Porco Rosso
Mostrando entradas con la etiqueta Clint Eastwood. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Clint Eastwood. Mostrar todas las entradas
martes, 8 de enero de 2019
CARTAS DESDE IWO JIMA de Clint Eastwood - 2006 - ("Letters from Iwo Jima")
1945. Segunda Guerra Mundial. Las fuerzas japonesas se enfrentan a las norteamericanas por la posesión de la pequeña y estratégica isla de Iwo Jima. Japón está perdiendo la contienda, y muchos soldados lo saben. Los hombres están cansados, hastiados, desilusionados. Los altos mandos reciben sin embargo órdenes estrictas y definitivas: resistir o morir. Ante la imposibilidad casi total de ganar, muchos empiezan a suicidarse por no poder salvaguardar su honor. Otros, sin embargo, no están dispuestos a dar su vida por nada... Esto va a enfrentarles al resto.
"Cartas desde Iwo Jima" forma un díptico con "Banderas de nuestros padres". Como ayer comenté, ambas muestran una visión distinta de los hechos acontecidos en la misma batalla, la batalla por la isla de Iwo Jima en 1945, batalla cercana al fin de la Segunda Guerra Mundial. En la primera película Clint Eastwood mostraba el punto de vista de la misma de unos soldados norteamericanos. En ésta, son unos soldados japoneses los que nos llevan a través del horror de la guerra, soldados que son exactamente iguales que los de "Banderas de nuestros padres": hombres normales y corrientes utilizados con desprecio por un sistema para el que son únicamente objetos. En la versión norteamericana, este sistema se servía de la manipulación del patriotismo y del instrumento de la publicidad para convertirles en unos héroes que no eran pero que interesaba que fuesen. En esta versión japonesa, a los protagonistas también se les exige ser estos héroes, pero ya no se les exige a varios combatientes seleccionados, sino a todos ellos sin excepción. No sólo han de matar, sino que también han de morir: por el país, por el honor, por el Emperador.
En "Cartas desde Iwo Jima" es el peso de la tradición más absurda el que oprime a los personajes, que, al igual que los de "Banderas de nuestros padres", son simples supervivientes que salen adelante en una sociedad en la que son algo menos que un número pero que les arrebata sin piedad todo lo que tienen. Procedentes de una cultura milenaria apasionada y a la vez horrorizada por la Muerte, los guerreros japoneses, versión moderna ya decadente de los viejos samuráis, viven presa de un rigidísimo código de honor que considera una deshonra imperdonable el no morir en una contienda si se ésta se pierde. Por ello, ante el avance imparable norteamericano, los hijos del Sol Naciente optan, viéndose contra las cuerdas, por suicidarse solos o en compañía. Algunos pocos, sin embargo, no están dispuestos a hacerlo. En la película se contraponen dos mundos distintos: el del soldado proveniente de la clase del pueblo y el del soldado proveniente de la clase alta, de la nobleza, de los nuevos samuráis. Son estos mundos, respectivamente, el del soldado que no piensa suicidarse porque no cree en los ideales del otro soldado y el del que no dudará un segundo en acabar consigo mismo por su honor. Por supuesto, sus concepciones de la vida están radicalmente enfrentadas, y esto les llevará a un enfrentamiento real.
"Cartas desde Iwo Jima" se desarrolla enteramente en el campo de batalla, al contrario que su "versión americana", que transcurre también en los hogares de los supervivientes en los Estados Unidos. Está retratada en unos fascinantes tonos sepia que hacen a la isla baldía más oscura si cabe que en aquella, más opresiva, más asfixiante. Es también mucho más violenta, más cruda y más sangrienta (tal vez porque se ambienta por completo en la misma isla). La película, además de bélica, llega por momentos a ser un puro filme de terror: la huida constante de unos soldados que no desean morir por nada o que simplemente no desean morir oprime al espectador como en pocas obras de este género se le ha oprimido. Eastwood no trata a la cultura japonesa con desprecio ni desde un prejuicioso punto de vista occidental, pero sí lanza una brutal crítica a la tradición ancestral que obliga a sus hombres a morir a toda costa, tradición que, como la de los héroes en los USA, sirve para dominar y engañar al pueblo y para, en definitiva, hacer una vez más de la guerra algo rentable. Maravilloso díptico el de este director, y maravillosa su idea de retratar la visión de ambos bandos de la batalla. ¡Hurra por Clint!
lunes, 7 de enero de 2019
BANDERAS DE NUESTROS PADRES de Clint Eastwood - 2006 - ("Flags of our Fathers")
1945. Segunda Guerra Mundial. Tras muchas penalidades luchando contra las fuerzas japonesas en la batalla por tomar la isla de Iwo Jima, tres soldados norteamericanos son enviados a casa como héroes antes de que la contienda haya terminado: junto a otros tres compañeros que, por desgracia, han muerto, han sido inmortalizados en una fotografía levantando juntos la bandera de la patria en el monte Suribachi. Un acto casi rutinario y sin importancia para ellos es visto en su tierra como el acto de unos valientes. De vuelta en los Estados Unidos, y utilizados por el Gobierno como pura propaganda, vivirán una brutal crisis que les sumergirá en la amargura.
