Porco Rosso
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domingo, 23 de diciembre de 2018
EL GUERRERO Nº 13 de John McTiernan - 1999 - ("The 13th Warrior")
Siglo X. Ahmad ibn Fadlan es un árabe noble y culto que, expulsado de su tierra por cortejar a la mujer de otro, es nombrado embajador y enviado al norte, donde habitan culturas bárbaras y brutales. Durante uno de sus viajes, es salvado de los tártaros por un grupo de vikingos. Ante él está a punto de abrirse un mundo completamente nuevo y una tenebrosa aventura.
"El guerrero nº 13", la segunda película que John McTiernan dirigió en 1999, es ya bastante mejor que la primera, el innecesario y flojo remake de "El secreto de Thomas Crown". Basada en el libro "Devoradores de cadáveres" de Michael Crichton, narra la historia de un árabe real, Ahmad ibn Fadlan, viajero y escritor que dató a numerosas culturas de su tiempo, que se ve envuelto aquí en una inesperada epopeya junto a un grupo de vikingos en una guerra contra unos monstruos extraños venidos del norte profundo. La película tiene algunas fallos y lagunas, es cierto: secundarios que quedan olvidados, una introducción muy acelerada, giros bruscos. Y los personajes dan para bastante más: su desarrollo no es muy hondo nunca, ni siquiera el del protagonista, un Antonio Banderas bastante solvente que es capaz de aprender un idioma nuevo solamente escuchándolo durante un viaje (fantasmada bestial). Sin embargo, creo también que la cinta es una cinta de aventuras muy digna. Su ritmo es frenético, las peripecias son constantes y emocionantes, y están rodadas como el mejor McTiernan sabe rodar: con potencia, con violencia, con un gran sentido de la garra visual. Y la ambientación es absolutamente fantástica: Escandinavia es un lugar oscuro, de pueblos aislados, de amenazas del pasado más tenebroso, y la cultura vikinga es brutal y a la vez heroica, en un cable fino que oscila entre la justicia y la bestialidad.
El poblado en el que se desarrolla el asedio, cutre, salvaje, es perfectamente creíble, así como los preciosos bosques indómitos o la cueva con unos curiosos toques primitivos y a la vez post-modernos que le otorga a la amenaza principal de la trama un aura inimitable. Y el vestuario es una delicia, desde el de los mencionados vikingos hasta el de los árabes pasando por la carecterización genial de esos "wendol" inolvidables. Leyenda y realismo bien fusionados. "El guerrero nº 13" creo que es una obra bastante olvidada que se merece ser valorada. Es aventura de la buena, de la sugerente y épica, de la bien hecha a pesar de su falta de pretensiones.
sábado, 22 de diciembre de 2018
EL SECRETO DE THOMAS CROWN de John McTiernan - 1999 - ("The Thomas Crown Affair")
Thomas Crown es un multimillonario de Nueva York que, a los cuarenta años, ya lo ha conseguido todo en la vida. Por ello, decide robar un Monet del Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad, y lo consigue de una forma extremadamente sofisticada y perfecta que deja a la policía con un palmo de narices. Sin embargo, hay alguien que sospecha de él: una investigadora llamada Catherine Bannings.
En 1999, John McTiernan estrena dos películas. Una es "El guerrero nº 13", que creo que es una cinta de aventuras bastante infravalorada, y la otra, la que llegó primero a las salas, es ésta "El secreto de Thomas Crown", que ya no me parece tan buena. Y no es que sea horrorosa, ojo, pero sí bastante innecesaria y aburrida. Innecesaria porque es un remake de "El caso de Thomas Crown" de Norman Jewison, de 1968. Y aburrida porque es extremadamente tópica y predecible. Un tío millonario y por ello muy cansado de una vida sin alicientes (pobrecillo... modo irónico ON) decide ponerse a robar grandes obras de arte y una detective muy bella es la única que sospecha de él y ronda por ahí un romance inesperado. Todo te lo sabes de memoria. Todo. Los dos protagonistas son los más inteligentes y los policías son completamente imbéciles. Y viven aventuras en un mundo de lujo y sofisticación y dos dos son guapísimos y divinos de la muerte. McTiernan sí tiene algunos puntos aceptables, sobre todo en los homenajes a la pintura que coloca en la historia, y la verdad es que dirige con elegancia hasta las escenas eróticas. Pierce Brosnan lo hace muy bien y, sobre todo, Rene Russo lo clava y se come la pantalla. Pero el conjunto pasa totalmente desapercibido y se olvida al poco tiempo, aunque pueda ser entretenido si uno consigue meterse en su juego inverosímil de pobres niños ricos y de piruetas absurdas de guión. Un thriller discretito y un remake sin razón de ser es "El secreto de Thomas Crown", muy alejado de la calidad que el director de "La jungla de cristal" solía ofrecer en su mejor época.
