Liderando el mismo cuarteto que la secunda en los dos espléndidos directos en Newport y el Village Gate —publicados respectivamente antes y después de su tercer disco en estudio—, Nina Simone graba Forbidden Fruit, elepé de 1961 que, sin situar a la altura de Little Girl Blue, Nina Simone Sings The Blues o los dos directos mencionados, es una prueba más de que su discografía está plagada de obras de interés. Si todo el conjunto es apreciable, son las baladas y la solemne forma de afrontarlas de Simone donde el álbum brilla cualitativa y cuantitativamente, pues tanto la lectura de I'll Look Around como la soberbia adaptación del clásico de la canción napolitana Dicintello Vuje (Just Say I Love Him en inglés) son los dos temas más extensos de la función y los dos únicos que sobrepasan los cinco minutos. Las versiones de No Good Man, Where Can I Go Without You y Memphis In June abonan asimismo el terreno sentimental y melancólico aunque de manera más breve. Los otros cinco cortes del disco, hasta llegar a diez, son Rags And Old Iron y Work Song, ambos en el debut de Oscar Brown Jr. del año anterior, si bien el swing del segundo se debe a Nat Adderley, que ya lo había grabado sin la letra que añade Brown para su disco homónimo; Gin House Blues, de Fletcher Henderson y Henry Troy; I Love To Love, de Lennie Hayton y Herbert Baker, y la pieza que cierra y titula Forbidden Fruit, clausura que aúna chachachá, góspel y rock and roll en una mixtura firmada por Brown Jr. que rompe con cualquiera de los registros previos —obvia y especialmente con el amoroso y mayoritario— de un elepé menor de su autora pero igualmente bueno y recomendable.
jueves, 31 de julio de 2025
lunes, 17 de marzo de 2025
Nina At The Village Gate
Si bien publicado en enero de 1962, Nina At The Village Gate recoge un concierto de marzo del año anterior de Nina Simone liderando su cuarteto en el mítico club neoyorquino. La exultante apertura de Just In Time, de gozoso solo de Simone sumado a su autoridad vocal, nos avisa de que lo que aquí se va a ventilar es de calidad superlativa. He Was Too Good To Me suaviza la velada al introducirse el cuarteto en el terreno de las baladas, siendo Al Schackman, Chris White y Bobby Hamilton muy sutiles con —respectivamente— guitarra, contrabajo y batería para que sea la voz y el piano de Nina Simone quienes ejerzan el protagonismo. En la misma línea funciona la hermosa adaptación del House Of The Rising Sun, muy diferente a las de Bob Dylan y los Animals o a la que ella misma registrará en estudio para Nina Simone Sings The Blues pocos años después. La única pieza instrumental que vamos a encontrar, Bye Bye Blackbird, es, además, la más larga del elepé y la que cierra su primera mitad con una Simone colosal a unas teclas repletas de swing y de blues. Una delicia, pues, que en su último tramo echa el freno y se vuelve introspectiva.
Sola al piano escuchamos a nuestra protagonista en la estremecedora lectura del Brown Baby de Bobby Brown, eterno canto antirracista que en la voz de Nina Simone paraliza el mundo y clama contra las injusticias sufridas por los negros en Estados Unidos… o en cualquier lugar del planeta. La breve Zungo, del nigeriano Michael Babatunde Olatunji, nos acerca a los ritmos africanos antes de volver a la lentitud, a las baladas y a Simone en solitario tocándonos el corazón con If He Changed My Name. La segunda cara y el álbum en vivo en el Village Gate son clausurados por la festiva y tradicional Children Go Where I Send You, con el público pasado y el oyente actual rendidos a un cuarteto que, ahora sí, deja espacio para el lucimiento de todos sus miembros. Aplaudiendo como el respetable presente, despido este texto reverenciando a una artista impresionante que no merece sino todos los parabienes posibles.
lunes, 15 de enero de 2024
Nina Simone Sings Ellington!
Thelonious Monk, Earl Hines, McCoy Tyner, Oscar Peterson… Muchos son los pianistas (además de todo tipo de instrumentistas jazzísticos y músicos de otros géneros en composiciones, versiones sueltas o álbumes completos) que han homenajeado a Duke Ellington. Pero si nos referimos a las pianistas la cosa cambia. Por eso es importante recordar el acercamiento de Nina Simone a la obra del gigante del jazz en 1962. En poco más de media hora y once temas, la genial Simone (con acompañamiento orquestal y de los Malcom Dodds Singers) se apropia del universo Elllington mediante una mezcla de canciones populares y menos conocidas, sentimentales y bailables y de diferentes épocas, como demuestran yuxtaponiéndose la delicadeza del clásico de los años treinta de Billy Strayhorn, el mítico colaborador del artista de Washington, Something To Live For y el swing del original de Ellington de los cincuenta You Better Know It. O, culminando el elepé, la lectura instrumental (la única del plástico) del Satin Doll de los cincuenta de Ellington, Strayhorn y letra aquí ausente de Johnny Mercer, que Simone aprovecha para improvisar deliciosamente siguiendo el origen blues del tema, y la adaptación vibrante del It Don't Mean A Thing (If It Ain't Got That Swing) de principios de los treinta, donde swing y doo-wop se abrazan felices diciendo adiós al oyente. No es, concluimos, Nina Simone Sings Ellington! el mejor disco de Nina Simone, pero sí un buen tributo a uno de los músicos más importantes y extraordinarios del siglo XX. Y hecho por una mujer, que de los de los hombres se ha hablado con extenuación.