Basadas parcialmente en la novela "Banderas de nuestros padres" de James Bradley, "Banderas de nuestros padres" y "Cartas desde Iwo Jima" narran los mismos días del mismo conflicto bélico desde las perspectivas muy diferentes de sus dos protagonistas: los bandos que en él se enfrentaron. Clint Eastwood evita así todo maniqueísmo posible: en la primera película, la que hoy nos ocupa, cuenta la invasión norteamericana de la isla de Iwo Jima durante la Segunda Guerra Mundial, mientras que, en la segunda, cuenta cómo los japoneses intentaron resistir esta misma invasión. Ambas guardan el mismo fondo: una crítica a la guerra y a las sociedades que la han alabado. "Banderas de nuestros padres" está dividida en dos partes que corren en paralelo, aunque la primera de ellas puede considerarse un flashback: el propio combate, la lucha que ha permitido que los tres protagonistas de la segunda parte (en esta primera hay otros tres que mueren) hayan podido volver a suelo estadounidense gracias al alzamiento de una bandera (junto a los tres fallecidos antes mencionados) que va a ser utilizado por su país para convertirles en unos héroes que no son.
Estos tres hombres, soldados comunes, simples supervivientes arrancados de vidas cotidianas mediocres, se convierten, de la noche a la mañana y tras una confusión, en ejemplos militares que todo buen patriota ha de seguir. Por ello, se convierten en otra arma para hacer la guerra, y vuelven a serlo a su pesar. El tormento por tener que matar japoneses, obligados a luchar como ellos, y por tener que arriesgar diariamente sus vidas lejos de sus seres queridos, se transforma: siguen sufriendo en la retaguardia, a salvo en sus casas pero siendo usados como medio para arengar al pueblo norteamericano y para obtener dinero con bonos militares. Esta es la segunda parte del filme, más importante que la primera si cabe, la parte en la que Eastwood arremete sin piedad contra un sistema que manipula al pueblo y le engaña utilizando su amor por la tierra, sus orgullos y prejuicios absurdos, su veneración al dinero y a los héroes (veneración en la que los tres protagonistas supervivientes caen de una forma u otra).
Queda en "Banderas de nuestros padres" brutalmente desmitificado el héroe (valga la redundancia) clásico norteamericano, queda hundida en el barro su visión de la época, visión que no difiere mucho de la actual, y queda ensalzado el individuo corriente que, utilizado por su Gobierno, sobrevive moralmente y aprende, aún a golpes, de su tragedia (aunque no todos lo consiguen). La isla de Iwo Jima por la que han luchado, un pedazo de tierra baldío, sucio, improductivo, deprimente, es, tal vez, el símbolo de la inutilidad de la guerra. Clint Eastwood rueda, en su estilo clásico al que imprime aquí aires de documental, con un gran pulso y un dominio de la narrativa soberbio, un magnífico drama bélico y post-bélico cargado de violencia, de lirismo y de íntima delicadeza, que revisa con un lucidísimo ojo crítico, una vez más, uno de los episodios más turbulentos y confusos del siglo XX, revisión que hace anclándose en nuestro tiempo. La crítica brutal de "Banderas de nuestros padres" no ha perdido un ápice de actualidad. La guerra sigue siendo muy rentable.
martes, 9 de octubre de 2018
MILLION DOLLAR BABY de Clint Eastwood - 2004 - ("Million Dollar Baby")
Frankie Dunn es un entrenador de boxeo que en el pasado formó a muchos de los más grandes de su deporte y que hoy regenta un humilde gimnasio en Los Angeles con la ayuda de Scrap, un viejo púgil ya retirado que es su mejor amigo. Un día, una joven llamada Maggie se le presenta: quiere que la entrene. Quiere, por encima de todo, llegar a ser una gran boxeadora. Frankie no entrena a mujeres, pero, a pesar de todo, acepta. Y descubre que Maggie es una luchadora sorprendente...
La buena racha de Clint Eastwood sigue tras la imprescindible "Mystic River" con "Million Dollar Baby", otra de sus grandes obras maestras y uno de los colofones no sólo de esta gran etapa suya, sino de toda su carrera como director. No significa para mi que una película sea mejor o peor por tener muchos premios, pero ésta tiene en su haber más de cuarenta galardones internacionales, y creo que eso es también, indiscutiblemente, una señal muy clara de que oculta algo grande. "Million Dollar Baby" narra la historia de un viejo entrenador de boxeo machista que accede, en su vejez, a entrenar a una joven que quiere llegar a lo más alto en su disciplina. A partir de aquí, se hila una historia de amistad, de fraternidad, de relaciones diversas muy íntimas, de historias de familias buscadas y elegidas, de conexiones emocionales y de sacrificio por los demás. Dos perdedores redomados en sus últimos días y una chica que lo tiene todo por delante. El drama de autosuperación norteamericano de siempre pero con un giro radical que se burla cruelmente de este "género" tan explotado y manido en la filmografía comercial de los USA. Una suerte de "Rocky" pasado por el filtro brutal de "Fat City". Y una fábula moral en el centro de todo que apuesta con fuerza y firmeza sin par por el derecho a una vida y a una muerte dignas, ambas elegidas en todas sus consecuencias, por encima de todo juicio social o moral de pacotilla.
