el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 13 de agosto de 2025

MIÉRCOLES LATINOAMERICANO

Bueno, bajé un poquito el ritmo de lectura, porque le estoy metiendo horas extras al sitio de Comiqueando para que no falten contenidos los días que yo voy a estar en Rosario, disfrutando de la Crack Bang Boom o boludeando por ahí. Pero bueno, algo tengo como para reseñar hoy, y veremos cuándo retomo porque la idea para el viaje no es leer comics, sino avanzar con literatura y textos SOBRE comics que tengo pendientes hace siglos. Allá por el 26/12/19 me tocó disfrutar de un álbum de Aline, la genial creación de Adâo Iturrusgarai, y quedé tan manija que cuando encontré otra recopilación (acertadamente titulada "Antrología") me tiré de cabeza. Acá me encontré con 120 páginas más de tiras protagonizadas por esta entrañable atorranta, sus dos novios titulares y un montón de chongos suplentes. Pionera del poliamor, Aline no puede parar de pensar en coger, ni de hablar de coger, ni de coger propiamente. Y las tiras giran (lógicamente) en base a la vida licenciosa y alocada de esta piba fanática del sexo, sin entrar en la lógica del porno. La gracia está en lo que sucede y en cómo se cuenta lo que sucede, no en lo que se muestra. No hay tantas viñetas en las que vemos a Aline y sus novios teniendo sexo, y muy rara vez hay planos en los que Adâo dibuja genitales de manera explícita. Siempre con un humor afilado, a veces más sutil y a veces más grotesco, el autor reúne en cada capítulo del libro pequeñas sagas con un arco argumental para cada una. Así vemos a Aline inscribirse en una escuela de rock, tratar de triunfar en el mundo de la moda, abandonar a sus novios para recuperar el placer de ser soltera, tener de vecino a un asesino serial, inventar de cero una nueva religión o ser secuestrada por malvivientes, entre otras consignas que -combinadas con la personalidad de los protagonistas- serán disparadores de un montón de chistes brillantes. De verdad, me reí fuerte unas cuantas veces, porque Iturrusgarai trabaja muy bien sobre el costado desopilante de cada una de estas temáticas y cuando estas conectan con reflexiones acerca de nuestra realidad, dejan ver a un autor con una mirada muy aguda, muy inteligente, a años luz de los chistes "de pija y concha" con los que podría llenar la tira, si quisiera. Los chistes que recopila la Antrología no están ordenados por fecha de creación, por eso vemos idas y vueltas en el dibujo de Adâo. Por momentos aparece algún chispazo de su estilo más antiguo (el más prolijo, más redondito) pero casi todo está dibujado en su estilo más actual, ese que es más suelto, más anguloso, más minimalista, como si se fuera acercando a la línea de Johnny Ryan, ponele. A mí me gusta más de antes, a Adâo le gusta más el de ahora, pero la verdad es que la diferencia no es tanta, y ambos son perfectamente idóneos para ilustrar estas pequeñas comedias zarpadas, donde las ideas, los diálogos y las personalidades de los protagonistas son las estrellas indiscutidas. Como siempre digo, me parece insólito que en Argentina no estén editados los libros de este genio brazuca que vive hace muchos años en nuestro país.
El otro día (o para ser más precisos, el 31/07) leí un tomito italiano de Dago que cerraba con el primer episodio de una saga más extensa, que -lógicamente- continúa en el siguiente. Y no, en el Vol.139 de esta colección que republica los episodios semanales de Dago que aparecen en la revista LancioStory tampoco está el final de esta aventura conjurada por los maestros Robin Wood y Carlos Gómez. Son 60 páginas dibujadas a todo culo por el cordobés, con un color que no molesta para nada, en un formato lindo, cómodo, económico... pero evidentemente esas 60 páginas y las 12 del tomito anterior no le alcanzan a Robin para resolver esta red de intrigas en torno al asesinato de una nena en una pequeña ciudad de Europa. Y como no tengo el tomito siguiente, me quedé con la leche de saber cómo se resuelven tanto ese misterio, como otras movidas turbias que crecen con el correr de las páginas. Así que me tengo que conformar con lo que hay, que es un elenco bastante nutrido, con unos siete u ocho personajes importantes, a los que Wood maneja con gran aplomo, siempre con cuidado para que la entrada y salida de escena de cada uno de ellos sea prolija, coherente. El paraguayo no fuerza nunca la lógica del relato con casualidades bizarras, no rellena con boludeces, es sutil a la hora de bajar línea sobre el rol de los poderosos en el encubrimiento del crimen y nos entretiene con secuencias románticas sin que la saga se transforme en una típica telenovela de "chico pobre se enamora de minita rica", o en un tibio remedo de Romeo y Julieta. El rol de Dago es, en estas 60 páginas, menos importante que en las 12 primeras. No solo porque ahora hay más protagonistas entre los cuales repartir el juego, sino porque Robin se guarda el estallido de acción y espadazos para ese final que este tomito no incluye. Y bueno, mala leche. Me los guardo para mostrarlos en un video sobre Dago que tengo ganas de hacer para el canal de YouTube, y después se los regalo a alguien que sepa leer en italiano o que se mate a pajas con los dibujos de Gómez. Me da bronca, porque huelo un final muy impactante, con sorpresas grossas bien manejadas. Nada más, por hoy. Nos vemos jueves y viernes en la Crack, y nos reencontramos la semana que viene con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 31 de julio de 2025

JUEVES EN CASA

Hoy no pisé la calle, estuve todo el día en casa. Un embole importante. Pero el lado positivo es que tengo un rato para escribir reseñas... y por ahí después junto ganas de salir a comer algo en algún lugar copado. La bisagra entre las décadas del ´80 y ´90 fue un momento muy interesante en el comic británico, una etapa en la que floreció un comic alternativo muy vital, raro, experimental, rupturista. Una primavera cortita, porque en pocos años las revistas que apostaron por la vanguardia habían desaparecido, pero que nos dejó algunas obras muy notables. En el mejor año de su historia (1991) Dark Horse decidió publicar en EEUU algo de toda esa explosión alternativa británica (mezclada con cositas de un par de autores yankis) y así nació Deadline U.S.A., una antología en formato librito de 100 páginas en blanco y negro que tuvo apenas tres entregas, para luego pasar al formato comic book (con menos páginas), en el que salieron ocho entregas más. Esos ocho comic books los completé y leí hace no mucho, y DESPUÉS me enteré que antes había que leer los tres libritos, de los que (hasta ahora) conseguí solo el Vol.2. Con una ingenuidad digna del boludo que creyó que si ganaba la ultraderecha iba a cobrar en dólares, yo suponía que el recurso de publicar historias largas en fetas se había utilizado solo en los comic books, no en los libritos. Bueno, en este Vol.2 me encuentro con un montón de historietas serializadas, de las que aparecen unas pocas páginas y terminan en continuará. Ya sé como siguen, porque (si bien no tengo el Vol.3), leí los episodios que aparecieron en los nºs 1 al 8 de la colección siguiente, pero igual es un pijazo. Entre estas serializaciones, hay material MUY grosso, como Thirteen O´Clock de Richard Sala o Wired World de Philip Bond, y cosas más raras, más crípticas (pero visualmente atractivas) como Silence, de Alec Stevens, o Doe (de Ho Che Anderson). Entre las historietas autoconclusivas, hay entregas de una sola página de los gloriosos Milk & Cheese (a cargo del inmenso Evan Dorkin), una muy bizarra de Tank Girl (por Alan Martin y Jamie Hewlett), una de Hugo Tate (por Nick Abadzis), un gran episodio de Johnny Nemo (de Peter Milligan y Brett Ewins) y uno de Be-Bop and Lula, escrito y dibujado por el inolvidable Steve Dillon, en un estilo mucho más despojado, más cercano al de Moebius, sobre todo cuando dibuja paisajes futuristas. Y por supuesto, historias cortitas muy raras, muy experimentales, como las de Phil Hester (otra antología en la que aparece este monstruo), las de Shaky Kane, las de D´Israeli, o la de Rachel Ball. Obviamente no faltan un par de autores totalmente pasados de rosca, que aportan trabajos 100% inentendibles e inabordables, ya sea por la torpeza en la narrativa, por la impericia en el dibujo o por un rotulado abominable. Pero bueno, soy fan del comic británico alternativo de esta época, y ni bien vea a buen precio el Vol.1 y el Vol.3 de esta primera etapa de Deadline U.S.A., los voy a capturar.
Me voy a Italia, año 2015, cuando sale el Vol.138 de la colección Ristampa Dago, en la que la editorial Aurea recopila (o recopilaba, no lo sé) los episodios de Dago que aparecían semanalmente en la antología LancioStory, en entregas de 12 páginas. Acá ya estamos en el último tramo de la carrera de Robin Wood, en la que el ídolo escribía la serie semanal, pero había delegado en otros guionistas las novelas gráficas mensuales. "La Rosa del Mondo" ofrece 60 páginas de historieta (cinco episodios semanales) a todo color, escritas por Wood. Las primeras 48 páginas conforman el arco argumental que da título al tomito, y están dibujadas y coloreadas por el marplatense Marcelo Borstelmann (a quien ya vimos por acá un lejano 06/03/17). El tratamiento del color es rico en efectos de iluminación y en texturas, pero acentúa el principal (tal vez el único) defecto del dibujo de Borstelmann. Cuanto mejor logrado está el objetivo de que las imágenes parezcan fotos, más llama la atención lo estático del dibujo. O sea que el mayor grado de realismo se traduce en una mayor dureza en el movimiento y las expresiones de los personajes. El guion es una larga batalla entre dos bandos, uno que ataca una ciudad y otro que la defiende, y el rol de Dago en el conflicto es francamente menor, si no fuera porque tiene intereses románticos en las dos mujeres con cierto protagonismo en la historia que -obviamente- luchan una para cada bando. Cuando uno se convence de que Dago va a hacer "la Gran Archie" (es decir, no decidirse nunca entre la rubia y la morocha y seguirle el juego a las dos), Wood nos sorprende en las páginas finales: allí el veneciano, una vez finalizado el sangriento combate, se va con una de las dos, a vivir unas vacaciones de paz, amor y besos. Y en las 12 páginas restantes, arranca un nuevo arco argumental, esta vez dibujado (como los dioses) por el cordobés Carlos Gómez. La trama no está ni cerca de resolverse cuando el tomito llega a la última página, pero los caraduras de la Aurea le ponen a la última viñeta un cartelito que dice "FINE". Fine, las tarlipes. Menos mal que tengo el librito que le sigue, y pronto me voy a enterar cómo continúa la historia de Dago con Ercole Boldrini, un muchacho falsamente acusado de haber matado a una nena, al que el héroe salva de morir en la horca. Como siempre digo, no soy muy fan de Dago, porque me la baja un poco leer una y mil aventuras del Guacho Pistola que le gana a todos en todas las disciplinas. Dago es tan capo como Batman, pero además le baja la caña a cuanta mina linda se le cruza. Y a mí me gusta que los héroes la remen más de atrás, que transpiren más la camiseta, que las victorias les cuesten un huevo. Si no, es un trámite, se pierde la épica. Pero bueno, cada tanto, hago el esfuerzo, porque me gustan los diálogos que escribía Robin y porque (por lo menos en la serie semanal) Dago suele tener muy buenos dibujantes. Acá, esas 12 paginitas de Gómez (coloreadas por Lautaro Rinaldi), prometen un Vol.139 repleto de magia. Y además está buenísimo ver al cordobés plantar páginas de no más de cinco viñetas, después de haber leído esos álbumes hechos para Francia en los que metía 11 ó 12 cuadros por página, algunos microscópicos. Nada más, por hoy. Cerramos Julio con 13 entradas, una barbaridad. Veremos qué onda Agosto. Gracias y hasta pronto... Y quienes todavía no descargaron la Comiqueando Digital de https://comiqueandoshop.blogspot.com/, dale... media pila, que vale chauchas y es lo ÚNICO por lo que cobramos, de todo lo que brindamos todos los fuckin´días hace 8.500 fuckin´años.

