Porco Rosso

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miércoles, 20 de enero de 2016

LOS ODIOSOS OCHO de Quentin Tarantino - 2015 - ("The Hateful Eight")


Hace pocos años que ha terminado la Guerra de Secesión. Una diligencia atraviesa los nevados parajes de Wyoming en dirección al pueblo de Red Rock. Alguien se topa, sin embargo, en su camino... Y pide al conductor que le lleve. Una ventisca se acerca y promete ser grande y peligrosa. Comienza un terrible juego de apariencias y mentiras y de violencia...


Retorno de Quentin Tarantino y retorno al western, género en el que repite tras la espléndida "Django desencadenado". "Los odiosos ocho", octava película del poco prolífico pero casi nunca decepcionante director de "Reservoir Dogs", aunque a mi se me antoja una obra menor en su filmografía (y es que la sombra del las mencionadas "Djando desencadenado" o "Reservoir Dogs" o de películas como "Pulp Fiction" es alargada), es desde luego una película excelente y que engancha desde el primero momento. Creo que es un filme del que no hay que hablar demasiado con las personas que todavía no lo han podido ver, así que abajo hay un espacio para Spoilers en el que detallo lo que más me ha gustado de él. Sí que no dejo de recomendarlo. Es, como casi todo lo de Tarantino, una propuesta fresca, un refrito con clase de géneros que trasciende el suyo y que explora con coherencia y gracia muchos estilos sin encasillarse en ninguno. Los diálogos son fabulosos, como siempre, y cargados de inteligencia, lucidez e ironía (uno en concreto sobre la justicia perpetrado por Tim Roth es maravilloso), mientras que los personajes son una delicia de construcción freak y, por supuesto, vienen interpretados por un plantel excelente. Los ocho odiosos del título y los demás seres que les rodean son un dechado de carisma y personalidad, y actorazos como Samuel L. Jackson, Jennifer Jason Leigh, Kurt Russell, Walton Goggins, Tim Roth o Michael Madsen están fantásticos (en especial creo que Jason Leigh, una pedazo de actriz a menudo no todo lo reconocida que debería estar, se lleva a todos de calle y entrega uno de los papelones de su carrera). Y también, por supuesto, hay muchas escenas para el recuerdo, desde el largo y perfectamente medido prólogo en la diligencia hasta los estallidos de violencia clásicos de este director, como siempre magnificas coreografías de la sangre. Muy recomendable es "Los odiosos ocho". Vayan a verla.


COMENTARIO CON SPOILERS:

"Los odiosos ocho" es la culminación del estilo "tarantinesco" de acción. En todas sus películas es famosa la escena, que nunca falta, de diálogo contenido y tensión casi insoportable que termina en un brutal y formidablemente representado estallido de violencia. En esta película este sentido del plano tenso es llevado hasta sus últimas consecuencias a lo largo de tres horas de calma chicha en la que se sabe que algo va a terminar explotando. Es, además, un fantástico "mix" de géneros: el western crepuscular se da la mano con la obra negra (y es que el autohomenaje a "Reservoir Dogs" está ahí siempre presente), con el estilo más teatral y con el thriller de intriga que bebe de la mejor tradición de las obras de asesinatos. El poso del rollo Agatha Christie está muy presente. Lo dicho: muy buena obra, a pesar de no estar a la altura de otras de Tarantino. Lo cual es difícil, oigan, y uno no siempre puede ser magistral sin interrupción.


lunes, 6 de abril de 2015

SIN CITY de Robert Rodríguez, Frank Miller y Quentin Tarantino - 2005 - ("Sin City")


Marv es un matón brutal y psicótico al que echan la culpa de un crimen que no ha cometido: el asesinato de una prostituta con la que se acostó la noche antes. Dwight es un guerrero callejero que se ve involucrado en una lucha entre prostitutas, mafiosos y policías corruptos. Hartigan es un policía íntegro y bondadoso que salva a una niña de once años de un peligroso violador y que, debido a ello, entra en un terrible infierno. Las tres historias de estos personajes están enlazadas: todas ocurren en Sin City, una ciudad violenta y podrida hasta las entrañas donde, sin embargo, héroes casuales brillan cada cierto tiempo con luz propia.


Tanto Robert Rodríguez como Frank Miller están de capa caída desde hace algunos años. La segunda parte de esta "Sin City", que ambos dirigieron el pasado 2014, ni siquiera se ha estrenado en muchos países aparte de los Estados Unidos (España entre ellos; aquí nos la hemos tenido finalmente que ver -los interesados- por internet) debido al fracaso que ha resultado ser. Robert Rodríguez empezó como un desprejuiciado mezclador de influencias que entregó en los noventa películas tan tremendamente divertidas como "El Mariachi", "Abierto hasta el amanecer" o "The Faculty". Después, han ido viniendo obras menores, pastiches más o menos afortunados (yo salvo a "Planet Terror" y a la primera parte de "Machete") y muchos, demasiados bodrios infames. "Sin City" está ubicada en el principio del fin del interés de su carrera: entre rollazos infumables como "Sky Kids" y "El Mexicano" y ya claras bazofias como "Shorts: La piedra mágica". Es una adaptación del cómic homónimo de Frank Miller, un señor que cambió el cómic de superhéroes en los años ochenta con sus oscuras versiones de "Batman" y "Daredevil" y que entregó otras maravillas como "300" o las primeras historias de esta "Sin City" y que desde hace algunos años también está más perdido que un pato en un campo de futbol con obras mediocres y hasta fascistoides y con películas (porque también se pasó a dirigir) como la repugnante "The Spirit". "Sin City" calca la estética del cómic en el que se basa y la dirigen a tres manos Rodríguez, el propio Miller y Quentin Tarantino (aunque sólo es "director invitado" en una escena). Y también es una película que no funciona bien en la pantalla.


