Porco Rosso

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viernes, 18 de febrero de 2011

INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL de Steven Spielberg - 2008 - ("Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull")


En 1957 Indiana Jones no vive su mejor época: su amigo y último compañero de viajes, Mac, le ha traicionado, mientras que el Gobierno de los USA, asustado por la fiebre del terror anticomunista, cuestiona toda su carrera y está intentando echarle de su puesto en la Universidad. Para colmo Indy se siente viejo y cansado y, además, solo: su padre y su mejor amigo, Marcus, han muerto. Todo cambia para él cuando se embarca en una nueva aventura junto a Mutt, un joven rebelde y también fascinado con la arqueología con el que empieza a investigar el mito de la Calavera de Cristal de Akator, objeto que según las leyendas de las culturas precolombinas posee un poder inimaginable y la llave a otros mundos. Las cosas por supuesto se complican: los agentes soviéticos también la quieren para utilizarla con objetivos malignos. Indiana Jones se prepara para una nueva epopeya… Una nueva epopeya en la que además va a reencontrarse con un viejo amor: Marion Ravenwood.


Una de las películas más esperadas del 2008 fue sin ninguna duda la cuarta entrega de las aventuras de Indiana Jones, que desde que fue anunciada por Steven Spielberg y George Lucas creó una expectación sobrecogedora en todo el mundo y que desde su llegada a las salas dividió a la crítica y al público de una manera completamente radical: hoy “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” es para unos es una obra maestra del cine de aventuras y para otros un enorme y decepcionante bodrio. Yo pienso que no es un una cosa ni la otra, sino una entrega más de la saga del Doctor Jones que ofrece exactamente lo mismo que ofrecieron las otras entregas, y nada más. En “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” encontramos todos los elementos de la trilogía original tratados con meticuloso respeto y acompañados de unas pocas novedades que otorgan frescura al conjunto. Indiana Jones sigue gozando de un carisma envidiable (Harrison Ford sabe repetir papel y adecuarlo al paso del tiempo) y continúa siendo, ya a finales de la década de los cincuenta, un aventurero empedernido cínico y con miedo a las serpientes… Aunque ahora vive un cierto crepúsculo de su existencia anterior: se encuentra más viejo y menos ágil (aunque no menos inteligente), algunos de sus mejores amigos han muerto (Marcus y su padre –por desgracia no se dice nada de Salah, al que daba vida John Rhys-Davies y al que se echa muchísimo de menos en esta película-), lo van a expulsar de su cátedra y lo persiguen tanto los rusos (los villanos de turno de la cinta –era de esperar tras la caída del Tercer Reich-) como algunos norteamericanos que no valoran su trabajo. La aventura que presenta Spielberg en este filme es ya completamente familiar: Indy lucha contra sus enemigos (liderados por una muy carismática, fría y por supuesto paródica Cate Blanchett) acompañado de su vieja amante Marion (vuelve Karen Allen desde la lejanísima “En busca del Arca Perdida” para realizar un papel breve pero divertido), del hijo de ésta que resulta ser también su hijo (igualmente divertido Shia LaBeouf, parodia de los jóvenes rockers rebeldes de los años cincuenta y sesenta) y del viejo y querido maestro de éste (un secundario cómico solvente al que da vida John Hurt). Queda en el tintero un personaje que desde mi punto de vista aporta bastante poco a la trama y que podría haber sido eliminado o sustituido por el mencionado Salah: Mac, el amigo traidor y ambicioso de Indy, interpretado con gracia pero poco más por Ray Winstone. Sin embargo, es esto, prácticamente, lo único que le puedo achacar a una obra que ofrece lo que sus antecesoras han ofrecido a pesar de algunos fallos puntuales: acción frenética delirante (la cachondísima escena de la persecución selvática es genial y demuestra que Spielberg sigue en plena forma a la hora de dirigir este tipo de cine), espectáculo visual gratuito (con unos efectos especiales a pesar de todo bastante comedidos para mantener una mínima homogeneidad con la trilogía anterior), mucho humor (las escenas de la huída en el frigorífico o la tarzanesca de las lianas, tan mal juzgadas por muchos, atestiguan el cachondeo que el filme pretende transmitir –cachondeo que ya transmitían los demás de la saga, especialmente “Indiana Jones y el Templo Maldito”-), mucha parodia y homenaje, muchos guiños a las otras aventuras del héroe (incluso sale unos segundos el Arca de la Alianza) y una historia de misterio esotérico de aire completamente pulp que se sigue con interés desde el principio del metraje hasta el final (aunque también hay que decir que cautiva bastante menos que las de “En busca del Arca Perdida” e “Indiana Jones y la Última Cruzada” por ser mucho más predecible y por contar con elementos ciertamente fuera de lugar como los indígenas o los niños que vigilan las tumbas peruanas). Incluso la villana de turno de ésta cinta termina igual que la mayoría de los villanos de las otras películas. Buscando el poder y el conocimiento, se enfrenta a un enigma que no puede solucionar y encuentra la perdición (al igual que la encontraron los que abrieron el Arca de la Alianza o los que bebieron del falso Santo Grial).


