tan fuerte, que hasta el Super-Clásico entre Dago y el asesino de su familia pasa por momentos a un segundo plano. No recuerdo otra historia de Dago en la que Ginetta haya sido desarrollada tanto como en La Justicia Secreta, y la vuelta que le pega Barron es realmente impactante. La última viñeta es clave, es... no lo puedo contar, porque es zarpado lo que pasa... Digamos que es el "Son of the Demon" de Dago... y que la cace el que sepa. Ojalá eso que sugiere Barron en el final de este libro no quede en el olvido ni sea negado retroactivamente por otros guionistas.
¿Tiene sentido que se sigan publicando 96 páginas de Dago todos los meses, pensando en que es una serie que ya lleva 40 años de producción ininterrumpida? Yo creo que no, pero cada tanto aparece un guion como este, y uno recupera la expectativa (o al menos la ilusión) de ver una real evolución en la serie. Esa magia, la sensación de que todo puede suceder, la perdieron Robin Wood y sus sucedáneos entre tantas peripecias tan parecidas entre sí. En una de esas, Barron se anima a recuperarla.
Nada más, por hoy. En unos días reaparezco para comentar nuevas lecturas, acá en el blog.
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viernes, 14 de junio de 2019
CUASI-TRASNOCHE DE VIERNES
Me colgué horas y horas con pelotudeces y ahora me queda poco tiempo para
escribir un par de reseñas antes de salir a hacer otras pelotudeces.
Arranco con el primer integral de Mikilo, que recopila un montón de
historietas originalmente publicadas entre 1999 y 2001, años horrorosos para la
historieta argentina. Mikilo fue una apuesta muy interesante de autores hasta
ese entonces poco conocidos: el guionista Rafael Curci y los dibujantes Tomás
Coggiola y Marcelo Basile, a los que más tarde se sumaría Sergio Ibáñez, de
notable trayectoria en las antologías de Columba y demás diarios y revistas.
Las aventuras de Mikilo nos invitaron a recorrer los mitos y leyendas de la
Argentina profunda, en historias de misterio, a veces condimentado con terror,
con machaca entre monstruos que se cagan a palos o (en el mejor de los casos)
con un cierto vuelo poético.
En general, le encuentro dos problemas a los guiones de Curci: uno menor, que es que los diálogos nunca terminan de sonar 100% argentinos; y uno más preocupante, que es que las tramas
son bastante parecidas entre sí. Se repite bastante un mismo esquema, en el que
lo que cambia son las criaturas a las que se enfrentan Mikilo y su hermano
humano. Patagonia, la saga más extensa que incluye este tomo, es un ejemplo
bien gráfico de esto : a lo largo de
50 páginas los personajes avanzan medio a los tumbos, sin un objetivo
claro, y la gracia son los obstáculos que les toca sortear en una acumulación
de peripecias que se hace sosa y reiterativa. Y cerca del final del libro
tenemos El Sabueso de Santa Mónica, un guión excelente, clásico y asombroso a
la vez, en el que no se ven los problemas estos que yo marcaba recién. Sin
dudas el tramo que más me gustó de esta impactante edición.
Y además El Sabueso de Santa Mónica cuenta con los dibujos de Ibáñez, que
le aporta a la serie un upgrade grosso en la faz gráfica. Ibáñez trae la
impronta de los maestros del comic de terror de los ´70 (Berni Wrightson, José
Ortiz, Horacio Lalia) y aleja un poco a Mikilo de esa estética más tributaria
del comic de superhéroes que (todos sabemos) funciona mejor en las historietas
a color. El tomo incluye también dos historias cortitas dibujadas por el propio
Rafael Curci, que por suerte no insistió y delegó este trabajo en Coggiola y Basile,
que lo hacen mucho mejor. Si nunca leíste Mikilo y querés descubrir por qué se
ganó el rótulo de « el Hellboy argentino », entrale con confianza al
integral.