jueves, 21 de junio de 2018
EL ÚLTIMO GRAN HÉROE de John McTiernan - 1993 - ("Last Action Hero")
Danny Madigan es un niño fanático del cine de acción y, en especial, de la saga de Jack Slater, su héroe preferido. Danny odia el colegio, no estudia y no tiene amigos: prefiere hacer novillos y escaparse al pequeño cine que regenta Nick, la única persona con la que se lleva bien. Un día, Nick le da una entrada que dice que es especial y que le regaló, hace décadas, el mítico mago Houdini. Algo delirante empieza a pasar cuando la rompe...
"El último gran héroe" es desde mi punto de vista una de las mejores películas de John McTiernan, del John McTiernan de su buena etapa, la de sus entregas de "La Jungla de Cristal" o de películas como "La caza del Octubre Rojo" o "Depredador". Fue en su momento un rotundo fracaso tanto de taquilla como de crítica, aunque con el tiempo, y merecidamente, se ha ido convirtiendo por sus méritos entonces ignorados en una obra de culto. Antes de "Los Mercenarios" o de películas paródicas del cine de acción del mismo corte, "El último gran héroe" vino a proponer un ejercicio cachondísimo de metacine y de parodia, valga la redundancia, en el que un niño fanático de las películas de acción era transportado al mundo de Jack Slater, su personaje de ficción favorito, protagonista de una saga de este género e interpretado por Arnold Schwarzenegger, que le daba vida tanto a él como a sí mismo. La película es una sucesión de homenajes desprejuiciados, hechos con cariño, y de escenas delirantes en las que se mezcla incluso la animación (genial el detective felino). Los chascarrillos y los tópicos son constantes, y desternillantes, y las coñas a otras sagas (ese "Terminator" protagonizado por Stallone es impagable) magníficas. Todo unido a unas escenas de acción muy destacadas, a unos diálogos muy entrañables y a unos personajes secundarios del todo imprescindibles: en especial, el villano interpretado por Charles Dance es absolutamente magnífico. No queda aquí la cosa, ya que McTiernan se permite pisar terrenos más serios y poner a caldo a los políticos norteamericanos en algunos gags y hacer la referencia al cine más "independiente" metiendo en la acción a películas de directores como Ingmar Bergman a modo de "crossover" (el desenlace es del todo insuperable). No entiendo, de verdad, como esta película fue tan puteada. Menos mal que el tiempo la ha puesto en su sitio: en el podio del culto. Lo merecía desde el principio.
viernes, 12 de enero de 2018
LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL EDÉN de John McTiernan - 1992 - ("Medicine Man")
La joven investigadora Rae Crane es enviada a las profundidades de la selva amazónica para ayudar a Robert Campbell, un científico que lleva allí varios años viviendo con una tribu indígena e investigando lo que cree que podría ser la cura del cáncer. Robert es un hombre insoportable, machista, creído de sí mismo y desconsiderado que la trata como si fuese inferior. Pero Rae es una mujer que no está dispuesta a recibir esto de nadie, y entre ambos las cosas marchan mal desde los primeros momentos. Sin embargo, van a tener que trabajar juntos a su pesar.