El filme adapta tres historias del cómic original de Miller, una reinvención del género negro clásico innovadora en su día, y lo hace con una falta de ritmo bastante acusada. La primera historia interesa, pero la segunda mete un bajón inmenso (es reiterativa y pierde el mencionado ritmo sin parar) y la tercera, aunque recupera el mencionado interés ligeramente por ser su historia más estimulante (una denuncia de la corrupción fatalista y épica), no recupera el conjunto por ser también bastante larga y descompensada entre la acción y el drama. Estéticamente la película es como he dicho buena, y tiene además un repartazo (con todas las letras: una troupe de caras conocidas verdaderamente grande), pero las tres historias que la articulan, simplemente, no presentan una unidad fuerte y que enganche al espectador. Aún así, se puede ver, desde luego, y los fans del cómic en el que se basa no lo pasarán mal (básicamente porque es un calco en todos los aspectos). Robert Rodríguez hace su labor esencialmente bien, pero "Sin City" está muy alejada de sus primeros experimentos. Su secuela es, por desgracia, un bodrio infame. De ella hablaré mañana.


viernes, 25 de enero de 2013

DJANGO DESENCADENADO de Quentin Tarantino - 2012 - ("Django Unchained")


1858. En los Estados Unidos se está cociendo una contienda que va a enfrentar a sus ciudadanos por el polémico asunto de la abolición de la esclavitud. El esclavo Django es liberado por el cazarrecompensas alemán King Schultz, un hombre progresista y honorable que le da una nueva vida a su lado. Pero Django no es feliz: como tantos otros negros, su amada Broomhilda sufre el cautiverio en una plantación sureña. Schultz le va a ayudar a liberarla... Sin embargo, ambos van a tener que enfrentarse a hombres extremadamente racistas y malvados que no les van a poner las cosas nada fáciles.


Siempre he pensado que Quentin Tarantino está bastante sobrevalorado y todavía lo pienso, sobre todo porque hay gente que le tacha prácticamente como el "inventor del Séptimo Arte" o como un revolucionario de la cámara cuando no es ninguna de las dos cosas de ninguna de las maneras. Sin embargo, siempre he pensado también que es uno de los mejores directores americanos que hay hoy y con "Django Desencadenado" me ha sorprendido gratísimamente: creo que ha entregado su mejor película desde "Pulp Fiction" porque esta primera incursión suya en el western mezcla sin fisuras, como aquella, el drama y la comedia, la seriedad y el frikismo puro, la referencia y el homenaje constante con las nuevas ideas. Volvemos a tener una historia de venganza en la que una persona o grupo de personas bastante malévolas van a recibir su merecido ("Kill Bill", "Death Proof", "Malditos Bastardos") y volvemos a tener una estética tan heredera del western clásico como del menos clásico y del de "series consideradas menores" que no deja de tener un pie en la modernidad (en la excelente banda sonora se puede ver claramente) y volvemos a tener a unos personajes tan freaks como tiernos y creíbles excelentemente interpretados y una historia cargada de violencia y de diálogos inteligentes e imaginativos y, por supuesto, de escenas aisladas que quedarán para el recuerdo. "Djando Desencadenado" es lo de siempre, lo que siempre hace Tarantino, pero reinventado y fresco, fresquísimo.


La trama de la película, que pasa sobradamente de las dos horas de duración, fluye con una agilidad pasmosa y consigue que no se mire el reloj ni un solo momento, y lo hace gracias a la mencionada combinación de drama y comedia y a las referencias y autoreferencias que la salpican sin cesar. Tenemos una historia de amistad extraordinariamente tierna (Django y el Doctor Schultz quedarán para los anales como pareja mítica del western), tenemos otra de amor más que solvente, tenemos a villanos verdaderamente despreciables, tenemos escenas de acción y tiros y otras intimistas y otras directamente delirantes (cómo no), tenemos diálogos como he dicho inteligentes y siempre estimulantes y tenemos un desenlace apoteósico. Y por supuesto, un plantel de actores y actrices de infarto: Jaime Foxx está genial como el protagonista y lo mismo se puede decir de Kerry Washington como su amada, y secundarios como Don Johnson, Franco Nero o el propio Tarantino haciendo de él mismo una vez más están graciosísimos. Pero sobre todo hay que quedarse con el trío de ases que conforman el villanísimo Leonardo Di Caprio, un cabronazo asqueroso que pone los pelos de punta y al que todos torturaríamos hasta la muerte con gusto; el repulsivo Samuel L. Jackson, que borda al "negro colaboracionista" y extremadamente patético y acomplejado de su raza y, sobre todo, al laureado (y con razón) Christoph Waltz, que clava al mejor personaje de la película, un cazarrecompensas abolicionista ambiguo pero progresista y honorable cuya relación con Django llega a emocionar (qué química tienen él y Foxx; genial).


