Porco Rosso

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sábado, 2 de febrero de 2019

MONSIEUR VERDOUX de Charles Chaplin - 1947 - ("Monsieur Verdoux")


Francia. Años treinta. La Gran Depresión ha afectado también a Europa y el señor Henry Verdoux, después de tres décadas trabajando como banquero, es despedido. Con más de cincuenta años y con una crisis económica brutal, nadie le contrata, y él tiene una familia que mantener. Por ello, se dedica a algo muy particular: seducir a viudas y solteronas ricas que se sienten solas en la vida para quedarse con su dinero. Pero hay algo más en su labor. Algo todavía más oscuro.


Después de "El gran dictador", Charles Chaplin siguió metiendo el dedo en la llaga con una de sus obras maestras más fulminantes y con su película más extraña: "Monsieur Verdoux". Película que me parece absolutamente imprescindible y que hoy en día sigue poniendo los pelos de punta. Estrenada solamente dos años después del fin de la traumática Segunda Guerra Mundial, y en un momento para colmo en el que Chaplin era víctima de bastantes ataques públicos debidos a sus escándalos, "Monsieur Verdoux" volvía a poner por los suelos, pero ahora todavía con más brutalidad, a la sociedad de su momento y de la pre-guerra, la guerra y la post-guerra. El director y actor da vida ahora al hombre que da título al filme, un oficinista de un banco que, tras treinta años trabajando para su entidad, es despedido cuando llega el crack de 1929 y se ve obligado a mantener a su familia con un método verdaderamente oscuro, ya que es un hombre que tiene más de cincuenta años y nadie va a querer contratarle en un contexto de crisis económica brutal (¿Les suena el caso? Sí, desgraciadamente, en estos últimos años hemos conocido muchos similares). Monsieur Verdoux se dedica a seducir a solteronas y viudas, a mujeres solas y solitarias, que son ricas. Y les saca los cuartos, y se queda con sus ahorros, y usa sus inversiones en beneficio propio y hasta pone propiedades suyas a su nombre. La crítica al machismo de la época, en la que la mujer, aún siendo acomodada o rica, si está sola (sin un hombre, se entiende), no vale nada, es bien patente desde el inicio del filme.


Pero Monsieur Verdoux va más allá, y aquí Chaplin desata sus esencias dando vida a un personaje tan triste como despreciable, tan monstruoso como comprensible. Esta no es una película fácil: pone al espectador a enfrentarse contra su propia moral y a revisarla. Y Monsieur Verdoux, un trasunto oscuro de Charlot (tiene hasta números cómicos, aunque con un toque más negro y patético en sus gags), no es esta vez un mendigo entrañable ni un burgués caído en desgracia, sino un auténtico asesino frío, sin remordimientos, que hace lo que hace diciendo públicamente que la sociedad le obliga a ello y que los políticos y los militares matan mucho más que él (el filme se ambienta antes y durante la Segunda Guerra Mundial). El discurso final del personaje es como el del "El Gran Dictador": para enmarcarlo. Es casi una parodia cruda y cruel de éste, al igual que el encuentro de Verdoux con "La Chica", un clásico de Chaplin por excelencia pero aquí torcido y retorcido hasta darle una nueva y triste dimensión. "Monsieur Verdoux" es una obra maestra indiscutible, una película que siempre pondrá los pelos de punta. Imprescindible.


sábado, 22 de septiembre de 2018

EL GRAN DICTADOR de Charles Chaplin - 1940 - ("The Great Dictator")


Después de haber combatido en la Primera Guerra Mundial, un humilde barbero judío se pasa varios años en un sanatorio mental y, cuando sale, vuelve a su barrio de toda la vida para darse cuenta de que en su país, Tomania, gobierna ahora un dictador llamado Adenoid Hynkel que ha prohibido toda manifestación política que no sea la suya y que, además, ha puesto en marcha un brutal plan de marginación de los judíos. En este férreo sistema donde todo se manipula y se censura, el barbero se va a ver metido, para colmo, en un lío de narices, ya que, curiosamente, se parece terriblemente al propio Hynkel.