Después de "La caza del Octubre Rojo", John McTiernan abandona la saga de Jack Ryan que inició para pasarle el testigo a Phillip Noyce y entrega una de las películas más flojitas de su primera etapa: "Los últimos días del Edén". En ella, mezcla la aventura con la crítica ecologista y anti-colonialista y con el romance. Todo muy diluido, y todo muy descafeinado. Lorraine Braco, en uno de sus papeles menores, es una investigadora que es enviada a la selva del Amazonas para ayudar a un Sean Connery también en un papel menor que está tratando allí de encontrar la cura del cáncer, que es el motor central de la trama. La película entretiene y no resulta terrible ni especialmente aburrida, pero también es tremendamente olvidable porque, en lo esencial, no acierta de pleno en ninguno de los campos que trata de tocar. La crítica ecologista y anticolonialista es superficial y los personajes no tienen mucho relieve (ni ellos ni el tópico retrato de la comunidad indígena en la que viven los protagonistas). Dice grandes obviedades como que hay que cuidar la naturaleza y no acabar con las tribus que viven en ella pero ya está. Luego, el romance es de andar por casa porque, como he dicho, los personajes no dan demasiado de sí salvo lo muy basiquito, y el resto es bastante predecible (lo que va a acabar pasando uno se lo sabe nada más empezar el filme). Finalmente, la aventura es también muy débil. No hay ningún momento que emocione, ni ninguna escena de acción apañada (y eso que estamos hablando del John McTiernan que venía de hacer "Depredador" y la primera "La Jungla de Cristal" y que estaba en camino de rodar la tercera aventura de John McClane). Hay que añadir además que ni siquiera la ambientación es especialmente brillante, y miren que tenían escenarios y paisajes naturales con los que lucirse a base de bien. "Los últimos días del Edén" es una película hecha con muy buenas intenciones pero con poco más. Se ve bien y se olvida bien. De lo más anodino de un director que en los años ochenta y en los noventa hizo algunas películas verdaderamente excelentes y míticas.
miércoles, 4 de octubre de 2017
LA CAZA DEL OCTUBRE ROJO de John McTiernan - 1990 - ("The Hunt for Red October")
Un submarino nuclear de la Unión Soviética se interna en aguas de los Estados Unidos y la CIA no logra descifrar sus intenciones. Por ello, sus jefes encargan al analista Jack Ryan que trate de contactar con ellos o averiguar lo que pretenden. Jack descubre pronto que el submarino sigue una trayectoria extraña y que actúa de una forma confusa...
Jack Ryan es uno de los personajes más famosos de la literatura de política-ficción, creado por el escritor estadounidense Tom Clancy en 1984. Es un analista de la CIA que deshace entuertos diplomáticos y terroristas y que ocasionalmente participa en misiones peligrosas. Hasta el pasado 2016, año en el que se publicó la última de ellas, han salido a la venta veinte novelas sobre este personaje, que ha tenido en el cine una trilogía protagonizada en los años noventa primero por Alec Baldwin y luego por Harrison Ford y, posteriormente, dos reinicios fallidos de su saga, en 2002 con Ben Affleck como Ryan y en 2014 con Chris Pine en dicho papel. En 1990, un John McTiernan en su mejor época (venía de dirigir las primeras partes de "Depredador" y "La jungla de cristal") se encargaba de adaptar su primera novela al cine, "La caza del Octubre Rojo", que tuvo críticas muy negativas pero un gran éxito comercial. Creo que, sin ser de las mejores obras de este director, es una cinta de espionaje con toques de acción bastante bien hecha, especialmente porque mantiene el ritmo bastante bien tratándose de un filme de submarinos, donde la acción no tiene el dinamismo de filmes, por ejemplo, de acción bélica en la tierra o en el aire. Los efectos especiales son buenos, las mencionadas escenas de acción están muy bien hechas (aunque algún que otro combate submarino es algo confuso) y la batalla final es solvente. El contexto político está bien retratado, y esquiva bastante bien los maniqueismos propios de las películas de la Guerra Fría o de los años inmediatamente posteriores a la caída del Muro de Berlín, con esos rusos malvados y brutales sin escalas de grises. En este sentido, el personaje de Sean Connery, que realiza uno de los mejores papeles de su carrera (y que ha sido algo olvidado), es un gran carácter alejado de construcciones totalmente en blanco o en negro y el más interesante de todo el filme. Alec Baldwin está bien como Jack Ryan, aunque creo que el mejor de todos sería el posterior Harrison Ford, que le sustituiría en la siguiente cinta de la saga, "Juego de Patriotas". Los secundarios, entre los que están Sam Neill o Tim Curry o un carismático James Earl Jones, lo hacen también muy bien. "La caza del Octubre Rojo" es una película de un contexto muy determinado que, sin embargo, no ha envejecido mal y que es muy digna. Mañana, seguimos con esta trilogía famosa del thriller de los noventa.