Clint Eastwood tiene el temple de los grandes clásicos del Hollywood dorado: su cámara es onmipresente en el mejor de los sentidos, su narrador lo clava todo y sin resultar cargante ni demagogo, su sentido del drama es absolutamente redondo, su capacidad para combinar historias magistral. "Million Dollar Baby" es una obra maestra, un retrato inolvidable de personas al borde del abismo emocional, de redenciones diarias e inesperadas, de justicia, de pecados que pesan, de fatalidad, de abandono en el falso país de los sueños. Imprescindible, hoy y siempre. Para mi, tal vez, es ésta la obra maestra total y definitiva del director, o por lo menos, una de las tres primeras. Y miren que tiene. Absolutamente inolvidable.
jueves, 23 de agosto de 2018
MYSTIC RIVER de Clint Eastwood - 2003 - ("Mystic River")
Jimmy, Dave y Sean fueron amigos en su infancia: jugaban juntos en las calles de su barrio de Boston. Ahora han llegado a la mediana edad y un desgraciado incidente les ha vuelto a unir: la hija de diecinueve años de Jimmy ha sido asesinada en la vecindad. Sean, que es policía, es asignado al caso. Y la fatalidad les va a envolver a todos.
La trama de la película por otra parte es fluida y directa, el estilo sobrio, la fotografía una joya, la dirección de un gusto exquisito, la banda sonora de diez y perfectamente adecuada (como un guante viene a todo) y los secundarios están todos igualmente impecables. "Mystic River", con un desenlace además que pone los pelos de punta y que ha quedado para la antología, es una obra imprescindible, un clásico instantáneo, de la filmografía de Clint Eastwood y del último cine americano en general. Ambigua, cruda, sin concesiones, sin buenos y sin malos y que nos invita a pensar sin formular juicios tajantes. Si alguien no la ha visto todavía, ¡que corra a verla ahora mismo, por favor!
ME VOY UNOS DÍAS DE VACACIONES. ¡HASTA ENTONCES! :)
jueves, 19 de julio de 2018
DEUDA DE SANGRE de Clint Eastwood - 2002 - ("Blood Work")
Terry McCaleb es un agente veterano del FBI que, debido a una deuda personal con alguien que indirectamente le salvó la vida, investiga con ahínco el caso de un asesino en serie llamado el "Asesino del Código". Terry se acerca cada vez más a su rastro definitivo. Y conforme lo hace, empieza a descubrir extrañas conexiones en sus crímenes...
En la filmografía de Clint Eastwood hay pocas películas verdaderamente malas. Pero las hay. Contadas con los dedos de una mano, pero ahí están. Y una de ellas es "Deuda de sangre", rodada después de la correcta y olvidable "Space Cowboys" y justo antes de una de sus grandes joyas: "Mystic River". Aquí, la facilidad del actor y director para hacer un buen trabajo incluso con material que es puramente de encargo brilla por su ausencia. "Deuda de sangre" es una de sus películas más extrañamente fallidas. Todo es un topicazo de arriba abajo. Detective con problemas a cuestas, compañera con traumas, amigo insufrible y trama tontuna en la que ha de encontrar a un psicópata típico. Todo está manido, todo es un refrito. La historia, además de predecible y manoseada, es torpe y tiene resoluciones muy tontas (y alguna hasta tontísima). Los personajes están vistos y requetevistos y encima los actores están muy regular por decirlo con una cierta suavidad (aunque no se salva ni de coña Jeff Daniels, que en concreto está absolutamente horroroso en un papel totalmente fostiable). Los diálogos son mediocres cuando no directamente malos. Y las escenas de acción para colmo están rodadas de forma bastante cutre. Y, para redondear la chapuza, todo el conjunto está realizado sin alma; da la sensación de que Clint estaba ya pensando en "Mystic River", que se estrenaría al año siguiente, y estaba frito por terminar con esta película meramente alimenticia para quitársela de encima lo más pronto posible.
Por cierto, hay que comentar que el desenlace de esta cosa es de lo peor que he visto en la obra de este señor tanto como de director como de actor: es una cutrada propia de telefilme de tres al cuarto, de los de domingo de sobremesa, que no identifico en absoluto con él. Es que parece rodada por otro creador del montón: es total y absolutamente inexplicable. "Deuda de sangre" es un patinazo en toda regla en una filmografía por lo general brillante y casi impecable. No tiene sentido la existencia de esta película tan mal hecha en su haber. En fin, por suerte, sólo fue uno: luego llegaron un buen puñado de obras maestras. Olvídense de este thriller del montón.
lunes, 4 de junio de 2018
SPACE COWBOYS de Clint Eastwood - 2000 - ("Space Cowboys")
El viejo satélite IKON de la antigua URSS, obsoleto, está a punto de caer fuera de órbita y de entrar a la Tierra. La NASA tiene un problema: pocos saben actualmente desmantelar dicho satélite, ya antiguo y totalmente abandonado. Entonces, se le ocurre encargar la misión a un grupo de pilotos veteranos que fueron entrenados durante la frenética carrera espacial de la Guerra Fría y que, por desgracia para ellos, nunca llegaron a despegar. Estos pilotos ahora tienen ya una edad avanzada, y, resentidos unos y desilusionados otros, no parecen estar dispuestos a aceptar el trabajo...