"El gran dictador" fue la primera película sonora de Charles Chaplin, y uno de los más grandes éxitos de su año y otra de sus obras más comprometidas, producida en los Estados Unidos antes de que este país entrase en la Segunda Guerra Mundial. Aunque él mismo afirmó que de haber conocido en el momento del rodaje las barbaridades que el régimen de los nazis perpetraba en los campos de concentración europeos no la habría rodado, su tono de comedia negra se ha convertido en el ideal para denunciar estos hechos. Él mismo interpreta a dos personajes: a Adenoid Hynkel, el brutal dictador de Tomania, una suerte de Alemania paralela, y a un barbero judío con paralelismos claramente evidentes con su personaje Charlot (aunque no se trata de este personaje ya) que se acaba metiendo en líos muy gordos. "El gran dictador" es una absoluta maravilla, y hoy sigue siendo un retrato certero y brutal de la megalomanía de los dictadores de todo pelaje. Escenas para el recuerdo hay muchísimas, y todas ellas negrísimas y desternillantes y, a la vez, estremecedoras. Con la base de siempre de historia de amor y de personajillo aventurero, el filme es una sátira despiadada del régimen nazi y de su homólogo italiano (impagable el personaje de Napoloni interpretado por Jack Oakie) en la que se destripa la política totalitaria, la manipulación de la información, el terrorismo de estado, la persecución de minorías, la censura, la guerra, el uso del odio para manipular a masas hambrientas y el lavado de cerebros ejecutado a través de conceptos como el patriotismo o la superioridad moral y racial.


"El gran dictador" no es, sin embargo, maniquea: tiene un lugar para retratar a los disidentes y perseguidos dentro del propio partido nazi y también lanza sus tiritos a los propios grandes millonarios judíos que prestan dinero a gobernantes dictatoriales. El discurso final del protagonista barbero ha sido bastante discutido: para unos es una maravilla indispensable de la historia del séptimo arte, y para otros es demagógico y corona un desenlace forzado y claramente propangandístico en tiempo de guerra (y se le ha criticado que está incluso desplegado desde una óptica cristiana), aunque lo cierto es que, si bien Chaplin era británico, el filme era estadounidense y en 1940 éstos no habían todavía entrado en la contienda. A mi me parece adecuado, urgente y directo en una época en la que era preciso serlo en el pacifismo y en la crítica. "El gran dictador" es una obra imprescindible, delirante, desternillante, irreverente y magistral.


miércoles, 13 de junio de 2018

TIEMPOS MODERNOS de Charles Chaplin - 1936 - ("Modern Times")


Un obrero metalúrgico que trabaja en una fábrica, en las cadenas de montaje, vive permanentemente estresado por su labor, aburrida, repetitiva y alienante. Se pasa toda la jornada apretando tuercas, hora tras hora, sin descanso, sin poder pensar en nada. Y un día, le da un ataque de nervios... Y se mete en un problema gordo.


"Tiempos modernos" es, desde mi punta de vista, el primero de los largometrajes de Charles Chaplin que es total y plenamente social. En los otros estaba presente la crítica, ojo, no digo lo contrario, pero hasta este momento en la filmografía del cómico y director no había sido el asunto central en todo momento o él no había retratado su época contemporánea de forma frontal, como volvería a hacer luego en la posterior y también mítica "El Gran Dictador". "Tiempos modernos" es uno de los retratos más desoladores, a pesar de ser cómico en su mayor parte, de la Gran Depresión. Estrenada en 1936, en la segunda mitad de esta terrible década de crisis económica profunda, el filme presenta el modelo habitual de tantas historias de Chaplin: su vagabundo de siempre trata de abrirse camino en el mundo y en el amor y vive mil desventuras. Pero ahora, las tintas están cargadas contra el sistema capitalista de su momento como nunca antes lo habían estado. Depresión y trabajo mecanizado es una mala combinación, y el protagonista sufre en sus carnes lo que es esto en geniales escenas con máquinas que le deshumanizan hasta el grado de crearle un ataque de nervios. Su labor es repetitiva y aburrida hasta lo alienante, pero a la vez es estresante hasta lo enfermizo, y hay muy poco trabajo y él y todos su compañeros tienen que cargar con todo lo que le echen. Escenas como la de la máquina de comer y trabajar a la vez resultan tan espeluznantes como desternillantes, y la imaginería del gag de Chaplin está mejor que nunca. Por no hablar del brutal comienzo, en el que se compara a los obreros que van a trabajar a las fábricas con un rebaño de ovejas. Todo mientras el jefe se dedica a leer el periódico y a hacer puzzles. Es un mundo desquiciante que ha vuelto en parte, por desgracia, durante los años de la Gran Recesión que hemos pasado nosotros.


