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jueves, 18 de julio de 2019

Yesterday And Today


Si bien el prestigio de Y&T se cimenta sobre su impecable directo (de lo que servidor ha sido testigo) y la trilogía de álbumes con la que inauguraba la década de 1980, el grupo de Dave Meniketti había debutado en 1976 con Yesterday And Today, título de un elepé norteamericano de los Beatles que había dado nombre al cuarteto de California antes de que lo abreviara. Disco homónimo, pues, en el que se practica un hard rock de buenas maneras y muy de la época que, sin llegar al nivel de Aerosmith, Montrose o UFO, se nutre de composiciones notables, muestra las habilidades y el poderío de Meniketti a las seis cuerdas (punto fuerte de la banda que el cantante y guitarrista desarrollará sin cesar) y deja adivinar alguna de las características futuras de los autores de Black Tiger. En cuanto a las canciones, las dos primeras (Animal Women y 25 Hours A Day) son lo suficientemente explosivas para que sirvan de ejemplo; el genio de Dave Meniketti brilla especialmente en la agresividad de Game Playing Woman o en el romanticismo de My Heart Plays Too y Beautiful Dreamer; y en la primera de las baladas (la segunda así definida en un sentido lato) está el embrión de I Believe In You y Winds Of Change al igual que Earthshaker anticipa el título de dicho trabajo y la cadencia de la inmortal Forever. Yesterday And Today, un álbum muy olvidado que se merece el respeto de las cosas bien hechas, que sostiene la mirada tranquilamente a la trilogía mencionada al principio y que ningún plástico posterior a Mean Streak iguala ni de broma.

jueves, 23 de octubre de 2014

Earthshaker


Primera parte de la trilogía de la que vivirá de la rentas y dará caché in aeternum a Y&T (o Yesterday & Today), Earthshaker (1981) es para muchos de los seguidores del grupo su mejor elepé, demostración de fuerza que, entre el hard rock y el heavy metal, inaugura la etapa más brillante, decisiva e incisiva del cuarteto californiano. Riffs y atmósferas herederos de AC/DC, Black Sabbath, Deep Purple o UFO, pero con ese entrañable toque vacilón de los autores de Black Tiger, dan forma a canciones jugosas que van desde el himno sleaze (Young And Tough), la agresividad metálica (Hurricane) o el inesperado balazo medio punk cantado por Phil Kennemore (Squeeze), hasta el romanticismo melódico de Rescue Me o la pura balada (I Believe In You), que cierra el álbum con una exhibición de Dave Meniketti a las seis cuerdas que pone los pelos de punta. Protagonista instrumental de todas y cada una de las piezas de Earthshaker, la guitarra del también vocalista de Y&T multiplica sus habilidades en los siete minutos que coronan el trabajo de los treinta y cuatro anteriores, dejando al oyente con una grata sensación de plenitud que se prolongará —ya lo hemos dicho— en los dos siguientes discos de la banda. ¿Quieren diversión o les apetece practicar el air guitar? Escuchen este elepé y habrán encontrado el remedio.

domingo, 29 de enero de 2012

Black Tiger


Segunda pieza de su brillante trilogía —tras la que la calidad de las grabaciones de Y&T caerá en picado—, Black Tiger (1982) puede no estar a la altura de la primera entrega, Earthshaker, pero contiene la que para mí es su mejor canción, uno de los himnos definitivos del hard rock de la década en la que ve la luz: Forever. Pivotando alrededor de tan magna pieza encontramos un álbum poderoso que ha sobrevivido en un negociado —metal de una época generalmente nefasta— cuyas obras, en su mayoría, no han resistido el paso del tiempo. La veloz Open Fire, la pegadiza Don't Wanna Lose y su fenomenal riff, la agresiva Black Tiger o la chulesca My Way Or The Highway funcionan bien, pero tienen que rendirse ante la joya de la corona, una impresionante composición en la que la guitarra de Dave Meniketti hace estragos. Obviamente, si Forever marcara la tónica de Black Tiger, estaríamos ante una obra maestra; sin embargo, aun no siendo el caso, los resultados son notables. En una línea similar, Mean Streak completará al año siguiente la tríada sobre la que se sostiene todo el prestigio —en estudio, por supuesto, pues en directo no lo ha perdido en absoluto— de la banda californiana. Puede no parecer demasiado, pero sí suficiente para brillar por encima de un gran número de indocumentados que, a la sazón, vendían pose e imagen en lugar de música. Mejor o peor, es lo que siempre ofreció (y ofrece) Y&T.

sábado, 2 de abril de 2011

Mean Streak

Aunque es innegable que a partir del lanzamiento en 1983 de Mean Streak, Y&T —Yesterday & Today en los setenta— asume y consuma una decadencia artística que se expresa en elepés repletos de material mediocre como In Rock We Trust o Down For The Count o singles como esa infumable horterada titulada Summertime Girls —dueña de un videoclip realmente incalificable—, el quinto disco del grupo californiano mantiene todavía la mecha encendida con una colección de canciones que, al menos en sus dos terceras partes, podemos calificar de notable.

Mean Streak es el primer corte, el que da el título al disco, y, para muchos de los seguidores de Y&T, la mejor canción del grupo. Sin salirse un ápice del hard rock melódico que triunfaba en la primera mitad de los años ochenta (y culpable de verdaderas atrocidades musicales), Mean Streak es lo que se suele llamar una canción perfecta, con todo en su sitio (riff, estrofa, estribillo, puente, solo de guitarra) y la banda sonando como un cañón. Straight Thru The Heart es un duro medio tiempo que da paso a dos temas llenos de romanticismo metálico, Lonely Side Of Town y Midnight In Tokio, muy hermosos para quien esto escribe, y lejos del bochorno —bochorno al que muchos fanáticos del heavy metal llaman autenticidad— que suelen provocar este tipo de canciones. Breaking Away y Hang 'Em High, el corte más veloz y macarra de Mean Streak, completan la parte realmente aprovechable del elepé, pues las tres últimas canciones del mismo, especialmente Sentimental Fool, rebajan la calidad del conjunto como si quisieran adelantar el bajón creativo que Y&T sufrirá de ahí en adelante.

Bajón que no parece haber afectado al grupo en directo —a pesar del ir y venir de miembros y la inestabilidad durante los años noventa—, como tuve ocasión de comprobar en 2008 al asistir al formidable concierto que ofreció en Madrid. Ahí estaban los dos pilares de la banda: un colosal Dave Meniketti y el siempre pasado de vueltas y entrañable Phil Kennemore, fallecido hace muy poco de cáncer de pulmón. Sirva esta entrada para recordar al bajista y reivindicar uno de esos escasos discos de su época y estilo que ha conseguido que el tiempo no lo horade de forma irremediable.