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lunes, 30 de marzo de 2026

El tiempo de las cerezas

Alianza de artistas que, gusten más o menos, lo son de fuste, la de Bunbury y Nacho Vegas sigue el lema de "juntos, pero no revueltos"; es decir, alternar canciones del uno y del otro, aunque la convergencia llegue en ciertos momentos. Registrado en el ya mítico estudio de Paco Loco en el Puerto de Santa María, El tiempo de las cerezas (2006) equilibra los estilos del aragonés y el asturiano mediante el quinteto espléndido en que apoyan sus interpretaciones vocales (Fran Iturbe, Jorge Rebenaque, Xel Pereda, Quique Mavilla y Ramón Garcías), al que sumar una serie de invitados entre los que destacan Christina Rosenvinge, Gary Louris o el propio Loco. Sin salir Bunbury o Vegas de su canon estético, el doble álbum no chirría al rotar sus composiciones, realidad que viene a corroborar al final de cada uno de los discos la versión reprise que el primero hace del Días extraños de Vegas y el segundo de El rumbo de tus sueños de Bunbury. Bien sea afirmación forzada de la autoría común (al igual que se asegura en el cuadernillo que acompaña al digipak: "El tiempo de las cerezas es un disco de Enrique Bunbury y Nacho Vegas") o confirmación de unas intenciones materializadas, lo cierto es que el malditismo indisimulado de ambos autores —malditismo que no nace de un enfrentamiento con la tradición musical sino de una lírica renegada— casa estupendamente y da con una sonoridad de cimientos comunes abrazada a lo largo de un trabajo notable e incluso sobresaliente en algún tramos. Fue un instante irrepetible hace veinte años, el de El tiempo de las cerezas de Bunbury y Vegas. Yo les recomiendo que viajen al pasado y las prueben.



lunes, 29 de diciembre de 2025

La zona sucia


Sin dejar de ser notable y personal, el anterior disco de Nacho Vegas había significado un pequeño bajón en su brillante trayectoria. Sin embargo, La zona sucia (2011) vuelve a poner las cosas en su sitio y es, en conjunto, superior a El manifiesto desastre. Y lo es empezando por una magnífica portada en la que una Z troquelada en un cartón negro deja ver la pintura expresionista de Adolfo P. Suárez que —retirado el cartoncillo— nos lleva al título del trabajo escrito sobre la zeta mayúscula, pues la oscuridad de la noche en la ciudad quizá sea como esa zona sucia que, en la Fórmula 1, "es evitada por los pilotos pues es una zona más lenta, donde se acumulan impurezas del pavimento y que representa, por lo general, vueltas menos eficientes", como explica concisamente el mexicano Daniel Cortez Rayas. A nadie escapa que los conflictos tratados por Vegas son también oscuros y evitados, de los que no se explicitan en nuestro trascurrir diario —falaz, cobarde y superficial— en el trabajo, el centro comercial o el vecindario.

Apoyándose en una banda que da una y otra vez con la musicalidad perfecta (Abraham Boba, Manu Molina, Xel Pereda y Luis Rodríguez, a quienes sumar colaboraciones puntuales), el autor de Actos inexplicables alarga la autoficción lírica que le caracteriza, folk rock de herencia dylaniana mas formalización idiosincrásica en el que, sin desdeñar uno solo de sus diez cortes, destacan en mi opinión La gran broma final y su devenir épico; Taberneros, suerte de nana para adultos acerca del amor frustrado; Cosas que no hay que contar, intenso relato oral sobre lo que debe ser ocultado, y El mercado de Sonora, cuya sonoridad psicodélica se aleja de la del resto del álbum y cierra La zona sucia. Ésa en la que Nacho Vegas se mueve como pez en el agua (de los malditos) y que hace de él una de las voces más interesantes de la música popular española de este siglo.






jueves, 14 de septiembre de 2023

El manifiesto desastre

Tres años después de Desaparezca aquí, Nacho Vegas retomaba su carrera en solitario con El manifiesto desastre (2008). Y decimos bien en solitario, pues entremedias había colaborado con muy buenos resultados con Bunbury (El tiempo de las cerezas), Christina Rosenvinge (Verano fatal) y Xel Pereda (los dos dieron forma a Lucas 15). El cuarto y último trabajo del asturiano para Limbo Starr no muestra a un artista especialmente diferente, aunque el piano de Abraham Boba y el bajo de Luis Rodríguez modifiquen la formación del grupo que le acompaña, en el que seguimos escuchando la guitarra de Pereda y la batería de Manu Molina.

