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jueves, 6 de noviembre de 2025

Se publica "Extensión y furia del relámpago", mi cuarto libro

Tras dos novelas —Madrid 3 (2004) y En los antípodas del día (2012)— y un libro de relatos —La figura de cartón (2019)—, llega mi cuarto libro y primero de poesía: Extensión y furia del relámpago. Si el tercero llevaba como subtítulo Relatos de juventud, dolor y violencia, este poemario no abandona el tono duro y oscuro de "una obra fundamentalmente dramática", como se dice en la contraportada. Antes de que Libros Indie me diera el visto y bueno y decidiera publicarlo, el libro, compuesto por poemas escritos entre 2006 y 2023, tenía otra estructura y había sido rechazado por alguna editorial. El caso es que decidí modificarla, aunque manteniendo los mismos poemas, y lo envié a Libros Indie, que, debido a mi decisión o no, aceptó mi propuesta. El poemario se divide en seis bloques de diferente extensión:

  • Aforismos, observaciones y consideraciones
  • Amor
  • Arte
  • Política
  • Infancia
  • Relámpago,

y aunque es posible que alguno de los poemas pudiera estar en un bloque distinto, creo que la división definitiva y las inclusiones respectivas funcionan bien y son positivas para el conjunto. Espero que disfrutéis mucho de Extensión y furia del relámpago. (Pinchando el título os enlaza con la web de la editorial para comprarlo.)

lunes, 21 de abril de 2025

Stravinski y la música

Si para celebrar las entradas números 200, 500 y 1000 de Ragged Glory utilicé textos de —respectivamente— Alejo Carpentier, Rafael Sánchez Ferlosio y Julio Cortázar, tres de los grandes escritores en castellano, cuyos leitmotivs, nunca mejor dicho, eran el rock and roll y el jazz, para la 1500 he escogido esta reflexión sobre la música de uno de los compositores más brillantes de todos los tiempos, Ígor Stravinski. Reflejadas en las Crónicas de mi vida, las palabras del músico ruso se alejan de cualquier tipo de sentimentalismo vacuo y establecen una tesis que, muy discutible en cuanto a su vinculación con el tiempo, viene a defender la forma sobre otras significaciones o valores artísticos o creativos.

"No eran las anécdotas, a menudo truculentas, ni las imágenes o las deliciosas metáforas siempre imprevistas lo que me seducía de estos versos sino el encadenamientos de las palabras y las sílabas junto con la cadencia que se produce y el efecto que causa en nuestra sensibilidad, un efecto semejante al de la música. Pues, por su esencia, pienso que la música es incapaz de expresar nada en concreto: un sentimiento, una actitud, un estado psicológico, un fenómeno de la naturaleza, etc. La expresión no ha sido nunca propiedad inmanente de la música. La razón de ser de la primera no está condicionada en absoluto por la segunda. Si, como siempre es el caso, la música parece que expresa algo, eso no es más que una ilusión, pero nunca una realidad. Es simplemente un elemento adicional que, por una convención tácita e inveterada, le hemos otorgado, impuesto, a modo de etiqueta; un protocolo, en resumidas cuentas, un envoltorio que, por costumbre o por inconsciencia, hemos llegado a confundir con su esencia.

La música es el único campo donde el hombre materializa el presente. Por una imperfección de su naturaleza, el hombre está condenado a sufrir el transcurso del tiempo, con sus categorías de pasado y futuro, sin lograr jamás hacer real, por ende estable, su categoría de presente.