Charles Chaplin no se limita a esto: retrata también la explotación en la hostelería, uno de los sectores más demencial y delirante, donde ha de ser camarero y encima cantar y bailar en el mismo local para clientes idiotas y jefes abusivos. No se corta tampoco un pelo a la hora de describir el mundo de los parados, de los desempleados que tienen familias a su cargo y que viven en la pobreza y en un pozo sin fondo. Hace, además, una crítica brutal al hecho de que muchas personas, debido a esto, se ven obligadas a delinquir, y a cómo las clases acomodadas tratan a estas personas con clasismo y odio (denunciándoles con saña por robar una simple barra de pan para comer) y cómo las fuerzas del estado se dedican a reprimirlas llevándolas a prisión o atacándolas en las manifestaciones. El sustrato es cómico, pero el fondo es terrible. "Tiempos modernos", que fue una película en la que se mezclaba el cine mudo con el sonoro (y la primera en la que se escuchó la voz de Chaplin, que cantaba en un número divertidísimo), es un clásico imprescindible del cine cómico y de crítica social y una de las más grandes creaciones de este inimitable maestro. Por cierto, Paulette Goddard estaba soberbia y ponía los pelos de punta. Grandísima actriz y grandísima actuación.


sábado, 10 de marzo de 2018

LUCES DE LA CIUDAD de Charles Chaplin - 1931 - ("City Lights")


Un vagabundo sin suerte se enamora locamente de una joven vendedora de flores callejera que es ciega y que, como él, vive en la pobreza. Prendado de ella, decide tratar de ayudarla. Y en su camino se cruza un hombre rico al que, de pura casualidad, salva del suicidio, y que le convierte en su protegido y amigo del alma. Pero las cosas se complican de forma absurda y el vagabundo acaba metido en un lío de narices.


Chaplin tenía esa capacidad que pocos tienen para reinventarse constantemente y con éxito. Después de "El Circo", su siguiente largometraje fue "Luces de la ciudad", otra de sus grandes obras maestras. En ella, volvía a interpretar a su célebre vagabundo, embarcado en otra aventura por la supervivencia y sobre todo por el amor, y tomaba algunas ideas similares a las de "El Chico" y entregaba una película totalmente nueva. Y la crítica social seguía aumentando: se ponía en la picota, y sin piedad, al clasismo de una sociedad acaudalada que dejaba que los más pobres se hundiesen en la marginalidad sin miramientos. Hay un personaje genial que simboliza este egoísmo brutal en esta película: el del hombre rico que interpreta el actor y director Harry Myers, que entrega un papel fantástico y algo olvidado pero básico en este retrato, el de un hombre de sentimientos ambiguos que hace amigos de un día para otro y que también los olvida de un día para otro, lo que conlleva el sacarlos de la pobreza y el volver a hundirlos en ella sin parar. Su mayordomo, más clasista todavía que él siendo un asalariado, e interpretado por Al Ernest García, lo clava también. En estos dos personajes Chaplin despliega su increíble capacidad para lanzar dardos envenenados de forma cómica contra la sociedad de su momento. Y luego, tenemos la historia de amor, de entrega, de sacrificio, que articula toda la trama y que pone los pelos de punta. Una increíble Virginia Cherrill clava a la vendedora de flores ciega de la que Charlot, inmenso como siempre, se enamora locamente. Escenas antológicas de esta historia, a montones, desde el primer encuentro hasta un desenlace que pone los pelos de punta, que hace llorar, que deja marcado para siempre, pasando por ese combate de boxeo demencial, ese despertar sobre la estatua frente a toda la clase alta de la ciudad o esas juergas nocturnas que terminan en sonoros desastres.


