lunes, 4 de junio de 2012
Eric Dolphy Quartet In Europe
Magnífico rescate el que este mismo 2012 ha visto la luz bajo el sello de Essential Jazz Classics. Nada más y nada menos que los conciertos ofrecidos por Eric Dolphy en Copenhague el 6 y el 8 de septiembre de 1961, y que en su momento fueron publicados en tres volúmenes independientes con el título de Eric Dolphy In Europe. Dichos elepés han sido reunidos en un doble CD —Eric Dolphy Quartet In Europe. The Complete 1961 Copenhagen Concerts— al que se han incorporado tres cortes extra registrados también en vivo en Uppsala el 4 de septiembre.
En compañía de tres músicos daneses —Bent Axen (piano), Erik Moseholm (contrabajo), Jørn Elniff (batería)— surge un estupendo cuarteto ad hoc (algo nada raro, hasta donde yo sé, en solistas del jazz que visitaban nuestro viejo continente) para que Dolphy imparta lecciones magistrales de flauta, clarinete bajo y saxo alto. Sólo en dos de los temas el conjunto queda reducido y modificado, pues es el contrabajo de Chuck Israels el que acompaña a la flauta de la que Eric Dolphy extrae sonidos exquisitos y embelesadores, que completan los de Israels en un dúo que te abduce (Hi-Fly); y es el clarinete bajo del músico californiano el único instrumento que se escucha en God Bless The Child. Pero es mejor no destacar ninguno de los cortes, ya que todos ellos contienen improvisaciones de interés que, más allá de las de Dolphy, conciernen al resto de intérpretes y, en especial, a Bent Axen.
Editado con las notas originales de los tres elepés, además de un texto introductorio de Morton James, la aparición de este álbum es una noticia excelente —a disfrutar a fondo y con tiempo— para cualquier amante del jazz y diría que de la música en general. El medio siglo que lo contempla nada significa para la belleza que atesora.
domingo, 4 de julio de 2010
Out To Lunch y Last Date
Rodeado por el ubicuo Freddie Hubbard a la trompeta (que también tocaba en Free Jazz, por cierto), Bobby Hutcherson al vibráfono, Richard Davis al contrabajo y Tony Williams a la batería —cuatro músicos como la copa de un pino—, Dolphy interpreta cinco temas propios en los que la abstracción atonal en la que se mueve no impide la expresividad de sus improvisaciones. Cualquiera de los tres instrumentos con los que se maneja suenan formidables amparados en ese clima alucinatorio que facilita no ya el propio vibráfono, sino el tratamiento que le da Hutcherson (en el que se puede encontrar sin problemas las huellas que van de Bartók a John Cage), en complicidad con unos Davis y Williams exquisitos. La riqueza de Out To Lunch se encuentra en en la homogeneidad de un trabajo que desde sus primeras notas se lanza a buscar en una dirección sin renunciar a los matices que, durante el camino, modifiquen el punto de partida o marquen distancia entre uno y otro tema. Es en esa tensión —asumida con la mayor naturalidad— donde se vertebra la obra.
El 29 de junio de ese mismo 1964, Eric Dolphy moría en Berlín sin llegar a ver publicado su mejor trabajo. El que al parecer es su último concierto quedó registrado en Last Date, actuación llevada a cabo en Holanda el 2 de junio junto al más que solvente trío del pianista Misja Mengelberg, que en en realidad era un cuarteto en el que Dolphy sustituía para la ocasión al saxofonista Piet Noordijk. Más cercano al hard bop de los cincuenta (básicamente, lo que se suele entender por jazz en general) que a la vanguardia que informa y asume Out To Lunch, el concierto muestra sobre las tablas, de nuevo, a un fabuloso instrumentista con saxo alto, clarinete bajo y flauta, pero es con esta última con la que toca el solo de You Don't Know What Love Is, de una belleza y sensibilidad desarmantes, y lo mejor de aquella velada.
En una entrevista concedida hace unos meses a la Cadena Ser, Luis de Pablo, preguntado por Àngels Barceló, venía a decir que lo peor no era que la gente dijera no entender de música o que no le gustara, sino que le gustara Bob Dylan (sic). Obviamente, de Pablo utilizaba el nombre de Dylan como ejemplo para defender una elitista separación entre el arte popular y el arte culto. Parapetado por esa supuesta impunidad que muchos intelectuales y artistas creen tener, de Pablo soltaba semejante majadería sin que la periodista objetase nada. El caso de los grandes músicos de jazz de los años sesenta (aunque también de antes), que bebían por igual del primigenio blues rural y del dodecafonismo de Arnold Schönberg, hace que artistas como Eric Dolphy y álbumes como Out To Lunch se lo pongan más difícil al autor de la música de El espíritu de la colmena. Porque, ¿qué es, preguntaría yo al Señor de Pablo, Out To Lunch, música culta o música popular? ¿Qué interpretan Dolphy y los músicos que le acompañan, Señor de Pablo, en Last Date, música culta o música popular? No se esfuerce, se lo digo yo: es música, sin más epítetos. Música, eso sí, de primera categoría que habla por sí sola. Escuchen Out To Lunch y Last Date y juzguen ustedes. Las vergonzantes divisiones entre culto y popular para dirimir la calidad de una obra aquí no tienen lugar.