Steven Spielberg ha presentado exactamente lo mismo que presentó en el pasado… Únicamente hay un problema con esto: hoy en día una película de éste tipo no causa el mismo efecto que causaba en la década de los ochenta. El público no es el mismo, y muchos de los veteranos de la saga tienen idealizado a Indiana Jones de tal manera que cualquier cosa que se haga ya con su mito va a sentarles mal. Spielberg, para haber cuajado hoy en las salas con una nueva entrega de Indy (es decir, para contentar a más espectadores “al uso”- a los mencionados veteranos es casi imposible-), tendría que haberla envuelto con los efectos especiales y con el humor ligeramente más desquiciado del que hacen gala, por ejemplo, las primeras y excelentes entregas de “La Momia” y “Piratas del Caribe”, dos de las pocas películas modernas que han sabido actualizar, por lo menos ligeramente y con dignidad, las bases que dejó sentadas “En busca del Arca Perdida” (por supuesto, las siguientes entregas de ambas destrozaron vilmente todo esto). No voy a decir que “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” sea una obra maestra, pero desde luego tampoco voy a tirarla por los suelos como creo que se ha hecho injustamente con ella. Sería bastante injusto, ya que no es más que un calco de las anteriores tramas del personaje con unas pocas novedades nostálgicas y con un guiño a la “Fiebre Ovni” que arrasó durante la Guerra Fría. Si los nazis estaban obsesionados con viejos objetos de la Antigüedad, los rusos lo están… con los extraterrestres. Es perfectamente coherente y además contribuye a aumentar las dosis de pulp que siempre ha tenido la saga. Creo que, en general, se ha infravalorado mucho a esta película. No es el culmen del cine de aventuras (a estas alturas no puede serlo de ninguna manera), pero sí un regreso divertidísimo, que es lo que se le pedía a la nueva historieta del Doctor Jones. De hecho creo que pedirle más está incluso fuera de lugar.

jueves, 17 de febrero de 2011

INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA de Steven Spielberg - 1989 - ("Indiana Jones and The Last Crusade")


Indiana Jones ha recibido una terrible noticia: su padre, el también famoso arqueólogo Henry Jones, ha desaparecido misteriosamente. Junto a su amigo Marcus y junto a la doctora Elsa Schneider, Indy comienza a investigar y hace unas increíbles averiguaciones… Su progenitor ha sido secuestrado por los nazis, que quieren que les lleve al lugar donde descansa el Santo Grial, el cual pretenden utilizar como un elemento más para dominar el mundo. Es de nuevo la hora de pararle los pies al Tercer Reich. Sin embargo, Indy va a tener que enfrentarse a algo más: a las eternas disputas con su padre, al que tendrá que rescatar y con el que tendrá que colaborar íntimamente y a su pesar.