martes, 28 de junio de 2022

NOCHE DE MARTES

Tarde pero seguro, tengo leídos otros dos libritos para comentar. Se vienen semanas complicadas para mí, porque estamos cerrando un nuevo número de Comiqueando Digital, pero trataré de mantener un ritmo aceptable en los posteos... Empezamos en EEUU, año 2017, con el primer tomo de Violent Love. No sé si alguna vez había leído otras obras de Frank Barbiere, sospecho que no. Si venís leyendo hace unos años este blog, deducirás rápidamente que caí en esta historieta porque la dibuja Víctor Santos, un autor del que soy muy fan y al que le compro prácticamente cualquier cosa que haga. El guion me gustó bastante. Es un thriller muy violento, casi una peli de Quentin Tarantino pero sin esos diálogos eternos y divertidos que caracterizan al cineasta. La trama se centra en el recuento de la trágica vida de una mina que un día decide jugarse lo poco que le queda (que es el pellejo) para vengarse de los asesinos de su padre, y su inmersión en un mundo sórdido de crimen, marginalidad y sangre. Por entre los tiros en la cabeza, las torturas y las violaciones, asoma una trama romántica, que pega más de un giro a lo largo de estos cinco episodios, ninguno demasiado imprevisible. Pero está buena, porque humaniza a estas máquinas de robar y matar. El giro de las últimas páginas del tomo sí me resultó más sorpresivo, y es muy interesante todo lo que abre para que Barbiere resuelva en el segundo y último TPB. Felizmente, el guionista se da cuenta de que con Santos se sacó la lotería, y permite que el valenciano narre tranquilo, con espacios, con escenas pensadas para que se luzcan el trazo y la paleta de este monstruo. La puesta en página es trepidante, el dibujo tiene un impacto tremendo, la sangre parece salpicar de verdad al lector y la reconstrucción de tiempo y lugar (pueblos del sur de California a principios de los años ´70) funciona sin fisuras. Santos pone todos sus recursos a trabajar para que la lectura de Violent Love resulte atrapante, adictiva. Y le sale muy bien. Por momentos me dio la sensación de que el color le restaba un poco de protagonismo al dibujo, especialmente en las escenas más turbias, más oscuras, pero en la segunda leída noté cómo la paleta de Santos no traiciona nunca la consigna de acompañar desde la gráfica los climas que propone el guion. Me sigue gustando más la obra de Santos en blanco y negro, pero esta forma de encarar el color está muy bien, me doy cuenta de que es algo que el público de Image no solo acepta sino disfruta. Violent Love no es para cualquier tipo de lector, por la brutal y lo explícito de la violencia. Pero por lo menos esta mitad, está muy bien llevada, tiene momentos originales, tiene profundidad en la caracterización, toca (aunque sea por encima) ciertas problemáticas sociales típicas de los EEUU de principios de los ´70 y termina con un cliffhanger jodido como enema de chimichurri. Y además dibuja Víctor Santos, con lo cual está casi todo dicho.
Seguimos acá nomás, Argentina 2021, con el libro Dago: La Justicia Secreta, una novela gráfica de 96 páginas de las que se producen en nuestro país para la editorial italiana Aurea, en este caso escrita por Néstor Barron y dibujada por Sergio Ibáñez. Lo de Ibáñez me resultó muy raro. Es como si fueran dos dibujantes distintos. Uno que se mata en los fondos y les pone toda la onda, la dedicación y el talento; y otro que dibuja a los personajes de un modo mucho más rústico, por momentos estáticos, sin onda. como si se los quisiera sacar de encima rápido. Este "segundo Ibáñez" logra reproducir en los primeros planos de Dago algunos rasgos de los que asociamos al trazo mágico de Carlos Gómez. Y en los primeros planos del villano de este episodio, nada menos que Giácomo Barazutti, reaparece algo de la impronta del maestro Alberto Salinas, co-creador y primer dibujante de la longeva serie. Fuera de esos primeros planos, hay poco del Ibáñez que disfrutamos en trabajos como La Guarida del Gusano Blanco o Ecos de Mundos Posibles. Me da la sensación (también por la escasa cantidad de cuadros por página) de que este es un trabajo hecho a velocidades supersónicas, sin tiempo como para que el dibujante cuide más algunos aspectos, lo cual es una pena, porque uno de Ibáñez espera otra cosa. El guion de Barron tiene una virtud irresistible: no está estirado. Muchas de estas novelas de Dago te cuentan en 96 páginas historias que daban para la mitad, pero en La Justicia Secreta tenemos una trama realmente compleja, con un elenco vasto (donde por ahí sobra La Flor, que no aporta nada), una conjura política espesa para que desentrañen Dago y sus aliados, y otro elemento muy ganchero: el regreso (no sé cuántos van) de Dago a su Venecia natal, lo cual le va a dar la posibilidad a Barron de poner al duro justiciero cara a cara con Barazutti, el único que queda vivo de los asesinos de la familia Renzi. La gran contra que tiene Dago, que es su falta de emociones, la forma desapasionada en la que resuelve las aventuras casi sin despeinarse, acá no se siente, porque -si bien por fuera mantiene la calma- cada regreso a Venecia significa reencontrarse con los fantasmas de la vida que le robaron cuando su familia fue traicionada y asesinada. Y lo más interesante, lo que hace que este guion de Barron sea realmente relevante para cualquiera mínimamente interesado en las andanzas de Dago, es el rol de Ginetta, la joven que fuera novia de Cesare y terminara dando a luz a los hijos de Barazutti. Lo que sucede con este personaje es tan fuerte, que hasta el Super-Clásico entre Dago y el asesino de su familia pasa por momentos a un segundo plano. No recuerdo otra historia de Dago en la que Ginetta haya sido desarrollada tanto como en La Justicia Secreta, y la vuelta que le pega Barron es realmente impactante. La última viñeta es clave, es... no lo puedo contar, porque es zarpado lo que pasa... Digamos que es el "Son of the Demon" de Dago... y que la cace el que sepa. Ojalá eso que sugiere Barron en el final de este libro no quede en el olvido ni sea negado retroactivamente por otros guionistas. ¿Tiene sentido que se sigan publicando 96 páginas de Dago todos los meses, pensando en que es una serie que ya lleva 40 años de producción ininterrumpida? Yo creo que no, pero cada tanto aparece un guion como este, y uno recupera la expectativa (o al menos la ilusión) de ver una real evolución en la serie. Esa magia, la sensación de que todo puede suceder, la perdieron Robin Wood y sus sucedáneos entre tantas peripecias tan parecidas entre sí. En una de esas, Barron se anima a recuperarla. Nada más, por hoy. En unos días reaparezco para comentar nuevas lecturas, acá en el blog.