lunes, 13 de diciembre de 2021
Little Girl Blue
Little Girl Blue o Jazz As Played In An Exclusive Side Street Club. Cualquiera de los dos títulos vale para el debut de Nina Simone (grabado en diciembre de 1957 pero publicado en febrero de 1959), un excelente disco donde ya encontramos las características que sustentarán el discurso musical de la artista de Carolina del Norte. La pianista de formación clásica que acaba tocando jazz (y blues y góspel) —el racismo y los problemas económicos darán con esta suerte de cruce entre Bach y Duke Ellington— introduce su técnica impecable y exuberante en la música popular y fabrica un estilo único al que hay que sumar el dramatismo de sus interpretaciones vocales, marcadas por el dolor existencial de una mujer negra y sensible en un mundo machista, blanco y rudo.
Es precisamente el mítico Mood Indigo del maestro de Washington el que encabeza el trabajo. Poco tiempo hay para el swing, pues la tonada de Ellington da paso a tres bellísimas baladas, lecturas de Don't Smoke In Bed, He Needs Me y Little Girl Blue que encierran toda la melancolía y la clase de Simone. Love Me Or Leave Me deviene crucial por su improvisación, ya que en ella apreciamos el viaje del hard bop al barroco realizado con absoluta naturalidad y estableciendo unas maneras intransferibles. La deliciosa My Baby Just Cares For Me es quizá la grabación más famosa de Nina Simone, éxito tardío en 1987 —gracias a un anuncio— a la vez que Luka, Need You Tonight o I Wanna Dance With Somebody (hagan memoria). En el tramo final de la versión de Good Wait, primer instrumental de la rodaja, también reconocemos a la Simone ilustrada educada por las partituras y los conceptos de Bach, Chopin o Liszt. La cadencia hipnótica de Plain Gold Ring conecta con los ancestros africanos de los negros norteamericanos, representados aquí por una Nina Simone entregada a una tristeza lentamente devoradora. El You'll Never Walk Alone del musical Carousel que terminará siendo himno del Liverpool vía Gerry and The Peacemakers es tomado por la autora de Forbidden Fruit y transformado emocionantemente en el sonido que venimos comentando, camino del universo popular al culto y viceversa en el que no hay ni pretenciosidad ni impostura, solo una auténtica ambición creativa ligada a unas inevitables necesidades comerciales. Muy lógico, pues, que tras el segundo corte instrumental la pianista se acerque a George Gershwin y su ópera Porgy And Bess (lo hará de nuevo en futuras ocasiones)—adaptada a la sazón por Miles Davis y alabada por Arnold Schönberg— cantando maravillosamente I Loves You, Porgy.
Central Park Blues cierra el plástico con la pieza más larga y única original de tan sobresaliente función, punto de partida de quien no es ninguna principiante aun siendo Little Girl Blue su primer paso por el estudio. Acompañada de Jimmy Bond y Albert "Tootie" Heath al contrabajo y la batería respectivamente, aquélla que por el color de su piel, su sexo y su época lo tenía prácticamente imposible para desarrollar íntegra o parcialmente sus planteamientos arranca mediante la grabación glosada una trayectoria extraordinaria (en paralelo a una vida hartamente complicada). La de la GRAN Nina Simone demostrando que en contadas ocasiones sí se puede.
lunes, 14 de diciembre de 2020
Nina Simone At Newport
El mítico festival de Newport de 1960 dejó dos directos eternos, el aquí ya glosado de Muddy Waters y éste de Nina Simone del 30 de junio que hoy repasamos. Segundo elepé en vivo consecutivo de la artista afroamericana, formato muy repetido en su discografía, Nina Simone At Newport abre entre el blues y el góspel con una potente lectura del Trouble In Mind. Porgy vuelve introspectiva a la cantante y pianista, delicada apropiación en la que Al Schackman (guitarra), Chris White (contrabajo) y Bobby Hamilton (batería) han de ser cómplices sí o sí. La tradicional Little Liza Jane hace festiva y folk la función antes del momento más impactante de la misma: la conversión del You'd Be So Nice To Come Home To escrito por Cole Porter en los años veinte en una suerte de movimiento de sonata clásica dominado por las teclas de Simone y el contrapunto de las cuerdas de Schackman. Llegados a este punto cualquier cosa es posible, como atestiguan los siete minutos de Flo Me La, o la llamada catártica del continente africano en la que la percusión de Hamilton cobra protagonismo máximo. El segundo de los temas escritos por Nina Simone, Nina's Blues, dispara lo que su título explicita para acercarse al hard bop hecho de improvisaciones entre las que la de Schackman se lleva el gato el agua por ejecución y extensión. Otra composición tradicional, In The Evening By The Moonlight, cierra feliz la actuación llamando, cómo no, al blues, el folk y el góspel; llamando a las raíces de una Nina Simone que se exhibe al piano y recogiendo el aplauso del público. Qué concierto debió presenciar el respetable aquel día de verano en el estado de Rhode Island si solo escuchándolo se nos ponen los pelos de punta.