Cuatro años después del experimento desenfrenado de “Indiana Jones y el Templo Maldito”, Steven Spielberg cerraba la trilogía del Doctor Jones (fue trilogía durante casi veinte años y el público llegó a descartar completamente la aparición de una cuarta entrega) con un retorno a lo que mostró en la excepcional “En busca del Arca Perdida”. “Indiana Jones y la Última Cruzada” vuelve a seguir el esquema de aquella primera parte con algunos nuevos apuntes. El principal es la aparición como un segundo protagonista de Henry Jones, padre de Indiana interpretado con mucho carisma y con no menos cachondeo por Sean Connery, que se parodia a sí mismo desprejuiciadamente en algunos de sus papeles de aventurero (James Bond incluido). El filme se sustenta en gran parte en el combate paterno-filial que mantienen él y Ford, combate que los desprestigia y ridiculiza a ambos (los dos son Don Juanes ambiciosos, cínicos, con fobias –serpientes y ratas respectivamente- y con algo de antihéroes) y que paradójicamente los une cuando la vida ya los había separado. La guerra de sexos de Indiana con la mujer de turno que le acompaña tiene aquí menos importancia y Spielberg se centra en la mencionada paterno-filial, ya que además la “chica Jones” de esta entrega (bella Alison Doody) es una mujer fatal y pérfida cegada por la ambición desmedida que no duda un momento en traicionarle. Cobran además mucha importancia como secundarios los personajes de Salah y Marcus (John Rhys-Davies y Delholm Elliott), que retornan a la saga (únicamente aparecieron en la primera entrega –y Marcus muy brevemente-) como auténtico tándem cómico verdaderamente desternillante (impagable la escena de “Corra…”) y como genial comparsa de los héroes principales. El resto es bastante similar a “En busca del Arca Perdida”: existe un objeto misterioso (en este caso el Santo Grial) y lo quieren tanto Indy y sus amigos como los nazis, que repiten como villanos junto a un solvente Julian Glover, que da vida a Donovan, un millonario con ansias de gloria que caerá a manos del propio tesoro que busca (como Belloq y sus acompañantes caen al abrir el Arca de la Alianza). Las frenéticas escenas de acción alternan sin cesar con otras en las que el protagonista es el suspense y el misterio (las escenas que faltaron en “Indiana Jones y el Templo Maldito”) mientras que las localizaciones van de nuevo cambiando constantemente (Venecia, diversas zonas de Alemania, la ciudad de piedra de Petra…). Como ven, el esquema y el desarrollo de “Indiana Jones y la Última Cruzada” es casi un calco del de la aventura inicial del Doctor Jones. Eso no quita que la cinta sea endiabladamente divertida. Spielberg sabe introducir las novedades justas y explotar lo que ya creó para ofrecer una entrega dignísima que es más de lo mismo… Y que no pretende ser otra cosa. Está llena de escenas para el recuerdo (todo el prólogo con el malogrado River Phoenix dando vida al joven Indy, la persecución en lancha por los canales de Venecia, la huída del castillo en Alemania, la nueva persecución -ahora en moto y con tanques-, el delirante encuentro cara a cara con Hitler, Henry Jones y su paraguas “asustando” a los aviones de guerra, las tres pruebas de Indiana Jones, el genial desenlace con la elección de las copas…), de humor, de homenajes a las anteriores entregas, de romanticismo épico y, además, el personaje de Connery aporta la dosis necesaria de frescura al conjunto. Pocos directores saben repetirse con la maestría de Spielberg.

miércoles, 16 de febrero de 2011

INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO de Steven Spielberg - 1984 - ("Indiana Jones and the Temple of Doom")