Y quedan, por supuesto, montones de escenas para el recuerdo, porque los filmes de Tarantino son muchas veces puras colecciones de escenas míticas o por lo menos fílmicamente estimulantes: ahí está la liberación de Django del prólogo, el dilema moral con el padre y el hijo del protagonista y su amigo, la primera entrada en acción de Django o los dos tiroteos finales, sangrientos y dinámicos y con nada que envidiar a los de clásicos como "Grupo Salvaje" y a la vez cachondísimos y excelentemente coreografiados. Pero me quedo, sobre todo, con una escena, la más larga del filme: la conversación durante la cena (con ese paréntesis de amo y esclavo conversando como amigos de toda la vida que destila buen hacer) que pone al espectador en una tensión insoportable y le prepara para lo que intuye que va a llegar en el momento menos esperado. "Django desencadenado" recupera el mejor Tarantino de todos. Una de las grandes sorpresas del año que se acaba de terminar.

viernes, 7 de diciembre de 2012

MALDITOS BASTARDOS de Quentin Tarantino – 2009 – (“Inglorious bastards")



Segunda Guerra Mundial en Europa. El teniente Aldo Raine ha creado una cuadrilla de judíos sedientos de venganza especializada en misiones concretas y claras: matar nazis de manera brutal como represalia por sus atroces actos antisemitas. Esta cuadrilla es conocida como Los Bastardos, y es famosa en todo el continente por su sadismo y eficacia. Aldo y sus compañeros ahora se enfrentan a su misión más importante: acabar con el propio Adolf Hitler y con sus secuaces más cercanos para poner fin de una vez por todas al Tercer Reich. El escenario de la acción va a ser un cine de la París ocupada, un cine cuya dueña, una joven judía francesa que escapó del extermino, ha hecho sus propios planes para lograr el mismo objetivo de matar al Führer... El problema es que los Bastardos no lo saben.


Inspirada muy libremente en la película de 1978 de Enzo Castellari “Aquel maldito tren blindado” (traducida al inglés precisamente como “Inglorious bastards”), “Malditos bastardos”, sexto largometraje del sobrevalorado pero excelente e imaginativo director Quentin Tarantino, narra la clásica historia de un grupo de hombres extravagantes que en una guerra se dedican a hostigar al enemigo de maneras todavía más extravagantes, historia que por supuesto termina en una orgía de muerte y destrucción al más puro estilo de Sam Peckinpah. La guerra es una vez más la Segunda Guerra Mundial, y estos hombres son unos salvajes y delirantes “matanazis” judíos sedientos de venganza. A caballo entre el cine bélico, el negro (cómo no), la comedia negra (cómo no de nuevo) y el drama (muchas de las películas de Tarantino terminan resultando puros dramas, y para muestra “Reservoir Dogs”, “Jackie Brown” o “Kill Bill” e incluso pedazos de la propia “Pulp Fiction”), “Malditos bastardos” es un nuevo collaje de influencias que se erige como todo un homenaje a toda una época (la que ambienta al filme) y al propio cine, contemplado de una manera muy cachonda como un arte-ente asesino que otorga justicia allí donde no la hay.


Canalla por encima de todo y cargada de referencias culturales (a la UFA y al cine de propaganda de Goebbles, a las películas de Leni Riefenstahl y de Georg Wilhelm Pabst, a actores como el gran Emil Jannings, al cine francés...), este filme de Tarantino realiza una suerte de reconstrucción de la Alemania del momento realista pero con aires de western e incluso de kitsch en la que no dejan de sucederse las escenas que el director adora (un “duelo mexicano a la alemana” en el que todos se apuntan mutuamente, conversaciones rápidas e inteligentes cargadas de guiños, momentos sádicos y sangrientos –que no falten-, pantomimas históricas delirantes...) que configuran una película agilísima cargada de tensión (el prólogo en la granja y la escena de la taberna no dejan parar un segundo al espectador) que, a pesar de durar dos horas y media, se pasa en un vuelo. “Malditos bastardos” es una vez más un precioso y completamente desprejuiciado ejercicio de estilo con protagonista coral (y qué protagonista coral: Brad Pitt, Mélanie Laurent, Diane Kruger, Michael Fassbender, Eli Roth y unos inolvidables Daniel Brühl –genial su tontaina personaje- y Christoph Waltz –un villano de opereta carismático como pocos, estremecedor y despreciable pero también patético-) en el que todo vale, hasta cambiar el desenlace de la Segunda Guerra Mundial y pasarse la historia por el forro en aras de una venganza romántica. Muy buena película en todos los aspectos.

martes, 6 de noviembre de 2012

GRINDHOUSE. DEATH PROOF de Quentin Tarantino - 2007 - ("Grindhouse. Death Proof")


El Especialista Mike es un solitario asesino en serie dedicado plenamente a las lindas jovencitas. Su arma es su coche, una imparable máquina de correr y de matar con el que las destroza en la carretera. Hasta ahora, Mike ha salido con vida y sin castigo de todos sus crímenes. Hasta ahora… Un día, divisa a tres guapas chicas que se divierten conduciendo un vehículo antiguo. Por supuesto, decide atacarlas. No sabe lo que le espera… Su maldad y su machismo van a recibir una lección mortal.


