Porco Rosso

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domingo, 11 de junio de 2017

BEN-HUR de Timur Bekmambetov - 2016 - ("Ben-Hur")


Imperio Romano. Reinado de Octavio Augusto. Judá Ben-Hur, noble judío de la ocupada Jerusalén, lleva una vida tranquila y dedicada a los caballos, su pasión, junto a su mejor amigo, el romano Messala, al que considera un hermano. Los tiempos, sin embargo, son convulsos, y las rebeliones contra el césar son constantes mientras que surgen nuevos profetas que enseñan al pueblo nuevas formas de vida. Y algo terrible e inesperado está a punto de separar las vidas de Ben-Hur y Messala.


El año pasado, el ruso Timur Bekmambetov dirigió este remake o nueva versión o como se le quiera llamar de la mítica "Ben-Hur", que ya anteriormente a la película famosa de William Wyler y Charlton Heston había tenido otras cuantas, desde un cortometraje en el primigenio para el cine 1907 hasta su primer largo de 1925 pasando por filmes animados para la televisión y hasta adaptaciones al cómic. En fin, que aunque la versión de 1959 es la que ha prevalecido por su indiscutible calidad, esta historia de venganza y de propaganda cristiana ha conocido muchas formas. "Ben-Hur" de 2016 fue vapuleada sin piedad en general, y prácticamente todo esto ocurrió en base a la esperable comparación con la de William Wyler. Yo tengo que decir que a mi no me parece horrorosa en absoluto, y Timur Bekmambetov no es que me resulte un director imprescindible ni de lejos, ni siquiera bueno o digno de seguir salvo cosas cachondas y desprejuiciadas como su "Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros". Volvemos a tener la historia básica que ya nos conocemos con algunos cambios. Sí, casi todos para peor. Pero eso no hace al filme dejar de ser disfrutable. La historia de amor homosexual oculta entre Ben-Hur y Messala no existe (y si existe pues yo ni me he enterado porque no he visto nada de nada, ni siquiera sugerido), el desarrollo psicológico es bastante más discretito (los personajes son más maniqueos), los secundarios son flojos (el Morgan Freeman con rastas se salva algo, los demás aportan poco) y los escenarios, aunque están bien recreados, a pesar de contar hoy con muchos más medios son una burda copia de los del filme original, que estaban todos construidos y que todavía hoy siguen resultando colosales. La historia también se vuelve más políticamente correcta, aunque estemos en 2016 y no en 1959 (lo cual tiene delito), pero también la propaganda cristiana, presente en la novela y en los anteriores filmes, es menos cansina. Como puntos acertados, las escenas de acción están bien y a mi por lo menos no me parecen malos actores Jack Huston y Toby Kebell: creo que tienen química. En fin, "Ben-Hur" de Timur Bekmambetov no cautivará a generaciones, pero tampoco creo que merezca ser despellejada sin piedad. Hay películas mucho peores e incluso para lo que suele hacer su director creo que es hasta destacada.


miércoles, 8 de diciembre de 2010

BEN-HUR de William Wyler - 1959 - ("Ben-Hur")


Imperio Romano. Reinado de Octavio Augusto. Judá Ben-Hur, noble judío de la ocupada Jerusalén, ha atentado contra la vida del nuevo gobernador romano de la ciudad por un error fatal: sin querer deslizó un ladrillo suelto del tejado de su palacio que fue a golpearle en la cabeza. Condenado a ser un esclavo y, como los peores criminales y rebeldes, a remar de por vida en las galeras, Ben-Hur pide ayuda al tribuno Messala, su mejor amigo... Que le niega esta ayuda y lo abandona a su injusto castigo. Ben-Hur, presa de la desesperación y de la rabia, jura volver a Jerusalén algún día para vengarse. Y años después vuelve, en efecto, a su tierra. Y vuelve desde la misma Roma convertido en un patricio rico e influyente. Sin embargo, algo más va a cambiarle para siempre: su encuentro con un misterioso hombre llamado Jesús de Nazareth.