lunes, 21 de noviembre de 2016

UN TOQUE MEJOR

De a poquito se me va yendo la congestión y ya respiro más por la nariz que por la boca. El ojo se me deshinchó bastante y ahora me quedan mutaciones menores en los labios y abajo de la nariz. Ni bien mi cara vuelva a parecer una cara semi-humana se van a dar cuenta porque voy a volver a grabar videos para YouTube. Por suerte las reseñas se pueden redactar sin mostrar la caripela, así que vamo´en esa.
La primera es fácil. Una obra de Ed Brubaker y Sean Phillips a esta altura ya equivale a un festival del elogio. La única incertidumbre que me despertó la lectura del Vol.2 de Sleeper fue cómo carajo tardé tantos años en conseguirlo y leerlo, con lo mucho que me había gustado el Vol.1. Y claro, me acordaba poco de aquellos primeros 12 episodios pero rápidamente Brubaker y Phillips me pusieron en clima. Me llamaron la atención varias cosas: lo estirado que está el argumento (y aún así el guión se hace entretenidísimo); la perfecta integración al universo superheroico de WildCATs, Gen13, Team 7 y demás precariedades noventosas creadas por Jim Lee y sus esbirros; el episodio en el que Brubaker saca el foco de Holden Carver para centrarse en Miss Misery, un tratamiento glorioso para un gran personaje secundario; lo poco que importan los superpoderes en general, en el conetxto global de la trama; y obviamente el final, que no es para nada el que uno se imagina mientras transita la obra.
Por supuesto el dibujo de Phillips es excelente y –si bien la labor de los coloristas es más que correcta- no puedo dejar de imaginármelo en blanco y negro. Acá el inglés arriesga fuerte con la puesta en página y logra secuencias realmente innovadoras, de notable belleza y una fuerza imponente. El garche de la página 184, por ejemplo, está narrado de una forma tan original y tan linda que Jim Steranko todavía debe estar aplaudiendo, aunque la historieta sea de hace 10 años. En fin, si te cebaste mal con Fatale, Criminal, The Fade Out o cualquier otra obra de la dupla Brubaker+Phillips, animate a rastrear su trayectoria hacia atrás, y cuando llegues a Sleeper, entregate a una historieta poderosísima.
Me fue bastante peor con Dago: La Fuente de la Juventud, el recopilatorio editado por Comic.ar de estas historietas que Robin Wood y Carlos Gómez publicaban de a 12 páginas por semana en Italia, en las antologías de la Aurea. Esta vez, el héroe infalible acompaña a la expedición de Hernando De Soto, que por supuesto existió en la realidad, y que llevó a un nutrido grupo de españoles a vagar por el sur de los Estados Unidos en busca de algo que supuestamente era la fuenta de la eterna juventud, o de la inmortalidad. Andá a saber de dónde sacaron los españoles que tal cosa existía, pero ahí fueron. Hasta ahí, todo bien. El argumento se prestaba a una gran aventura de Dago, como habíamos visto en El Dorado. Pero esta está plagada de situaciones repetidas de otros tomos: la minita vulgar y con onda que se enamora de Dago, es ninguneada por el veneciano y termina en los brazos de uno de sus adláteres, el tipo recio cercano al capo de la expedición que se lo monta a Dago en un huevo y jura matarlo pero termina muerto, las largas diatribas acerca de cómo la ambición desmedida de los conquistadores lleva a sus hombres a meses y meses de hambre, penurias, enfermedades y muerte… Todas cosas que ya sucedieron en sagas anteriores y que funcionan casi como un déja vu.
Me da la sensación de que la historia más interesante es la que Robin apenas sugiere, la de Diego, el español que se pierde entre los aborígenes y vive con ellos durante años hasta que Dago y los suyos lo encuentran. Y aunque se precipita un poco, me gustó el final, porque al héroe, al grosso, al hiper-pulenta, al que gana de visitante en todas las canchas, lo tienen que ir a rescatar un puñado de personajes secundarios, de esos que llegaron al final del tomo casi de milagro. A Dago le alcanza la chapa para sobrevivir (con lo justo) en EEUU, pero no para volver entero a Cuba y ahí es donde Wood le levanta el perfil a Villagrán y a otros españoles “menos malos” que habían soldadeado al veneciano y a De Soto a lo largo de todo el arco argumental.
La Fuente de la Juventud no entra ni por casualidad al podio de las mejores sagas de Dago, pero bueno, tampoco es un bofe ni mucho menos. Y los dibujos de Carlos Gómez son monumentales, como siempre, con calidad de sobra para que te quieras comprar el tomo sólo para babearte con la faz gráfica que es magnífica. A Gómez lo sacaron de la Europa medieval y lo tiraron en el medio de la América cuasi-virgen. Para sorpresa de nadie, el tipo la rompió de Perú al Mississippi, del Amazonas a Cuba y en todas partes ganó la belleza, la destreza, el virtuosisimo, la dedicación de un dibujante superdotado, que además deja la vida en cada viñeta.
Tengo más libros leídos, pero estas reseñas me quedaron largas, así que guardo para más adelante.

jueves, 24 de diciembre de 2015

24/12: DAGO: EL DORADO

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto de una aventura de Dago. Este tomo aranca justo cuando termina el anterior, que no me había entusiasmado demasiado, y banca el nivel muy arriba a lo largo de 120 páginas (ó 10 episodios en la serialización italiana).
Creo que lo mejor que tiene El Dorado es que logra aprovechar a pleno lo que Amazonas desaprovechó: la posibilidad de no quedar atado a hechos históricos a los que el guión de Robin Wood tiene que respetar sí o sí. Ya vimos que el guionista tiene recursos de sobra para meter a Dago en eventos históricos reales y hacerlo vivir aventuras interesantes sin romper el verosímil. En el tomo anterior y en este, se abre otra posibilidad: la de jugar con total libertad, sin miedo de pisar o contradecir a los libros de historia. Y es en El Dorado donde Robin realmente explota esa variante, la de Dago convertido en un aventurero sin anclas, con permiso para entrar y salir de kilombos de los que nunca nadie leyó porque nunca existieron fuera de la imaginación del guionista.
Otro ingrediente atractivo: como en el tomo anterior, Dago está fuera de su ámbito natural, jugando de recontra-visitante en las selvas tropicales de una América en la que la presencia del hombre blanco es una novedad. Por supuesto, lo que más le interesa explorar a Wood -que es la codicia, el ansia de poder y la miseria del ser humano- está presente también en esta especie de paraíso a descubrir. Y a las bestias bípedas se suman animales exóticos, a los que Dago jamás vio y que lo obligarán a llevar su ingenio al límite para salir vivo. Si te aburre verlo al justiciero veneciano vencer enemigos de taquito, acá lo vas a ver transpirar lindo la camiseta, auqnue juegue todo el partido en cuero.
Alguna vez me llamó la atención de modo casi irónico el hecho de que Dago recorriera en un mismo tomo tres o cuatro países y pudiera hablar en todos los idiomas. Esta vez Robin se hace cargo de eso: Dago se ve limitado a hablar sólo con Joao, su amigo portugués que sabe español, y ni bien pega onda con un aborigen que también habla nuestro idioma, le pide que le enseñe la lengua de estas tribus para poder hablar. Y ahí sí, Dago vuelve a ser el Dago que nos gusta a todos: el habilidoso no sólo con la espada sino también con esa lengua afilada, el que seduce minas con el chamuyo y aconseja a reyes y generales con su enorme experiencia en temas militares.
La saga del Rey de Oro tiene un ritmo muy atrapante, con momentos en los que Wood se dedica más a describir este lugar maravilloso que a meterle picante a la trama, y momentos realmente tensos, donde no tenés idea de cómo se pueden llegar a resolver los conflictos. Lo único que deduje antes de tiempo es quién era el cerebro de la conjura para acabar con el Rey de Oro. Hay una escena que deja a ese personaje muy al descubierto y lo convierte en imán de todas las sospechas. Pero fuera de eso, la saga no para nunca de acumular aciertos, de fascinarnos, de intrigarnos y de mantener la tensión hasta el final.
Como siempre, el dibujo de Carlos Gómez es glorioso. El tipo pasó de las catedrales, los palacios, y los carruajes de los reyes de Europa a la jungla más espesa del mundo, poblada de aborígenes, víboras zarpadas, monos y jaguares, con total naturalidad. Puede ser que acá Dago juegue de visitante, pero Gómez es local siempre, en todas las canchas. Sus planos generales tienen un laburo impresionante, los primeros planos son recontra-expresivos, hay un trabajo alucinante en los detalles tanto de la vegetación como de los ornamentos que lucen los indios, y detalles en algunas caras que me hicieron acordar a Enrique Breccia (el mejor dibujante de la América Joven y sus habitantes) y a Milo Manara y Eleuteri Serpieri, en las secuencias en las que la cosa se pone hot entre Dago y Uria. De hecho, la escena del garche entre ambos debe ser la de mayor voltaje erótico de la larga epopeya de Dago y quizás de toda la carrera de Wood y Gómez. El cordobés apela al recurso de repetir algunos dibujos, pero la verdad es que son tantas las viñetas en las que deja la vida y mucho más, que se lo podemos perdonar. Un gran, gran despliegue de recursos de Gómez, esta vez tan apoyado en la referencia histórica como en su propia imaginación.
Me encantó El Dorado. Me sedujo la ambientación, la dosificación de la acción (se nota menos que en otros tomos la “obligación” de que Dago pelee con alguien cada 12 páginas) y sobre todo me enganchó el mensaje: una bajada de línea potente y muy interesante acerca de los pueblos originarios, su organización social, económica y política y hasta acerca del rol de las mujeres en este mundo todavía no invadido por los europeos. Dejate conquistar por esta gema que brilla fuerte en la corona de Robin Wood y Carlos Gómez.

