Porco Rosso

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sábado, 25 de febrero de 2017

LA GRAN MURALLA de Zhang Yimou - 2016 - ("The Great Wall")


Siglo XV. Los mercenarios William Garin y Pedro Tovar, inglés y español respectivamente, llegan a China huyendo de bandidos nómadas mongoles y, concretamente, a su Gran Muralla. Allí, son rescatados y hechos prisioneros por unos soldados chinos que no se fian de ellos por ser occidentales. Pronto, descubren algo... La muralla fue construida para defender al país de algo que no era humano...


Zhang Yimou, desde hace unos cuantos años, ha perdido la brillantez de sus primeras etapas. Es un hecho. Ha alternado desde la muy floja "La maldición de la Flor Dorada" filmes magníficos ("Amor bajo el espino blanco", "Regreso a casa") con otros muy fallidos como el primero mencionado o "Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos". Bueno, imagino que todos los autores se agotan y llega un momento en el que meten sus patas. Vaya, a prácticamente todos les pasa (y ayer mismo hablábamos de los últimos diez o doce años de Woody Allen y sus irregularidades constantes). Sin embargo, "La gran muralla" es, tristemente, la peor película de Zhang Yimou hasta la fecha. Me encanta la aventura y no veo ningún problema en que el director, un maestro del drama, cambie de género (ya lo ha hecho varias veces: con "Hero", "La Casa de las Dagas Voladoras" etc. y con buena fortuna). Lo que no es de recibo es que la película de marras sea tan mala. Porque es mala. No porque tenga escenas de vergüenza ajena ni diálogos especialmente horripilantes, sino porque toda su trama es un timo deslavazado que no va a ninguna parte y que al espectador deja pronto de importarle lo más mínimo. No hay ninguna explicación coherente de la invasión de China por parte de los lagartos esos gigantes contra los que los protagonistas luchan. No la hay. Y todos nos quedamos con cara de tontos. Luego, los protagonistas están mal delineados. La historia de amor del principal encarnado por Matt Damon con la luchadora china es sosa como pocas y no tiene alma. La relación de este protagonista principal con su compañero y amigo tampoco está bien desarrollada. Y ya de los secundarios ni hablamos: ni uno tiene importancia y todos, absolutamente todos, son meros apuntes. En especial es terrible el de Willem Dafoe, que es un actorazo pero cuyo personaje está ahí no sabemos muy bien por qué y con unas motivaciones difusas y gratuitas que van de un lado a otro sin orden ni concierto.


Finalmente, si la trama de "La gran muralla" es oscilante y está mal explicada, también está el ritmo muy mal llevado entre escenas dramáticas de andar por casa (a nadie le importan de lo mal dibujadas que están y del poco nervio que tienen) y escenas de acción aturrulladas, repetitivas y cansinas. Para colmo, la visualidad de la que hace gala siempre Zhang Yimou, con su uso expresivo del color y su inmensa fotografía y cuidadísima composición de encuadres tampoco está aquí. Hay escenas bonitas, pero nada más, que no sugieren nada y que no inspiran apenas gozo estético: parece que la maquinaria más comercial de la industria masiva ha suprimido hasta esta seña de identidad del director chino. En fin, "La gran muralla" es el gran patón de este gran creador hasta la fecha. Esperemos que sea solamente puntual y que no lo repita, porque vaya película aburrida y poco interesante que se acaba de sacar de la manga.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

REGRESO A CASA de Zhang Yimou - 2014 - ("Gui lai")


Lu Yanshi, preso político chino, es liberado cuando termina la fracasada y opresiva Revolución Cultural y regresa a su casa con su mujer Feng y con su hija adolescente. Allí, se encuentra con un panorama desolador: la primera ha perdido la memoria y no le reconoce. Lu va a tener que buscar la manera de hacerle ver que él es el marido al que espera con ansia día tras día.


Zhang Yimou, en su última película hasta la fecha, ha retornado una vez más a la aberrante Revolución Cultural de China para narrar otra historia de sus estragos. "Regreso a casa" es una película algo atípica dentro de su filmografía. Por una parte, incluye algunos de sus elementos habituales, pero por otra se desmarca de su cine de siempre, especialmente en lo que a estética se refiere. Tenemos un drama en el que la protagonista es una mujer socialmente marginada, y tenemos una historia de rasgos minimalistas con un mensaje social revisionista sobre la etapa histórica represiva en China. Tenemos, por otra parte, una estética que nada tiene que ver con la habitual en Yimou: se retrata una ciudad gris, sin colores que expresan el estado de ánimo de sus habitantes, de forma sobria. El maestro chino del cine se aleja aquí de sus habituales representaciones y se sumerge en un realismo visual más duro del que nos tiene acostumbrados (hasta en sus obras más realistas, que son las más numerosas, siempre ha existido una correlación entre la estética y los colores y el ánimo de sus personajes). Ahora la ambientación es fría, invernal en gran parte, nublada incluso cuando llega la primavera. Es la representación de una época gris, sin alicientes, de represión y de estupidez, una época perdida para China. Y hay otra metáfora: los protagonistas luchan contra el olvido, contra la falta de memoria, y esto es sintomático de esta referida época, que ya pasó pero que debe permanecer en la mente colectiva a toda costa. Zhang Yimou vuelve a narrar cómo el fanatismo político destroza las vidas de seres comunes, normales y corrientes, que se ven abocados a una existencia mediocre de obediencia ciega o de persecución implacable. Intransigencia pura en el nombre del sueño comunista que resultó ser, como otros tantos, una patraña, y que terminó en la peor de las dictaduras.