Sobrino del productor Carl Laemmle, William Wyler entró por recomendación suya a trabajar en la Universal como técnico publicitario, labor que ejerció hasta pasar, progresivamente, a ayudante de montaje, a director de cortometrajes y a director de largometrajes en la época muda. Muy pronto destacó como uno de los mejores cineastas de su generación. Autor todoterreno como pocos, vivió el tránsito del cine silente al sonoro sin decaer y tocó todo tipo de géneros y en todos destacó. Con gran dominio del ritmo y del montaje, sería un maestro del espectáculo visual, aunque sin dejar el fondo de sus obras de lado (sería un genial retratista psicológico del hombre y de la mujer, además de gran director de actores y sobre todo de actrices). Soberbio adaptador literario, nos dejó innumerables obras cumbre del séptimo arte de todo tipo, especialmente dramas, como son “Callejón sin salida”, “Jezabel”, “Cumbres borrascosas”, “La carta”, “La loba”, “La señora Míniver”, “Los mejores años de nuestra vida”, “La heredera”, “La gran prueba”, “La calumnia” y “El coleccionista”; aunque también rodó thrillers como “Caballero y dragón”, “Brigada 21” y “Horas desesperadas”, westerns como “El forastero” y “Horizontes de grandeza”, comedias como “Vacaciones en Roma” y “Como robar un millón y…”, musicales como “Funny Girl” o filmes de aventuras históricos/bíblicos como el comentado “Ben-Hur”. Acusado de férreo academicista, de superficial, de impersonal, de “comercial” y de preocuparse únicamente de la visualidad de sus películas, al igual que Cecil B. De Mille, lo cierto es que William Wyler tocó en numerosas ocasiones temas sociales mostrando claramente los lados más oscuros y los fracasos del sueño americano o la hipocresía de la sociedad de su tiempo, algo que muy pocos recuerdan. Se observa en “Jezabel”, en “Los mejores años de nuestra vida”, en “Dead end”, en “La calumnia”, en “Desengaño”… Injustamente criticado en su tiempo, nadie duda hoy que sea uno de los grandes directores del Hollywood dorado.


Obra épica cumbre de la época, amada y odiaba a partes iguales, “Ben-Hur”, basada en la novela homónima profundamente cristiana de Lewis Wallace, del siglo XIX, se erige como una de las mejores películas de aventuras históricas de todos los tiempos. Concebida para salvar a la MGM de un serio aprieto financiero, pues se encontraba al borde de la bancarrota, la película que nos ocupa batió récords de taquilla y levantó aún más si cabe a su protagonista, el gran Charlton Heston, a la idolatría (habia ya protagonizado maravillas como “Los Diez Mandamientos”, “Horizontes de grandeza” o”Sed de mal”). Más de tres horas de metraje emplea William Wyler para recrear una inolvidable trama de violencia y de brutalidad y de amistades rotas, traiciones, venganzas, amor, perdón, redención, viajes interiores y exteriores y conspiraciones en la Antigua Roma que está a punto de ver nacer al cristianismo, una de las épocas más apasionantes de la vida de la humanidad, época que viene recreada a la perfección y con todo lujo de detalles gracias a la excesiva producción que llevó a cabo el equipo del filme (que recibió numerosas críticas en su momento) y que hizo posibles unos escenarios colosales y llenos de realismo, una fotografía de ensueño, un vestuario rico como pocos, trescientos cincuenta actores con diálogo propio, más de cincuenta mil extras y unas escenas de acción soberbias entre las que destaca la de la legendaria y mil veces referenciada, homenajeada, parodiada e imitada carrera de cuádrigas en el hipódromo, que costó un millón de dólares en planificación. Nominada para doce Óscars, “Ben-Hur” batió un récord en su día ganando todas las nominaciones excepto una, récord que sólo igualó “Titanic” de James Cameron en 1999, cuatro décadas después. Con un guión que llegó a tener cuarenta versiones distintas, este genial espectáculo visual y narrativo es, como otros tantos de su momento, un claro panfleto de propaganda cristiana, como lo era ya la novela de Lewis Wallace, panfleto que no por ello deja de deslizar una sugerente y discutida historia de amor homosexual entre el propio Ben Hur y su amigo, el traidor Messala (un genial Stephen Boyd).