martes, 6 de octubre de 2015

06/10: DAGO: AMAZONAS

Sigo sin encontrarle la vuelta al tema de las imágenes,pero ya lo voy a solucionar. Mientras tanto, sigo con las reseñas, acá cerquita del Central Park.
En este libro, Robin Wood y Carlos Gómez nos muestran las peripecias de Dago posteriores a su paso por Perú, que vimos en el tomo anterior (no me acuerdo cuando lo reseñamos, pero podes hacer click en la etiqueta de Dago y te aparece al toque). Por primera vez, el guacho-winner está totalmente descolocado. Un europeo solo en la América joven, casi sin armas, sin brújula, sin comida, sin caballos, mucho no puede durar. Y Dago se da cuenta. Eso me pareció lo más interesante a nivel guión:la instancia de profunda vulnerabilidad de un personaje al que vimos ganar demasiadas veces, de local, de visitante, de taquito y hasta de ojete.
En cuanto a las aventuras en sí, me cerró bastante la segunda,la de las amazonas bravas e inclementes, donde hace su primera aparición Joao, el portugués que acompañará al veneciano en varias sagas posteriores. La verdad es que Dago hace poco; más que nada lo vemos esforzarse por seguir vivo, sin un plan ni una esperanza para modificar la realidad tremenda que le toca presenciar. En definitiva,Wood nos ofrece más climas y más descripciones que peripecias,y ese cambio de registro cada tanto viene bien.
La otra parte del libro, en la que Dago interactúa con esos indios rubios y pelirrojos que descienden de los vikingos,me pareció un disparate sin pies ni cabeza; de hecho me hizo acordar a esas aventuras frutihorticolas de Tarzan, en las que se topaba con civilizaciones pérdidas en la jungla, siempre integradas por blancos. La historia arranca bien, pero cuando aparece ese drakkar navegando por el Amazonas, el verosímil se desploma como nunca antes se había desplomado en una historieta de Dago.
Después de años y años de dibujar castillos, aldeas, catedrales, palacios y templos, había que ver cómo se adaptaba Gómez a una historia donde los verdaderos protagonistas son el río y la selva. Una vez más, el cordobés demostró estar a la altura del desafío y nos regaló un montón de páginas memorables, pobladas de recursos gráficos que no habíamos visto antes y que le sirven para resolver con categoría el notable cambio en la ambientación.
Amazonas es un tomo sumamente atípico dentro de lo que es la saga de Dago y ni drogado me animo a ponerlo entre los fundamentales. Lo cual no significa que me haya resultado flojo o decepcionante.


domingo, 5 de abril de 2015

05/ 04: DAGO: EL ORO DEL INCA

Esta es una aventura muy rara de Dago, porque Dago… no hace nada. Son casi 180 páginas de historieta en las que el veneciano apenas pelea contra algún villanete menor en los primeros tramos, para luego convertirse en un mero testigo, en un tipo que está ahí, siempre cerca de Francisco Pizarro durante su conquista del Perú, pero cruzado de brazos, bajando línea y tirando sus clásicas réplicas ironicas. En esta saga Robin Wood repite un recurso que ya vimos en otro de los libros publicados por Comic.ar: temprano en el andar de la aventura, Dago se gana el odio de un personaje secundario que se va a proponer hacerlo boleta en medio del kilombo, cuando es más probable que su crimen quede impune. Se supone que eso tiene que generar tensión, porque el protagonista tiene que estar siempre alerta. Bueno, acá el propio Pizarro les prohíbe a sus hombres atacarse entre ellos y la revancha entre Dago y “el Crucificado” no llega nunca.
En general, en todo el tomo escasea mucho la acción. Cuando los españoles invaden las aldeas y ciudades de los incas estallan los saqueos, y hay muertes, incendios y violaciones. Pero poco. No es ninguna noticia que Pizarro logró sojuzgar a este pueblo sin batallas épicas y eso es lo que le falta a esta aventura. Hay muchísima rosca política, mucho diálogo, mucha exploración de este nuevo mundo, mucha indignación por los abusos de los españoles, pero poquísima machaca. Antes de llegar al primer tercio del tomo, Dago cumple la misión de curar a la hermosa Pilar y ya queda liberado de cualquier entramado dramático que pueda tejer Wood, para convertirse en ese testigo preferencial, ese adláter de Pizarro que no pincha ni corta… y tampoco lo necesita, porque básicamente no hay obstáculos para sortear.
Entonces el guionista recurre a otro viejo truco para generar tensión: tres tipos se enloquecen con la misma mina, una hermosa princesa inca. ¿Con quién se va a quedar Estrella de Oro? ¿De quién se enamoró? ¿O los está usando a todos con sus propios fines? Y cuando faltan menos de 40 páginas para el final, Estrella de Oro va a jugar sus cartas y se va a convertir –mediante un volantazo del guión tan impredecible como certero- en el personaje principal de la saga, en la única persona capaz de estropear los ambiciosos planes de Pizarro. Siempre con Dago pintado al óleo, eh? No vayas a creer que es uno de los que se enamoran de la princesa, o que es el que resuelve el despelote que se arma cuando ella hace su movida.
Estrella de Oro y Pizarro son los personajes mejor desarrollados por Robin en los diálogos y los bloques de texto. Y lo más loco es cómo Dago no siente mayores reparos a la hora de obedecer las órdenes de este avechucho genocida, dispuesto a todo para quedarse con el oro y las tierras de los incas. El veneciano le marca el territorio, le pone de manifiesto su disenso, su repudio a los excesos del español y su horda. Pero nunca se le planta, ni le dice “hasta acá llegamos”. Y estamos hablando de un valiente, eh? De un tipo que se enfrentó a todo. Sin embargo, los duelos de Dago con este villano 100% irredimible nunca pasan de la etapa verbal.
Me toca hablar un poco del dibujo de Carlos Gómez, de quien me vengo ocupando duro y parejo en las reseñas de Alienor, su trilogía histórica para Delcourt de la cual ya reseñé dos álbumes. Bueno, esto no tiene nada que ver con lo que hace Gómez en Alienor. Acá vemos al cordobés trabajar con muchos menos cuadros por página, muchísimos primeros planos, infinitas viñetas sin fondos… y el mismo talento para la anatomía, las expresiones faciales, la documentación histórica y la composición de las páginas. También en blanco y negro, el trazo de Gómez se distingue como el de un verdadero virtuoso del estilo académico. Y en esas páginas en las que ofrece dos o tres viñetas chiquitas y una grandota, la grandota es invariablemente devastadora, repleta de detalles maravillosos en personajes, objetos, animales, decorados… un lujo.
Este es más un arco argumental de Pizarro, o de la historia de la conquista del Perú, que del propio Dago. Pero siempre está bueno revisitar la historia de la mano de un narrador de la talla de Robin Wood, y cualquier cosa dibujada por Carlos Gómez merece ser comprada y atesorada, con lo cual al libro no le faltan méritos en lo más mínimo.