Si “Planet Terror” era un homenaje a las películas clásicas de zombies, “Death Proof”, la aportación de Quentin Tarantino a “Grindhouse”, lo es al slasher, aunque de manera muy particular. Menos descerebrada (excepto tal vez en su desenlace), más pausada, con más y mejores diálogos y con una dirección más cuidada en líneas generales, ésta segunda película del conjunto narra la historia de un asesino en serie de jovencitas (un simplemente soberbio Kurt Rusell) cuya arma es… su coche, una terrible máquina de correr y de matar, asesino en serie que es, según se dice en el filme, un viejo especialista de cine curtido en mil escenas peligrosas (responde como El Especialista Mike). Es un hombre socarrón, cínico, inhumano y tremendamente machista… Que va a encontrarse en su camino con tres mujeres que le van a dar una lección. ¿No os recuerda a algo? Por supuesto: “Death Proof” es un homenaje también al cine de Russ Meyers, en el que grandes mujeronas o jovencitas aparentemente tiernas (preferentemente con poca ropa, con pantalones muy cortos y con enormes escotes) unen sus fuerzas para acabar con hombres como él y terminan superándolo en brutalidad tras darle una lección anti-machista.


Las referencias no terminan sin embargo aquí: hay un homenaje más; el homenaje a los mencionados especialistas de cine. El Especialista Mike dice serlo, pero Zoe Bell, una de las tres chicas a las que él ataca y que le devuelven el cumplido, es una auténtica maestra de este arriesgado y poco reconocido oficio (con trabajos en la misma “Planet Terror”, en “Kill Bill”, en “Poseidón” o en la serie “Xena. La princesa guerrera”) que se interpreta a sí misma y que protagoniza una de las mejores escenas del filme, la de la primera carrera final. Quedan además las referencias clásicas y habituales en las producciones de Tarantino a la cultura norteamericana y a sus propias películas, algún toque de divertido metacine y una persecución que se asemeja a la de la gran “Bullit”. El resto ya se lo imaginan: conversaciones muy ágiles que van desde lo inteligente y lo irónico hasta lo absurdo y lo zafio, un despiadado humor negro, muchas y guapas jovencitas en toda clase de posturas y situaciones (demasiadas enseñando sus lindos pies) y una violencia vistosa descarnada y terrible que estalla en el momento menos esperado rompiendo una tensa calma. Hay que reconocer además que Tarantino sigue siendo un excelente director (aunque en mi opinión esté algo sobrevalorado): su más que buen hacer se siente en cada plano, rodado con ilusión y primor, y especialmente en las escenas de acción de la cinta, que son pocas pero tremendamente efectivas y que gozan de un ritmo a veces frenético y de una imaginación y un pulso dramático que ya quisieran muchos otros.

viernes, 6 de julio de 2012

KILL BILL. VOLUMEN 2 de Quentin Tarantino – 2004 – (“Kill Bill. Volume 2”)


Tras acabar con las feroces O-Ren Ishii y Vernita Green, La Novia se dirige a sus siguientes objetivos: el diestro con las armas de fuego Budd, el hermano de Bill, y la experta guerrera tuerta Elle Driver, que la odia profundamente por desencuentros del pasado. Cuando termine con ellos, será el turno de morir del propio Bill, el hombre que destrozó su vida. Sin embargo, poco a poco, La Novia va haciendo nuevos descubrimientos sobre su vieja existencia y la de su enemigo, descubrimientos que van a volver a desatar su dolor…


En “Kill Bill. Volumen II” se desarrolla la historia a la que “Kill Bill. Volumen I” sirvió como prólogo. La Novia, de la que poco a poco vamos sabiendo más secretos, se enfrenta a los dos esbirros de Bill que le quedan por asesinar: Budd (un muy solvente Michael Madsen), hermano del anterior acabado y alcohólico pero igualmente cruel, y la envidiosa y brutal Elle Driver (una genial Daryl Hahnnah) para, posteriormente, enfrentarse al propio Bill en un duelo dialéctico primero y físico después (aunque acertada y tremendamente breve). La acción frenética que contenía la primera entrega de las dos que conforman el conjunto se relaja notablemente para que la trama se desenvuelva y se muestren las razones de la búsqueda de venganza de La Novia en lo que queda por exponer de su turbio pasado, unido sentimentalmente al de Bill (el recientemente fallecido David Carradine, que es homenajeado por Tarantino y que realiza un papel soberbio y aterrador en todo su cinismo desencantado y asesino). La narración se vuelve a mover entre este pasado y el presente, y el tono épico aumenta hasta un clímax muy bien resuelto y alejado de los efectismos y excesos conscientes del resto del metraje. Por supuesto, no dejan de aparecer constantes referencias culturales de todo tipo y el humor negro inteligente y absurdo característico del autor sigue presente.