El fenómeno de la música nos es dado con el único fin de instituir un orden en las cosas y, por encima de todo, un orden entre el hombre y el tiempo, lo que requiere forzosa y únicamente una construcción. Hecha la construcción, alcanzado el orden, todo está dicho. Buscar o esperar otra cosa sería en vano. Es precisamente esta construcción, este orden alcanzado, lo que produce en nosotros una emoción de unas características muy especiales, que nada tiene en común con nuestras sensaciones más ordinarias o nuestras reacciones frente a las impresiones de la vida cotidiana. La mejor manera de definir la sensación producida por la música es comparándola con la que provoca en nosotros la contemplación de la combinación de formas arquitectónicas. Goethe lo entendía perfectamente al manifestar que la arquitectura es una música petrificada."

martes, 5 de diciembre de 2023

Ragged Glory llega a los quince años

1365 entradas publicadas. 9491 comentarios. 1102564 visitas. 159 seguidores. Estas son las estadísticas el día que Ragged Glory cumple quince años de vida. Treinta y siete tenía yo entonces, cincuenta y dos cuando escribo esto. Cientos y cientos de grabaciones analizadas, docenas de películas comentadas, unos cuantos poemas y varias cosas más constituyen un corpus que daría para tres o cuatro libros y que tiene mucho trabajo detrás. En ocasiones siento cierto agotamiento, es demasiado esfuerzo para conseguir —sobre la base de la más radical e innegociable independencia— el texto exacto y no demasiado largo que difunda y explique cada objeto artístico glosado y que —ojalá— tenga la necesaria altura literaria. O en otras palabras: que se aprenda y se disfrute de la lectura. Nunca he querido que este blog fuera una simple y mecánica acumulación de datos que nada tenía de mí, le he dado la misma importancia que a mis dos novelas y mi libro de relatos. El haber llegado hasta aquí todavía con expectativas de seguir es una alegría. El que haya las suficientes personas al otro lado que se dan por aludidas y gozan de este espacio virtual me lo atribuyo como un logro. El que algún que otro hater se manifieste de manera anónima nos reafirma como aquella frase (no) cervantina: "Ladran, Sancho, luego cabalgamos". Opinamos, analizamos, escribimos, divulgamos, a veces elucubramos. E incluso, no somo santos, también ladramos en ocasiones. Escribía el 5 de diciembre de 2008 al dar la bienvenida a los hipotéticos visitantes que se asomaran que esperaba "llenar el blog de reseñas que quizá a alguien interesen". Creo que ese deseo se ha cumplido. Veremos qué depara el futuro. Muchas gracias a todos.


 

lunes, 24 de abril de 2023

Primer premio II Certamen de Relato Corto del Lope de Vega

Del libro de relatos que publiqué en 2019 (La figura de cartón. Relatos de juventud, dolor y violencia) dejé fuera dos que, aun siendo de época similar, no me parecían adecuados, por tono y estilo, para ser parte de él. Uno de ellos, Una obra de arte en sí mismo, ha sido galardonado con el primer premio en el II Certamen de Relato Corto del Lope de Vega (instituto madrileño), cosa que me ha hecho mucho ilusión. Lo reproduzco a continuación.

 

UNA OBRA DE ARTE EN SÍ MISMO

    —Documentación, por favor —solicitó de nuevo.

    El policía nacional miraba a aquel individuo sin salir de su asombro, pero sin poder llegar a indignarse.

         —Le vuelvo a repetir que el señor Martínez no viaja en calidad de ser humano, así que no tiene por qué mostrarle documentación alguna. Yo soy su marchante y respondo por él —dijo el acompañante.

         —El señor Martínez tiene un billete a su nombre, así que debe mostrar su documentación si quiere viajar. —El policía trató de mantener la calma, aunque dejó clara su autoridad—: Las cosas son así.

         La multitud se apretujaba para pasar el control, y ya se empezaban a escuchar las primeras quejas. «¿Qué pasa?», se oía. «Uno que no quiere entregar la documentación.» «¿Por qué?» «Porque dice que es una obra de arte.» «Un loco.» «Un enfermo.» «Sí, hombre. ¡Un jeta!»

         El señor Martínez, mientras tanto, no se inmutaba. Vestido completamente de blanco, la mirada perdida y los labios sellados, su pelo corto y sus gafas de concha le daban un aspecto de Herman Hesse aún más colgado. El policía recordaba una foto de una edición de Siddharta, que había visto leer a su hermano al menos cuatro o cinco veces. O más. Su hermano no había querido ser policía.