jueves, 27 de noviembre de 2014

27/11: DAGO: LA CUESTION REAL

Esta es una novela gráfica muy buena y a la vez muy rara, en la que el maestro Robin Wood urde una trama muy atractiva, muy compleja, como siempre con mucho anclaje con la Historia tal como nos la contaron los historiadores en esos libros que no tienen viñetas ni globitos, y con Dago ahí en el medio, como garante e incluso como catalizador de peleas, persecuciones y –cada tanto- algún garche.
¿Por qué “muy rara”? Porque cuando van 84 páginas, La Cuestión Real pega un volantazo notable en su devenir argumental y la historia que hasta ese momento era la central pasa a un tercer o cuarto plano. Para las últimas 60 páginas, Wood desplaza el foco hacia otros personajes, otros conflictos, otras geografías e incluso cambia el tono de la aventura. Claramente, hizo el famoso “ya que estamos”.
Toda la primera parte nos muestra a Dago enroscado en una compleja pugna de intereses entre tres reyes europeos, con el Papa metido en el medio. El conflicto central tiene que ver con el romance entre Enrique VIII y Ana Bolena, por eso el justiciero veneciano se desplaza por primera vez a Londres, a meter las narices en la corte de este rey mujeriego y altanero. Este tramo funciona muy bien, como la típica aventura de Dago. Ya sabés que si aparece un personaje que no te suena de los libros de historia, se va a enemistar con el veneciano y va a terminar muerto; ya sabés que cualquier minita que entre en escena se va a enamorar de él (acá, en menos de 150 páginas, se levanta a tres minas y se voltea a dos); y ya sabés que, haga lo que haga, Dago no va a cambiar el curso de la Historia posta, sino que Wood se las va a ingeniar para que esté ahí, siempre cerca, quizás orientando los hechos hacia donde ya sabemos que van a ir, pero nunca en primer plano.
Por los bloques de texto que empiezan a proliferar a partir de la página 85, deduzco que a Robin le encanta Escocia, que ama a ese país. Así que, una vez que tenemos un buen argumento para llevar a Dago a Inglaterra, ¿qué nos cuesta que pase también por Escocia, que es ahí, al ladito? Y entonces, “ya que estamos”, en estas 60 páginas finales nos olvidamos de las runflas entre los reyes de Inglaterra, Francia y España, de Ana Bolena, del cardenal que mandó el Papa y de prácticamente todo lo que vimos hasta ese punto, y nos metemos a fondo con otro conflicto: el joven James, Rey de Escocia, y las conjuras de nobles escoceses con nobles ingleses para que este chico no se quede con el trono.
Acá siguen en cancha un par de secundarios que ya venían buscando la forma de deshacerse de Dago cuando este andaba por Londres (y dos de las minitas que se lo querían voltear), pero en pocas páginas Wood renueva a full el elenco de secundarios, ahora con los esoceses. Así cobran protagonismo los muchachos cuasi-salvajes de los clanes que pueblan las highlands, particularmente el Mudo, uno de esos personajones secundarios que cada tanto pela Wood y que uno querría ver como protagonista de una saga más larga. Este tramo deja de lado la sutileza de las intrigas palaciegas y encara para el lado de la violencia lisa y llana, con batallas épicas, emboscadas, la muerte definitiva del villano más molesto y una muy linda revolcada entre Dago y una duquesa que coqueteaba con él desde el principio de la novela. El conflicto del rey de Escocia se soluciona totalmente en estas 60 páginas, sin dejar cabos sueltos. Y en las últimas… dos páginas, Dago se acuerda que tiene que volver a España para tratar de resolver el otro bolonki, el que lo llevó a Inglaterra en la primera parte de la novela. O sea que la maniobra de Wood de hacerte un “dos por uno” resulta exitosa hasta ahí nomás, porque una de las dos líneas argumentales se come casi 60 páginas en el freezer y no se resuelve, sino que se encamina hacia una resolución que en este tomo no se ve.
Igual te divertís mucho, sobre todo en la primera parte, cuando Dago se la pasa tirando one-liners irónicos, cuando lo vemos boludear a reyes y nobles con total impunidad, y bajar línea en joda acerca de lo choto del clima, lo incomible del morfi y lo poco que se baña la gente de Londres. Cuando no le toca desenvainar la espada, Dago desenvaina la lengua y resulta tan letal como cuando te atraviesa con sus armas.
Lástima que algunos diálogos estén mal armados, con globos que responden al globo que se lee inmediatamente después. No sé si es un problema arrastado de la edición italiana, o si se produjo al traducir la historieta al castellano, pero hay cinco o seis diálogos así, con los globos puestos en el orden de lectura incorrecto.
Ah, y el dibujo de Carlos Gómez… no me alcanza el espacio para analizarlo, así que me limito a babearme un poco y a repetir todos los elogios que le prodigué en las reseñas de los tomos anteriores. Un monstruo, con todas las letras. El año que viene, más Dago y más Gómez, acá en el blog.

sábado, 29 de marzo de 2014

29/ 03: DAGO: LUCCA Vol.2

Como vimos la vez pasada, toda esta saga (cuyas primeras 128 páginas recorrimos el 16 de este mes) está pensada para desembocar en el enfrentamiento final entre Dago y el perverso Príncipe Bertini, jefe de la conjura que acabó con la familia de César Renzi. La idea de Robin Wood es generar tensión, hacerla crecer y –en un punto- resolverla. El tema es que se complica mucho hablar de esta segunda mitad sin contar cómo se resuelve la trama. Es como si el lunes se emitiera un programa sobre el Boca-River de mañana, pero sin mencionar nunca el resultado.
Lo más importante es que ese enfrentamiento final entre los dos enemigos llega. Se hace esperar otras 62 páginas y dura... con buena voluntad, tres viñetas. Pero llega y se define sin rodeos, sin ambigüedades y –sobre todo- de un modo impredecible, muy distinto de lo que uno se imaginaba, y aún así satisfactorio. ¿Qué pasa en las 62 páginas previas? Hay bastante chamuyo, bastante más franela, Wood nos subraya por enésima vez lo hermosa que es Lucca, lo copada que es su gente y lo bien que se siente Dago en esa ciudad, como si fuera un folleto turístico que nos quiere vender un viaje a Lucca. Y de paso resuelve las hsitorias de Dago con Orsini y Lorena, los adláteres de Bertini a los que les venía dando baile (de distintas maneras) desde el tomo anterior. La figura de Miguel Angel Buonarotti tiene menos peso que en el Vol.1, el rol de la dama de Paradini crece gradualmente (aunque el personaje no gana profundidad) y se luce un personaje que pintaba para tercerón, el Podestá, que vendría a ser la autoridad máxima de la ciudad de Lucca.
Entre que se resuelve el duelo entre Dago y Bertini y el final del tomo, tenemos otras 62 páginas. Un poquito mucho para un mero epílogo, por eso Wood las aprovecha para poner en marcha una especie de aventura complementaria a la anterior. Giácomo Barazutti, el único miembro de la conjura que queda vivo (aunque sin las manos, perdidas en un combate anterior contra Dago), le pone precio a la cabeza del veneciano y logra que los mejores mercenarios y cazarrecompensas de Italia converjan en Lucca con la firme decisión de pasarlo a valores. El héroe tendrá que aguzar de su ingenio (y abusar del cariño que le tiene la gente de la ciudad) para salir con vida de esta encrucijada. De nuevo, la resolución final se parece poco a la que uno imaginaba y sin embargo está muy bien.
En el balance global, la saga de Lucca cumplió ampliamente lo que prometía. Es una historia posta, 100% canónica, un punto de inflexión irreversible en la larguísima epopeya de Dago, y además tiene acción, aventuras, rosca política, romance, figuras históricas invitadas y dilemas morales complejos. Quizás lo más atractivo sea que acá TODO gira en torno a Dago y su venganza, no como en esas aventuras menores en las que el héroe es un mero testigo, o un integrante más de un grupito que hace cosas que ya sabíamos que iban a pasar por haber leído alguna vez libros sobre la historia europea.
A esto sumale la jerarquía de un Carlos Gómez pasado de rosca, que sale a matar con su apabullante dominio de la estética académico-realista, perfectamente condimentada con un dinamismo y una expresividad que no se ven muy a menudo en dibujantes de esta escuela. Gómez mete muchísimos primeros planos (y primerísimos planos), elimina muchos fondos y resuelve unas cuantas viñetas con siluetas. Pero no porque se esté tirando a chanta, sino porque es humano, y acá tiene que dibujar cosas dificilísimas, como edificios del Siglo XVI, multitudes, ejércitos con uniformes que no se pueden inventar ni frutear, caballos... Y todo está cuidado hasta el último detalle y mechado con escenas PERFECTAS, como la de la pelea final con Orsini. Gómez tiene un arsenal de recursos amplio y poderoso, y acá no deja cartucho sin detonar. El lenguaje corporal, las expresiones faciales, los detalles y las texturas en ropas y fondos, el equilibrio entre masas negras y espacios blancos, el montaje terriblemente dramático en la escena en la que Dago y Bertini quedan frente a frente... todo nos revela a un verdadero monstruo del Noveno Arte. Quiero YA los libros que está dibujando Gómez para Francia.
Y si puede ser, más Dago editado en Argentina. Estos tomitos salieron en Agosto o Septiembre y desde entonces no hemos tenido más entregas de una serie que vende muy bien (por lo menos eso dicen en las comiquerías) y cuya calidad no defrauda en lo más mínimo.