miércoles, 30 de agosto de 2017
NÓMADAS de John McTiernan - 1986 - ("Nomads")
La doctora Eileen Flax recibe en el hospital en el que trabaja a un hombre moribundo, víctima de brutales heridas, que no para de delirar en francés. Destrozado, este hombre termina muriendo en urgencias. Eileen, poco después, empieza a sufrir alucinaciones... Que le muestran pedazos de la vida de esta persona misteriosa.
Es cierto que en sus últimos años cayó en picado con bodriazos como el remake de "Rollerball" y cosas como "Basic", y que lleva sin ponerse detrás de una cámara desde el año 2003, y que su vida es un desastre desde que en 2006 tuvo problemas con la ley por espiar a actores y ejecutivos de la industria americana y que en 2013 ingresó en prisión durante diez meses. Pero también es cierto que fue durante las décadas de los ochenta y los noventa uno de los mejores directores de cine de acción y de aventuras de Hollywood, autor de joyas como "Depredador", la primera y la tercera entregas de "La jungla de cristal" (las mejores de la saga con diferencia), "La caza del Octubre Rojo", "El último gran héroe" o "El guerrero número 13". Su primera película, muy desconocida y muy olvidada, no fue sin embargo ninguna maravilla: es más, fue hasta una bazofia que merecía morder el polvo. "Nómadas", estrenada en 1986, partía de una idea interesante (la de que las tribus urbanas de las grandes ciudades estaban emparentadas con los nómadas que viven en la naturaleza), pero se perdía completamente en un laberinto de tonterías y de explicaciones antropológicas chorras de andar por casa. No llegaba a ser thriller, no llegaba a ser película de terror, no llegaba a ser drama, no llegaba a ser filme sobrenatural al uso: era un batiburrillo de pamplinas donde se mezclaban a las referidas tribus urbanas (de corte punky, por supuesto) con los fantasmas, con las posesiones, con el onirismo y con la intriga sin ton ni son. La trama no tiene sentido, directamente. No hay explicación coherente a nada, los giros son confusos, los personajes van y vienen totalmente perdidos, los diálogos son malos y el desenlace es una broma de mal gusto. Los actores, entre los que como curiosidad estaba un joven Pierce Brosnan, están solamente regular para colmo. Se salva la ambientación enrarecida, más o menos conseguida aunque sin ser ninguna maravilla de la imaginación o la sugerencia, y la premisa, que en los inicios llega a resultar minimamente interesante (es original, de hecho). Pero nada más: el resto es un sinsentido infumable, aburrido hasta la extenuación, soporífero y tontaco a más no poder. Vale este filme para completistas de directores o como curiosidad, y nada más. Por suerte, John McTiernan nos regaló luego la mencionada "Depredador" y se redimió de sobra con ella y con las que vendrían después.
miércoles, 20 de marzo de 2013
JUNGLA DE CRISTAL. LA VENGANZA de John McTiernan - 1995 - ("Die Hard with a Vengeance")
Un misterioso hombre que se llama a sí mismo Simon ha llenado de bombas ocultas la ciudad de Nueva York. Sólo pide una cosa: que el policía John McClane, ahora divorciado, retirado momentáneamente del servicio y con un pie en el alcoholismo, participe en su juego, el “Simon dice”. Si no logra superar las malévolas pruebas que le propone, las bombas estallarán. John McClane accede a jugar y, una vez más, a convertirse en un héroe a su pesar. No va a estar solo: Zeus, un tendero negro y racista de Harlem, va a tener que ayudarle a salvar la ciudad, y también lo va a tener que hacer a su pesar. Juntos, tendrán que averiguar la identidad de Simon y el porqué de su odio a McClane.