El estilo narrativo de "Regreso a casa" es delicado, directo y lineal, perfectamente adecuado. Los diálogos son preciosos y hay escenas que son capaces de emocionar sin una sola palabra. Y los actores están como siempre estupendos, en especial Chen Daoming y la eterna y nunca decepcionante Gong Li. Puro Yimou que vuelve a poner toda la carne en el asador en otra de sus mejores películas (es de 2014 realmente, pero aquí en España se ha estrenado en los cines este año, aunque ya circulaba por la red antes, evidentemente). "Regreso a casa", con un desenlace inolvidable, es una dura parábola de unos tiempos despreciables en la política y en la moral. Tal vez creo que le falta ser más incisiva en lo que a la referida política se refiere, valga la redundancia, pero creo que metafóricamente cumple de sobra (ya sabemos que en China la libertad de expresión todavía hoy brilla bastante por su ausencia y Zhang Yimou, como otros tantos de su generación, ha tenido que recurrir muchísimas veces a la representación simbólica o a la ambientación en épocas pasadas para desarrollar sus críticas sociales).


lunes, 6 de junio de 2016

LAS FLORES DE LA GUERRA de Zhang Yimou - 2011 - ("Jin Ling Shi San Chai")


1937. Segunda Guerra Chino-Japonesa. John Miller es un maquillador de cadáveres y timador norteamericano que vive en China en estos momentos y que llega a una iglesia cristiana de la destrozada ciudad de Nankín para preparar el cuerpo del párroco del lugar. Allí, se cruza por casualidad en el camino de un grupo de estudiantes adolescentes y de otro grupo de prostitutas. Todos intentan sobrevivir como pueden a la barbarie de los invasores japoneses. La vida de John, que no quiere implicarse mucho en el conflicto y que incluso se aprovecha de la miseria ajena, va a cambiar cuando sea testigo de una gran injusticia.


Nuevo cambio de género de Zhang Yimou tras las espectacular "Amor bajo el espino blanco". Ecléctico y siempre buscando la experimentación con nuevos géneros (salvo excepciones le suele salir bien cada incursión en terrenos menos conocidos), el director chino nos regaló en 2011 "Las flores de la guerra", basada en la novela de Geling Yan "Las 13 flores de Nanjing", muy famosa y reconocida en China. Se suele olvidar bastante que tanto en las décadas anteriores a la Segunda Guerra Mundial como durante el conflicto el pueblo chino fue, junto al judío, uno de los que más desgracias e injusticias sufrió. Siempre recordamos la barbarie de los nazis en Europa, pero se olvida más veces la que perpetraron los japoneses en Asia, que en creerse un pueblo superior al resto no tuvieron nada que envidiar en aquellos tiempos a los alemanes de Adolf Hitler. "Las flores de la guerra" revisita una época terrible, la Segunda Guerra Chino-Japonesa de los años treinta, en una película que retrata los peores horrores de cualquier guerra, que vienen de la mano de los vencedores, que se ceban a menudo con la población inocente del bando perdedor.  Se le ha acusado a Zhang Yimou de haber realizado con esta película una obra occidentalizada y "hollywoodiense". Puede que lo sea, pero... ¿Qué pasa? No veo el problema, y más en un director que es como he dicho casi siempre ecléctico, que ha rodado desde dramas sociales hasta películas de artes marciales pasando por comedias. Este filme histórico, ricamente rodado, recuerda a las grandes obras del Hollywood clásico, es cierto. Pero vaya, que no veo el problema por ninguna parte. Christian Bale, protagonista occidental en oriente, se enfrenta a un dilema terrible que sacará lo peor y lo mejor del ser humano. Se trata de una obra épica ante todo, pero basada en hechos reales que quiere demostrar que en los peores momentos de nuestra historia siempre han surgido héroes y heroínas que han dado la talla cuando nadie la daba.


"Las flores de la guerra" es una epopeya realista fantástica sobre el sacrificio, sobre la rebelión contra la injusticia y sobre la confrontación entre la maldad y la bondad humanas. Ensalza a los perdedores sociales, que son sin embargo los ganadores morales, los que saben poner las cosas en su sitio con su simple ejemplo. Y es, una vez más, una película en la que se ensalza, valga la redundancia, el valor de las mujeres valientes que reaccionan ante los convencionalismos de su tiempo, que las marginan y la relegan a ser máquinas sexuales o de parir hijos. El drama está perfectamente explotado y sin discursitos morales baratos ni efectismos. Zhang Yimou repite sus temas habituales y hace una gran reflexión sobre el altruísmo y la filantropía en momentos terribles. La estética es maravillosa, como siempre, con una representación histórica esplendorosa, y los actores y las actrices están sencillamente soberbios, absolutamente todo el plantel. "Las flores de la guerra" es otra película espléndida de este gran director chino.


jueves, 10 de marzo de 2016

AMOR BAJO EL ESPINO BLANCO de Zhang Yimou - 2010 - ("Shan Zha Shu Zhi Lian")


China. Ha llegado la Revolución Cultural y la joven Jing se ha tenido que trasladar a un pueblo de montaña para su "reeducación" bajo la represiva mirada de las nuevas autoridades. Allí, en medio del trabajo duro, Jing conoce a Sun, el hijo de un alto cargo del régimen. Entre ambos se crea una atracción especial... Y surge el amor. Sin embargo, este amor es imposible porque los dos pertenecen a mundos radicalmente opuestos. A pesar de todo, van a intentar estar juntos a escondidas... Aunque ello les pueda suponer el mayor riesgo de sus vidas.