El único combate realmente espectacular que muestra “Kill Bill. Volumen II” es el de La Novia contra Elle Driver, lo cual es de agradecer después del enorme y delirante festival de artes marciales de la anterior entrega. Los diálogos mejoran y son más abundantes, y los personajes están más desarrollados que los del primer volumen a excepción del bastante desperdiciado Budd (un notable punto negativo del filme que, sin embargo, no lo hunde), que, la verdad, podía haber dado mucho más juego del que da, especialmente siendo el hermano del antagonista principal y viniendo interpretado por un experto en dar vida a villanos sádicos como Michael Madsen (recuerden su soberbio papel como el Señor Rubio de "Reservoir Dogs"). Las escenas de violencia vuelven a ser completamente desprejuiciadas y de alto voltaje, en especial la mencionada y muy sangrienta lucha contra Elle Driver y el intento de entierro en vida de La Novia agonizante por parte del también mencionado Budd. El desenlace resulta por momentos muy emotivo, lo que demuestra que Tarantino además de la comedia negra y canalla domina bien el drama, y lo hace hasta con una gran delicadeza que ya se mostró en la injustamente subvalorada "Jackie Brown". Otro momento para el recuerdo es el tópico (de manera consciente) entrenamiento de La Novia con su viejo maestro oriental Pai Mei, entrenamiento que aporta las escenas más desternillantes de la cinta. “Kill Bill”, como conjunto, es una producción tremendamente entretenida y que como collage funciona muy bien, ya que Quentin Tarantino es un mezclador de influencias muy bien dotado que además mejora con los años. Es, sobre todo, es un refrito con mucho estilo (y plenamente consciente de su condición de refrito, lo cual no es en absoluto algo negativo) de géneros, y, aunque a mi parecer como conjunto no es la mejor obra de su creador, sí que queda para el recuerdo como el mencionado "tuti-frutti" cargado de buen hacer con desenlace sorprendente e inesperadamente trascendental y hasta lírico.

jueves, 5 de julio de 2012

KILL BILL. VOLUMEN 1. de Quentin Tarantino – 2003 – (“Kill Bill. Volume 1.”)


Tras cinco largos años en coma profundo, una misteriosa mujer despierta en el hospital y desaparece. Recuerda lo que le pasó antes de que su vida acabase completamente destrozada y recuerda quienes fueron los culpables: los compañeros de su antigua existencia de terror y de muerte, la existencia en la que ella era una gran guerrera. Por supuesto, piensa vengarse de ellos y se pone manos a la obra tras hacerse con una poderosa y legendaria katana. Sus dos primeras víctimas van a ser las brutales O-Ren Ishii, una peligrosísima jefa yakuza, y Vernita Green, una salvaje asesina que ahora se ha retirado y que tiene un hogar idílico con un marido y una hija pequeña. Son el primer paso en su camino hacia la venganza definitiva: la venganza hacia Bill, el hombre que lo orquestó todo y que la traicionó.


“Kill Bill” es el cuarto largometraje dirigido por Quentin Tarantino tras las excepcionales “Reservoir Dogs” y “Pulp Fiction” y la muy buena e infravalorada “Jackie Brown”. Presentado en dos entregas debido a su muy larga duración, el filme vuelve a ser un ejercicio de estilo en el que su creador mezcla todo tipo de influencias estéticas, narrativas y argumentales para configurar un loco homenaje a las series y películas de acción y artes marciales orientales y también a los clásicos mangas japoneses (sus tres filmes anteriores eran homenajes al cine negro clásico y moderno, al pulp y al blaxploitation). “Kill Bill” no trae nada nuevo, pero como el cóctel espectacular (spaghetti western, serie B, cine de yakuzas, animación oriental…) y la parodia que es funciona perfectamente. Tarantino, hábil creador de collages fílmicos, presenta una película tremendamente simple que logra hacer pasar un buen rato frente a la pantalla (ambas entregas) mientras presenta una personalidad artística destacada. Su estructura, al contrario que la de las mencionadas “Reservoir Dogs” y “Pulp Fiction”, no presenta una construcción ni innovadora ni imaginativa: es, tal vez, conscientemente lineal (salvo tal vez ciertos momentos iniciales). La historia que narra es bien simple: una mujer misteriosa, La Novia, despierta de un letargo de varios años para vengarse de los que destrozaron su vida. Estos son cuatro grandes guerreros y su líder, Bill, un personaje también misterioso. Mientras las identidades de La Novia y de este último se van desvelando por el divagar de la trama, que contiene numerosos flashbacks y que se mueve adelante y atrás en el tiempo (aunque se estabiliza posteriormente, como he comentado), la primera va asesinando uno a uno a los guerreros mencionados en espectaculares combates por todo lo alto. Y fin de la obra.