Todo en "Luces de la ciudad" está expuesto, como siempre, con una sencillez tremenda, basándose en las pautas de un argumento que es extremadamente sencillo pero que viene cargadito de gags memorables y de momentos que es imposible no recordar para siempre (como esa mirada del vagabundo a través de los cristales de la floristería: sencillamente soberbia, marcada en la retina de generaciones y generaciones). Todo desarrollado al conmovedor ritmo del tema central de "La Violetera", del compositor y músico español José Padilla, que denunció por cierto a Charles Chaplin por usar su melodía en la película sin su permiso y sin haberle siquiera acreditado (y le ganó el pleito). Una curiosidad. Pocos directores son capaces de hacer llorar de risa y de tristeza en la misma película con semejante intensidad. Uno de ellos es este mítico e inimitable maestro del humor cinematográfico. Viva Chaplin, por siempre.


viernes, 5 de enero de 2018

EL CIRCO de Charles Chaplin - 1928 - ("The Circus")


El vagabundo Charlot acaba, de pura casualidad, actuando de improviso en la escena de un circo después de haber sido perseguido hasta allí por un policía. El éxito de su involuntario show es tal que el dueño le contrata para que actúe con los payasos. Charlot acepta y, además, se enamora de la hija de su jefe, que también trabaja en el negocio como acróbata y bailarina. Y llega el caos...


Menos conocida que otras películas suyas, "El Circo" fue, además de su última realización completamente muda, una de las creaciones más premiadas de Charles Chaplin y una de las que más le costó acabar (tal vez por eso terminó durando solamente 72 minutos cuando otras cintas suyas anteriores habían sido ya más largas, incluso teniendo en cuenta la época). El director y actor estaba sumido en el turbulento divorcio de su segunda esposa, Lita Grey, que fue tremendamente amargo para él y que encima se saldó con una denuncia por parte de la familia de ella y con montones de ataques de los sectores más puritanos de la sociedad a causa de sus supuestas aventuras con jovencitas. Todo esto se le juntó para colmo con la muerte de su madre y con unas nuevas acusaciones que decían que debía pagos de impuestos. Este conjunto de problemas hizo que la película se retrasase ocho meses. Sin embargo, por suerte fue un gran éxito comercial y de crítica cuando se estrenó y estuvo nominada a numerosos Oscars, de los cuales se llevó uno honorífico que contribuyó a limpiar la imagen pública de Chaplin. Todos estos líos aparte, hay que decir que "El Circo", si bien no contiene la crítica social aguda de otras de sus películas y es más bien "un corto alargado", centrado en los gags puros suyos de siempre y con su historia de amor y de entrega altruista de siempre, es encantadora. Primero porque, aunque la hayamos ya visto tantas veces, la historia de amor de Charlot, el eterno vagabundo enamorado sin éxito y en busca de un porvenir, sigue conmoviendo, y el desenlace del filme pone una vez más los pelos de punta con su romanticismo fatalista. Segundo, porque tiene gags absolutamente memorables.


Y es que el mundo del circo da para mucho, para muchísmo, y para romper muchas cosas y para inventar miles de desastres con payasos, trapecistas, magos, animales o escenografía delirante. En especial, es del todo inolvidable, y una de las mejores escenas que Chaplin rodó jamás, la del trapecio. Él solo la rodó, y llegó a hacerlo estando doce metros por encima del suelo. Estuvo semanas y semanas practicando para poder lograrlo. Esto da fe de la versatilidad total de uno de los cómicos más geniales y también completos de la historia. "El Circo" es, en fin, una película tal vez menor del autor, pero igualmente fantástica y recomendable.


jueves, 12 de octubre de 2017

LA QUIMERA DEL ORO de Charles Chaplin - 1925 - ("The Gold Rush")


Un vagabundo sediento de gloria viaja a las lejanas tierras de las fronteras de Yukon y Alaska para apuntarse a la fiebre de la búsqueda del oro. Sumergido en la miseria total, busca un golpe de suerte que le saque para siempre de su patética situación. Pero allí las cosas no le van a resultar nada fáciles: el lugar es hostil y desolado, la naturaleza salvaje, los animales brutales, el frío extremo y los otros buscadores de oro son una amenaza más. Y sobre todo, el vagabundo va a pasar hambre. Mucha hambre.