Salto a 2002, a Francia, para deleitarme una vez más con Seix Cent Soixante-Seize
Apparitions de Killoffer, un libro grandote, difícil de guardar, en el que
explota definitivamente el gran Patrice Killoffer,
uno de los miembros “perfil bajo” de L’Association. Esta es la obra maestra de
este autor grandote, al que su amigo Lewis Trondheim suele dibujarlo en sus
historietas con cabeza de oso, y además es una obra tan personal que él es el
protagonista y su nombre aparece en el título. Pero no salgan corriendo: no es
otra aburrida historia autobiográfica de un dibujante mediocre que corre atrás
de un laburo, una mina, o una idea.
666 Apparitions… es un delirio grotesco que sólo puede suceder en la mente del autor. Este viaja a Canadá, pero deja sus platos, ollas y cubiertos sucios en su cocina de París. ¿Que hará toda esa mugre durante su ausencia? ¿Cómo evolucionará? La respuesta que imagina Killoffer es increíble. Con texto en apenas ocho de sus 48 páginas, 666 Apparitions… muestra un dibujo que va de Tardi a José Muñoz y de Charles Burns a Hergé, un balance impactante entre blancos y negros y una narrativa totalmente original y desenfrenada.
666 Apparitions… es un delirio grotesco que sólo puede suceder en la mente del autor. Este viaja a Canadá, pero deja sus platos, ollas y cubiertos sucios en su cocina de París. ¿Que hará toda esa mugre durante su ausencia? ¿Cómo evolucionará? La respuesta que imagina Killoffer es increíble. Con texto en apenas ocho de sus 48 páginas, 666 Apparitions… muestra un dibujo que va de Tardi a José Muñoz y de Charles Burns a Hergé, un balance impactante entre blancos y negros y una narrativa totalmente original y desenfrenada.
No quiero ahondar mucho en la trama,
porque esto hay que verlo para creerlo. Por suerte está editado en Brasil, así
que capaz que se puede conseguir sin necesidad de leer francés. Seix Cent Soixante-Seize
Apparitions de Killoffer es un magnífico
monumento al descontrol, donde lo que empieza como un delirio inofensivo
termina con una pantomima truculenta y escabrosa, que incluye masacres, orgías,
violaciones, canibalismo, borracheras y estallidos de violencia extrema,
condimentados con pis, vómitos, guasca, mierda y sangre. Y talento. Mucho
talento.
Nada más por hoy. Gracias por leer y
será hasta la próxima.
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lunes, 24 de septiembre de 2018
LUNES PRE-PARO
De a poquito se empieza a sentir en Buenos Aires el clima de un paro que tiene todo para ser histórico. Mañana no pienso salir de mi casa, así que en una de esas hasta vuelvo a postear reseñas. Por ahora, lo que tengo leído es esto:
En el Vol.1 de La Chica a la Orilla del Mar, el genial Inio Asano nos presenta una historia de sexo sin amor entre Isobe y Sato, un chico y una chica de escuela secundaria que juegan, experimentan, se histeriquean, tratando de no involucrarse afectivamente, para que sea la lujuria la que lleve las riendas de la relación. Por supuesto, en algún momento alguno de los dos va a ceder y le va a proponer a la otra parte encarar algo así como un noviazgo. Y seguramente eso que en este primer tomo se manifiesta como un proto-conflicto, en la segunda y última parte va a cobrar relevancia. También hay (en las márgenes del desapasionado pero intenso vínculo entre Isobe y Sato) una historia de violencia que tiene que ver con la muerte del hermano de Isobe, que nunca se terminó de aclarar. Y por encima de todo eso, un subtexto bastante habitual en las obras de Asano, que es la desconexión entre estos adolescentes, sus sueños, sus padeceres, y los padres de los chicos, a los que sólo parece importarles el trabajo y la guita.