Clint Eastwood suele conseguir que hasta sus películas más mediocres o sus meros encargos resulten, por lo menos, entretenidas y bien hechas. No siempre, pero suele lograrlo. "Space Cowboys" es una de sus obras claramente menores, llegada después de algunas excelentes y de una época creativa y de éxitos dorada. Es una película muy americana: patriotera cien por cien, aunque sin pasarse y sin resultar ridícula, y centrada en los valores estadounidenses plastas de siempre de la superación a toda costa. Pero, a pesar de todo, marca la diferencia. ¿Por qué? Porque está muy bien hecha, porque no llega a ser demagoga y porque, a pesar de ser tramposilla, no cae en lo inverosímil ni en la ñoñería. Los protagonistas, además, están excelentes y tienen todos su gracia, e interpretan con cariño y carisma. Es un filme de altibajos: trama coherente pero con desenlace un tanto fuera de lugar (yo no me lo creo, de verdad), drama nada efectista y bien llevado pero ideología voluntarista americanita metida por ahí al fin y al cabo, realización correctísima pero algo plana, hecha con menos cariño que otras de su director. En conjunto, "Space Cowboys" es una obra alimenticia, pero no por ello hecha de cualquier manera para pasar la gorra y ya está. Clint cumple, y casi siempre sobradamente. Y además, es muy difícil mantener un buen nivel creativo constante, especialmente cuando se trabaja con cosas de encargo y cuando se es bastante hiperactivo a la hora de rodar (no tanto como por ejemplo Woody Allen, pero es cierto que él tampoco para). En manos de algún director artesano del montón "Space Cowboys" habría sido una pastelada de tres al cuarto con muchas banderas, muchos discursistos lacrimógenos y muchas moralinas de mierda. No lo es, y aunque no va a pasar a la historia ni a ser de lo mejor de la filmografía de Eastwood, se ve con agrado siempre, aunque lo que narre te importe un pito. Es muy, muy de agradecer.
jueves, 5 de abril de 2018
EJECUCIÓN INMINENTE de Clint Eastwood - 1999 - ("True Crime")
Steve Everett es un periodista adicto al trabajo y mujeriego empedernido con problemas de alcoholismo y líos familiares que entrevista a un preso del corredor de la muerte llamado Frank Louis Beechum, condenado por haber asesinado a una mujer. Steve encuentra debilidades en el caso y sospecha de que Frank es realmente inocente. Ese mismo día, encuentra evidencias de que lleva razón. Por desgracia, su entrevistado va a ser ejecutado a medianoche. ¿Podrá Steve demostrar su inocencia y salvarle de la muerte?
De "Ejecución Inminente" tengo que decir lo mismo que digo de "Poder Absoluto": que en manos de un director mediocre o de un artesano de tres al cuarto, ambas habrían sido películas seguramente mediocres, cuando no directamente malas. Pero Clint Eastwood, ya saben, es todo menos un director mediocre. "Ejecución Inminente", a priori, puede sonar a thriller del montón. Un periodista alcohólico y con problemas familiares, adicto al trabajo pero íntegro y fiel a la verdad, sospecha de que un condenado a muerte por asesinato (que además es de raza negra) es realmente inocente y trata de salvarlo de su destino a última hora. Suena regular, ¿verdad? Incluso en 1999. Pues Clint, que lo protagoniza además, una vez más, lo vuelve a clavar. Personajes redondos, actores perfectos para sus papeles, diálogos ejemplares, una trama con ritmo y con interés perpetuo, momentos álgidos magníficamente rodados, tensión milimetrada y constante, sorpresas inesperadas, mensaje social y moral contra la pena de muerte nada maniqueo y coherente y lúcido y hasta un desenlace que esquiva finamente todo tópico posible y que está retratado con inteligencia y mucho respeto al espectador y que baila escrupulosamente sobre lo esperable para darle una vuelta de tuerca digna. Hay hasta unos toques de humor acertadísimo (impagables las "Carreras en el Zoo", absolutamente desternillantes) y un retrato de la redención familiar que no hace aguas por ninguna parte que terminan de hacer a "Ejecución Inminente" una obra fantástica, otra de las grandes de su director. ¿Se imaginan esta trama en manos de un Ron Howard o de un Wolfgang Petersen en baja forma? Miedo da. Desgraciadamente, esta película fue la menos exitosa de Eastwood en una década desde "Cazador blanco, corazón negro". Muy injusto tratamiento recibió en las taquillas, al igual que aquella. Por suerte, el tiempo ha ido poco a poco haciéndole justicia y colocándola donde se merece.
viernes, 2 de marzo de 2018
MEDIANOCHE EN EL JARDÍN DEL BIEN Y DEL MAL de Clint Eastwood - 1997 - ("Midnight in the Garden of Good and Evil")
John Kelso, reportero de Nueva York, es enviado a la ciudad de Savannah, en Georgia, para cubrir la fiesta de Navidad que da Jim Williams, un excéntrico millonario coleccionista de arte y famoso por su vida juerguista y libertina. En su impresionante mansión, John conoce a toda clase de curiosos y extravagantes personajes y al propio Williams, un tipo que es ciertamente bastante especial. Algo ocurre sin embargo durante la fiesta... Algo que complica terriblemente la velada.