Después del fiasco del experimento de "Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos", su fallido remake de "Sangre fácil" de los hermanos Coen, Zhang Yimou se alejó del cine de artes marciales que llevaba tratando desde "Hero" con la excepción de "La búsqueda" y volvió con "Amor bajo el espino blanco" al estilo de sus inicios, el del drama pausado, minimalisma y social. Aunque al parecer él mismo dijo que estaba más interesado en la historia de amor universal de este filme, la crítica a la laureada y finalmente fracasada Revolución Cultural China está bien presente. Retornamos a uno de los temas por excelencia de Yimou: el amor frustrado por una sociedad represiva, visto en "Ju Dou, semilla de crisantemo", "La linterna roja" o "El camino a casa". Yimou repite, pero no se repite. "Amor bajo el espino blanco" es una película tremendamente comedida, delicadísima, llena de silencios cargados de significados ocultos, de amor casi virginal, perseguido por la sociedad. El paisaje es maravilloso y está fotografiado con maestría sin par (la China profunda natural de este director siempre es preciosa), el ritmo se mece como llevado por hilos de seda, los personajes están perfectamente cuadrados en sus papeles y los actores en sus interpretaciones llenas de contención pero que transpiran amor por los cuatro costados. La película es una joyita de su género y de la filmografía de este maestro chino, que nos regaló una vez más lo que mejor se le da hacer.


Es preciso elogiar también la valentía del filme y la crítica política que guarda su trama. Si bien Zhang Yimou había recurrido a épocas del pasado de China para realizar críticas al presente en sus primeros filmes, aquí se acerca más frontalmente a la crítica de la dictadura comunista. Es cierto que hace ya bastante tiempo de esa represiva y terrible Revolución Cultural, pero los efectos de esta época se dejan ver perfectamente en la China de nuestros días, marcada por un pasado comunista como he dicho dictatorial que ha terminado moldeando otra dictadura, esta vez ultracapitalista, que ha afectado a la sociedad china y a sus valores y estructuras sociales como pocas. "Amor bajo el espino blanco" es una pequeña obra maestra, una película casi diminuta, pero muy grande en sus aspiraciones colmadas y en su retrato del amor a toda costa, del amor por encima de toda imposición social, moral o ideológica. Preciosa.


lunes, 18 de enero de 2016

UNA MUJER, UNA PISTOLA Y UNA TIENDA DE FIDEOS CHINOS de Zhang Yimou - 2009 - ("San qiang pai an jing qi")


Wang tiene un bar de tallarines a las afueras de una ciudad del desierto y su esposa lo engaña con Li, su empleado. Wang es avaricioso, egoísta y calculador, y su mujer no se queda atrás. Un día, ella compra una pistola para asesinarle y hace que Li la esconda mientras tanto. Wang sospecha de lo que ocurre y contrata al policía Zhang para que mate a la pareja adúltera. Pero las cosas no salen como esperaba y todo se descontrola... Y todos entran en un infierno de equívocos y violencia.


Zhang Yimou siempre ha intentado innovar y abrir nuevas puertas dentro de su filmografía. A veces la cosa le ha salido bien y otras le ha salido regular y hasta mal. Con "La maldición de la Flor Dorada", su tercer filme hasta la fecha de artes marciales chinas, de 2006, metió bastante la pata (casi por primera vez en su carrera) y con la obra que le siguió, "Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos", le ocurrió más de lo mismo, por desgracia. La película que nos ocupa es un remake libre del debut de los hermanos Coen, la inolvidable "Sangre fácil" (una de las películas preferidas de Yimou), ambientado en la China del pasado y casi mítica que ya había retratado en sus tres anteriores cintas. Interesante a priori, pero tristemente mal ejecutado. Tenemos por una parte una factura visual preciosa, impecable, brillante, verdaderamente seductora (menudos paisajes, menudo vestuario, menudos interiores, menuda riqueza ornamental, menudo uso del color... el maestro no decepciona a nivel estético nunca) y tenemos por otra una trama bastante errática que no se concentra en ningún género en concreto en ningún momento. Tenemos trazos de comedia de situaciones, tenemos comedia negra. tenemos algo de acción suelta (o retazos por lo menos) y tenemos drama y pasiones desatadas. Todo mezclado y todo difuso. Todo sin demasiado sentido global, todo deslavazado y desequilibrado. El espectador cae pronto en el sopor y en el desinterés. Amén de que, aunque la adaptación sea libre (y para eso también son las adaptaciones en parte), el rastro de los Coen no está por ninguna parte y, lo que es más importante, su esencia fatalista y su humor cínico tampoco.