Después del nuevo éxito de “La jungla II. Alerta roja”, dirigida por Renny Harlin, John McTiernan volvió a la saga para encargarse de dirigir su tercera parte. El cambio fue acertadísimo, ya que “Jungla de cristal. La venganza” volvió por lo menos a alcanzar el nivel de calidad de la primera entrega de las aventuras del policía John McClane e incluso introdujo unas más que gratas novedades, entre las que destaca la presencia del mejor de los aliados que hasta ahora ha tenido el mencionado protagonista, Zeus, al que da vida un genial Samuel L. Jackson, y una primera mitad del filme de aires detectivescos en la que ambos héroes (a su pesar, por supuesto) han de resolver un conjunto de retorcidos enigmas para salvar a la ciudad de Nueva York, amenazada por el hermano del villano de la primera parte (Alan Rickman), un también genial Jeremy Irons muy ajustado a su frío y deshumanizado papel.
Los efectos especiales son, de nuevo, más y mejores, pero esto no quita protagonismo en absoluto a una trama bastante imaginativa y con un cierto misterio cuya resolución está realmente bien economizada y que mantiene al espectador interesado en la historia desde el principio hasta el desenlace. En la antes mencionada primera mitad de la película (la mejor sin ninguna duda), John McClane y Zeus han de solucionar el grupo de problemas de inteligencia que el malvado Simon les ha propuesto, mientras que en la segunda han de enfrentarse directamente a él en el clásico espectáculo de acción frenética, luchas, disparos y explosiones ya más convencional pero no por ello aburrido. El humor mejora notablemente con respecto al de la segunda parte, con un McClane hastiado en horas bajas divorciado, retirado del servicio y con un pie en el alcoholismo que vive su aventura junto al referido Zeus, un tendero negro de Harlem muy racista que desprecia a los blancos basandose exclusivamente en sus prejuicios (lo repito: genial y brutalmente divertido Samuel L. Jackson). “Jungla de cristal. La venganza” es una trepidante tercera parte para una saga mítica y una de las últimas películas de acción verdaderamente destacadas de los años noventa (prácticamente la última). Hoy sigue estando a un alto nivel, aunque tampoco lo tiene nada difícil con la cantidad de porquerías que siguen ocupando las salas comerciales. Como curiosidad, la película estuvo a punto de llamarse “Simon dice” y de ser una obra independiente antes de, finalmente, acabar cerrando la entonces trilogía de John McClane.
lunes, 18 de marzo de 2013
LA JUNGLA DE CRISTAL de John McTiernan - 1988 - ("Die Hard")
John McClane, policía de Nueva York, viaja en Navidad a Los Ángeles para visitar a su mujer, que trabaja en una empresa ubicada en el imponente rascacielos Nakatomi Plaza. El edificio está desierto salvo por un pequeño grupo de empleados que celebran una fiesta navideña. Ocurre algo entonces: una banda de terroristas se adueña del lugar y logra engañar a la policía para que les dejen campar a sus anchas. John McClane, cuya presencia los invasores desconocen, se va a enfrentar a ellos desde las sombras con la única ayuda de Al Powell, un agente algo patoso pero valiente. Los terroristas pueden echarse a temblar.
“La jungla de cristal”, basada en la novela de Roderick Thorp “Nothing last forever”, es una de las más importantes sagas de la historia del cine de acción y su primera entrega es una de las películas decisivas de este cine durante su mejor década, la de los ochenta del pasado siglo, junto a obras como la entonces trilogía de Indiana Jones, “Acorralado”, “Depredador”, “Robocop”, “Arma letal”, “Arma letal II”, “Aliens. El regreso” o “Terminator” (en los noventa vendrían otras tantas geniales como “Terminator II” o las propias secuelas de esta cinta que nos ocupa, aunque el género comenzaría a decaer definitivamente hundido por una sobredosis de calcos mediocres de estos clásicos). Según he leído, “La jungla de cristal” fue concebida inicialmente como la segunda entrega de la exitosa “Comando”, aunque tras la negativa de Arnold Schwarzenegger a volver a protagonizarla se optó por rodar una película independiente que narrase una nueva historia y que estuviese protagonizada por un nuevo actor. El encargado de dirigirla fue el entonces destacado y hoy por desgracia tremendamente devaluado John McTiernan, y el actor elegido para dar vida al protagonista fue Bruce Willis, que tras ella pasó a convertirse en una de las grandes estrellas de Hollywood.