En 1997, como comentaba ayer, Clint Eastwood estrenó dos películas. En febrero, sacó a la palestra "Poder Absoluto", un thriller más comercial pero estupendo, y ya en noviembre trajo el plato fuerte del año, la adaptación de la novela homónima de John Berendt "Medianoche en el jardín del bien y del mal". Hay que decir que esta novela, publicada con gran éxito en 1994, retrataba la vida bohemia y ricachona de Savannah, en Georgia, a principios de la década de los ochenta. En esta ciudad, de historia piratesca, vivía una sociedad supuestamente decadente con un pie en el pasado y otro en la modernidad que se relacionaba en mansiones coloniales de capa caída o de nuevos ricos. Berendt se hizo instantáneamente famoso tras ella y la propia Savannah empezó a atraer a miles de turistas y a ser conocida como la "Venecia de Norteamérica". La adaptación de esta novela era un trabajo difícil, y Eastwood entregaba con ella una de sus obras más extrañas y personales. Y lo hacía bien, una vez más, demostrando que era y es uno de los mejores directores de los Estados Unidos. Se mezcla la comedia, la sátira, el drama, el thriller y la crítica social. El protagonista es coral, y se tratan numerosos asuntos que giran en torno a la hipocresía social, el central desde mi punto de vista, como la homosexualidad escondida, la transexualidad, la corrupción, la violencia, la decadencia de las sociedades del pasado y de sus modelos, la mentira y la verdad, la locura de los nuevos ricos o el clasismo de siempre envuelto ahora en un papel "cool" o bohemio de baratillo. Todos los actores están magistrales, y todos tienen su momento de gloria. En especial, John Cusack hace uno de sus papeles más grandes, y lo mismo Kevin Spacey o un breve pero fantástico Jude Law. Y los diálogos que recitan son inteligentes, lúcidos, desternillantes a veces y que siempre dan en el clavo y despellejan sin ninguna piedad a quien haya que despellejar.
El ritmo de la película es por otra parte el perfecto, la intriga está dosificada con gran exquisitez, y tres horas de duración se pasan completamente en un vuelo. La ambientación es una maravilla, y junto con la banda sonora con base de jazz transporta a un mundo onírico rico, romántico y peligroso, y el toque místico, extraño, enrarecido, con ese punto de supuesta magia que se sugiere, configura un universo especial, único. "Medianoche en el jardín del bien y del mal", inclasificable del todo, única, excéntrica y redonda, aunque no fue por desgracia uno de los grandes éxitos de Clint Eastwood, es una de sus mejores películas y una de las más arriesgadas y personales. Curiosa e injustamente, creo que ha sido bastante olvidada y eclipsada por otras merecidas obras maestras de su haber. ¡A revalorizarla ya!
jueves, 1 de marzo de 2018
PODER ABSOLUTO de Clint Eastwood - 1997 - ("Absolute Power")
Luther Whitney es un ladrón de guante blanco profesional que una noche entra en la mansión de un gran magnate que se encuentra de vacaciones en el Caribe con la intención de desvalijarla. Pero, inesperadamente, alguien aparece por el lugar... Y Luther se esconde. Y es testigo de un hecho terrible...
Clint Eastwood, en la cresta de la ola en 1997 (de la que no ha bajado salvo en contados momentos), entregó aquel año dos películas. Una, estrenada en noviembre, muy personal y anticomercial: "Medianoche en el jardín del bien y del mal". Otra, estrenada en febrero, más típica, pero igualmente excelente: "Poder absoluto". Ésta es la que nos ocupa. Cada vez más curtido, el actor y director, que ya tiene a sus espaldas a finales de los noventa una carrera asentadísima y grandes obras maestras en su filmografia, sabe tomar un thriller comercial de argumento normalito que en manos de otro habría sido predecible y darle una vuelta de tuerca para crear una solvente fábula política. Tras un prólogo antológico, que remite al mejor Alfred Hitchcock, se despliega una oscura trama de corrupción alrededor de unos personajes con carisma e interpretados con genialidad. Eastwood clava su papel, y también Ed Harris, y Laura Linney, y Scott Glenn, pero sobre todo es un Gene Hackman maravilloso el que aquí deslumbra dando vida a un presidente de los Estados Unidos completamente podrido, canalla, cabrón, populista e hipócrita. En fin, algo que en este país han tenido ya varias veces. Con un ritmo trepidante, con escenas de acción perfectas, con momentos de tensión clavados, con un desenlace magistral y con críticas políticas que tal vez no sean extremadamente profundas pero sí extremadamente certeras, Clint Eastwood se saca de la manga una lección más de cómo hacer cine comercial. Tiene algunos fallos "Poder absoluto", no voy a decir que no. En especial, es muy extraño y choca mucho ver a un presidente de los Estados Unidos tan poco protegido en general. Parece más bien un mafioso, no alguien que dirige a la primera potencia mundial. Es muy fácil pillarle, la verdad, y esto no está especialmente bien pensado. Pero quitando esto, la película es notable y, además, muy, muy entretenida. "Poder absoluto" no es una de las creaciones magistrales de Clint Eastwood, pero sí que es una obra más que demuestra que este hombre se enfrenta a todo lo que le echen y que casi todo lo lleva a buen puerto.
jueves, 2 de noviembre de 2017
LOS PUENTES DE MADISON de Clint Eastwood - 1995 - ("The Bridges of Madison County")
Tras la muerte de Francesca, una anciana viuda que llevaba una vida tranquila en su granja, en el pueblo de Madison en el que se casó, sus dos hijos descubren, entre sus cosas, indicios de que su madre tuvo una breve y apasionada relación, cuando ellos eran pequeños, con un fotógrafo llamado Robert Kinkaid. El pasado se empieza a abrir ante ellos... Y descubren una historia que nunca imaginaron que hubiese tenido lugar.