domingo, 16 de marzo de 2014

16/ 03: DAGO: LUCCA Vol.1

Muy lindo tomo de Dago. Muchas páginas, una trama atractiva, dibujos excelentes... Veremos cómo termina Robin Wood la saga de Lucca, pero esta primera parte es realmente atrapante.
Las primeras 60 páginas son algo así como “la saga antes de la saga”, una historia perfectamente autoconclusiva y redonda, si no fuera porque es todo parte de un plan de Dago para hacer engranar al Príncipe Bertini, el jefe de la conjura que boleteó a su familia, a quien el héroe quiere hacer salir de su refugio inexpugnable en la ciudad de Venecia. La aventura transcurre en Marsella y sirve, básicamente, para presentarnos a los sicarios de Bertini a los que Dago les hará la vida imposible hasta el inevitable cara a cara con el malvado noble veneciano. El astuto Orsini y la despiadada Lorena, dos personajes muy bien trabajados por Wood, caerán en la trampa de Dago, los dos de distinta manera, y esas derrotas en Marsella pondrán en marcha la saga de Lucca.
Que -hay que decirlo- arranca muy lento. El Príncipe Bertini se entera que Dago operó para cagarlo en Marsella en la página 60. Y para la 128 todavía no se encontraron, a pesar de que llevan ya muchas páginas en la misma ciudad. ¿Con qué nos entretiene Robin durante este extenso jugueteo previo? Con las apariciones de Michelangelo Buonarrotti, que se hace amigo de Dago, y con el desarrollo de otro personaje secundario interesante, con pasta para tener un rol decisivo en la segunda parte, la bella y enigmática dama de Paradini. Lo que más me gustó de este tramo franelero, en el que la historia avanza poco, es que casi no hay violencia. Robin no hace la boludez de meter peleas que no aporten nada a la trama sólo para que Dago pelee con alguien cada 12 páginas. Hay intriga palaciega, una muy acertada indagación en las costumbres de la gente de la época, un par de garches muy lindos y alguna peripecia menor, que el guionista se abstiene de “venderla” como si fuera relevante.
No me quiero extender mucho con el argumento, porque está claro que es todo un gran sembradío de líneas argumentales para explotar en la segunda parte, cuando Dago finalmente se enfrente al Príncipe Bertini. Por ahora, con ritmo pachorro y todo, parece que estamos frente a un capítulo realmente relevante en la historia de este sombrío justiciero. Creo que lo único flojo es la caracterización de Bertini, al que Wood nos presenta como un villano sin matices, sin dobleces. El tipo es un hijo de mil putas las 24 horas, en todas partes. Es malo con sus enemigos, con sus súbditos y hasta con su esposa y su hija (a las que Dago les salvó la vida en la saga de Roma, ¿te acordás?). Y es malo porque sí, porque está lleno de odio, a pesar de tenerlo todo (menos la conciencia tranquila, claro).
¿Qué decir del dibujo de Carlos Gómez? No se entiende bien cómo, pero el cordobés sigue mejorando exponencialmente de un tomo a otro. Es cierto, abundan demasiado los primeros planos y hay muchas, muchas viñetas sin fondos. Pero man, los primeros planos de Gómez son DEVASTADORES, llenos de realismo y expresión, y cuando mete fondos te ANIQUILA con un laburo impresionante en los detalles y las texturas y una integración perfecta de la referencia fotográfica. Entonces, ¿de qué te podés quejar? Gómez no dibuja nunca más de seis viñetas por páginas y las combina de modos muy variados, a veces con grillas clásicas y otras de forma bastante experimental por tratarse de material gestado para las popoulares antologías italianas de la ex-Eura. Los cuerpos en movimiento y los primeros planos de Lorena tienen la elegancia y la sensualidad del mejor García López, el rostro curtido de Navarro me trajo reminiscencias al de Mort Cinder, y en los rasgos del Príncipe Bertini perdura la impronta de Alberto Salinas, el primer dibujante de Dago. El resto es Gómez puro, haciendo gala de un estilo propio, en el que está absolutamente afianzado y que no hay forma de clonar, porque para dibujar así hay que tenerla demasiado clara.
La saga de Lucca promete aventura clásica de muy buena factura, con un guión hasta ahora muy bien llevado y un dibujo que, si sos fan de la estética académico-realista, te va a volar las retinas en mil pedazos. Prometo entrarle pronto al Vol.2, a ver cómo se resuelve la trama.

domingo, 30 de junio de 2013

30/ 06: DAGO: SAQUEO DE ROMA Vol.3

Final para esta saga que tiene más de 10 años, pero que en Argentina nuca se había publicado completa. La verdad que me entretuvo bastante, pero me dejó con un gustito agridulce. Veamos:
En primer lugar, Dago pierde. Al principio, su objetivo es evitar el saqueo a Roma. Al final, ya se conforma con que las hordas imperiales no violen a huerfanitas de 12 años o no cocinen al Papa Clemente al spiedo. Es el precio a pagar por aprovechar un contexto histórico para nutrir tus historietas: no podés hacer que Dago cambie el curso de la Historia y evite que suceda lo que todos los libros de Historia dicen que sucedió. O si lo hacés, tenés que plantear la serie como una ucronía (tipo Rex Mundi) o encararla en son de joda (tipo Astérix). Robin Wood elige para Dago un rigor histórico prácticamente sin fisuras y para respetarlo, el héroe tiene que aspirar a un rol secundario, a veces de mero testigo.
Aún así, Dago realiza una hazaña o un acto de justicia cada 12 páginas, siempre, sin faltar nunca a la cita. Después del saqueo, no puede simplemente abandonar Roma en su caballo: se tiene que ir con unas minitas, y la difícil misión de llevarlas sanas y salvas a su aldea natal, lo que significa vencer a más ladrones y asesinos. Y en la aldea, no lo esperan con los brazos abiertos: hay una trama de muerte, lujuria y demencia que Dago debe desentrañar antes de entregar las minitas a su abuelo. Y al final, no puede simplemente despedirse de las minitas: tiene que enfrentar a un asesino serial que casi mata a una de ellas... y así. No para nunca, pobre pibe. En los viajes, en las misiones, en las horas de descanso, siempre tiene garantizado un peligro cada 12 páginas.
Y también porque los episodios duran 12 páginas, a veces se desaprovechan ideas de gran potencial. El villano del último episodio, por ejemplo. Andrea Cornelli, galán, poeta, ilusionista y asesino serial, tenía todo para ser un personajón, un excelente némesis para Dago. Sin embargo, como esto es una especie de epílogo del epílogo de la saga de Roma, Wood opta por desarrollarlo a lo largo de... nueve páginas. Cornelii aparece en la página 3, y en la 12 ya es boleta.
Lo mejor del tomo, a nivel guión, está al principio, cuando Dago salva a una dama de la nobleza veneciana y se entera de que no es otra que la esposa del Príncipe Bertini, uno de los integrantes de la conjura que masacró a su familia. Ahí, el guionista pone a prueba la integridad del héroe. ¿Qué onda? ¿Se cobra venganza de Bertini y liquida con total impunidad a su esposa y a su hija? ¿O va hasta las últimas consecuencias para salvar a las mujeres de una muerte segura y deja para más adelante la venganza contra el Príncipe? Ahí hay un dilema moral muy jugoso, apuntalado por excelentes diálogos y elocuentes silencios. Y se supone que el climax de la saga va a llegar cuando se enfrenten Dago y Enfeldt, el poderoso fanático luterano que arengó a la horda para ir contra la ciudad del Papa. Bien, la lucha final, a todo o nada, entre Dago y el monje dura... una página. Cinco viñetas. Si Dago se lo podía sacar de encima tan fácilmente, ¿no era más lógico pasarlo a valores al principio del Vol.1, y ahorrarnos tantas atrocidades? No, porque Wood está a atado por la Historia y sin Enfeldt no había saqueo. El rigor histórico le ganó a la lógica argumental de la saga.
El dibujo de Carlos Gómez es, de nuevo, formidable. El cordobés tomó la base académico-realista de Alberto Salinas y le agregó plasticidad, dinamismo, ritmo, onda. Y además, al trabajar con páginas de muchas menos viñetas y casi ningún bloque de texto, se puede jugar mucho más a modernizar la narrativa, a explorar nuevas variantes. Casi siempre le sale muy bien.
Excelente la iniciativa de Comic.ar de publicar este material en nuestro país. Dago te puede gustar más o menos, pero sin dudas la saga del saqueo de Roma es un punto altísimo en los más de 30 años de historia del personaje, y era una injusticia que los lectores hispanoparlantes no tuvieran acceso a ella. Veremos cuándo y con qué material sigue esta colección. Yo, mientras dibuje Gómez, compro sin preguntar si están buenos los guiones. Total, es Robin Wood, y eso te garantiza una calidad mínima más que consistente. Un Wood a media máquina con un Gómez al nivel que vimos en estos tres tomitos, me recontra-cierra.

sábado, 22 de junio de 2013

22/ 06: DAGO: SAQUEO DE ROMA Vol.2

No te dejes engañar por esa tapa fea, en la que Dago tiene el cuello demasiado largo y monta un caballo demasiado chico. Adentro, el dibujo de Carlos Gómez está tan zarpadamente bueno como siempre. No voy a reiterar item por item todos los hallazgos de este maestro, porque son muchos, y para no aburrir.
Me voy derecho al guión de Robin Wood, repleto de referencias históricas reales, hábilmente manipuladas para agregar a un personaje que no aparece en las crónicas oficiales: Dago no estuvo en el verdadero saqueo de Roma, y sin embargo mucho de lo que le pasa a los personajes que sí son parte de ese episodio histórico (el Papa Clemente, el Condestable de Borbón, Benvenuto Cellini, Antonia Medina, etc.) está motorizado por las acciones de este intrépido justiciero. ¿Cómo hacés para que las decisiones y las hazañas de Dago tengan peso en un contexto histórico ya determinado, al que no podés alterar sin convertir a esta saga en una ucronía y sacarla del género que estás explorando? La respuesta es sorprendente, y Wood la encuentra página a página, en un atractivo paseo sobre una cornisa muy finita.
Este es el Wood moderno, el que narra todo en base a la acción y los diálogos y se abstiene de meter esos potentes masacotes de texto que definieron su estilo en los ´60 y ´70. O sea que nos perdemos uno de sus rasgos más destacables, que es el lirismo de su prosa, su peculiar talento para la descripción de lugares y sensaciones no visuales, y a cambio ganamos un relato mucho más dinámico, en el que textos y dibujos se ensamblan de modo mucho más armónico, sin que uno aparezca groseramente sometido al otro. Y la otra ventaja de narrar casi sin bloques de texto: hacen falta más viñetas para contar lo mismo, y eso repercute en historietas más descomprimidas, en las que son impensables esas páginas con 14 ó 15 viñetas microscópicas de las que veíamos en los primeros trabajos del guionista.
En cuanto a lo negativo, dos cosas. Primero, lo que subrayaba la vez pasada: el Dago guacho-pija, que se las sabe todas, no duda nunca y acierta siempre. Un cúmulo de perfección física y moral imposible de quebrantar que a mí, personalmente, me llena muy rápido los huevos. Segundo, en el tomo anterior Dago reunió, en pocas páginas, a un nutrido y atractivo elenco de personajes secundarios. En este tomo, para mostrarnos que el héroe la está pasando mal en su lucha contra un enemigo mucho más poderoso que él, esos mismos secundarios caen como moscas, algunos sin haber tenido muchas chances de lucirse, o de desplegar su potencial. Para el final del tomo, a Dago le quedan... cuatro aliados, de los cuales tres están ocultos fuera de las murallas de Roma.
Me parece lógico que Wood mate a los personajes históricos que efectivamente murieron durante el saqueo a Roma, pero no es el caso: de los personajes “verídicos”, el único que muere en este tomo es uno que peleaba del lado de la horda imperial. El resto, son los mismos que el propio guionista se esforzó por crear entre el tomo anterior y este. Si leíste bastante Dago, ya sabés que generalmente sus amigos y las minas que pegan onda con él, son boleta. Y eso es algo que nunca me cerró, que me parece un error estratégico grave, sobre todo al tratarse de una serie abierta, de duración indefinida.
Me falta el final de la saga, nomás, un tomo que –me parece- trae un par de episodios que no estaban en la edición italiana que yo había leído hace varios años. Veremos cómo termina esta epopeya violenta regada de ambición, descontrol, odio religioso y atrocidades escabrosas. Sabemos que Dago se va a ir de ahí entero y sin mayores consecuencias. Y si conocés la historia, sabés qué va a pasar con el Papa y demás. Aún así –creeme- hay margen para que Robin Wood nos sorprenda con un par de giros argumentales y para que Carlos Gómez nos deleite, una vez más, con sus majestuosos dibujos, en hermoso blanco y negro y con un lindo rotulado digital, dos cosas que los lectores clásicos de Dago (acostumbrados a las masacres cromáticas y tipográficas de Columba) viven como una grata novedad.