         El marchante entregó un documento que llevaba en la mano al miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Era una solicitud de exportación temporal con el membrete del Ministerio de Educación y Cultura encabezándola. El señor Martínez, «una obra de arte fabricada con materias orgánicas vivas», debía ser trasladado temporalmente a un país del norte de Europa para ser expuesto en algún museo. El documento tenía el correspondiente sello del organismo oficial. El policía miró a su alrededor preocupado, porque aquello no parecía una tomadura de pelo.

         —Si es una obra de arte, el señor Martínez debería viajar en la bodega —dijo perspicaz.

         —No sería bueno para la conservación de la obra.

         —Cualquier pasajero con billete debe mostrar su documentación. —Esta vez el policía se dejó arrastrar por las convenciones al intentar dar la vuelta a su argumento. El marchante guardó silencio unos segundos, hasta que extrajo un papel doblado de su chaqueta.

         —Mire —dijo—, quizá esto le convenza.

         El policía cogió lo que el marchante le ofrecía. Era un recorte de un periódico en el que se veía al señor Martínez, a la obra, en una foto —con la misma ropa alba— bajo la que un titular rezaba: «Fuerte polémica en O.». Mutilado por la acción de unas tijeras, arrancaba un texto que hablaba de la controversia creada por el artista que a sí mismo se exhibía y lo que muchos consideraban una mera provocación. El policía leía, aun a sabiendas de que no debía hacerlo. La masa, en el ínterin, se había revolucionado y las quejas habían dado paso a los gritos. Las palabras del marchante interrumpieron su lectura:

         —Siendo éste como es un caso excepcional, un radical experimento estético, entiendo sus dudas y comprendo sus razones. Me pongo en su lugar, agente. ¿Un ser humano que al ser obra de arte deja de ser, y nunca mejor dicho, humano? ¿Una obra de arte demasiado humana para que merezca que se aplique en su persona la Declaración Universal de Derechos Humanos, que infringiríamos, claro, si le dejamos viajar en la bodega reduciéndole a mero objeto que no siente, que no piensa, que no sabe? La vanguardia, bien sabe usted. ¿Dónde empieza la ficción?, ¿dónde acaba la realidad? La vida imita al arte, el arte imita a la vida. Pero ¿qué es el arte?, ¿qué es la vida? ¿Qué?

         El policía asistía atónito a aquel tour de force del marchante del señor Martínez, una obra de arte autosuficiente. De repente vio que una pareja de la Guardia Civil se acercaba e intentaba tranquilizar a los viajeros. La situación se le escapaba de las manos.

         —Pasen, pasen —dijo. No tenía otro remedio.

         El señor Martínez y su marchante se alejaron. El rostro de la obra no se había alterado y se dirigía a la zona de embarque como si nada hubiera sucedido.

         —¿Qué sucede? Decían algo de una obra de arte —preguntó uno de los guardias.

         —Nada, unos del Ministerio de Cultura que van a una exposición. Parecía que no tenían los papeles en regla, pero ya está todo solucionado.

         —Pues vaya jaleo que se ha armado.

         —Sí, voy a seguir con mi trabajo. Me espera una buena cola.

         Los guardias se alejaron. El policía ojeó el pasaporte que le entregaban hasta que una voz con fuerte acento extranjero le sacó de su abstracción:

         —Perdone.

         —¿Sí…? ¿Eh? Tome, tome.

         Acababa de caer en la cuenta de que el marchante del señor Martínez tampoco le había enseñado su documentación.


 

lunes, 6 de marzo de 2023

Prólogo de "Malditos exiliados"

Motivada por el décimo aniversario de su esencial revista, los amigos del Exile Magazine publican una selección de sus mejores artículos —"reseñas musicales escritas de manera particular y ajenas a todo convencionalismo", en sus propias palabras— que no hay que perderse y que se puede comprar pinchando este enlace. Lo que sigue es el prólogo que he escrito para el libro, todo un placer que espero ayude a su difusión y a la de los artistas sobre quienes escriben.