La historia, ambientada en un pueblito de provincia donde todo avanza a un ritmo muy pausado, se siente muy real, muy honesta, a tal punto que no escandaliza para nada ver garches bastante fuertes entre un chico y una chica menores de edad. Asano es un especialista en narrar a ritmo lento, en colgarse en detalles, en silencios, en la observación de paisajes suburbanos, o sea que acá está en su salsa. En Japón se lo criticó bastante por el tema de meter escenas típicas de películas porno en un manga costumbrista protagonizado por adolescentes, pero La Chica a la Orilla… no especula con el sexo entre borreguitos para impactar al lector o para vender tres ejemplares más. O sea, a comerla.
Y el dibujo, por supuesto, es el arma imbatible con la que esta bestia te dispara al corazón y te hace boleta. Los personajes de Asano, plásticos, expresivos, vibrantes, se integran perfectamente a un mundo tomado de la realidad, un mundo construído por fotos perfectamente convertidas en dibujos por un maestro de la documentación. Un trabajo apabullante de un mangaka completísimo, que acá nos regala hasta una escena de pelea, algo raro en su bibliografía.
Me vengo a nuestro país, donde este año se editó Ecos de Mundos Posibles, un recopilatorio de siete historias cortas, originalmente realizadas para Italia por la dupla integrada por el guionista Gustavo Schimpp y el dibujante Sergio Ibáñez. Las siete historias se inscriben en la tradición de la aventura clásica, con ambientación fantástica, medieval o de ciencia-ficción post-holocausto.
El dibujo de Ibáñez es excelente para este tipo de relatos. En su trazo conviven maestros legendarios como Juan Zanotto, Alberto Salinas y Horacio Lalia, combinados con cositas más actuales, sobre todo en la narrativa, que es ágil, dinámica, con varios riesgos bien asumidos. Pero además hay un gran despliegue en la documentación histórica, en los fondos, en los caballos, armas, trajes, vehículos, y mucho talento en la anatomía, en la iluminación y en el lenguaje corporal de los personajes.
Los guiones de Schimpp, en cambio, arriesgan un poco menos, van más a lo seguro. La idea del guionista es tratar de sorprender al lector, sobre todo en la última escena, con una vuelta de tuerca impredecible. Bueno, si leíste muchos años la revista Skorpio, u otras revistas de antología con aventuras para adolescentes y adultos, es poco probable que los finales te sorprendan. Schimpp propone planteos interesantes, en la tradición de Ricardo Barreiro o Eduardo Mazzitelli, siempre con acción, con violencia, con crueldad, con buenas excusas para meter algo de sexo, y a veces con cierta pátina literaria, como ese unitario en el que por momentos “se disfraza” de H.P. Lovecraft. Las historias no están estiradas, no están apretadas, no están 100% jugadas a esa revelación final y algunas se animan a explorar bastante la psiquis de los personajes.
En un par de historias me hicieron ruido los diálogos, porque Schimpp combina frases re-argentas como “ni en pedo”, “pelotudo” o “la puta que te parió”, con diálogos en neutro (también llamado “malas traducciones del inglés hechas en Centroamérica”) onda “¿en verdad crees que extrañaré esto?” y cosas así, que ningún argentino diría nunca en la vida. Por suerte en las historias de ambientación medieval o de espada y brujería no aparecen estas inconsistencias.
Si sos “viuda de Skorpio”, quedate tranqui: mientras el calendario afirma que estamos en 2018, las antologías italianas de la Aurea siguen ancladas en 1990. Por eso autores de formación clásica como Schimpp e Ibáñez siguen teniendo allí un espacio para contar este tipo de historias, que a los fans del comic más actual les pueden resultar un poco anticuadas, pero que tienen todo para cautivar al fan de la historieta de género, de la aventura pura, dura y tradicional. Esa historieta, que durante tantos años brilló en las páginas de Skorpio de la mano de una veintena de maestros hoy medio olvidados en nuestro país pero venerados desde siempre en Italia, produce estos Ecos que llegan hasta nuestros días de la mano de Ibáñez y Schimpp. Quien quiere oir, que oiga.