sábado, 15 de junio de 2013

15/ 06: DAGO: SAQUEO DE ROMA Vol.1

Esto lo había leído en italiano antes de empezar con el blog, en un tomito gordo, pulentoso, de una colección muy parecida a la de la Biblioteca Clarín, pero con muchos más títulos, que llegó a los kioscos tanos a principios de este siglo. Esta edición, si bien trae muchas menos páginas (y sale –proporcionalmente- bastante más cara), es mejor, primero porque está en castellano y la puede leer más gente, y segundo porque al ser más grande, permite disfrutar más del principal atractivo de la obra, que son los dibujos de Carlos Gómez.
El guión de Robin Wood no es malo, para nada. El ídolo hace los deberes, se documenta a full, se mete (y nos mete) de lleno en el período histórico que eligió para su infinita epopeya y sobre todo le pone emociones humanas a algo que de otro modo tendría la solemnidad y la distancia de un documento histórico, de un papiro, de algo antiguo, anquilosado y ajeno. Contados desde el llano, desde abajo del caballo, entre la mugre y la miseria (material y humana), los sucesos que Wood le hace presenciar a Dago cobran una dimensión más próxima, más vívida, y hasta te dan ganas de saber más sobre esas épocas oscuras (el siglo XVI), regidas por papas, monarcas y “nobles”, uno más ambicioso y rosquero que el otro. Lo que para mi gusto tira mucho paar abajo a estas historias es el propio Dago. Cuando era un esclavo miserable, cuando se hacía de abajo y cada empate le costaba un Potosí, Dago me caía bárbaro. Este Dago canchero, ganador e infalible me llena las bolas muy rápido. El tipo es perfecto: es el más duro, el más pillo, el más fuerte, el más hábil, el más piadoso, el más íntegro... Too much. Ya parece una especie de Batman que no tiene problemas a la hora de matar y que la pone de vez en cuando.
Y cuando el personaje es tan imbatible, y estás tan seguro de que va a salir entero de cualquier kilombo en el que se meta sin importar su magnitud, empezás a darle bola a los secundarios. Por suerte, en esta saga, Wood rodea a Dago de secundarios interesantes (todos sacados de los libros de historia) y –lo que más me cerró- ya van más de 120 páginas con el mismo villano, que todavía no es boleta. Enfeldt no es un villano al que le sobren los matices, pero el sólo hecho de que Dago no lo haya pasado a valores después de 120 páginas lo destaca mucho dentro del contexto de esta serie, en la que los que osan enfrentar al veneciano se compran el pasaje al Infierno en una sóla cuota y en el vuelo directo, que no hace escala en ningún lado.
Del dibujo de Carlitos Gómez ya hablé maravillas cada vez que me tocó reseñar un libro de Dago (y ya van unos cuantos). A este trabajo le corresponden todos los halagos, porque pertenece a la etapa ya madura del cordobés, en la que ya brilla en todo su esplendor, asentadísimo en su estilo dinámico, elegante, de gran realismo y a la vez con mucho margen para dotar a sus personajes de onda y expresividad. Ansío con locura esos álbumes de Gómez para el mercado francés, porque lo quiero ver narrar más de lejos, con menos primeros planos, que acá abundan en demasía. Me encanta la forma en que Gómez dibuja las caras, pero quiero ver más paisajes, más fondos, más personajes de cuerpo entero... y sé que en Dago eso no lo voy a ver nunca, por la cantidad de páginas que entregaba Gómez por mes a la editorial italiana que le encargaba este trabajo. Y por supuesto, esta edición ofrece la invaluable posibilidad de disfrutar de los dibujos de este monstruo en blanco y negro y acompañados de buenas tipografías, algo con lo que ni soñábamos en la época en la que leíamos a Dago en las revistas de Columba.
Yo ya sé para dónde va esta saga porque –repito- la leí hace varios años. También por eso, la expectativa para los próximos tomos es alta. Ojalá en esta segunda lectura se mantenga intacta la magia de la primera vez. Si todo sale mal y la historia no logra volver a atraparme, por lo menos me queda la alegría de ver a Gómez dibujando a un nivel altísimo. Felicitaciones a Comic.ar que se decidió a editar este material en nuestro idioma y abrazo académico para los hinchas de Independiente, que hoy vivieron en carne propia lo que vivimos nosotros hace casi 30 años. A Ber cuándo BuelBen ;)

sábado, 29 de diciembre de 2012

29/ 12: DAGO Vol.31

¿Adiviná qué estaba haciendo ayer yo cuando se prendió fuego la internet con la confirmación de que se vuelve a publicar Dago en Argentina a través de Comic.ar? Adivinaste: leyendo Dago en italiano. Por supuesto, este libro de la Eura de 1999, no tiene nada que ver con lo que se va a editar acá: tapa dura, fomato europeo, todo color, apenas 60 páginas de historieta y no me acuerdo cuánto lo pagué, pero seguro fueron más de $ 45. En lo único que se parece es que son historietas escritas por Robin Wood y dibujadas por Carlos Gómez, de las que originalmente se producen de a 12 páginas semanales para los contenittores (antologías) de la ex-Eura, hoy Aurea. Pero veamos qué hay adentro...
Este tomo ofrece cinco episodios de Dago, a los que se les nota mucho la obligación de durar sí o sí 12 páginas. Así, hay ideas que podrían haberse desarrollado un poco más si hubiese más páginas disponibles y otras que no daban ni en pedo para 12 páginas y hubiesen resultado más contundentes en 6 o en 8.
La primera historia narra el final de la batalla de Pavia, en la que el Rey Francisco de Francia pierde por goleada y cuya última acción antes de entregarse al enemigo es encomendarle una misión más a Dago, quien estaba a su servicio. Esto podría haber durado dos o tres páginas menos. Lo cierto es que Dago vuelve a los caminos de Francia y en los cuatro episodios restantes Wood cambia el género bélico por la road movie, para mostarnos breves (y a veces poco trascendentes) aventuras que vive el veneciano en los lugares donde para a comer y descansar.
El segundo episodio es una típica historia de Robin Wood: una trama de corrupción, lujuria y venalidad, a la que Dago desarticulará en favor de los más débiles, a los que sólo le quedaba un poquito de dignidad. “¿Quién ese ese hombre que hizo tanto por nosotros sin pedir nada a cambio?”, se preguntan la bella joven y su anciano padre. Se ve que nunca leyeron historietas de Columba... Al inexplicable altruismo de Dago hay que sumarle también la sangre fría y la mala leche: el castigo que desencadena contra los villanos de esta historia es sencillamente escalofriante.
La tercera historia es flojita, apenas una intriga palaciega menor en la que –de nuevo- Dago interviene para hacer justicia. La cuarta es parecida a las dos anteriores: un encuentro fortuito, un noble cruel y despiadado que abusa de su poder, un hombre valiente preso de un antiguo juramento y un final trágico y desolador. Acá el rol de Dago es tan chiquito que podría no estar. Y la quinta historia, que también se inicia con un encuentro casual, amaga con ser la enésima anécdota menor de Dago en el camino, pero sobre el final resulta ser canónica porque acá es donde el ex-jenízaro negro se gana la amistad y los favores de la reina de Francia, un elemento que tendrá mucho peso en historias futuras.
El dibujo de Gómez acá todavía no llegó a su punto más alto, que es el que vimos en sus trabajos posteriores. De hecho, todavía no se ve su verdadero estilo, sino que persisten los vestigios de la época en la que le pedían expresamente que copiara a Alberto Salinas, el dibujante original de Dago. Lo que más llama la atención son las pocas viñetas por página, pero claro, estas historietas están hechas para revistas bastante más chiquitas que este álbum, en las que muchas viñetas más resultarían en un caos ilegible (como pasa casi siempre que en las revistas de Aurea reeditan material franco-belga). Estos episodios de Dago tienen todos los vicios de las historietas pensadas para los contenittores semanales: pocos cuadros por página, muchos primeros planos y pocos fondos, como para que el dibujante pueda entregar 12 páginas por semana. Con todas esas limitaciones (y con un colorista bastante del montón que no aparece acreditado), igual se ve en el dibujo de Gómez la mano de un tipo sumamente dotado para el dibujo académico-realista, con gran ojo para los detalles, gran cuidado para la reconstrucción histórica y muchas ideas para tratar de darle dinamismo y fuerza a historias que a veces (como en el primer episodio) se diluyen entre cabezas que hablan. Lo que va a publicar Comic.ar es unos años posterior y (lo acabo de hojear porque lo tengo en italiano) se ve mucho mejor.
Si sos fan de Robin, o de Gómez, o de este personaje con menos emociones que los campeonatos españoles en los que el Barça le lleva 18 puntos al que va segundo, ya tenés un motivo más para esperar con ansias que llegue el 2013.