"La quimera del oro" es una de las más grandes obras maestras de Charles Chaplin. En ella, su tercer largometraje, volvía, tras la extraña en su filmografía "Una mujer de París", a dar vida a su inolvidable Charlot, que esta vez viajaba a los pueblos de los pioneros norteamericanos a buscar oro y pasaba por tres mil desventuras. En esta película en concreto, el director y cómico mezclaba la aventura con su habitual comedia y con el drama romántico en una brillante sucesión de grandes momentos de los tres géneros que, especialmente en su primera media hora, es absolutamente soberbia. Pocos creadores en el cine, y menos en aquellos tiempos pioneros del cine mudo, retrataron como Chaplin retrató la miseria y sobre todo el hambre. Toda la primera parte del filme, en la cabaña, con Charlot y Big Jim (un soberbio Mack Swain del que hablaré más tarde) con los estómagos vacíos, sufriendo la crueldad del no tener nada, del frío y del aislamiento extremos, ha quedado para los anales no solamente por su vertiente cómica, sino también por su brutalidad y su humor negro. Negro no, negrísimo: Chaplin sabe jugar perfectamente con lo más miserable y desesperado del ser humano para construir una escena demencial, en la que un alucinado pobre hombre confunde a otro con un pollo gigante, en la que ambos se comen una bota como si fuese un filete o un plato de pasta. Es picaresca de la peor sangre y de la mejor ironía, y lo mejor es que todo está representado con un humor lleno de patetismo delicioso con gags memorables. En "La quimera del oro" despunta en el largometraje el mejor de los Charlots y nos regala este momento delirante y tremendista que, a pesar de nuestras risas, sabemos que no tiene ni puta la gracia. El resto del filme se centra en seguir a los personajes en otras desventuras fuera de la cabaña que, aún siendo menos impresionantes, no desmerecen en absoluto: la pobreza, la soledad, la marginación, el clasismo, la incultura, están retratadas con un ojo agudísimo y con números cómicos inolvidbles (el baile es maravilloso, totalmente genial). Y finalmente, asistimos a un retorno a la cabaña que vuelve a traernos lo mejor de la primera parte de la película en un cóctel de imaginación apabullante con unos efectos especiales que para la época eran un prodigio de inventiva y aprovechamiento de los pocos medios que entonces se tenían. Esa casa al borde del precipicio moviéndose de un lado a otro ha sido parodiada, homenajeada e imitada tantas veces...


"La quimera del oro" cuenta con el habitual final de estos primeros filmes de Chaplin, en el que priman los buenos sentimientos y el triunfo de la bondad, la honradez y el amor más puro. Sin embargo, como he dicho, el filme ya destila un avance de la mala leche y la irónica brutalidad a la hora de hacer crítica social de la que haría gala el creador de Charlot en sus futuras películas (aunque ya había hecho gala, valga la redundancia, de todo ello en varios de sus cortometrajes anteriores). No puedo dejar de alabar, antes de terminar la crítica, al mencionado Mack Swain, que da vida al compañero del protagonista en las escenas de la cabaña. El cómico, famoso actor de vodevil en los primeros años del siglo XX, estaba de capa caída a pesar de haber trabajado con Mack Sennet, Chester Conklin o el propio Chaplin en los años veinte, y fue el mencionado Chaplin quien le contrató en varias de sus producciones para ayudarle a superar el bache en el que estaba. No decepcionó, y aquí, miren lo que les digo, creo que llega hasta a superarle en la actuación: esos ojos perdidos, salidos de sus cuencas mientras se imagina estar ante un pollo gigante y esa cara de tristeza y amargura cómica mientras se come un pedazo de bota hervida no las olvidaré en la vida. "La quimera del oro" es una obra maestra imprescindible y, para mi, el primer gran largometraje de Chaplin, por encima de los dos anteriores.


miércoles, 7 de junio de 2017

UNA MUJER DE PARÍS de Charles Chaplin - 1923 - ("A woman of Paris: A drama of fate")


Marie Saint Clair, una joven de un pequeño y cerrado pueblo repudiada por su moralista padre y que cree que su novio, un pintor sin dinero, la ha abandonado, se marcha a París a vivir la vida bohemia. En la capital se hace amante de un hombre rico y se pasa los días de compra en compra y de fiesta en fiesta. Sin embargo, Marie no es feliz... Sueña con el amor verdadero, el que perdió, y es consciente que su vida de lujos no le llena, aunque tampoco pueda dejarla por la comodidad que le otorga.