En el Vol.1 de La Chica a la Orilla del Mar, el genial Inio Asano nos presenta una historia de sexo sin amor entre Isobe y Sato, un chico y una chica de escuela secundaria que juegan, experimentan, se histeriquean, tratando de no involucrarse afectivamente, para que sea la lujuria la que lleve las riendas de la relación. Por supuesto, en algún momento alguno de los dos va a ceder y le va a proponer a la otra parte encarar algo así como un noviazgo. Y seguramente eso que en este primer tomo se manifiesta como un proto-conflicto, en la segunda y última parte va a cobrar relevancia. También hay (en las márgenes del desapasionado pero intenso vínculo entre Isobe y Sato) una historia de violencia que tiene que ver con la muerte del hermano de Isobe, que nunca se terminó de aclarar. Y por encima de todo eso, un subtexto bastante habitual en las obras de Asano, que es la desconexión entre estos adolescentes, sus sueños, sus padeceres, y los padres de los chicos, a los que sólo parece importarles el trabajo y la guita.
La historia, ambientada en un pueblito de provincia donde todo avanza a un ritmo muy pausado, se siente muy real, muy honesta, a tal punto que no escandaliza para nada ver garches bastante fuertes entre un chico y una chica menores de edad. Asano es un especialista en narrar a ritmo lento, en colgarse en detalles, en silencios, en la observación de paisajes suburbanos, o sea que acá está en su salsa. En Japón se lo criticó bastante por el tema de meter escenas típicas de películas porno en un manga costumbrista protagonizado por adolescentes, pero La Chica a la Orilla… no especula con el sexo entre borreguitos para impactar al lector o para vender tres ejemplares más. O sea, a comerla.
Y el dibujo, por supuesto, es el arma imbatible con la que esta bestia te dispara al corazón y te hace boleta. Los personajes de Asano, plásticos, expresivos, vibrantes, se integran perfectamente a un mundo tomado de la realidad, un mundo construído por fotos perfectamente convertidas en dibujos por un maestro de la documentación. Un trabajo apabullante de un mangaka completísimo, que acá nos regala hasta una escena de pelea, algo raro en su bibliografía.
Me vengo a nuestro país, donde este año se editó Ecos de Mundos Posibles, un recopilatorio de siete historias cortas, originalmente realizadas para Italia por la dupla integrada por el guionista Gustavo Schimpp y el dibujante Sergio Ibáñez. Las siete historias se inscriben en la tradición de la aventura clásica, con ambientación fantástica, medieval o de ciencia-ficción post-holocausto.
El dibujo de Ibáñez es excelente para este tipo de relatos. En su trazo conviven maestros legendarios como Juan Zanotto, Alberto Salinas y Horacio Lalia, combinados con cositas más actuales, sobre todo en la narrativa, que es ágil, dinámica, con varios riesgos bien asumidos. Pero además hay un gran despliegue en la documentación histórica, en los fondos, en los caballos, armas, trajes, vehículos, y mucho talento en la anatomía, en la iluminación y en el lenguaje corporal de los personajes.
Los guiones de Schimpp, en cambio, arriesgan un poco menos, van más a lo seguro. La idea del guionista es tratar de sorprender al lector, sobre todo en la última escena, con una vuelta de tuerca impredecible. Bueno, si leíste muchos años la revista Skorpio, u otras revistas de antología con aventuras para adolescentes y adultos, es poco probable que los finales te sorprendan. Schimpp propone planteos interesantes, en la tradición de Ricardo Barreiro o Eduardo Mazzitelli, siempre con acción, con violencia, con crueldad, con buenas excusas para meter algo de sexo, y a veces con cierta pátina literaria, como ese unitario en el que por momentos “se disfraza” de H.P. Lovecraft. Las historias no están estiradas, no están apretadas, no están 100% jugadas a esa revelación final y algunas se animan a explorar bastante la psiquis de los personajes.
En un par de historias me hicieron ruido los diálogos, porque Schimpp combina frases re-argentas como “ni en pedo”, “pelotudo” o “la puta que te parió”, con diálogos en neutro (también llamado “malas traducciones del inglés hechas en Centroamérica”) onda “¿en verdad crees que extrañaré esto?” y cosas así, que ningún argentino diría nunca en la vida. Por suerte en las historias de ambientación medieval o de espada y brujería no aparecen estas inconsistencias.