Los personajes que protagonizan la historia tampoco ayudan: son estrambóticos como los de la obra original, pero están excesivamente exagerados y tan deformados e histriónicos resultan que pierden todo el interés (no hay ni rastro tampoco de aquellos seres perdidos y de ese amor ambiguo y criminal de la "Sangre fácil" original: en su lugar hay personajillos grotescos que berrean y hacen el cazurro y ponen caras feas y gesticulan como en una mala película muda). Zhang Yimou arriesga bastante, lo cual es siempre muy loable, pero esta vez no acierta en casi nada. Las comparaciones a veces son odiosas, pero independientemente de esto "Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos" no pasa el corte, con todo el dolor de mi corazón porque el director de "Sorgo rojo" es uno de mis cineastas preferidos. Un patón de Zhang Yimou, que por suerte volvería al buen camino con su siguiente obra, la extraordinaria "Amor bajo el espino blanco".


jueves, 3 de diciembre de 2015

LA MALDICIÓN DE LA FLOR DORADA de Zhang Yimou - 2006 - ("Man cheng jin dai huang jin jia")


China. Siglo X. Dinastía Tang. Las fiestas de Chong Yang se acercan y todo el palacio real está de gala y sembrado de flores doradas. El Emperador vuelve de batallar junto a su hijo Jai, gran guerrero, para celebrarlas con su familia. Sin embargo, no hay lugar en su castillo para la felicidad: espías rivales se esconden en todas partes, el pueblo es hipócrita y le detesta en secreto y su mujer le odia y él cree que trama algo con sus otros hijos. Pero el Emperador también tiene sus propios planes... La sangre va a correr muy pronto por todo el palacio.


Después del paréntesis de "La búsqueda", Zhang Yimou retornó a las artes marciales en la que hasta ahora ha sido su última incursión en este género con "La maldición de la Flor Dorada", una de sus películas más ambiciosas pero, sin embargo, una de las más fallidas, por lo menos para mi gusto. Basada en la obra "La tempestad" del chino Cao Yu, "La maldición de la Flor Dorada" es, al igual que esta obra, una crítica brutal a la familia tradicional de su país, crítica que, como ha hecho en otras ocasiones, Yimou ha ambientado en el pasado (tal vez para no tener tantos problemas con la censura). Mezcla de costumbrismo con acción, de cine de artes marciales con thriller palaciego, es una fábula sobre la ambición, el poder, el honor, el amor y el desamor, el odio, la injusticia, el machismo y el clasismo, las tradiciones absurdas, la hipocresía y la tiranía. Por desgracia, la película falla en algunos aspectos esenciales para que resulte satisfactoria. Sus personajes, aunque están perfectamente interpretados por un plantel magistral, no poseen demasiada hondura y las relaciones que se dan entre ellos están surcadas por bastantes lagunas.


Por otra parte, el ritmo de la trama no está bien medido, y eso que Zhang Yimou siempre ha sido capaz de hacer interesante hasta el minimalismo más estricto. Las dos partes de la película tampoco están bien compensadas: la primera es casi interminable y tiene al menos veinte minutos de costumbrismo estático que sobran, mientras que la segunda es un festival de acción, combates y sangre en el que la trama se precipita y termina concluyendo de una manera bastante brusca. Visualmente "La maldición de la Flor Dorada" es un vehículo de lucimiento para Yimou en el que demuestra que es un maestro indiscutible del cine, Pero, por desgracia, lo demás falla.


La fotografía de este filme es una de las más hermosas de toda la filmografía del director de "Sorgo Rojo", que es un genio diseñando y manejando escenarios (aquí barrocos hasta las extenuación pero siempre equilibrados), luz, colores expresivos, coreografías, combinación de imagen y música, vestuarios, interiores y exteriores naturales. Todo brilla esplendorosamente en el filme, desde las vestiduras, las armaduras y las armas hasta la oscuridad y la sangre. Toda la película es una desmedida orgía visual que se disfruta sin cesar. Sin embargo, cuando el guión falla, falla, y el círculo no se cierra. "La maldición de la Flor Dorada" es una delicia para los ojos con un fondo desequilibrado y a veces hasta mediocre. Una pena. Pero bueno, todos los directores, hasta los más grandes, meten sus patones de vez en cuando.


lunes, 28 de septiembre de 2015

LA BÚSQUEDA de Zhang Yimou - 2005 - ("Qian li zou dan qi")


Hace muchos años que el japonés Gouichi Takata no se habla con su hijo Kenichi, con el que se enemistó de una forma brutal. A pesar de todo, cuando recibe la noticia de que éste tiene cáncer y de que posiblemente va a morir pronto, acude a verlo al hospital. Por desgracia, Kenichi se niega a recibirlo: parece que ya es demasiado tarde para que ambos reanuden su relación. La mujer de Kenichi, sin embargo, le entrega una cinta de vídeo en la que tal vez pueda estar su redención... Gouichi, por amor a su hijo, va a realizar un largo viaje a China en el que va a encontrar algo más que el perdón...