Comenté "El chico" en los inicios de este blog con el objetivo de tener por lo menos un clásico importante de cada director clásico, valga la redundancia, y creo que ya es el momento de retomar las críticas a los largometrajes de Charles Chaplin (los cortos, que son miles en su primera etapa, los dejaré para otro momento). A partir de 1923, Chaplin empezó a lanzar sus obras a través de la United Artists, y a partir también de esta fecha todas fueron ya películas largas, como la comentada "El chico". Tuvo un inicio algo titubeante al pasarse al largometraje definitivamente con la creación que hoy tratamos, "Una mujer de París", pero luego ya llegaron, una tras otra, todas sus obras maestras. En este filme que nos ocupa, Chaplin no actuaba, solamente dirigía, y esto estaba convenientemente dicho en su introducción. Fue su primer drama (luego rodaría otros) y fue un fracaso de taquilla relativo, porque el público quería verlo a él y ver sus gags y se encontraron con una obra tal vez demasiado seria. "Una mujer de París", sin ser tampoco redonda, mantiene elementos interesantes en una carrera marcada esencialmente por la comedia. Es un filme en el que yo por lo menos veo claros apuntes feministas: una mujer es repudiada por su padre y cree que también por su novio y, en busca de libertad, se entrega a una vida de hedonismo y bohemia en París siendo la mantenida de un amante rico. La dualidad está servida, y creo que esta es la base de gran parte de la crítica del filme: a una mujer para ser independiente solamente le queda en la sociedad de ese momento ser la querida de alguien con dinero. Edna Purviance, en el que sería su último papel con el director, da vida muy bien a una joven que quiere ser libre pero que a la vez es clasista (que no puede soportar que un mendigo se quede con un simple collar de los que ellas tiene a miles) y que se enfrenta al dilema de elegir entre la comodidad de la riqueza y la sencillez del amor verdadero (el que la sociedad impide precisamente, aunque critique al otro). Chaplin alterna momentos geniales, como los de las fiestas bohemias parisinas (en los que se sugiere incluso, fuera de plano, un strip-tease -en 1923-), y otros menos conseguidos como algunos melodramáticos algo ñoños. El desenlace tira por tierra un poco todo el conjunto: demasiado moralista, demasiada propaganda religiosa, demasiada felicidad metida con calzador. Es la época, claro. Sin embargo, ya encontramos en "Una mujer de París" algunos de los elementos de agudeza social que el director nos regalaría en sus posteriores obras.


viernes, 10 de septiembre de 2010

EL CHICO de Charles Chaplin - 1921 - ("The Kid")


Una joven sumamente pobre, hundida en la miseria, abandona a su bebé en la limusina de una familia rica y este acaba, por casualidades del destino, en manos de otro hombre sumamente pobre que lo adopta y que se convierte en su padre. Aunque pasan muchas necesidades, los dos acaban llevando una vida feliz. Sin embargo, esta vida puede estar a punto de cambiar cuando, con el paso de los años, la madre del chico vuelva en su búsqueda...