"No serán los caminos del señor pero sí de la música auténticamente alternativa. Los padres, autores y sostenedores de Exile Magazine —revista digital imprescindible para que el underground sonoro no se pierda ni se detenga— han escrito un libro magnífico que reivindica lo oculto o lo menos conocido en una época de ruido virtual, redes sociales invasivas y poco tiempo para la reflexión.

Un libro en el que conviven en pulsión diacrónica y diferentes intenciones e intereses estéticos, entre otros muchos, Eddie & The Hot Rods, Link Wray, Chris Bell, Fernando Rubio, Doctor Divago, The Smoggers, Howe Gelb, Gutter Cats, Scott H. Biram o Rafael Berrio. Nombres que no son los de los Beatles, los Stones, Led Zeppelin, los Ramones o David Bowie; nombres que a muchos no sonarán de nada; nombres condenados (o bendecidos) a ser pasto de minorías por los que los cinco escritores que han parido Malditos exiliados apuestan sin rubor y con serias razones. En efecto. No se sabe ni se habla aquí de discos vendidos o números uno en las listas de ventas (digo de reproducciones), la materia tratada es artística, subjetiva y pasional. Por eso mismo aspira a ser verdad revelada y difundida, no a opinión banal de quien no ha pasado de U2, Queen o quien ustedes quieran añadir.

Ni uno solo de los textos que conforman este volumen es gratuito o caprichoso, está hecho con el corazón pero asentado en firmes convicciones musicales y conocimiento del ramo. Todos abren el apetito y empujan al lector desconocedor a escuchar el elepé diseccionado, o a acercarse una vez más a él a quien ya lo ha catado y disfrutado. Y lo digo por experiencia.

Y ya por último, que lo importante viene cuando pasen la página, esta obra maldita y exiliada se lee de un tirón, no aburre en ningún momento, enseña y entretiene al mismo tiempo. Es —duplas que aspiran a no ser contradictorias— acción y reflexión, grito y análisis, estómago y sinapsis. Poco más puedo añadir, nada, en realidad. Comprueben si lo que he dicho es cierto o no, con ello me daré por satisfecho."


 

lunes, 8 de noviembre de 2021

Prólogo de "Lux & Ivy"

El segundo libro de Juanjo Mestre ya está a la venta, un excelente acercamiento al universo de los Cramps que he ayudado a corregir y he prologado, tal y como ya hice en su anterior e imprescindible 1050 discos cardinales. Pero hay una cosa más que adelanto en el texto que encabeza el libro y que pueden leer seguidamente: sin haberme inmiscuido en ello y sin haberlo pedido ¡Juanjo me ha convertido en uno de los protagonistas del libro! Cómprenlo para saber más y disfruten de Lux & Ivy. Una cita con los Cramps.

"Tocar el mismo rock and roll de los orígenes desde una perspectiva única, serle fiel sin imitarlo." Así describía quien esto firma la música de los Cramps en un texto sobre su primer y extraordinario elepé, Songs The Lord Taught Us. Y no me cito por vanidad o pereza —que bien podría ser—, sino porque creo que dicho axioma queda claro tras leer el libro de Juanjo Mestre sobre la banda californiana. Lux Interior y Poison Ivy eran enciclopedias sobre el rock and roll, en especial en su vertiente rockabilly, pero su afán de rescatar a oscuros artistas de las décadas de 1950 y 1960 y de reivindicar un subgénero concreto no se hizo en contra de construir un imaginario estético propio y sonar como nadie lo había hecho antes. Las docenas de versiones que se pasean por el libro de Juanjo pueden cotejarse con las originales y, si a alguien todavía le quedan dudas, puede tumbarse a escuchar del tirón la discografía de los Cramps, en especial su mencionado debut, Psychedelic Jungle y A Date With Elvis. O puede fiarse de un servidor y viajar conmigo a 1998 a la localidad madrileña de Móstoles. Allí se celebraba la primera jornada del Festimad, cuyo cartel incluía a los autores de Stay Sick y a los no menos egregios Motörhead. El trío de Lemmy, que presentaba Snake Bite Love, dio un fenomenal concierto (pasado por barro) que a mí me pareció insuperable. "Solo algo sobrenatural podría superar esto", es posible que pensara. Y ese algo sobrenatural —ya lo habrán adivinado— eran los Cramps. Liderada por un Lux Interior fuera de sí que casi acaba derribando todos los altavoces que colgaban de la parte alta del escenario, la banda ofreció un soberbio espectáculo eléctrico y teatral que nunca se me ha ido de la cabeza y —sin ser su intención— dejó a la altura del betún a quienes aquel 1 de mayo (la causa obrera en declive) eran cabezas de cartel: The Offspring y Pennywise. Gracias a las palabras y las imágenes de este estupendo libro de Juanjo Mestre, del que también soy protagonista, estos y otros recuerdos saltan a mi palestra cerebral para sacudirme de arriba abajo con ese altar profano de rockabilly, garage rock, punk y psicodelia —psychobilly— que tan admirablemente erigió el inseparable binomio Interior/Ivy o Ivy/Interior. Si disfrutaron con 1050 discos cardinales, obra anterior de Juanjo, con este Lux & Ivy lo harán igual. Si no más."