Si sos “viuda de Skorpio”, quedate tranqui: mientras el calendario afirma que estamos en 2018, las antologías italianas de la Aurea siguen ancladas en 1990. Por eso autores de formación clásica como Schimpp e Ibáñez siguen teniendo allí un espacio para contar este tipo de historias, que a los fans del comic más actual les pueden resultar un poco anticuadas, pero que tienen todo para cautivar al fan de la historieta de género, de la aventura pura, dura y tradicional. Esa historieta, que durante tantos años brilló en las páginas de Skorpio de la mano de una veintena de maestros hoy medio olvidados en nuestro país pero venerados desde siempre en Italia, produce estos Ecos que llegan hasta nuestros días de la mano de Ibáñez y Schimpp. Quien quiere oir, que oiga.
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lunes, 21 de mayo de 2018
DOS DE TRASNOCHE
Otra vez se me acumularon un par de libros leídos, y bueno, sin más prologómenos procedo a reseñarlos.
Empiezo con el Vol.1 de Your Name, un manga romántico escrito por Makoto Shinkai y dibujado por Ranmaru Kotone. En general, no me atrae el manga romántico, pero este venía muy recomendado, me sedujo el tema de que hubiera una dupla guionista-dibujante y la verdad que los dibujos están buenísimos. El problema es que después de mirar un toque los dibujos se me ocurrió leerlo.
En realidad no es que sea “un problema”, no estamos ante una bazofia execrable ni mucho menos. Pero… ¡es el argumento de Freaky Friday! El famoso plot del traspaso de una mente a un cuerpo que no es el suyo que sucede simultáneamente en dos personas, y cada una empieza a alterar drásticamente la vida de la otra cuando “posee” el cuerpo que no le corresponde. Eso lo vi en películas, en series, en comics (me acuerdo de Superior Spider-Man)… Es un argumento que de novedoso tiene poco y nada, como el neoliberalismo de equitativo o el macrismo de transparente.
Por supuesto, el argumento está ahí para sostener un guión, y el guión combina aciertos y torpezas. Lógicamente a Makoto Shinkai se le ocurre poner en juego elementos que no vimos en otras historias al estilo Freaky Friday y algunos me resultaron ingeniosos o copados. El contrapunto entre el pueblito agreste en las montañas y la gran ciudad, por ejemplo, le funciona muy bien. Se trata de un manga de tres tomos, con lo cual los autores no tienen apuro en explicar las causas de este switch entre la adolescente del pueblito y el joven de la ciudad, ni en aclararnos qué vínculo existe entre ellos como para que sean los elegidos para protagonizar este extraño fenómeno ¿mágico?. Pero la verdad es que el final del Vol.1 cierra en un punto en el que ciertamente la historia podría terminar (dejando abiertos un par de interrogantes, claro). Sumémosle el hecho de que en general (con la eternamente repetida excepción de Bakuman) los mangas protagonizados por colegialas me tienen los huevos al plato y la respuesta es no. Muy lindo el trabajo de Ranmaru Kotone, pero no te compro ni a palos los dos tomos que me faltan.
Vamos con La Guarida del Gusano Blanco, un libro en el que el guionista Armando Fernández y el dibujante Sergio Ibáñez adaptan al comic tres relatos del siempre vigente Bram Stoker. La Virgen de Hierro y La Joya de las Siete Estrellas son historietas cortitas, bien efectistas, un poco obvias para cualquiera que haya leído muchos números de Creepy. Mucho clima oscuro, un avechucho que se pasa de vivo, y finalmente un castigo sobrenatural para la codicia o la crueldad desmedidas. Nada nuevo bajo el sol.