Entre sus dos wuxia "La Casa de las Dagas Voladoras" y "La maldición de la Flor Dorada", Zhang Yimou rodó otra de sus más habituales historias minimalistas de relaciones personales. "La búsqueda", aunque es menos social que otras de las películas de este tipo del director, es igualmente preciosa. Con un ritmo pausado, contemplativo, que hace un especial hincapié en el valor emocional del paisaje (por supuesto, con la fotografía llena de expresividad y un tratamiento también emocional y narrativo del color), Yimou narra la historia de un padre que, después de haberse distanciado durante años de su hijo, decide realizar un viaje muy largo para demostrarle su amor y redimirse de sus errores y dejar atrás el peso del pasado. Mezcla, además, a dos culturas que historicamente tienen episodios de enemistad y también de guerra y muerte: la de su país, China, y la del vecino Japón. También mezcla a los actores y actrices de las dos naciones. El genial intérprete Ken Takakura, japonés, está absolutamente soberbio, inolvidable, como el protagonista del filme, como el padre que recorre tantos kilómetros para reencontrarse con su hijo y que por medio del viaje haya la revelación y el sentido de su existencia. Yimou traza su periplo con una delicadeza sin par, con una observación aguda de todo lo que ve y le pone en el camino a personajes llenos de interés de complementarán su visión de la vida y de sus actos y actitudes.


Es bien cierto que "La búsqueda" recuerda a la también inolvidable "Una historia verdadera" de David Lynch. Ambos directores son dos maestros y ambos saben contar como nadie este tipo de historia. El retorno a la China rural de Zhang Yimou se saldó en aquel 2005 con otra de sus obras más preciosas, un sincero canto al perdón que se puede interpretar como un canto metafórico al perdón dirigido a la mencionada China y a Japón, que tuvieron su brutal enfrentamiento durante la Segunda Guerra Mundial, y un canto a las capacidades curativas del arte, que es capaz de unir a las personas ante toda clase de circunstancias. Excelente cinta. Después de ella, Yimou volvería a las artes marciales y a la acción con "La maldición de la Flor Dorada".


jueves, 20 de agosto de 2015

LA CASA DE LAS DAGAS VOLADORAS de Zhang Yimou - 2004 - ("Shi mian mai fu")


China. Año 859. La antes poderosa y próspera Dinastía Tang se está viniendo abajo entre la decadencia de sus líderes y las corrupciones y conspiraciones internas que la acosan. El pueblo está harto de esta situación y están estallando rebeliones a lo largo de todo el reino. Ha surgido, por si fuera poco, un grupo conocido como La Casa de las Dagas Voladoras que, descontento con el sistema, planea derrocarlo para instaurar un nuevo orden. Mei es una bailarina ciega que, según sospecha la policía, está relacionada con dicho grupo. Jin y Leo, dos capitanes de esta policía, van a seguirla para intentar descubrir dónde está la sede de La Casa de las Dagas Voladoras. Un juego de verdades y mentiras se abre ante ellos, un juego donde nada es lo que parece ser...


El discutido Zhang Yimou que tras décadas realizando básicamente retratos sociales de su país (China) se pasó en "Hero" a dirigir cine "wuxia" (cine de artes marciales chino en el que se suelen mezclar estas artes marciales con comentarios y lecciones filosóficas), volvió a la carga a pesar de las críticas dos años después con "La Casa de las Dagas Voladoras", otra película excelente e incluso más perfecta que la anterior en la que demostraba, una vez más, que era un director "todoterreno" capaz de afrontar toda clase de retos. Historia de amor en tiempos de guerra, historia de artes marciales y aventuras y sobre todo parábola política que hace referencia a nuestros días, "La Casa de las Dagas Voladoras" presenta, como su antecesora, la mencionada "Hero", una historia en la que la realidad y la mentira se contraponen y se solapan sin cesar para construir un fresco social en el que ningún personaje y ningún bando enfrentado es lo que parece ser. La crítica a la China de nuestros días subyace, como en tantas buenas películas históricas orientales que tienen que camuflar sus asuntos reales debido a censuras varias, en la trama de unos héroes que en una guerra del pasado descubren que no hay esplendor ni gloria en dicha guerra y que todos los bandos que toman parte en ella, todos, incluso los a priori más "justos" y "bondadosos", tienen un lado oscuro con intereses que no entienden de ahorrar sacrificios personales de ninguna clase. El segundo "wuxia" de Zhang Yimou, acusado por los gafapastas intransigentes de siempre de dejar de lado el retrato social que hizo famoso al director chino mundialmente, nunca dejó de ser, valga la redundancia, un retrato social. Es puro Yimou, y quien no quiera verlo que está bastante ciego.