lunes, 21 de junio de 2021

"Asumo", un relato de "La figura de cartón"

Como sabéis quienes seguís este blog, en el año 2019 se publicaba mi tercer libro, una colección de relatos titulada La figura de cartón. Relatos de juventud, dolor y violencia. Dentro del apartado Dolor aparece un pequeño texto llamado Asumo cuya tristeza me han resaltado varios de los lectores de la obra. Comparto aquí, pues, una de las doce piezas que componen el libro, esperando que os guste y, si es que aún no lo habéis hecho, os anime a leer las otras once, "Una breve colección de heterogéneos escritos donde el autor articula, acaso sugiere, un discurso vital brillantemente secuenciado (…) una inquietante antología (…) repleta de pequeñas bombas de relojería que no siempre acabarán explotando", en palabras escritas por Marce Becerring para Ruta 66.


ASUMO

Hoy me he incorporado a mi nuevo trabajo. Es una tienda de complementos situada en el mejor barrio de la ciudad. El horario es de tres a nueve, y como tengo un trayecto bastante largo para llegar, he tenido que adelantar mi hora habitual de comida. Pero es algo que puedo asumir.

    En la entrevista me dijeron que tenía que quitarme los piercings que llevo, pues no era la imagen que los clientes esperaban de la tienda. No me dijeron que fuera una mala imagen o que a ellos no les pareciera idónea, sino que eran los clientes los que no darían su aprobado. Bueno, es algo que puedo asumir, incluso entender, así que ayer por la noche, antes de acostarme, me los quité, los piercings, y me despedí de ellos. Me dio un poco de pena, porque a mí sí que me gustan, y me veo bien con ellos, pero, en fin…

    El salario que me van a pagar es de seiscientos euros al mes; una miseria, lo sé, pero, como vivo con mis padres, no pago alquiler ni tengo hipoteca, así que puedo asumirlo.

    Mientras iba en el metro me he acordado de mi último empleo en una cadena muy famosa de restaurantes, en el que era la única española. Una jefa tiró de la coleta a una camarera que había derramado en el suelo todo el contenido de la bandeja que llevaba. Yo no hice nada por defenderla, es verdad, pero la consolé en la cocina, pues la pobre tenía una llorera mazo de gorda. La misma jefa que la había humillado me vio, y a los pocos días me despedían. Me imagino que un hecho tendrá relación con el otro; de todos modos, hay que asumir que en cualquier momento, y por cualquier motivo, te pueden despedir. Lo de «por cualquier motivo» me ha dado que pensar, y he pensado que, en esas circunstancias, quizás «el motivo» pueda convertirse en una mera excusa. Tampoco le he dado muchas vueltas, ya llegaba a mi destino.