“Kill Bill” narra, con mucho desenfado y mucho cachondeo, lo que hemos visto en miles de series y mangas (y videojuegos) de lucha: el protagonista pelea contra unos combatientes con poderes especiales y se enfrenta a un “jefe final” cuando ya los ha vencido. Como fondo, hay una historia, además de venganza, de amor y de desamor, de decepciones, de ambiciones, de mentiras y de engaños que no revelo con el asunto principal centrado en la necesidad que puede aflorar en una máquina de matar de integrarse en la sociedad y "sentar la cabeza". Tarantino le da a esta obra un toque épico que ninguna de sus anteriores cintas ha tenido y que se fusiona sin problemas con su ya sí característico humor negro canalla, absurdo, delirante y completamente desprejuiciado. La violencia vuelve a ser cruda y vistosa, brutal y sádica, y los diálogos vuelven a ser chispeantes, ágiles, divertidísimos; a veces inteligentes, a veces zafios, a veces directamente surrealistas. Los personajes también siguen su línea: estrambóticos, esperpénticos, con un cierto toque tierno y otro brutal (estos personajes poseen además, y cómo no viniendo de Tarantino, un gran carisma y personalidad, mientras que como es costumbre vienen interpretados por grandes actores y actrices, algunos -los secundarios especialmente- en horas bajas, a los que el director sabe extraerles todo su jugo: Uma Thurman, Lucy Liu, Vivica A. Fox, Michael Madsen, Daryl Hannah y David Carradine). Por supuesto, todo el metraje está lleno de guiños y referencias culturales de todo tipo, especialmente en lo referente al cine y a la música (la banda sonora vuelve a ser genial y a estar exquisitamente escogida). También, por supuesto, hay referencias divertidas y autocomplacientes hacia sus propios filmes.


“Kill Bill” es un puro tópico tanto del cine de acción y artes marciales al que homenajea como de “eso” que se ha venido llamando últimamente “tarantinesco”. Quentin se burla de estos tópicos y lugares comunes de ambos “cines” con un propósito completamente lúdico y visualmente llamativo y artístico. Respecto al “Volumen 1”, que es el que ahora comento, hay que decir que no es más que un largísimo prólogo al “Volumen 2”: es una presentación escueta de los personajes principales y un interminable muestrario de escenas de acción y homenajes desquiciados. Es lo que pretende ser, y es muy divertido y directo, aunque sí que se echan en falta más escenas que aporten algo a la trama principal: apenas existen cinco o seis apuntes argumentales que sirven como excusa para una imparable y frenética orgía de luchas y sangre (entre las que destaca el delirante combate contra los 88 Maníacos). Por otra parte, se echa en falta en este primer volumen, también, más desarrollo de los personajes; las dos guerreras a las que La Novia (una muy carismática Uma Thurman) vence (Vivica A. Fox y Lucy Liu) apenas tienen peso en la trama: son dos personajes planísimos y que, salvo sus aspectos y actitudes extravagantes, no aportan absolutamente nada (y en, por ejemplo, “Pulp Fiction”, hasta el más insignificante secundario aportaba algo a la historia). A pesar de todo es este un primer volumen, un prólogo, como he comentado, y se le pueden perdonar estos fallos en vista a la segunda entrega.

jueves, 29 de septiembre de 2011

JACKIE BROWN de Quentin Tarantino - 1997 - (“Jackie Brown”)


Jackie Brown ha alcanzado los cuarenta años y es azafata de avión de una compañía pequeña y mediocre. Necesitada de dinero debido a un triste pasado criminal que le impide hacerse con un trabajo mejor, se saca un ingreso extra como "mensajera de drogas" para el desconsiderado y brutal mafioso Robbie, que la desprecia y la maltrata. Un día, Jackie es sorprendia en la aduana con un pedido para él. Sólo le queda una salida para no ir a la cárcel: ayudar a la policía a pillar a Robbie… Un nuevo trabajo muy arriesgado pero que tampoco está tal mal y que le va a permitir incluso redimirse y encontrar el amor.


Después de rodar las geniales “Reservoir Dogs” y “Pulp Fiction”, Quentin Tarantino rodó su única película totalmente “seria” hasta la fecha, esta en un principio vilipendiada “Jackie Brown”, una película que, a pesar de seguir contando con numerosos toques tarantinescos, no podía inscribirse en la línea de comedia negra de las dos anteriores, la línea que en su momento todos esperábamos que Tarantino mantuviese cuando la vimos. Por eso nos decepcionó. No supimos ver que “Jackie Brown” era una película aparte, y negando que su creador pudiera tener otro estilo distinto al que ya había experimentado, la menospreciamos injustamente. Ahora creo que habría que reivindicarla, porque es una excelente película negra. Seguimos encontrando en ella personajes estrambóticos, policías y delincuentes de poca monta a caballo entre brutales y tiernos, sumergidos en conversaciones absurdas que se balancean entre lo zafio y lo hondo; seguimos encontrando un tratamiento completamente desprejuiciado de la violencia física y psíquica y muchos toques de humor negrísimo, mucha sangre y muchas armas, y también el clásico constante juego de referencias culturales que existe en todas las películas del autor, además de que “Jackie Brown” es una vez más, a pesar de tener una protagonista más o menos principal, una historia coral en donde cada personaje hace su propia pirueta.