Indiana Jones y su colega Tapón, tras una misión fracasada en la que debían comprar a un mafioso de Shanghai un valiosísimo diamante, acaban perdidos en las profundidades de La India. Alguien más les acompaña: Willie, una cantante guapa, rica, remilgada y mojigata que por pura casualidad ha terminado junto a ellos. Tras pasar por un miserable pueblo minado por el hambre, los tres deciden adentrarse en el misterioso Castillo de Pankot, en donde, según los aldeanos, gobierna un culto diabólico que ha raptado a sus hijos para que trabajen como esclavos. Sus miembros buscan algo: hacerse con las piedras Shankara, cinco piedras mágicas que les otorgarán un poder inimaginable que pretenden usar para dominar el mundo. Indiana y sus amigos, por suerte, se lo van a impedir.


La primera secuela de “En busca del Arca Perdida” fue la igualmente exitosísima “Indiana Jones y el Templo Maldito”, que continuó las aventuras del Doctor Jones en una nueva historia en la que se rizaba el rizo del delirio de acción, de la epopeya esotérica y de la comedia cínica. Si ha habido en esta saga un filme excesivo, barroco y cachondo (el mejor adjetivo que se me antoja para calificarlo) es éste, en el que el homenaje al cine de aventuras clásico es pasado por un filtro desquiciado que lo retuerce todo hasta límites insospechados. La trama de misterio se ha perdido por completo (una de las cosas más criticables de esta película, de la que hablaré más adelante) para ofrecer una historia lineal de acción frenética en la que Indiana, acompañado de Willie, una guapa pero remilgada y mojigata cantante (Kate Capshaw, que clava a la clásica rubia tonta e irritante de clase alta de los años treinta) y de un inverosímil niño aventurero (Que Qui Cuan, que vuelve a repetir papel entrañable –era el chico inventor de la mítica “Los Goonies”-), se enfrenta a una secta maldita en un templo oculto de las profundidades de La India. Los tres protagonistas terminan casi sin ayuda con el imperio de esta secta, liberan a los niños esclavos que trabajaban para ella y recuperan una piedra sagrada que daba prosperidad a un pequeño pueblo del que los sectarios la robaron (y con la que encima pretendían dominar el mundo). Y se quedan tan tranquilos. Como pueden ver, “Indiana Jones y el Templo Maldito” es una parodia desprejuiciada en toda regla, una parodia además de la propia “En busca del Arca Perdida”, que ya de por sí estaba llena de homenajes y de parodias. Cualquier excusa vale para desatar escenas de acción, y la cinta ofrece un espectáculo interminable de estas escenas: la huída de Shanghai, el salto del avión… en una lancha hinchable, esta misma lancha surfeando por las montañas nevadas de La India o cayendo por riscos inmensos, las catacumbas llenas de trampas, la liberación de los esclavos a mamporro en limpio, la escapada en vagoneta (delirante), la lucha final en el puente (aún más delirante)… Además, y por si fuera poco, todas estas escenas están cargadas de puros tópicos de los relatos de aventuras que ya alcanzan plenamente el más genuino pulp: un baile en un cabaret que termina en refriega, una guerra sexual entre Indiana y Willie emulando a las de las comedias brillantes, un pueblo oprimido con viejo venerable incluido, una noche en la selva con animalitos de toda clase, una cena “exótica” con serpientes vivas, sopa de ojos o sesos de mono; unos pasadizos cuajados de insectos a cada cual más asqueroso (que por supuesto la chica tonta ha de sortear), unos sacrificios humanos de risa, unas posesiones diabólicas que se curan con fuego, cocodrilos demasiado agresivos, varios guiños a la primera entrega de la saga facilones y un villano (divertidísimo Amrish Puri) sacerdote maligno con casco de cuernos. Hay que decir que “Indiana Jones y el Templo Maldito” no iba camino de convertirse en una buena película (ni siquiera en una película aceptable): su guión, tosco y chusco hasta decir basta, está lleno de errores y de soluciones precipitadas (aunque Indiana mantiene el mismo carisma e incluso más por momentos). Sin embargo, Steven Spielberg sabe sacarlo adelante de la mejor manera posible: no tomándoselo en serio en ningún momento y aceptando plenamente que está rodando una parodia. Así, consigue un filme que, a pesar de ser desde mi punto de vista el peor de toda la saga del Doctor Jones (ha perdido la trama de misterio que caracteriza a las otras tres entregas), es verdaderamente divertido en toda su desprejuiciada propuesta. Cuatro años después de este aún hoy criticado paréntesis de estilo, todo volvería (por suerte, porque un segundo experimento de este tipo no le saldría bien ni al propio Spielberg) a su cauce original con la genial “Indiana Jones y la Última Cruzada”.