jueves, 5 de agosto de 2010

05/ 08: DAGO: …PER LOCARNO


Y sí, hay más Dago en Suiza. La edición 2009 de la convención Uchronia volvió a contar con Robin Wood y Carlos Gómez como figuras principales y un vez más se editó un hermoso álbum (cuya tapa no está en la web, por eso pongo el afiche del evento, que se le parece mucho) que recopila dos nuevas sagas de Dago en los cantones ítalo-parlantes del minúsculo país europeo.
La primera es una historia áspera, durísima, en la que presenciamos actos de infinita crueldad. Acá Dago es más testigo que protagonista, y lo encontramos en medio de un conflicto dramático y sin cuartel entre dos guerreros, uno de los cuales resulta ser Andreas Kopmann, un personaje histórico importante para Suiza. La trama, además de sacudirnos con todas las salvajadas que hacen los malos (y los no tan malos) se enriquece con varios personajes secundarios bien trabajados y con mucha data acerca de la vida cotidiana en la primera mitad del Siglo XVI. Pero no esperes la mega-historia, ni nada que vaya a modificar un milímetro al inmutable veneciano de la cicatriz.
La segunda historia se titula (como el libro) Per Locarno y acá sí, se cierra un plot fundamental, que viene desde el primer tomo de Dago en Suiza: finalmente el libro que Italo Calvino le entregara al héroe llega a manos de Giovanni Beccaria, quien será una figura clave de la Reforma. Pero hay mucho más: Dago y sus aliados tendrán que impedir que una runfla maligna orquestada por un ambicioso noble francés y los no menos avechuchescos gobernantes de Locarno termine con este cantón suizo anexado al país galo. Y acá sí, tenemos combates tremendos, más mutilaciones, más gente cagada de hambre y con la espalda curtida a latigazos, más perversiones, pero al final, una luz de esperanza. Además de Beccaria, cobra vuelo un secundario que ya apareció en la famosa saga del sitio a Roma (que tal vez sea lo más notable de todo lo que se publicó de Dago en los ´90). En aquella ocasión Luigi Orelli peleaba en el bando contrario al de Dago, pero los dos eran soldados de fortuna, y esto es así: hoy te cago a patadas, mañana jugamos en el mismo club y somos amigos.
La saga de Locarno es una auténtica epopeya, de esas que tan bien le salen a Robin, con grandes diálogos, runfla política, y esa forma de jugar con la historia para meter a Dago en el medio de hechos reales, que todo el mundo conoce. En el medio siempre hay héroes anónimos, personajes que aportan bizarreada, ternura, o sensualidad, en el caso de las chicas, casi siempre ausentes en los textos históricos, pero siempre presentes en las historietas de Robin.
Tanta entrada y salida de personajes (reales y ficticios) no se sostendría si Gómez los dibujara a todos iguales, con el sellito. Y no. La verdad es que el cordobés se desloma para que cada uno tenga rasgos propios y reconocibles, como seguramente aprendió del maestro García Seijas. Hay chicas más narigonas, o más flaquitas, tipos más morrudos, chicos con caras muy distintas, nadie se parece a nadie. Bueno, sí… uno de los ministros avechuchescos dispuesto a traicionar a su pueblo por un poco más de oro tiene la cara del nefasto Domingo Cavallo. El resto ya ni hace falta mencionarlo, no? Digo, el laburo de ambientación histórica que hace Gómez en ciudades, palacios, tabernas, armas, carruajes, vestuarios… Y por supuesto, su manejo de la anatomía, las expresiones faciales, la iluminación… En todo eso, Gómez es sencillamente perfecto, y como si esto fuera poco, se pone la serie al hombro cuando hay momentos en los que pasa poco y los personajes se limitan a hablar. Un fenómeno.
Esta vez los coloristas están acreditados y además son mejores. La primera saga la coloreó Claudio Moreno (uruguayo) y está bien, muy sobria y muy elegante. Y la segunda la coloreó el estudio de Roberto Goiriz y por momentos tiene efectos vanguardistas, estallidos de expresionismo medio descolguettis, pero que también están muy bien y en ningún momento obstaculizan ni los climas del guión ni el deleite visual que nos brindan los dibujos.
Ya está confirmado que Wood y Gómez vuelven a Suiza en Octubre, y sí, esta vez Dago llegará a Ginebra, a vivir otra aventura intensa y molto pericolosa. Mientras tanto, seguí prendiendo velas para que alguien publique en castellano estos notables trabajos de dos monstruos fundamentales para la historieta argentina.

martes, 27 de julio de 2010

27/ 07: DAGO: DALLE ACQUE DEL CERESIO


Otra vez recurro a la memoria genética de mis siete bisabuelos tanos para leer en su idioma (idioma que jamás estudié, pero que para mi propia sorpresa entiendo como para leer historietas sin mayores problemas) una saga reciente de Dago, de esas que probablemente jamás se publiquen en castellano.
Dalle Acque del Ceresio es la segunda de una serie de libros en los que Dago recorre el sur de Suiza, o sea, la región donde se habla italiano y donde la creación de Robin Wood tiene infinitos fans. Una vez al año, Wood y el dibujante Carlos Gómez son invitados a la principal convención comiquera de Suiza, Uchronia, y para festejarlo, la organización edita un álbum de la saga de Dago en Suiza, que reúne material que previamente aparece en la Lancio Story, hogar de las aventuras semanales del justiciero veneciano. Esta vez (2008) se dieron el lujo de editarlo a color, lo cual no está del todo bueno, porque el dibujo de Gómez se luce mucho más en blanco y negro. Además es un color bien trabajado, pero “bonito”, que no capta la atmósfera ominosa de la historia, ni el hecho de que la misma transcurre en una época en la que los caminos eran de tierra y la gente se bañaba de vez en cuando. Falta clima, falta mugre y están excelentes los efectos que aparecen cuando Dago dialoga con la chica fantasma del lago Ceresio.
Como pasa en más de una saga reciente de Dago, el principal atractivo reside en el dibujo de Carlos Gómez. El cordobés da cátedra de dibujo realista, de expresiones faciales, de ambientación histórica y de solvencia narrativa en todas y cada una de las páginas de la novela. Encima logra que parezca muy fácil hacer los prodigios que hace él. Posta, es tan bueno que casi te da bronca. Además es 100% reconocible. Dibujantes de estilo realista y académico hay miles, pero Gómez supo despegarse de sus maestros (Alberto Salinas y Lito Fernández) y pelar una identidad gráfica propia, en la que vemos elementos de algunos maestros del comic americano contemporáneo (con Neal Adams a la cabeza) e incluso de un monstruo que fue joven casi al mismo tiempo que Gómez, el inolvidable Jorge Zaffino. Pero el conjunto es un estilo personal y único, admirado por capos de la talla de Milo Manara, confeso fan de Carlitos Gómez.
El guión de Robin no es choto ni mucho menos, y tiene dos puntas interesantes (lo cual no es poco, si pensamos en la cantidad de episodios de Dago que lleva escritos el ídolo): por un lado, se afianza un personaje secundario creado en el primer arco de Dago en Suiza: Fabio Romiti, médico, espadachín y fogoso amante de cuanta mina se le cruce, que comparte nombre y rostro con el organizador de la convención Uchronia. Y por otro lado, por fin y después de mucho tiempo… Dago se enamora! La fiera, la implacable máquina de luchar, el abanderado de la soledad, el sufrimiento y la falta de sentimientos humanos, encuentra a una mina con la que se quiere quedar para siempre. El detalle maligno y genial es que la minita es un fantasma, sin memoria ni siquiera de su propia muerte, una criatura helada y casi incorpórea que se materializa de vez en cuando en el majestuoso lago Ceresio. O sea que Dago sigue acumulando motivos para que su turbulenta alma no encuentre nunca la paz.
El resto de la trama es una peripecia menor (nada que ver con la grossitud del arco anterior), llevada con oficio por dos maestros del Noveno Arte, pero que no te va a quitar el sueño ni mucho menos. Hay violencia, romance, un par de garches bastante explícitos (que si existiera Columba se esforzaría por mutilar), escenas fuertes, diálogos punzantes, bloques de texto con cierto vuelo poético y todas esas cosas que hacen que la fórmula que inventó Robin Wood a fines de los ´60 siga vigente hoy, a pesar de las décadas transcurridas. Algún día alguien se hará millonario publicando en castellano el Dago de Wood y Gómez. Mientras tanto, como diría el gran Aldo Rain, arrivederci!