Sin embargo, la narrativa de esta gran cinta se nos presenta en todo momento más sobria y pausada que la de “Reservoir Dogs” y “Pulp Fiction”, y también más lineal. Tarantino buscaba, tal vez, en este filme, despojarse de artificios para redondear una película negra más cercana al clasicismo que las anteriores, aunque también con sus toques de modernismo. La estética y la banda sonora son un sentido y nostálgico homenaje al cine setentero y a la serie B, y en concreto al género del “blaixplotation”, personificado en la protagonista, una excelente y cautivadora Pam Grier a la que Tarantino, como a John Travolta en su momento, da un papel importante en aras revitalizar su carrera, entonces de capa caída. El resto de los actores están también geniales: Samuel L. Jackson crea a uno de sus grandes personajes (injustamente olvidado el inolvidable Robbie), Robert De Niro es verdaderamente entrañable, Michael Keaton muy solvente, Bridget Fonda divertida yRobert Forster está como nunca, sobrio, comedido y destilando amor por todos sus poros (tal vez el mejor carácter del filme junto a Grier y Jackson, con los que instaura una genial trilogía de personajes interrelacionados). La trama, que comienza como un retrato humorístico más del mundo de las mafias y de los traficantes de drogas y armas, termina resultando una mezcla entre drama y comedia redentores con un desenlace inesperdamente tierno y resuelto con un comedimiento y una madurez ejemplar. “Jackie Brown” es un filme que hay que reivindicar sin parar.

jueves, 3 de febrero de 2011

PULP FICTION de Quentin Tarantino - 1994 - ("Pulp Fiction")


Los jóvenes Pumpkin y Honey Bunny se aman locamente, y por eso van a cometer un atraco en la cafetería en la que están sentados desayunando. Vincent y Jules son dos asesinos a sueldo que pasan por una tremenda crisis personal: Vincent se siente atraído por la bella actriz fracasada Mia, que le sigue el juego a pesar de que es la mujer de su jefe, el poderoso mafioso Marsellus Wallace; y Jules se está planteando dejar su existencia criminal porque un milagro le ha salvado de morir en un tiroteo. Butch es un boxeador que ha hecho un trato con Marsellus: tiene que perder el combate que éste ha amañando. Pero no lo pierde, y ahora tiene que huir rápidamente de Los Angeles, la ciudad en la que todo se desarrolla… Todas estas historias se unen en una única gran historia.


Después de su debut con la genial e imprescindible “Reservoir Dogs”, Quentin Tarantino terminó de darle su vuelta de tuerca definitiva al género negro tradicional con “Pulp Fiction”, su segunda obra, la película que terminó de confirmarle como uno de los cineastas más originales y renovadores de su tiempo y que le instaló en el podio de un cine comercial de cierta independencia en las formas y en el fondo que creó adeptos, fanáticos y mediocres copistas de su estilo por todo el mundo. Llegó la tarantinomanía y con ella la supersobrevaloración de este cineasta, que no es un mal creador pero que (y se ha demostrado con el tiempo) tampoco es el maestro del séptimo arte que muchos siguen pensando que es. Como “Reservoir Dogs”, “Pulp Fiction” (homenaje a las míticas revistas negras baratas “pulp”) hace de un atracón de vistosa violencia un espectáculo cotidiano de variedades de humor negro, romance, intrigas y constantes referencias culturales y contraculturales norteamericanas en donde el tratamiento de la mencionada violencia es completamente surrealista y delirante, desprejuiciado y hasta alegre, mezclando el humor más inteligente o más canalla con macabras o aberrantes escenas de inusitada brutalidad e, incluso, momentos ciertamentes intimistas y delicados (“Pulp Fiction” tiene algunas geniales escenas de puro drama triste y desolador). Narra Tarantino en su película más famosa un grupo de historias de varios personajes del mundillo de la mafia que se muestran aparentemente desordenadas pero que en realidad se encuentran meticulosamente atadas en un soberbio orden/desorden interno que propicia que se vaya saltando de una a otra e incluso del pasado al presente sin que el espectador se note pertido y haciendo, además, que se rompan ciertos convencionalismos narrativos del cine más tradicional (por ejemplo, hay personajes que pueden morir a mitad de la película para aparecer “vivos” más tarde). Es el de “Pulp Fiction” todo un mundo de azar y de casualidades, de pura arbitrariedad. Los diálogos, que van de “hondos” a triviales, tienen una agilidad pasmosa para fluir y enganchar al espectador sin que éste siquiera se percate de ello, así como el ritmo y el genial montaje, que hacen que casi tres horas de película se pasen en un vuelo (y uno/a quiera más todavía). Los personajes, todos del mundo del crimen de la poca monta o de sus arrabales, son, como viene siendo habitual en Tarantino, bizarros y humanísimos, tan mediocres como dignos, a veces rastreros, a veces grandes, y están interpretados por un magnífico elenco de actores en el que todos sobresalen y brillan con esplendor. Conflictos de amor y amistad se mueven entre ellos, de fidelidad a otros o a uno mismo y de lucha por la vida. Una de las grandes tragicomedias de los noventa.

lunes, 1 de noviembre de 2010

RESERVOIR DOGS de Quentin Tarantino - 1992 - ("Reservoir Dogs")


Seis hombres, algunos desconocidos entre sí, son contratados para atracar una rica joyería por el mafioso Joe Cabot y su hijo Nice Guy Eddie. Los seis usan nombres en clave para que no haya problemas entre ellos: Señor Blanco, Señor Rosa, Señor Naranja, Señor Rubio, Señor Marrón y Señor Azul. El crimen está planificado al milímetro, y, si nada falla, les permitirá a todos regalarse unas largas vacaciones de lujo. Sin embargo, algo falla... La policía ya conoce sus planes y les recibe en la joyería, por lo que han de escapar como buenamente pueden. Escondidos en un viejo almacén, los atracadores, junto a Joe y a Eddie, habrán de reorganizarse para desaparecer del mapa y averiguar quién les ha traicionado dando el chivatazo. La tragedia y la sangre se cierte sobre todos.