"La Casa de las Dagas Voladores" hace referencia a nuestros días, a las crisis de valores, a las injusticias de las guerras, a las arbitrariedades históricas que se llevan por delante a inocentes, a los sistemas opresores y a las revoluciones que lo prometen todo y que terminan siendo otra versión más del poder establecido, el mismo perro pero con un collar diferente. Hay personas que han visto en esta película incluso un manifiesto anarquista. Puede ser: tiene todo el sentido, desde luego. Sobra decir que estéticamente es una pasada, que sus escenarios naturales e interiores, su vestuario, su uso emocional del color (la marca de la casa), sus escenas de acción y de lucha y sus interpretaciones son magistrales. Preciosa y perfecta película.


viernes, 12 de junio de 2015

HERO de Zhang Yimou - 2002 - ("Ying Xiong")


China está sumida en el caos; diversos reinos luchan entre ellos por hacerse con el poder y la población mientras sufre los azotes de la violencia y el hambre. Un guerrero conocido como "Sin nombre" se presenta en el palacio del Rey Quin, que intenta unificar a toda China bajo su mandato, y le presenta las tres espadas de tres asesinos del reino de Yao que pretendían acabar con su vida. El misterioso guerrero cuenta al Rey cómo los venció... Empieza una historia de oscuridad y de luz llena de sorpresas.


A Zhang Yimou le llovieron tortas cuando se pasó, momentáneamente, a dirigir películas de artes marciales (concretamente del género wuxia, un género especial chino que mezcla estas artes marciales con filosofía). Ya se imaginan: que si había traicionado el cine social, que si había abandonado la pureza de sus inicios, que si el protagonista de su nueva película era Jet Li (madre mía, qué horror de los horrores...), que si iba a acabar vendiéndose a Hollywood o a Hong Kong, que si pitos que si gaitas. Creo que cambiar de género es un síntoma de buen director, y desde luego Zhang Yimou lo es y lo era antes de hacerlo. Salvo la más floja "La maldición de la Flor Dorada", los filmes wuxia que hasta ahora ha realizado el director chino son desde luego excelentes (los otros dos son ésta "Hero" y "La Casa de las Dagas Voladoras") y, además, no han perdido el mensaje social que ha caracterizado a casi toda su obra. "Hero" es una delicia. Argumental y visual. Su trama es un alarde de hilado de guión: atrapa desde el primer minuto hasta el último y sumerge al espectador en un implacable juego de dobles sentidos, de apariencias y realidades, de sucesos enlazados, de engaños conscientes. Es exquisita en todos los aspectos y se comporta como una muñeca rusa llena de sorpresas. Por otra parte, los personajes lo son también: contra todo pronóstico (o mejor dicho contra todo prejuicio) los protagonistas de la película están perfectamente desarrollados en sus motivaciones. Yimou trata por medio de ellos asuntos como el amor, la amistad, la lealtad, el patriotismo, el sacrificio, la lucha por un ideal, la compasión, la libertad. Y, además, están todos maravillosamente interpretados por un elenco en total estado de gracia.


En lo visual, "Hero" es simplemente soberbia. Su fotografía es una de las más perfectas que su director ha conseguido nunca. Puro Yimou elevado a la máxima potencia. Los decorados son esplendorosos, los trajes y las armaduras brillan, las telas se mueven con una gracia sin par y por supuesto el uso de color con un significado especial en según que escena es un protagonista absoluto (marca de la casa del cine del maestro chino). Finalmente, las escenas de acción son también soberbias: un prodigio total y delicioso, un inolvidable ballet de artes marciales. "Hero" es una cinta fantástica en todos los aspectos, le guste a quién le guste. Ojalá todos los directores al cambiar de género radicalmente lo hiciesen como Zhang Yimou.


domingo, 15 de febrero de 2015

HAPPY TIMES de Zhang Yimou - 2000 - ("Xingfu shiguang")


Zhao es un hombre que ha pasado la cincuentena sin haber hecho nada de lo que quería hacer en la vida y sin haber tampoco tenido suerte en el amor. Ahora quiere casarse con una mujer más joven que él, una gorda desconsiderada con un hijo obeso vago y egoísta que además tiene a su cargo a una niña ciega hija de su anterior marido a la que desprecia. Zhao, a pesar de encontrarse semejante percal, se empecina en casarse con ella a toda costa... Pero es pobre. Entonces, se le ocurre una idea, una idea en la que tomará parte la joven ciega, experta en masajes... La vida de Zhao va a experimentar un giro inesperado.


Muchas veces, para distinguir a un director simplemente bueno de un director genial, sólo hay que observar cómo llevan a cabo ambos las historias a priori (a priori) más "comunes" y, por qué no decirlo también, típicas, tópicas y hasta sensibleras. El primero hará una comedia o un drama olvidable, y el segundo hará una joyita, mayor o menor en su filmografía, pero una joyita. Un director malo, por supuesto, haría una basurilla de temporada de lagrimita fácil y efectismo emocional barato. Zhang Yimou, tras rodar prácticamente a la vez dos de sus dos grandes obras maestras, "Ni uno menos" y "El camino a casa", entregó, sólo un año después, "Happy times". El filme puede deslucir ligeramente con respecto a sus predecesoras, lo cual es esperable, pero es desde luego una joyita, sí, una muestra de cómo se puede hacer bien un drama de superación sin caer en las tonterías en las que este tipo de dramas suelen caer. Tenemos una niña ciega, tenemos a un hombrecito pasada la cincuentena que se siente muy solo y fracasado y tenemos una situación triste: la familia de la niña ciega no la trata bien porque está compuesta por un atajo de desconsiderados y despreciables seres emocionalmente lerdos. En manos de directores malos o normalitos habríamos tenido la historia de siempre contada de la misma forma de siempre con la misma moralina de siempre. En manos de este gran director chino, la película es una maravilla pequeña, una pequeña maravilla.