Dry Martini, S.A. evidencia de salida que las letanías fustigadoras de autoficción que tan bien practica Vegas siguen en su sitio. A pesar de su título, o en contradicción con él, Detener el tiempo acelera moderadamente el tempo de ejecución, folk rock que cita en su letra una de las grandes obras maestras de Bob Dylan, Blonde On Blonde, referencia ineludible del autor de Cajas de música difíciles de parar. Junior suite recupera la solemnidad cotidiana o la cotidianidad poetizada o sublimada a fuego lento, algo tan característico de nuestro hombre, y permite que Boba luzca sus teclados. Lole y Bolan (un amor teórico) es un homenaje explícito a Marc Bolan, T. Rex y el glam rock en el que colabora Rosenvinge. Vuelve a lo suyo Nacho Vegas, a tejer la música a su manera, en El tercer día, poderoso tema que se adelanta a la versión del Anyhow, I Love You de Guy Clark, que Vegas lleva claramente a su terreno (y no solo por convertirla al castellano: Nuevas mañanas) sin traicionar su devenir melódico. Crujidos es lo más pop del lote, canción pegadiza y agradable que no acaba de encajar en el conjunto. Uno de los momentos cumbre de El manifiesto desastre es Mondúber, espectáculo lírico y sonoro que me emociona sobre todo cuando Vegas entona estos versos que repite cual pliego de cargos ante el que no cabe defensa —fatalismo propio de la casa— y que su creador parece cantar con el orgullo de la desolación:

"Y tú, solo tú eres el único culpable,
el cielo presagia una auténtica debacle.
Y ven, mi amor, ven, acompáñame al desastre,
y ten, mi amor, ten, éste es el premio que ganaste".

Un desastre manifiesto lleva ecos de Tom Waits y Nick Cave y tiene fragmentos de gran interés instrumental en los que el rock y y el folclore del norte de España se dan la mano. En lugar del amor recuerda a Joaquín Sabina en su acercamiento a las rancheras, si bien tan negativa influencia es superada por Vegas y su banda al ponerla en escena. Concluye el álbum mediante una Morir o matar que prolonga y hurga en el malditismo de su cantante y compositor, firme que el pisa cómodo y en el que juega sus bazas artísticas. Las de una de las voces más peculiares y de mayor calidad de la música popular del siglo XXI en este país.



miércoles, 7 de julio de 2021

Desaparezca aquí

No hacen falta las comparaciones si hablamos del tercer disco de Nacho Vegas, pues insiste el asturiano en sus peculiares canciones largas de origen folk y desarrollo rock magníficamente instrumentadas y puestas en pie por su grupo, Las Esferas Invisibles. Desaparezca aquí (2005) corrobora la figura del personal cantautor mediante diez composiciones que se mueven entre el morbo, el testimonio costumbrista, el tremendismo y la invención poética. Si musicalmente todas tienen el sello Vegas, en dos de ellas (Ella me confundió con otra persona, Perdimos el control) hace acto de presencia la electricidad de forma poderosa, novedad sonora que no anula el tono de confesión íntima de las letras, si acaso aumenta —materia de discusión— el impacto emocional de las mismas. Aunque menos agresiva, también hay electricidad en Nuevos planes, idénticas estrategias, glam circense que dispara "como Kevin Ayers a una luna llena", y Autoayuda, para mí pieza central de la función, y cuyos vatios ondulantes parecen descender de Nick Cave y sus Bad Seeds. El resto del listado nos sirve para saber de El hombre que casi conoció a Michi Panero, cómo se vive Cerca del cielo, subtitulada Canción de Juanito Oiarzabal por el montañero vasco, y otras historias del bardo de Gijón —de Maravillas de la condición humana a La noche más larga del año— siempre acompañadas de bellas partituras y nobles interpretaciones.