Quentin Tarantino, un individuo divertido y malhablado que trabajaba en un videoclub y que no había pisado en su vida una escuela de cine (sí de interpretación, pues empezó a formarse como actor), debutó tras las cámaras a principios de la década de los noventa gracias al productor Lawrence Bender y al actor Harvey Keitel, que, apasionados con el guión del hoy ya clásico y filme de culto "Reservoir Dogs", hicieron posible su rodaje. Nadie lo esperaba (ni él mismo), pero desde entonces ha sido uno de los directores más idolatrados del "cine independiente" norteamericano, un auténtico fenómeno de masas que, con la suerte de poder rodar lo que le venga en gana en cualquier momento y tener dinero para ello (ya que su nombre suele ir acompañado de un éxito seguro), ha podido colocar dentro de la industria (el debate sobre si Tarantino es verdaderamente independiente o no todavía sigue desatando polémica) productos que gozan de una plena libertad creativa (eso nadie lo puede dudar). Su cine se puede resumir con una palabra: collage. Influencias de todo tipo se dan la mano en sus filmes (el cine negro, la comedia negra, el cómic, los dibujos animados, el cine de serie B y de más allá, el western, el cine épico, el cine de artes marciales, el cine de samuráis, el manga, el blackxploitation, el kitsch...), que siempre vienen cargados de homenajes a grandes directores, a clásicos del propio cine, de los dibujos animados y de la música moderna (Tarantino es un gran melómano y sus geniales bandas sonoras lo dejan muy claro), a películas malas pero que por diversas razones son de culto y a sus propias películas (en muchas de sus obras hay "enfrentamientos mexicanos", planos sacados desde el maletero de un coche, menciones a la hamburguesería Gran Kahuna o a los cigarrillos Big Apple, fetichismo con los pies de las mujeres...). Sus personajes, freaks a menudo con estrambóticos alias, se enfrentan entre ellos por asuntos universales como poder, dinero, amor o venganza. Sus filmes son comedias declaradas, pero en casi todos hay un cierto poso de amargura o una sombra de tragedia que termina aplastando a algunos de sus seres. Después de "Reservoir Dogs", Quentin Tarantino volvió a batir réccords de éxito con el nuevo filme negro de culto "Pulp Fiction", que terminó de consagrarle como la estrella que es. Más tarde llegó la genial e incomprendida "Jackie Brown", las dos destacadas entregas de "Kill Bill", el divertidísimo mediometraje "Death Proof" y el filme bélico "Malditos Bastardos". Suyos también son guiones usados por otros directores como los de "Amor a quemarropa" de Tony Scott, "Asesinos natos" de Oliver Stone o "Abierto hasta el amanecer" de su gran amigo y habitual colaborador Robert Rodríguez. Siendo un genial creador con una puesta en escena siempre formalmente impecable, sobresaliente y muy imaginativa a nivel de recursos, me parece algo sobrevalorado Quentin Tarantino. Es un gran maestro del cine moderno, pero en absoluto el revolucionario del cine de los noventa que muchos pretenden que sea.


Película negra completamente desprejuicidada, "Reservoir Dogs", rodada con un reparto casi íntegramente masculino y con cuatro duros en un viejo almacén, narra la historia de un atraco frustrado que da un fresquísimo soplo de aire al género al que pertenece, atraco que no aparece rodado y que el espectador ha de imaginar y que precipita un terrible juego de relaciones personales entre los que lo han perpetrado que, a pesar de su enorme carga cómica (negra y sádica hasta límites insospechados) termina desembocando en una tragedia con el asunto de la traición y de su relación con el deber de fondo. A través de flashbacks que ordenan y desordenan la agilísima trama, el espectador va reconstruyendo lo que realmente ocurrió mientras no para un segundo sumido en la intriga para desenmascarar al traidor del grupo. Los personajes, todos geniales y tremendamente reales, se mueven a través de diálogos completamente triviales y a menudo tremendamente soeces y desquiciados que, homenajeando a todo lo que homenajea siempre Tarantino (desde la música de Madonna hasta las drogas pasando por el sexo, las armas o la comida basura), describen a los personajes a la perfección demostrando el poderío en economizar medios escasos del entonces jovencísimo director (esto unido al hecho de no rodar el atraco, lo que otorga más intriga al conjunto). Mientras, las escenas para el recuerdo se suceden: la primera conversación en la cafetería, la asignación de alias a los protagonistas, la brutal tortura al policía al ritmo de "Stuck in the middle with you" y el baile del señor Rubio, la persecución por las calles a tiros, el "duelo mexicano" final... Por supuesto, todo esto no habría sido posible sin las soberbias actuaciones de todo el reparto del filme, que brilla con luz propia: Harvey Keitel, Tim Roth, Michael Madsen, Steve Buscemi, Chris Penn, Laurence Tierney y el propio Tarantino, que como hace a veces se reserva un pequeño papel secundario. El de Quentin es sin ninguna duda uno de los debuts más importantes de los años noventa. Tras él, "Pulp Fiction" terminó de encumbrarle.