El personaje que interpretó Willis, el policía John McClane, un héroe a su pesar cínico, irónico, malhablado y de fondo bondadoso se convirtió en un icono de culto que ya forma parte de la historia del cine norteamericano de todos los tiempos. Mil veces imitada y hasta parodiada y con sus raíces bien ancladas en las películas de policías “sucios” clásicas y en el cine de catástrofes (los cuales revisita y moderniza ligeramente), “La jungla de cristal” narra la historia del referido policía, que ha de enfrentarse a la banda terrorista que ha tomado el rascacielos en el que trabaja su mujer y que, prácticamente solo (únicamente le ayuda un policía algo torpe pero valiente interpretado por Reginald Veljohnson, al que veríamos como padre de familia en la serie “Cosas de casa”) termina con ella empleando sus propias armas y utilizando el solitario edificio como una más. La acción es incesante, vertiginosa, brutal y espectacular como pocas veces se había visto antes: un festival de explosiones, peleas, disparos y sangre imparable y que, sin embargo, no es el protagonista absoluto (como tristemente suele ocurrir), ya que la trama, muy bien desarrollada y con gran pulso, mantiene el interés desde el principio hasta el final. Willis entrega una genial interpretación, al igual que hace un excelente y tremendamente carismático Alan Rickman como el villano de turno, un villano que también se ha hecho con un lugar en el podio de los "malos míticos" de Hollywood. “La jungla de cristal” fue uno de los mayores éxitos de toda esa década que terminaba. Lo mismo le ocurrió a sus hasta ahora cuatro secuelas (de irregular calidad ya aunque aceptables en su conjunto).
viernes, 8 de junio de 2012
DEPREDADOR de John McTiernan – 1987 – (“Predator”)
Un grupo de expertos soldados contratados por la CIA y liderados por el mayor Dutch se interna en las profundidades de las selvas de Colombia. Su misión: rescatar a un político que puede ser prisionero de la guerrilla. Sin embargo, en la jungla no encuentran a este hombre, sino restos de una brutal e inhumana matanza. Algo empieza entonces a asesinarlos uno a uno… La guerra ha comenzado. Pero ¿qué es el enemigo?
En la década de los ochenta y en la primera mitad de la de los noventa, el género de la “acción moderna” vivió su edad dorada, desatado por las frescas y geniales primeras obras de autores como James Cameron, Richard Donner o John McTiernan, uno de los directores claves del género y uno de los que, por desgracia, más bajo ha caído con los años, como el propio género. El cine de acción, ese tipo de cine de entretenimiento tan efectivo y denostado (en parte por culpa de lo devaluado que ha quedado hoy) no fue siempre como es en la actualidad: utilizando una historia extremadamente simple como excusa, enfrentaba al espectador con un espectáculo frenético de efectos especiales y de escenas trepidantes montadas de manera inteligente y rodadas en un estilo artesanal que a veces incluso resultaba personal. Las dos primeras entregas de “Terminator”, “Aliens. El regreso”, “Depredador”, la entonces trilogía de“La jungla de cristal”, “Los goonies”, la entonces trilogía de Indiana Jones…Eran todas películas que, herederas del cine de Alfred Hitchcock (especialmente de obras maestras como “Con la muerte en los talones”), del cine de catástrofes, del cine de acción de Hong Kong, del terror clásico, de la serie B, del western y de las aventuras, entre otros géneros del Hollywood dorado y de más allá, únicamente buscaban divertir, aterrorizar, hacer pasar un gran rato frente a la pantalla. Lo conseguían con creces, y no trataban a los espectadores como estúpidos, tal y como ocurre hoy salvo en honrosas excepciones. Algunas, como las de James Cameron, hasta presentaban personajes e historias con una cierta hondura.