 

miércoles, 1 de abril de 2020

Verano fatal


Dos de los nombres más brillantes del rock español unían fuerzas en 2007 para cantar al Verano fatal. Nacho Vegas venía de colaborar con Enrique Bunbury en el excelente y doble El tiempo de las cerezas y Christina Rosenvinge, tras Continental 62, se preparaba para recuperar el castellano con el muy notable Tu labio superior. Siete canciones y veinticinco minutos son suficientes para saber del talento de ambos, tres de la autora de La joven Dolores, una del creador de La zona sucia y tres escritas a dos manos. Entre el folk (Me he perdido, Que nos parta un rayo, No lloro por ti), la tormenta noise (Humo, Verano fatal) y el pop (Ayer te vi, No pierdes lo que das) reconocemos la voz personal de Rosenvinge y Vegas y los ecos de artistas como Yo La Tengo, Sonic Youth, la Velvet Underground, los Stooges o PJ Harvey. Las letras hablan del amor (fatal, al igual que el verano del título) que ha surgido entre los dos músicos, amor con fecha de caducidad y aire malsano que se introduce en las composiciones y parece justificar uno de sus versos: "Hacer siempre lo incorrecto es una forma de acertar". Los de un Verano fatal que no desentona en la discografía de estos iconos de los sonidos independientes nacidos en este país.

lunes, 15 de julio de 2019

Miedo al zumbido de los mosquitos


Unos meses antes de publicar su segundo, doble y espléndido disco —Cajas de música difíciles de parar—, Nacho Vegas ponía en el mercado un epé de título aún más extraño: Miedo al zumbido de los mosquitos (2002). El primero de sus cortes, En La Sed Mortal, formará parte de dichas Cajas y anticipa el sonido que el ex manta ray va a promover a partir de entonces. No es que el cantautor de Actos inexplicables se haya ido, pero en los siete minutos y medio de la canción inicial la banda que acompaña a Vegas tiene un peso instrumental mayor sin que la importancia de la letra y su tono confesional se vea cuestionada. Añada de Ana la friolera confirma dicho aumento de la densidad del sonido mediante una balada de bellísimos arreglos y acabado perfecto "inspirada en una melodía tradicional asturiana". El Nacho Vegas más solemne se mueve entre el folk y el rock en Hay hombres algunos años más tristes que yo, magnífico título cuyo contenido estilístico lo definen en buena medida el banjo de Xel Pereda y la armónica de Diego Yturriaga. Al igual que la pedal steel de Paco Loco, encargado de la grabación, es parte imprescindible de Brujita, cierre hecho de guitarras eléctricas y ecos para "desde este agujero, decirte que muero por ti". Del Miedo a las Cajas: cuatro composiciones muy brillantes de Vegas que paliasen la espera de la que para bastantes iba a ser su obra maestra.

viernes, 6 de mayo de 2016

Actos inexplicables


Nada perdió Manta Ray con la salida de Nacho Vegas —al magistral Esperanza me remito, primer disco publicado por la banda tras su marcha—, mucho ganó el rock español con su carrera en solitario, la de, en mi opinión, la figura más importante en lo que va de siglo XXI de la música del diablo hecha aquí, si bien Santi Campos o José Ignacio Lapido podrían presentar alegaciones cargados de razón. Al igual que éstos, lo del autor de El manifiesto desastre no es flor de un día, y su excelencia se cimenta en la calidad continuada de sus grabaciones, pero ya desde la primera el artista asturiano enseña unas formas personalísimas en la construcción de canciones espléndidas hechas de bruma, nostalgia, tristeza y, como indica el título del disco, Actos inexplicables.