Por suerte Fernández e Ibáñez se toman 48 páginas para adaptar La Guarida del Gusano Blanco, y ahí sí, hay margen no sólo para conjurar un clima espeso, ominoso, más tétrico que una economía tercermundista en manos del FMI, si no también para más desarrollo de personajes, para más vueltas de tuerca que te desorientan, que te hacen suponer que la historia va para un lado cuando en realidad va para otro. Eso hace que incluso un guionista a mi juicio muy limitado como Armando Fernández mantenga el interés del lector a lo largo de toda la obra, incluso cuando hay páginas groseramente sobrecargadas de globos de diálogo interminables, que quizás en una novela queden bien, pero en una historieta te dan ganas de pegarte un corchazo.
La historia de Stoker tiene un problema grosso, que es el final. No hay forma de que Adam (el protagonista) liquide a ese mega-monstruo gigantesco con poderes místicos tremendos con sólo arrojarle un hacha. Sos un tipo común y corriente, en tu vida te enfrentaste a una criatura sobrenatural, decís todo el tiempo que no creés en mitos ni leyendas fantásticas… y de pronto se te viene al humo un híbrido entre Godzilla y una formación del Sarmiento, blanco, con cientos de dientes… Ni se te ocurre mirar al piso a ver si ves un arma para tirarle. Vomitás, te meás, te cagás, te desmayás, o te da un bobazo, de una. Cero chances de hacerle un aguante. Y sí, ese WTF?!? del final logra deslucir bastante los méritos de una trama que hasta ese punto me había cautivado.
El dibujo de Sergio Ibáñez me gustó bastante. Como en todo relato de terror decimonónico, se filtra esa impronta tan típica del maestro Horacio Lalia, especialista en adaptar a la historieta los cuentos fantásticos de los grandes escritores cuya obra entró al dominio público. Pero por suerte Ibáñez no se queda en seguirle los pasos a Lalia: también pone mucho de su propia cosecha, y por momentos pela recursos que me hicieron recordar los grandes trabajos de Barry Windsor-Smith. Lo que más llama la atención, sin embargo, es el tratamiento de los grises que propone Ibáñez, con una cantidad de matices impresionante, que le permiten lograr una enorme variedad de efectos de iluminación, que a su vez son importantísimos a la hora de acompañar los climas que sugieren los textos de Stoker. Un trabajo sólido, sobrio, quizás superior a la media de lo que produce Ibáñez para las antologías italianas de la editorial Aurea.
Si sos fan de Bram Stoker y ya leíste la suficiente cantidad de adaptaciones al comic de Drácula, muy probablemente te enganchen estas reversiones de otros relatos clásicos del seminal escritor irlandés. La edición está muy cuidada, con un papel de primera y una muy buena introducción del siempre afilado Ariel Avilez.
Y hasta acá llegamos. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
Empiezo con el Vol.1 de Your Name, un manga romántico escrito por Makoto Shinkai y dibujado por Ranmaru Kotone. En general, no me atrae el manga romántico, pero este venía muy recomendado, me sedujo el tema de que hubiera una dupla guionista-dibujante y la verdad que los dibujos están buenísimos. El problema es que después de mirar un toque los dibujos se me ocurrió leerlo.
En realidad no es que sea “un problema”, no estamos ante una bazofia execrable ni mucho menos. Pero… ¡es el argumento de Freaky Friday! El famoso plot del traspaso de una mente a un cuerpo que no es el suyo que sucede simultáneamente en dos personas, y cada una empieza a alterar drásticamente la vida de la otra cuando “posee” el cuerpo que no le corresponde. Eso lo vi en películas, en series, en comics (me acuerdo de Superior Spider-Man)… Es un argumento que de novedoso tiene poco y nada, como el neoliberalismo de equitativo o el macrismo de transparente.