Y después de una obra maestra como "Un mundo perfecto", viene otra: "Los puentes de Madison". Clint Eastwood está en su mejor etapa, y brilla con luz propia en casi cada película desde "Bird", y toca todos los palos y en todos destaca, y ya se le llama claramente el heredero del Hollywood clásico. "Los puentes de Madison" es una historia de "breve encuentro", de romance corto y condenado de dos personas pertenecientes a dos mundos radicalmente diferentes que se enfrentan a una sociedad opresiva e hipócrita, la de esos pueblos de la Norteamérica profunda que ya tan bien nos conocemos todos. Clint Eastwood vuelve a ser el protagonista de su película una vez más, y le acompaña una Meryl Streep impresionante, soberbia, en el que es uno de los más grandes papeles. El amor de ambos sirve a Clint para exponer maravillosamente el gran dilema que se presenta ante tantas personas que tienen que elegir entre el sacrificio por sus seres queridos o la elección de la vida deseada. Francesca es un ama de casa de una granja, con marido e hijos, y Robert es un fotógrafo que viaja constantemente por su trabajo para la National Geographic. Lo que surge entre ambos está condenado o no, y depende de una decisión simple pero dificilísima. Porque nos debemos a otros, a los que nos quieren, es bien cierto, pero también nos debemos a nuestros propios sueños. Eastwood rueda este fascinante drama con una tremenda comprensión y sinceridad y se aleja escrupulosamente de todo tópico. No hay romanticismo barato ni efectismos de cara a la galería para potenciar este romanticismo de forma artificial. La maestría tras la cámara del actor pasado a director se traduce en una colección de escenas inolvidables realizadas con una simpleza pasmosa, simpleza que sin embargo esconde todo un universo en su interior y que se nutre de la sugerencia sin llegar tampoco a ser pedante. Sí, todo ocurre como en tantas películas de la Edad de Oro de Hollywood: pocos directores logran semejante concisión y profundidad conjuntas. Por supuesto, se critica a la sociedad de estos pueblos norteamericanos, cerrada sobre sí misma, oscurantista, intolerante y que condena al diferente a la más brutal de las marginaciones. El aspecto técnico es por supuesto maravilloso. La fotografía, los paisajes, esa Francesca dejando al aire su cuerpo desnudo, ese despertar de sus hijos ante el descubrimiento de lo que le ocurrió o ese desenlace que hace llorar (lloro a moco tendido con el final de esta película) quedan para los anales. "Los puentes de Madison" es otra obra maestra de este grandísimo del cine. Clásico indiscutible.
lunes, 11 de septiembre de 2017
UN MUNDO PERFECTO de Clint Eastwood - 1993 - ("A perfect world")
Texas, 1963. Robert "Butch" Haynes es un preso que escapa de la cárcel junto a su compañero Jerry y que, en su huida, se ve obligado a raptar a Philip, un niño de una comunidad rural de Testigos de Jehová. Red Garnett es un ranger de la zona que, junto a la criminóloga Sally Gerber, comienza a perseguirlo. Pronto, el caso se convierte en uno de los más famosos de los medios de comunicación. Y pronto también la figura de Robert empieza a surgir como realmente es...
A partir de la inmensa "Sin perdón" (aunque realmente comenzó mucho antes) Clint Eastwood llegaría a nuestro año sin caer prácticamente en el patón de ninguna película mala (las habría, pero serían ya pocas, muy pocas). Por si no bastase con haber hecho temblar el western con aquella maravilla mencionada, un año después, en 1993, presentaría otra igualmente soberbia y fascinante: "Un mundo perfecto". Su guión le llegó a Clint cuando todavía "Sin perdón" estaba fresca (en plena escalada a los Oscars) y cuando estaba liado con "En la línea de fuego" (como actor solamente), y ni corto ni perezoso, son su hiperactividad habitual, se lanzó a rodarlo y colocó como protagonista principal de su trama a Kevin Costner, que entonces estaba en la cresta de la ola y que nos regaló uno de sus papeles definitivos como el criminal Robert "Butch" Haynes. La premisa es muy simple: años sesenta, secuestro de niño, ladrón bueno y ladrón malo, policía comprensivo y trama de persecución y viaje iniciático. Es simple pero está maravillosamente llevada, una vez más. "Un mundo perfecto" es una "road movie" crepuscular que habla con lucidez y melancolía de las relaciones entre el mundo infantil y el adulto, de las diferentes concepciones del bien y del mal, de la justicia y la injusticia, de la empatía hasta con los seres más aparentemente despreciables, de la fatalidad, de la falta endémica de oportunidades que trae la mentira del "Sueño Americano" y de una sociedad fuertemente anclada en la violencia. Eastwood, que se reserva otro papel protagónico (y que vuelve a hacerlo de forma magistral), dirige con emotividad, con romanticismo realista, con dureza y con naturalismo incluso un drama de búsqueda de la identidad y de sacrificio inolvidable, con unas relaciones personales y unos diálogos espléndidamente tratadas y un plantel de actores magnífico, amén de una ambientación perfecta con una fotografía preciosa. "Un mundo perfecto" es simpleza magistral en estado puro, línea clara argumental llena de profundidad. No necesita nada más que una trama directa para retratar un mundo de esperanza y redención anclado en reglas del pasado que se evaporan (en este sentido, las reglas del western siguen ahí en parte). Y no dejaré de alabar a ese Kevin Costner inolvidable en el que es uno de sus papeles más increíbles y, curiosamente, no tan recordado como otros algo menores. Clint, eres grande. "Un mundo perfecto": una película perfecta.