John McTiernan era un director que sabía, sobre todo, imprimir ritmo, frescura y buen hacer a sus películas. Sin ningún tipo de pretensiones (salvo algún mensaje ecológico y alguno que otro patriotero) fusionó los más diversos géneros con las reglas elementales del cine de acción y logró que cada una de sus películas fuese distinta de la anterior pero con la misma estructura y las mismas reglas internas: aventuras con un toque de humor y otro de violencia de personajes de trazo simple pero no simplones. Su cine comercial era cine comercial con mayúsculas. No era, evidentemente, un Howard Hawks o un John Huston, pero sí un Richard Donner (otro que también ha caído en desgracia en los últimos tiempos). Debutó con una película de terror: “Nómadas”, a la que le siguieron dos obras cumbres del cine de acción; “Depredador” y “La jungla de cristal”, dos iconos de su década. Después llegó el thriller bélico “La caza del Octubre Rojo”, la aventura ecológica “Los últimos días del Edén” y la parodia de las películas de acción “El último gran héroe”, una película que fue un fracaso de taquilla y que para unos es una obra genial e infravalorada y para otros un fracaso artístico y hasta pretencioso. Tras ellas, McTiernan se movió entre buenas cintas y grandes bazofias: la divertidísima “Jungla de cristal III: La venganza”, el anodino remake “El secreto de Thomas Crown”, la divertida película de aventuras “El guerrero nº13”, el nuevo y repulsivo remake “Rollerball” y la flojita “Basic”. ¿Volverá este director algún día a regalar una obra comercial como las de su primera etapa?
El Depredador, diseñado por Stan Winston, es, junto al Alien de Giger, uno de los grandes iconos de la ciencia ficción y del terror modernos. Su primera aparición en las pantallas sigue, de hecho, una pauta parecida a la entrega de “Alien” que dirigió Ridley Scott: un monstruo alienígena se dedica a cazar a un grupo de humanos que ha de acabar con él o escapar de sus garras. El filme se presenta como una película de acción de corte bélico para, bruscamente, tornarse como una obra de terror orientada hacia el cine de acción. El Depredador es un ser de un planeta lejano que viene a La Tierra a cazar humanos. El escenario es una selva profunda, y sus protagonistas terrícolas, armados hasta los dientes con arsenal militar, han de reducirse a un estado animal para acabar con el monstruo. La película, con ecos de clásicos como “El malvado Zaroff”, retrata la lucha de un hombre moderno debilitado por el progreso contra la naturaleza más sanguinaria, contra la fiera salvaje que está más allá de las comodidades y los adelantos de la civilización que le protegen. Arnold Schwarzenegger (en uno de sus mejores papeles) ha de volver a la prehistoria, a desatar sus instintos de supervivencia más animales para enfrentarse a un animal, no a un hombre. La guerra “habitual” que se muestra al iniciar el filme (muy bien rodada) es el contraste del combate individual contra la fiera en el que termina. Las escenas de terror son geniales y están cargadas de tensión. Hasta que el Depredador se muestra el gran John McTiernan de sus inicios explota sabiamente lo que no se ve para aterrorizar por medio de la sugerencia. Una vez que ya aparece en todo su esplendor, se desata una de las mejores sucesiones de momentos de acción de la historia, todo un ejemplo de rodar una contienda salvaje con majestuosidad, ritmo y brutalidad. Su sádica y sucia violencia (era realmente sangrienta para la época) fue censurada en algunos países. “Depredador” ha traído consigo hasta este momento una segunda y una tercera partes alabadas por algunos y vilipendiadas por otros e infinidad de merchandising, videojuegos y comics, e incluso dos bodrios llamados respectivamente “Alien VS Predator” y “Alien VS Predator II: Requiem” en los que se enfrentaba bochornosamente contra la bestia del mencionado Giger. Una película para afrontar sin prejuicios. Un clásico del cine de acción y de terror, por mucho que se tantos se nieguen a reconocerlo.
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