Porco Rosso

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viernes, 22 de marzo de 2013

LA JUNGLA. UN BUEN DÍA PARA MORIR de John Moore - 2013 - ("A Good Day to Die Hard")


John McClane viaja a Rusia para ver a su hijo Jack y ayudarle, ya que éste, apartado de la familia desde hace bastante tiempo, está metido en problemas relacionados con, al parecer, espionaje y asesinato. Cuando llega al lugar, se ve involucrado en una misión de la CIA para proteger a un preso político al que misteriosos poderes quieren muerto... John va a tener volver a ser un héroe a su pesar y va a colaborar con su hijo para resolver una terrible y peligrosa conspiración.


De la misma forma que defiendo la dignidad de "La Jungla 4.0" a pesar de ser una cuarta parte de una saga "revitalizada por la fuerza" por el Hollywood falto de ideas de hoy, digo que "La Jungla: Un buen día para morir", la quinta entrega de las aventuras de John McClane, ahora en los cines, me ha dejado bastante frío. Y no es que la película sea mala, que distraída es, y eso teniendo en cuenta que se trata de una quinta parte (quinta ya, es que se dice pronto) de una saga que abarca cuatro décadas es debir bastante (pocas series llegan medianamente en forma a una quinta parte). La película es correctísima en el aspecto técnico, los efectos especiales son muy buenos y tiene escenas de acción verdaderamente destacadas y rodadas con garra y pulso (la primera carrera por calles rusas, la huída de la trampa o el combate final con todo el estallido del helicóptero son verdaderamente muy buenas), pero le falla su guión y, sobre todo, le fallan sus personajes. El guión falla porque, a pesar de tener una vuelta de tuerca más o menos sorprendente y que ayuda a mantener el interés cuando la película empieza a perderlo un poco, es demasiado lineal, directo y escueto. Y los personajes fallan porque les falta carisma y "chicha". Y eso es imperdonable en el caso de una aventura de John McClane, un héroe que precisamente se ha caracterizado por la ironía constante, el cachondeo y el humor incesante incluso en las situaciones más adversas.


Es una pena, pero el John McClane de "La Jungla: Un buen día para morir" no me ha hecho la gracia del John McClane de los filmes anteriores (sin ir más lejos del John McClane de "La Jungla 4.0", para mi plenamente en forma). Bruce Willis sigue comiéndose la pantalla con su simple presencia pero su personaje tiene menos chistes y los que hay son menos graciosos y menos irónicos que los de los cuatro primeros filmes. Quitando momentos desternillantes como el encuentro con "el bailarín", este McClane se muestra descafeinado y algo seco, y eso es imperdonable porque... Leches, es que estamos hablando de John McClane: este personaje NO puede ser soso, NO se lo puede permitir. Por otra parte, los secundarios no tienen potencia, y eso que alguno viene interpretado por actores tan grandes como Sebastian Koch. Tampoco Jai Courtney, recién salido de la serie "Spartacus", como el hijo de McClane dice algo interesante: es seco, es demasiado serio, y también es plano. Su conflicto con su padre no está bien definido y se resuelve de forma brusca. El villano de la función (cuya identidad no revelo) también adolece de carisma: no es impactante, no da miedo, no es vengativo y, sobre todo, no tiene la química que los demás villanos de la saga tenían con McClane, ese "tira y afloja" que les mantenía toda la película haciéndose putadas sádicas y brutas. Y si esto falla en un villano de la saga de "La jungla de cristal", pues apaga y vámonos.


A pesar de esto, como he dicho, "La Jungla: Un buen día para morir" es disfrutable y es amena y no toma al espectador como un tonto, e incluso tiene ese toque nostálgico de la década de los ochenta (tan de moda ahora) con rusos malvados (aunque por suerte nada politizados) que queda muy gracioso. Incluso John Moore, responsable de bazofias como "Max Payne", hace su trabajo con solvencia y sin meter tonterías que devalúen o vulgaricen a la película. Pero le falta al producto el toque de la saga: se ha convertido en una película de acción normal y corriente, sin mucho destacado. Y eso, insisto, no se lo puede permitir John McClane.

miércoles, 4 de mayo de 2011

MAX PAYNE de John Moore - 2008 - ("Max Payne")


Max Payne es un policía de Nueva York que vive amargado y lleno de odio por el asesinato de su mujer y de su bebé, que quedó sin resolver. Aunque trabaja como administrativo del cuerpo, también es, en su tiempo libre, un incansable espía de los bajos fondos de la ciudad que se resiste a olvidar el caso que le destrozó la vida. Un día, este caso parece, por fin, volver a él: una joven con la que habló brevemente en una fiesta de criminales aparece brutalmente asesinada y su carnet de identidad es encontrado junto a su cuerpo para culparle del asesinato. Max Payne va a ser perseguido tanto por la policía como por la mafia, pero también va a encontrar las pistas definitivas para resolver el caso del asesinato de su familia.


El irlandés afincado laboralmente en Hollywood John Moore es un mediocre director de filmes comerciales sin personalidad que, centrado en los remakes, debutó encargándose de capítulos de la famosa serie de animación “Rugrats”. Su filmografía se compone del filme de acción “Tras la línea enemiga”, de los remakes sin interés de “El vuelo del Fénix” y de “La Profecía” y del nuevo filme de acción “Max Payne”.


Como muchos vaticinaron, la adaptación para la gran pantalla del videojuego “Max Payne” (uno de los primeros en explotar con todas sus consecuencias los efectos del “tiempo bala”) volvió a ser otro fiasco dentro de este “género” (ya se le puede, de alguna manera, llamar así), que no para de aportar disgustos a sus fans (desde que empezaron a producirse, las adaptaciones de obras de estos medios de entretenimiento se han destacado tristemente por resultar, salvando a unas poquísimas y honrosas excepciones, verdaderamente horripilantes). La película es simplona hasta decir basta: el policía Max Payne, un Mark Wahlberg bastante aburrido de su papel, arrasa, para vengar el asesinato de su esposa, de su bebé y de su compañero de trabajo, con toda una organización criminal camuflada de compañía farmacéutica casi sin ayuda (una mafiosa que también quiere vengar a su hermana y un detective interpretados respectivamente por Mila Kunis y por el cantante Chris Ludacris le echan una muy pequeña manita). La película, dirigida con un estilo videoclipero pastoso y a veces irreal y cansino para la vista por el mediocre John Moore, es una cascada de acción anodina (con escenas previsibles que no tienen nada que ofrecer) sazonada con toques de misterio muy tópicos y predecibles. La trama principal, basada en el clásico juego de traiciones, no funciona: lo de las drogas para formar a soldados perfectos es una chorrada inmensa, y todavía más idiota es el hecho de que todos los que las toman vean las mismas alucinaciones, consistentes en verse atacados por unas gárgolas demoníacas por cierto bastante cutres. Esta trama por si no fuera poco es además incoherente en ciertos momentos, especialmente en todo lo que tiene que ver con las mencionadas alucinaciones (asesinatos sin lógica, cadáveres despedazados de manera absurda, un villano secundario que aparece y desaparece cuando y donde le viene en gana…). Los personajes, entre los que faltan muchos de los más interesantes del videojuego (al que encima la película no es del todo fiel), para colmo son planísimos, incluido el propio Max Payne, cuya relación con su familia muerta y con el villano principal (un flojito y sin mucho carisma Beau Bridges) apenas aparece esbozada. “Max Payne” es otra adaptación de videojuego anodina, aburrida y ridícula. Nada nuevo, por otra parte.