sábado, 29 de julio de 2017
SIN PERDÓN de Clint Eastwood - 1992 - ("Unforgiven")
William Munny es un viejo pistolero ya retirado, viudo y padre de familia, que tiene dificultades económicas para sacar adelante el rancho en el que vive con sus hijos. William guarda además un pasado triste y su peso le aplasta sin descanso. Un día, le proponen un encargo: matar a dos violentos vaqueros que han desfigurado a una prostituta del pueblo de Big Whiskey. La recompensa, ofrecida por las propias prostitutas, es muy jugosa. William se lo piensa... Mientras, el sheriff del lugar, Little Bill Dagget, está preocupado por lo ocurrido porque no quiere problemas en su jurisdicción y de hecho ha prohibido las armas en sus calles... Y está dispuesto a todo para que se cumplan sus dictados.
Pocos, muy pocos westerns, han sabido combinar a la perfección, sin ni una sola fisura, el estilo clásico del género, romántico y épico, con el crepuscular, el brutal y desencantado. Pocos de verdad. Y uno de ellos es "Sin perdón", el que posiblemente sea el mejor western de los años noventa. Para muchos, el salto definitivo de Clint Eastwood a la grandeza como director se produce justo con esta película. Yo no pienso así, pues si bien su filmografía tenía todavía algunos altibajos y filmes puramente de encargo sin interés (que a partir de este momento precisamente empiezan ya a ser muy pocos), contaba ya también con maravillas de todo género además como "Infierno de cobardes", "Primavera en otoño", "El fuera de la Ley", "El aventurero de medianoche", "El jinete pálido", "Bird" o "Cazador blanco, corazón negro" (que no son pocas obras maestras, en absoluto, hasta aquel 1992). Sí que no pongo en duda que "Sin perdón" es otra soberbia creación para la saca de este actor pasado a director por el que en su momento muchos no dieron ni un dólar. "Sin perdón" narra una historia de personajes quebrados, donde no hay buenos muy buenos y apenas malos muy malos, que se mueve en una constante escala de grises. Habla de la redención, de la lucha por la justicia, de la amistad, de la familia, del peso de la pérdida, de la muerte, de la fatalidad y sus ambigüedades, de diferentes concepciones de Ley, de la aleatoriedad de los gobiernos, de la tristeza vital y de las segundas oportunidades. El realismo es pasmoso: por fin un filme del salvaje oeste dice claramente que en aquellos tiempos era muy difícil disparar y acertar a otro hombre con las armas de mierda que se tenían entonces. Y como he dicho en la trama no hay ni blancos ni negros, sino una constante, lúcida y reconocible escala de grises. Los protagonistas son oscuros y están llenos de fallos, los villanos tienen un espacio para hacer sorprendentes vidas íntimas que les humanizan como pocos filmes logran, la frustración campa a sus anchas, el mundo salvaje del pasado va a ser eliminado por el civilizado en breve, pagan justos por pecadores y los héroes más chulangas esconden defectos sorprendentes.
Y las interpretaciones... ¡Qué decir de ellas! Es que todos los actores del filme están impecables, increíbles, desde el propio Clint Eastwood hasta su habitual compañero de rodajes Morgan Freeman (cada vez que estos dos se unen sube el pan) pasando por un Gene Hackman antológico que está sencillamente impresionante y llegando a un Richard Harris que tiene una de las apariciones más memorables de su carrera en un papel del todo inolvidable. Y la ambientación... Otra cosa que hay que poner por las nubes, sucia y real, creíble, deslucida, y sin embargo con un poso lírico espectacular. Y las escenas de acción... Que son todas inolvidables, desde los duelos hasta la batalla en los riscos. ¡Esto es un no parar, señoras y señores! En conjunto: "Sin perdón" es una obra maestra incuestionable y una de las más grandes películas del Clint Eastwood director. Si no la han visto todavía, están tardando en correr a ponerla. Imprescindible e histórica. Curiosamente, y no sé por qué, ha sido también su último western hasta la fecha.
viernes, 9 de junio de 2017
CAZADOR BLANCO, CORAZÓN NEGRO de Clint Eastwood - 1990 - ("White Hunter, Black Heart")
Años cincuenta. El director norteamericano John Wilson viaja a África para localizar escenarios para su próxima película, una cinta de aventuras exóticas. Sin embargo, y para desesperación de su equipo, John Wilson, un hombre excéntrico, bravucón, caradura, egoísta, desconsiderado e insoportable, solo está realmente interesado en cazar un gran elefante y los detalles de la película se la traen al pairo. Además, es un borracho irredento que no deja de meterse en líos y causar problemas. La misión fílmica se convierte en un auténtico infierno.