martes, 15 de febrero de 2011

EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA de Steven Spielberg - 1981 - ("Raiders of the Lost Ark")


Indiana Jones es un profesor de arqueología dedicado a la búsqueda de tesoros de la Antigüedad que se va a embarcar en la que hasta ahora es la empresa más ambiciosa y peligrosa de su vida: encontrar el Arca de la Alianza, donde se supone que Moisés guardó las Tablas de la Ley de Dios. Para ello, necesita la ayuda de Marion, su antigua amante y la hija de su maestro, que tiene en su poder un medallón que indica el lugar donde se encuentra el codiciado objeto. Sin embargo, no va a tener las cosas nada fáciles: Marion le odia y él no es el único que busca el Arca… Los nazis también la quieren, y la quieren para dominar el mundo.


Considerado el “Rey Midas de Hollywood”, Steven Spielberg, director, guionista y productor, es uno de los más grandes maestros modernos del cine espectáculo, maestro que sabe aunar sin fisuras la calidad y la personalidad artísticas con la satisfacción de las exigencias de un público amplísimo. Sus películas, inimitables, suelen ser grandes éxitos comerciales sin por ello resultar pueriles, simplistas o dadas a las grandes concesiones. Aparte de la brillantez formal de toda su obra, cargada de sencilla humanidad y a veces moderadamente reivindicativa, Spielberg, que siempre acompaña sus cintas de las grandes bandas sonoras de John Williams, posee un gran dominio del ritmo, de las escenas de acción y de la utilización correcta de los efectos especiales y, sobre todo, un olfato comercial casi infalible que pocas veces le ha fallado y una inmensa capacidad para rodar toda clase de géneros y de productos. Por desgracia, a veces tiene sus errores, especialmente en lo que a las tramas de sus historias se refiere: Spielberg demasiadas veces se ha mostrado maniqueo en la línea del “buen americano” en sus apreciaciones políticas y/o sociales, como le ocurre en “Amistad” o en “La terminal”, por ejemplo. Su amplia y variadísima filmografía está compuesta de la road movie de terror independiente “El Diablo sobre ruedas”, de la road movie social “Loca evasión”, del filme de terror “Tiburón”, del filme sobre extraterrestres “Encuentros en la tercera fase”, de la sátira bélica “1941”, de la saga de aventuras del inconfundible Indiana Jones (“En busca del Arca Perdida”, “Indiana Jones y el Templo Maldito”, “Indiana Jones y la Última Cruzada” e “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”), del filme de extraterrestres para niños “E.T. el extraterrestre”, de los grandes dramas históricos “El color púrpura” y “El Imperio del Sol”, del flojo drama fantástico y sensiblero “Para siempre”, del filme de aventuras “Hook”, del magistral drama histórico “La Lista de Schindler”, de los filmes de aventuras y acción “Parque Jurásico” y su secuela “El mundo perdido”, del nuevo drama histórico “Amistad”, del drama bélico “Salvar al Soldado Ryan”, de los dramas de ciencia ficción “Inteligencia Artificial” y “Minority Report”, de las comedias “Atrápame si puedes” y “La terminal”, del flojo remake de “La guerra de los mundos”, del genial drama político “Munich” y del filme de animación “Las aventuras de Tintín: el Secreto del Unicornio”, que actualmente prepara.


