Cluster, el dúo formado en Berlín por Dieter Moebius y Hans-Joachim Roedelius tras la ruptura de Kluster por diferencias creativas con quien completaba el trío, Conrad Schnitzler, y su debut de 1971, Cluster 71 o Cluster a secas, suponen uno de los ejemplos más tajantes de lo expuesto en el primer párrafo. Con la ayuda del mítico Conny Plank (productor de Neu! y Kraftwerk) en los controles y la composición, Cluster lleva el nombre del grupo hasta las últimas consecuencias al hacer de su primer elepé un drone de cuarenta y cinco minutos divido en tres partes con el único título de la duración de cada una de ellas. Órganos, generadores de audio y amplificadores son implementados para crear un paisaje electrónico e industrial en el que la guitarra hawaiana de Moebius y el violonchelo de Roedelius —modificados en el estudio— bien pudieran humanizar a las máquinas o ser fagocitadas por ellas, tan complejo, ambiguo y ambicioso es el resultado artístico del plástico. Coherente en extremo y fascinante si uno se deja arrastrar por su poesía y no trata de desmantelarlo intelectualizándolo, en Cluster 71, ya lo habrán imaginado, no hay rastro de lo que un oyente medio puede identificar como música rock; su vinculación con ésta la dan el fetichismo pop de la portada del ábum y sus fotos interiores —su publicación misma— y la integración del dúo en una tendencia que lleva el sufijo "rock" en sus caracteres. La estricta escucha del disco —por poner un ejemplo muy claro— nos sitúa del lado de John Cage o Pierre Schaeffer, no del de los Rolling Stones o Led Zeppelin, pero Cluster 71 queda fuera de vinculaciones restrictivas a uno u otro lado de la barrera. La concentración que de él emana y el convencimiento de sus creadores hacen inútiles discusiones bizantinas: solo provocan placer en quien conecte con ellos y quiera ensanchar su espectro. Ni groupies ni partituras: música, sonido (y viceversa).
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martes, 4 de marzo de 2014
Cluster 71
Cluster, el dúo formado en Berlín por Dieter Moebius y Hans-Joachim Roedelius tras la ruptura de Kluster por diferencias creativas con quien completaba el trío, Conrad Schnitzler, y su debut de 1971, Cluster 71 o Cluster a secas, suponen uno de los ejemplos más tajantes de lo expuesto en el primer párrafo. Con la ayuda del mítico Conny Plank (productor de Neu! y Kraftwerk) en los controles y la composición, Cluster lleva el nombre del grupo hasta las últimas consecuencias al hacer de su primer elepé un drone de cuarenta y cinco minutos divido en tres partes con el único título de la duración de cada una de ellas. Órganos, generadores de audio y amplificadores son implementados para crear un paisaje electrónico e industrial en el que la guitarra hawaiana de Moebius y el violonchelo de Roedelius —modificados en el estudio— bien pudieran humanizar a las máquinas o ser fagocitadas por ellas, tan complejo, ambiguo y ambicioso es el resultado artístico del plástico. Coherente en extremo y fascinante si uno se deja arrastrar por su poesía y no trata de desmantelarlo intelectualizándolo, en Cluster 71, ya lo habrán imaginado, no hay rastro de lo que un oyente medio puede identificar como música rock; su vinculación con ésta la dan el fetichismo pop de la portada del ábum y sus fotos interiores —su publicación misma— y la integración del dúo en una tendencia que lleva el sufijo "rock" en sus caracteres. La estricta escucha del disco —por poner un ejemplo muy claro— nos sitúa del lado de John Cage o Pierre Schaeffer, no del de los Rolling Stones o Led Zeppelin, pero Cluster 71 queda fuera de vinculaciones restrictivas a uno u otro lado de la barrera. La concentración que de él emana y el convencimiento de sus creadores hacen inútiles discusiones bizantinas: solo provocan placer en quien conecte con ellos y quiera ensanchar su espectro. Ni groupies ni partituras: música, sonido (y viceversa).
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