"Happy times" tiene unos diálogos graciosos y lúcidos, un mensaje optimista y esperanzador que no se pasa con la azúcar ni mete a lo bestia una moralina barata, una trama con humor y drama en su justa medida y sobre todo alejada de los efectismos dramáticos que he mencionado antes y la preciosa estética de su director de siempre. El telón de fondo es la China de nuestros días, deshumanizada, socialmente en la brecha oriental-occidental, llena de personas solitarias: la protagonista vuelve a ser femenina y el otro protagonista se enfrenta a un cierto conflicto generacional. No tiene, es cierto, el filme la crítica social frontal que tenían los dos anteriores, "Ni uno menos" y "El camino a casa", pero los creadores tienen que experimentar y Zhang Yimou volvería a sus primeros derroteros más tarde. "Happy times" es una película bonita, limpia, directa, que no da gato por liebre. Otro excelente filme de este gran director chino.


martes, 16 de diciembre de 2014

EL CAMINO A CASA de Zhang Yimou - 1999 - ("Wo de fu qin mu qin")


Luo Yusheng nació en el campo, pero lo abandonó hace mucho tiempo para vivir en la ciudad. Ahora su padre ha muerto y ha vuelto unos días a su pequeño pueblo para la celebración del entierro y para acompañar a su madre en este duro momento. Luo no sabe mucho del pasado de sus padres y nunca ha tenido una relación demasiado estrecha con ellos. Luo está a punto de conocer la historia de amor de ambos, una historia marcada por la rebeldía social y la persecución política que le va a sorprender.


Zhang Yimou estaba de enhorabuena en 1999. Preso de un estallido de creatividad y bendecido por las musas, estrenó dos de sus grandes obras maestras durante ese año: "Ni uno menos" y "El camino a casa". La segunda de ellas es, posiblemente, incluso mejor que la primera, la cual comenté ayer. "El camino a casa" vuelve a ser una historia típica de Yimou en la que una mujer oprimida por la sociedad represiva en la que le ha tocado vivir lucha contra ella y rompe las reglas. Es curioso que el gobierno chino de finales de los noventa hubiese permitido una película como "Ni uno menos", en la que se cuestionaba directamente, sin medias tintas, el sistema educativo del país y otros asuntos como la pobreza, el éxodo rural o la ineficacia y deshumanización de las administraciones. Es todavía más curioso que fuese tolerada "El camino a casa", en la que se hablaba directamente de persecución política. El director chino toca infiminidad de asuntos en una historia aparentemente sencilla sobre el amor más apasionado. Esto es una muestra de su enorme capacidad para sintetizar y crear un fresco social completo de algo que parece ser casi anecdótico. Yimou habla de las diferencias entre el campo y la ciudad, de las bondades y problemas de cada uno, del desfase generacional, de la hipocresía social, de la intolerancia política y cultural, de la familia, de las relaciones entre padres e hijos y por supuesto del amor. La China de nuestros días (el filme tiene sólo quince años; no es demasiado tiempo) termina expuesta sin tapujos. Mucho más que en "Ni uno menos" o que en películas herederas de ésta como "Qui Jou, una mujer china". Mucho más que en "Sorgo Rojo", "Ju Dou" o "La linterna roja", que se amparaban en el pasado del país para hablar de su presente.


"El camino a casa" es una parábola social brutal bajo su envoltorio de historia de amor. El referido amor es básico en su trama, pero es sólo los cimientos de la obra. Como he dicho, en "El camino a casa" se habla de persecución política, de pura intolerancia de un régimen dictatorial como lo fue (como lo es, dicen muchos hoy todavía) el chino de la mayor parte del pasado siglo. Una jovencísima Zhang Yiyi, entonces menos conocida que ahota, es la protagonista de esta obra maestra. Entrega un papel fascinante, sentidísimo, contenido y sufriente en sus justas medidas. El aspecto visual de la película es una maravilla, una preciosidad: el campo es un paraíso de color que, como un personaje más, refleja lo que sus pobladores sienten con su presencia. La cámara es delicada, la narración minimalista pero cargada de significado, el drama está perfectamente dosificado. "El camino a casa" es, posiblemente, la mejor película de Zhang Yimou.


lunes, 15 de diciembre de 2014

NI UNO MENOS de Zhang Yimou - 1999 - ("Yi ge dou bu neng shao")


Con sólo trece años, Wei Minzhi ha sido asignada para ocuparse de la escuela de su pequeño pueblo de la China profunda mientras su maestro oficial cuida, durante un mes, de su madre enferma. Los primeros días parecen marchar bien... Sin embargo, uno de sus alumnos, el pequeño Zhang Huike, abandona el pueblo, acosado por la pobreza, para buscar trabajo en la gran ciudad. Wei marcha en su busca y un itinerario de locura e insolidaridad se abre ante ella, itinerario ante el que no piensa rendirse.