Como comenté ayer, en 1990 Clint Eastwood sacó a la palestra dos películas. En septiembre estrenó la mediocre "buddy movie" que fue "El principiante", realizada con el objetivo de poder hacer caja por medio de un filme comercial para poder rodar posteriormente "Sin perdón". En diciembre, sin embargo, pocos meses después, estrenó esta "Cazador blanco, corazón negro", una de sus películas personales, que le reportó menos dinero en la taquilla pero que era verdaderamente lo que él quería hacer. Aquí narraba el director ahora la historia de otro director de cine, uno llamado Johm Wilson, que estaba en África rodando una película y que se empecinaba en cazar a toda costa un gran elefante. Este John Wilson no es otro que John Huston, por el que Eastwood sentía una gran admiración y al que quiso retratar como personaje perdido en un mundo donde solamente la valentía absurda le podía salvar (y la película, claro, es "La Reina de África"). Muy Ernest Hemingway todo, sí. De hecho, la ideología vital de ambos, escritor y director, se parecieron siempre bastante, por no decir mucho. El mismo Clint Eastwood, actor pasado a director, lo interpreta, y nos regala un papel soberbio, inolvidable. Como una suerte de versión africana de "Moby Dick", asistimos a la aventura delirante de un hombre terco, cabezón hasta el límite, extravagante, carota, bravucón, vividor, vicioso, alcohólico y sin embargo siempre coherente con sus ideas, por muy absurdas y hasta censurables que sean (personalmente odio la caza y toda la cultura del "Macho" me parece una gilipollez estúpida y castrante como un castillo). Pero Clint no quiere que su personaje nos caiga bien. Sólo quiere retratar una vida, para bien o para mal, llevada al límite como antídoto para el vacío de la existencia. Mensaje que está en muchas de las películas del propio John Huston (especialmente en "Vidas rebeldes") y también en muchos de los libros del mencionado Hemingway.
"Cazador blanco, corazón negro", que también es un tratado de cómo dirigir filmes y de las relaciones personales que aparecen todo plató entre todos los artífices de una película, está espléndidamente rodada en unos escenarios naturales maravillosos. Ciertamente, es una cinta que repelerá a algunos y cautivará a otros, y ambas cosas por lo mismo: por lo terrible y antipático que puede llegar a ser su protagonista, un asesino de animales y un desconsiderado y egoísta profesional, pero es un relato fidedigno y sobre todo nada maniqueo de un personaje único y de una polémica y suicida forma de vivir. Eclipsada por otras películas de su director, ésta es sin ninguna duda una de las más personales y arriesgadas de todas. Merece la pena cien por cien y hay que reivindicarla sin cesar.
jueves, 8 de junio de 2017
EL PRINCIPIANTE de Clint Eastwood - 1990 - ("The Rookie")
Nick Pulovski es un policía de Los Ángeles de métodos expeditivos, brutal y veterano. David Ackerman es por el contrario un joven inseguro y novato que acaba de entrar a servir al cuerpo. Los dos van a tener que colaborar en la misma misión, consistente en acabar con una peligrosa banda de ladrones de coches de lujo. Entre ambos la relación en el día a día no va ser nada fácil...
Aunque la estrenó meses después de "Cazador blanco, corazón negro", prefiero comentarla primero. En 1990 Clint Eastwood sacó dos películas. La mencionada antes era la seria, estrenada en diciembre, y la "cutre" era esta "El principiante", estrenada en septiembre y con el objetivo de poder hacer caja por medio de un filme comercial para poder hacer realidad posteriormente "Sin perdón". En su primera etapa, Eastwood era así: rodaba cositas mediocres, habitualmente de acción, en las que explotaba a un personaje refrito de su famoso Harry el Sucio, y luego ya se centraba, monetariamente a cubierto, en lo que de verdad quería hacer. "El principiante" es una "buddy movie" de dos policías muy diferentes (qué novedad) que se ven obligados a colaborar contra un peligro común. Clint es eso, otro Harry el Sucio más de métodos expeditivos, maleducado y brutal, y un joven Charlie Sheen hace (lo cual hoy es bastante gracioso) del policía joven más modosito. Dentro de que estamos ante un thriller de acción con todos los tópicos, es de agradecer que Eastwood, a pesar de tomarse la obra como un mero encargo, tampoco hace algo horroroso. Los dos personajes tienen un mínimo desarrollo (centrado en problemas familiares y de pareja y en sus ideas sobre el deber) y los villanos tienen algo de gracia. Las escenas de lucha, tiros y acción tampoco están mal, y cumplen bien. La trama es típica a más no poder, pero equilibra bien el drama con el humor habitual de este tipo de producciones, tan de moda en los ochenta y en los primeros noventa después del exitazo de la saga de "Arma letal", y no tiene ningún tipo de pretensión salvo el de divertir de forma sana y hacer pasar un buen rato al espectador sin mucho pensar. Tal vez sea incluso más tragable que otras creaciones flojas y de encargo del director como "Licencia para matar", "Ruta suicida", "Firefox. El arma defintiiva" o "Impacto súbito". Sin embargo, tampoco tiene interés y es bastante olvidable en general. Para completistas de Clint Eastwood y ya. Mañana, "Cazador blanco, corazón negro", mucho mejor y mucho más interesante en todos los aspectos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)