Actor, director, guionista, músico y productor de sus propias películas, Charles Chaplin fue un cómico inigualable de la gran pantalla que marcó y que seguirá marcando a generaciones enteras en la piel de su inolvidable Charlot, que siempre con su bombín y su bastón, con sus ropas grandes y rotas antes esplendorosas y con su ridículo bigotillo, fue un trasunto de su propia forma de ser y de sus ideas políticas y vitales. Quijotesco Don Juan enamoradizo e ingenuo, eterno vagabundo de gran calidad humana que es utilizado sin cesar por una sociedad egoísta, Charlot fue una sarcástica y a la vez tierna parodia del burgués caído en desgracia, del judío errante, del mendigo buscavidas, del trabajador mediocre alienado por la sociedad moderna o del hombre pobre pero soñador y emprendedor. Charles Chaplin pasó su infancia en un orfanato en Londres y emigró a los Estados Unidos para trabajar como cómico, en donde fue descubierto en 1913 en Hollywood por la Keystone, tras lo que empezó a rodar sus propias cintas cinematográficas (cortometrajes en sus inicios), que le lanzaron al estrellato como uno de los definitivos creadores del género burlesco junto a otros grandes colegas suyos como Buster Keaton o Harold Lloyd. En sus obras, historias sencillas llenas de humanidad, se fundían la comicidad con la ternura, el lirismo con el realismo más crudo y patético y la fantasía con la crítica social y política más ácida, irónica e inmisericorde. Gran parte (la mayor) de la filmografía de Chaplin es de corte humanista, reivindicativo y comprometido con la turbulenta realidad del momento en el que vivió. En un principio opuesto de forma radical al cine sonoro, se acabó abriendo a él y no perdió en esta nueva época su personalidad ni su buen hacer. Tras sus desternillantes y exitosos cortometrajes cómicos, comenzó a dirigir excelentes largometrajes, casi todos grandes obras maestras. Destacan en su filmografía "El chico", donde denunciaba la pobreza de las clases bajas y la situación de muchos niños abandonados; "La quimera del oro", comedia sobre el hambre y el ansia de riqueza y de mejorar una vida de miseria; "El circo", comedia más abiertamente cómica sobre la soledad; "Luces de la ciudad", historia de amor sobre los buenos sentimientos y la entrega total traicionados; "Tiempos modernos", la crítica de Chaplin más brutal y cáustica a la Revolución Industrial y a las nuevas sociedades capitalistas agresivas de producción y de consumo; "El gran dictador", sorprendente sátira hablada contra los fascismos que surgieron en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial; "Monsieur Verdoux", desesperanzado y nihilista thriller de atroz y escandalosa crítica social (una de las películas más sorprendentes y extrañas de su autor); "Candilejas", desgarrador drama nostálgico sobre el triste fin de un arte y un comediante perdedor (en la que también aparece Buster Keaton) y "Un rey en Nueva York", su último gran golpe al sistema capitalista antes de prácticamente retirarse como autor que le costó la enemistad absoluta del gobierno de los Estados Unidos.


"El chico" es una de las obras más famosas de Charles Chaplin, uno de sus primeros largometrajes y una de las películas que mejor sintetiza su estilo creador (sobre todo el de su primera etapa). Chaplin interpreta como Charlot a un "pobre hombre pobre "que cría a un niño que encuentra abandonado y con el que trabaja mano a mano (él es vidriero ambulante y su hijo adoptivo es rompecristales profesional) en los barrios bajos de la gran ciudad capitalista presa de la actividad febril de la Revolución Industrial, a la que Chaplin criticaría sin piedad en obras posteriores como "Tiempos Modernos" y cuyos efectos ya aparecen aquí retratados: pobreza, miseria y hacinamiento de la clase trabajadora, que es pisoteada o marginada por la burguesía dueña de los medios de producción. Charlot y su hijo (un excelente actor niño, Jackie Coogan) viven en la calle como buenamente pueden y, a pesar de las muchísimas necesidades que pasan, la felicidad no se marcha nunca de sus vidas simples y humildes. Sus existencias sólo se sumergen en lo trágico cuando la madre que abandonó al niño vuelve para buscarlo convertida en una rica y famosa cantante. Charlot, una vez más y por vez primera en todas sus consecuencias (hasta entonces el personaje se había librado de la tragedia más dura, que era sustituída por la comedia desenfrenada de sus cortometrajes) se encuentra perdido en el clásico mundo egoísta y capitalista que nunca le da nada mientras él siempre lo entrega todo a los que le rodean aún a riesgo de sacrificarse por completo. Corta y concisa y cargada de ritmo y de gags memorables (y hasta peligrosos), es "El chico" una de las películas más emotivas de Charles Chaplin, su primer y definitivo gran largometraje.