Editado en 2001 y recibido con numerosos parabienes por la crítica especializada, el debut de Nacho Vegas desconcertó a quienes esperaban (o podían esperar) algo relacionado con el rock kraut e industrial practicado por Manta Ray. La ruptura de Vegas con su pasado es radical al presentarse como un cantautor de honduras folk y acústicas dispuesto a soltar extensas parrafadas en castellano y dejar el inglés a un lado. Los temas son largos, pensados para que su compositor se explaye valiéndose de viñetas de su realidad, lo cual no hay que confundir con sincerarse. Las melodías son en todo momento emocionantes; los arreglos, diversos y muy hermosos —secciones de cuerda y viento, melódica, theremin, shaker, didyeridú, sitar eléctrico, armónica, teclados, etc.—; el tema que abre el CD, homónimo e instrumental, quizá para despistar o para afirmar los valores musicales tanto como los líricos; y la electricidad de las guitarras se agradece cada vez que aparece. Las cuerdas disonantes que flotan bajo El camino y el andamiaje noise de Molinos y gigantes recuerdan al Vegas de vanguardia, mientras que en el estribillo de Blanca (que en su estrofa es puro soul) sale a la luz el más contundente o roquero; sin embargo, es la presencia de una cita de Nick Drake —sacada de Hazey Jane II—, impresa en el interior de la carpeta al pie de una magnífica fotografía de la playa de Gijón tomada por C.S. Ulla, y la adaptación a la lengua de Juan Benet del Fare Thee Well Miss Carrousel de Townes Van Zandt (Que te vaya bien, Miss Carrusel) lo que indica con mayor exactitud el camino que sigue el resto del álbum.

Iba a arrancar de esta manera una carrera sin apenas concesiones pero exitosa, capaz de calar en el público sin renegar de su esencia o reblandecer las perspectivas artísticas de su creador. Una carrera que no cesará de ensanchar éstas, si bien ancladas en un idea que en Actos inexplicables ya alumbra para no dejar de echar luz sobre lo que habrá de venir. Siempre sobresaliente e imprescindible, claro.

 

domingo, 19 de febrero de 2012

Cajas de música difíciles de parar


Nada perdió Manta Ray con su marcha —Esperanza y Heptágono (a medias con Schwarz) así lo demuestran—, pero mucho ganó el rock español (y en castellano) con el inicio de la carrera en solitario de Nacho Vegas. La del asturiano ha ido ensanchándose desde aquellos Actos inexplicables que dieron título a su primer álbum en 2001 hasta convertirse en referencia capital de la música popular hecha en España en lo que va de siglo. Poseía ya ese disco muchas de las características que luego desarrollará en sus múltiples trabajos (epés varios, colaboraciones con Enrique Bunbury y Christina Rosenvinge, Lucas 15, además de los tradicionales elepés), pero es en el segundo y doble CD Cajas de música difíciles de parar (2003) en el que su estilo será plenamente expuesto. Veinte canciones que se van hasta los cien minutos para que tenga tiempo Vegas de contarnos sus historias y acercarnos sus lamentos, heredero de esa senda —la de cantautor rock— hollada por Bob Dylan, Leonard Cohen y otros. Por fortuna, no es Vegas imitador sin alma, sino que su manera de cantar, las letras tan peculiares, las siempre hermosas melodías, los arreglos y la banda que le respalda hacen que lo que podía flojear en algún momento por su incontinencia —también existe el disco como triple vinilo— devenga particular y necesario. Magnéticas a lo largo de todo el recorrido, incluso sublimes en ocasiones, estas Cajas de música difíciles de parar han tenido eco hasta el día de hoy en la magnífica producción discográfica de Nacho Vegas solo o en compañía. Trabajos como Desaparezca aquí, La zona suciaEl tiempo de las cerezas (éste con el que fuera cantante de Héroes del Silencio) han corroborado y expandido la obra de aquel joven que viajó desde el noise y el kraut de Manta Ray hasta el folk eléctrico con el cambio de centuria. Si las consecuencias estéticas son de tal calado, es indiferente la singladura.