Por supuesto, el argumento está ahí para sostener un guión, y el guión combina aciertos y torpezas. Lógicamente a Makoto Shinkai se le ocurre poner en juego elementos que no vimos en otras historias al estilo Freaky Friday y algunos me resultaron ingeniosos o copados. El contrapunto entre el pueblito agreste en las montañas y la gran ciudad, por ejemplo, le funciona muy bien. Se trata de un manga de tres tomos, con lo cual los autores no tienen apuro en explicar las causas de este switch entre la adolescente del pueblito y el joven de la ciudad, ni en aclararnos qué vínculo existe entre ellos como para que sean los elegidos para protagonizar este extraño fenómeno ¿mágico?. Pero la verdad es que el final del Vol.1 cierra en un punto en el que ciertamente la historia podría terminar (dejando abiertos un par de interrogantes, claro). Sumémosle el hecho de que en general (con la eternamente repetida excepción de Bakuman) los mangas protagonizados por colegialas me tienen los huevos al plato y la respuesta es no. Muy lindo el trabajo de Ranmaru Kotone, pero no te compro ni a palos los dos tomos que me faltan.
Vamos con La Guarida del Gusano Blanco, un libro en el que el guionista Armando Fernández y el dibujante Sergio Ibáñez adaptan al comic tres relatos del siempre vigente Bram Stoker. La Virgen de Hierro y La Joya de las Siete Estrellas son historietas cortitas, bien efectistas, un poco obvias para cualquiera que haya leído muchos números de Creepy. Mucho clima oscuro, un avechucho que se pasa de vivo, y finalmente un castigo sobrenatural para la codicia o la crueldad desmedidas. Nada nuevo bajo el sol.
Por suerte Fernández e Ibáñez se toman 48 páginas para adaptar La Guarida del Gusano Blanco, y ahí sí, hay margen no sólo para conjurar un clima espeso, ominoso, más tétrico que una economía tercermundista en manos del FMI, si no también para más desarrollo de personajes, para más vueltas de tuerca que te desorientan, que te hacen suponer que la historia va para un lado cuando en realidad va para otro. Eso hace que incluso un guionista a mi juicio muy limitado como Armando Fernández mantenga el interés del lector a lo largo de toda la obra, incluso cuando hay páginas groseramente sobrecargadas de globos de diálogo interminables, que quizás en una novela queden bien, pero en una historieta te dan ganas de pegarte un corchazo.
La historia de Stoker tiene un problema grosso, que es el final. No hay forma de que Adam (el protagonista) liquide a ese mega-monstruo gigantesco con poderes místicos tremendos con sólo arrojarle un hacha. Sos un tipo común y corriente, en tu vida te enfrentaste a una criatura sobrenatural, decís todo el tiempo que no creés en mitos ni leyendas fantásticas… y de pronto se te viene al humo un híbrido entre Godzilla y una formación del Sarmiento, blanco, con cientos de dientes… Ni se te ocurre mirar al piso a ver si ves un arma para tirarle. Vomitás, te meás, te cagás, te desmayás, o te da un bobazo, de una. Cero chances de hacerle un aguante. Y sí, ese WTF?!? del final logra deslucir bastante los méritos de una trama que hasta ese punto me había cautivado.
El dibujo de Sergio Ibáñez me gustó bastante. Como en todo relato de terror decimonónico, se filtra esa impronta tan típica del maestro Horacio Lalia, especialista en adaptar a la historieta los cuentos fantásticos de los grandes escritores cuya obra entró al dominio público. Pero por suerte Ibáñez no se queda en seguirle los pasos a Lalia: también pone mucho de su propia cosecha, y por momentos pela recursos que me hicieron recordar los grandes trabajos de Barry Windsor-Smith. Lo que más llama la atención, sin embargo, es el tratamiento de los grises que propone Ibáñez, con una cantidad de matices impresionante, que le permiten lograr una enorme variedad de efectos de iluminación, que a su vez son importantísimos a la hora de acompañar los climas que sugieren los textos de Stoker. Un trabajo sólido, sobrio, quizás superior a la media de lo que produce Ibáñez para las antologías italianas de la editorial Aurea.
Si sos fan de Bram Stoker y ya leíste la suficiente cantidad de adaptaciones al comic de Drácula, muy probablemente te enganchen estas reversiones de otros relatos clásicos del seminal escritor irlandés. La edición está muy cuidada, con un papel de primera y una muy buena introducción del siempre afilado Ariel Avilez.
Y hasta acá llegamos. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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