Después de la divertidísima “Keep Cool” Zhang Yimou retornó a la mejor tradición de su cine social para regalarnos las que son dos de sus mejores películas: "Ni uno menos" y "El camino a casa", ambas llegadas a las salas en el mismo año, 1999, y ambas retratos sociales de la China rural más pobre cargadas, sin embargo, de esperanza y de mensajes optimistas, “Ni uno menos”, la primera de ellas, es una historia de denuncia de la pobreza de la mencionada China rural y de las malas condiciones en las que se encuentra la educación en dichos ambientes, obra en la que, como ya ha hecho en otras ocasiones, el director chino compara el campo, cerrado y víctima del abandono institucional casi total, con la ciudad, llena de supuestas oportunidades pero finalmente masificada y también deshumanizada. Con un estilo consciéntemente amateur con rasgos de documental que no descuida una esplendorosa fotografía de paisajes y de interiores, con un color que se convierte en el vehículo de las emociones de sus personajes (la marca casi permanente de la casa) y con unos excelentes actores sin experiencia (eran la mayor parte de ellos habitantes del pueblo en el que se ambienta la cinta), Yimou narra la historia de una adolescente que viaja a la gran ciudad en busca de un niño de su pequeña comunidad que, acosado por la miseria, ha abandonado la escuela para buscar un trabajo. 


La algo fallida "Qiu Ju, una mujer china", que Yimou había rodado años antes, era una suerte de antesala de "Ni uno menos" tanto en el asunto central como en el estilo cinematográfico. En ambas, una mujer desamparada del campo llevaba a cabo una búsqueda desesperada en la ciudad, en un ambiente de egoismo y agobio institucional y social que remite directamente a obras kafkianas como "El proceso". La pobreza, el analfabetismo, la falta de oportunidades de la juventud en el campo, la falta de apoyo a la enseñanza, el éxodo rural, las diferencias económicas y culturales entre esta población y la urbana, la incomprensión y la dejadez de los gobiernos son puestas en tela de juicio por Zhang Yimou de nuevo en "Ni uno menos", que vuelve a crear la polémica en su China natal (y otra vez más) con una de las fábulas sobre la amistad y el sacrificio y la sinceridad de la infancia más hermosas que ha dado la historia del cine.


lunes, 10 de noviembre de 2014

KEEP COOL de Zhang Yimou - 1997 - ("You Hua Hao Shou")


El joven librero Xiao Shuai es abandonado por su novia, la bella An Hong, que prefiere salir con un mafioso también joven y que tiene su propio local nocturno. Indignado, Xiao se decide a darle una paliza a la nueva pareja de su amada… Las cosas le salen mal y, tras dar un espectáculo, acaba rompiendo sin querer el ordenador portátil de un investigador de la Universidad de mediana edad que, a pesar de todo, va a intentar ayudarle a resolver las cosas sin utilizar la violencia. Un largo periplo le espera, un periplo en el que algunas cosas van a cambiar para él cuando el caos se desate.


Después de la fascinante “¡Vivir!”, Zhang Yimou se lanzó a experimentar estéticamente alejándose ligeramente de lo que hasta aquel momento había sido el estilo visual de sus primeras y magistrales películas, las que le lanzaron a la fama (“Sorgo Rojo”, “Ju Dou, semilla de crisantemo”, “La linterna roja”, “Qiu Ju, una mujer china” y la propia “¡Vivir!”) y presentó una obra ciertamente algo menor que las mencionadas pero igualmente destacada en la que se sumergía en un homenaje al cine negro clásico, “La joya de Shangai”. Tras ella, volvió a la carga con “Keep Cool”, una comedia de aire ligero pero, como todas las obras del autor, portadora de un mensaje humanista que en este caso ensalzaba la amistad y la fraternidad. El estilo visual es ahora deudor de la Nouvelle Vague y del cine independiente: nervioso y casi precario, cargado de una brusquedad consciente y de un realismo casi documental, viene además sostenido por la cámara en mano. Dos personajes unen dos tramas distintas pero protagonizadas por ambos en las que sus papeles se turnan: un joven enamorado de una chica que ha dejado de corresponderle y un hombre más mayor que intentará inducirle a no utilizar la violencia con el nuevo amante de su ex novia pero que, finalmente, caerá en ella (tras lo que el joven tendrá que convencerle precisamente de que no la use para conseguir sus propósitos). 


Yimou realiza un divertido dibujo de la China de finales de los años noventa (más abierta a occidente que la que retrató en sus otras películas) que cuenta con, por supuesto, una mujer que, a pesar de resultar aquí frívola e interesada, se lanza a los cambios y se muestra liberada en muchos aspectos en los que los hombres no lo están (como el protagonista joven, bondadoso pero de moral machista un tanto rancia). “Keep Cool” es una hilarante comedia de enredos sobre esta liberación de la mujer, sobre la mencionada amistad y sobre el entendimiento entre personas de diferentes generaciones (la brecha generacional en oriente en general ha sido enorme desde la apertura a occidente). Le faltan, eso sí, unos toques de crítica social más incisivos que especialmente se echan en falta viniendo la película de Zhang Yimou, aunque tal vez ese no fuese el objetivo del cineasta, que quiso experimentar con algo distinto y más ligero. Eso sí, volvió a las andadas más tarde con las maravillosas "Ni uno menos" y "El camino a casa".