Steven Spielberg había cambiado para siempre el cine de terror con la soberbia obra maestra “Tiburón” y había dado una visión muy especial de los extraterrestres en “Encuentros en la Tercera Fase”. George Lucas por su parte había revolucionado el cine de aventuras y de ciencia ficción con su fascinante trilogía de “Star Wars” (“La guerra de las galaxias”, “El Imperio contraataca” y “El Retorno del Jedi”). Ambos revolucionaron además, a principios de la década de los ochenta, el cine de aventuras con “En busca del Arca Perdida”, una superproducción con guión de Laurence Kasdan (basado en premisas e indicaciones de Lucas) y dirigida con una brillante personalidad por Spielberg. Parodia y a la vez homenaje de los seriales de las sesiones matinales de los años treinta, de las películas de aventuras clásicas, de las novelas también clásicas de escritores como Jules Verne o Émile Salgari, de muchas producciones de serie B, del pulp e incluso de las comedias clásicas emparentadas con el slapstick, la película que nos ocupa fue uno de los más grandes éxitos de su década, dio lugar a tres secuelas más (hasta la fecha y, la verdad, espero que se queden ahí) y creó a uno de los héroes por excelencia del cine de aventuras moderno: Indiana Jones, un profesor de arqueología obsesionado por conseguir grandes tesoros de la antigüedad de fondo bondadoso aunque también ambiciosísimo (y tendente a la avaricia camuflada con autoengaños), muy amigo de sus amigos, mujeriego empedernido, guapo y cínico, tierno, risueño y valiente aunque con un miedo fatal a las serpientes. Interpretado de manera genial por Harrison Ford (su personaje más famoso e influyente junto a Han Solo de “Star Wars” y Rick Deckard de “Blade Runner”), ha quedado en la memoria colectiva con su látigo y su sombrero y se ha convertido en todo un icono de la cultura moderna, imitado hasta la saciedad con mayor o menor fortuna pero jamás con idéntico carisma. “En busca del Arca Perdida” es una espléndida fusión de cine de aventuras de aura clásica, de filme fantástico y de comedia en la que todo homenaje y referencia posible entra desde un punto de vista romántico, paródico y nostálgico: el cine negro y el bélico, el slapstick, la comedia romántica brillante, la acción, la intriga y la fantasía esotérica más delirante. Indiana Jones y su antigua amante Marion (una mujer de armas tomar nada remilgada y alejada de estereotipos machistas a la que da vida Karen Allen) se enfrentan junto a Salah (un divertidísimo John Rhys-Davies que se convertiría en uno de los principales secundarios de la saga) a los nazis, que quieren hacerse con el Arca de la Alianza y que están guiados por Belloq (carismático Paul Freeman), el arqueólogo rival del protagonista. La mezcla de comedia, acción frenética y misterio funciona a la perfección y Spielberg y Lucas rompen con el cine de aventuras clásico para regalarnos escenas inolvidables: el prólogo al completo (el ídolo, la piedra rodante, la persecución a través de la selva), la lucha en el bazar, la bajada a las ruinas, la huída en el avión y, sobre todo, el terrorífico momento en el que el Arca es abierta, magistral secuencia donde los fantasmas del Antiguo Testamento arrasan con la soberbia nazi al “ritmo” de la onírica música de John Williams. Cargada de localizaciones exóticas, de momentos cómicos magníficos y de las mencionadas escenas para el recuerdo, “En busca del Arca Perdida” supuso un punto de inflexión, una renovación total del cine de aventuras familiar que tuvo miles de imitaciones (“Tras el corazón verde”, “La Momia”, “Piratas del Caribe”… Unas más afortunadas y otras menos).