    He caminado dos manzanas (en eso no me puedo quejar, la tienda está muy cerca de la boca del metro), pero ha sido suficiente para darme cuenta de dónde estaba: gente muy bien vestida y calles muy limpias. He llegado a la tienda con quince minutos de antelación para dar buena imagen (no como con los piercings, río). La dependienta del turno de mañana estaba sola, y me ha dicho que la encargada se había ido a tomar un café. Me he apoyado en el mostrador y he intentado hablar con la chica, pero no parecía una persona muy habladora. Todo han sido monosílabos y ninguna sonrisa. La encargada ha llegado a las tres en punto. La dependienta ha desaparecido por una puerta y ha vuelto muy poco después con la misma camiseta que llevaba puesta (con el nombre de la tienda) en la mano. «Toma», me ha dicho. «Te la tienes que poner», ha corroborado la encargada. La camiseta me queda pequeña y, lo peor de todo, huele a sudor. Me he mirado en el espejo del pequeño cuarto (más bien parece un ascensor) que esconde la puerta y he descubierto a una chica gordita y baja con las tetas aplastadas por la camiseta maloliente que le acababan de dejar. Pero tengo que asumir que así soy yo y así son los trabajos. Si pagan por ello, aunque sea poco, no puede ser muy bueno.

    Lo primero que me ha dicho la encargada es que todas las dependientas que empiezan tienen que llevar complementos de los que se venden en la tienda para que «los clientes se sientan cómodos» y más «predispuestos a comprar». He elegido un collar, dos pulseras y un par de pendientes. «Dieciocho euros». Ante la cara que he puesto me ha dicho que es un gasto que no asume la compañía. «¿Es obligatorio?», he preguntado entre perdida e inocente. «Sí quieres seguir aquí, sí». He entendido inmediatamente y he pagado. Aunque la empresa no pueda asumir el gasto, he pensado, yo sí puedo. Tampoco es para tanto.

    La verdad es que para ser mi primer día he vendido bastante, pero la encargada no lo ha visto así, y me ha echado en cara mi falta de actitud y de implicación. Ha sido una pequeña bronca, sí, pero no lo suficientemente grande como para no poder asumirla. Ya se sabe cómo son los jefes. Y más aún los que no son realmente jefes.

    Cuando faltaba poco para cerrar, la encargada me ha dicho que tenía que limpiar el baño y vaciar las papeleras. La he mirado boquiabierta, pero ella como si nada. «La fregona y el multiusos están en el cuartillo. Ya lo habrás visto». Cuando abría la puerta del cuarto he oído que añadía: «Y date prisa, por favor, que no quiero cerrar a las mil». He pasado el multiusos por los azulejos y el retrete. Mientras se secaban he vaciado las papeleras. La que se utiliza para las compresas, salvaslips y demás utensilios femeninos no tenía bolsa, y estaba pringada. Casi me muero del asco. Le he preguntado a la encargada si había bolsas para esa papelera, y me ha dicho que no con la cabeza. Así que la he dejado tal cual y he fregado. Me he cambiado de ropa y he metido la camiseta en el bolso para que mi madre la limpie y la planche mañana. Mientras lo hacía me he dicho a mí misma: no pasa nada, hay que asumir que en cualquier trabajo te puede tocar hacer estas cosas. Es una lástima, pero es así.

    Antes de salir, la encargada me ha dicho: «Si la caja no cuadra, se os descuenta de la nómina. Para que lo sepas cuando hagas caja». Ha debido notar mi debilidad, así que lo ha suavizado: «Aunque no suele suceder». No he entendido bien si se refería a que la caja no cuadrase o a que te lo descontaran de la nómina, pero lo he asumido.

    La encargada ha echado la persiana metálica y me ha dicho un «hasta mañana» un tanto frío. En sus ojos me ha parecido percibir cierto desprecio, no sé si a mí o a todo. No lo puedo explicar, pienso al observar cómo se aleja, pero sí puedo entenderlo. E incluso asumirlo.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Ferlosio contra Dostoievski

Hay escritores bastante vulgares que por motivos inopinados alcanzan la fama de maestros. Fiódor Dostoievski es uno de ellos. "Escritor mediocre con destellos de excelente humor separados por desiertos de vulgaridad literaria", como decía Vladimir Nabókov, de "estilo (…) zafio, exento de toda finura", en pluma de Juan Benet, o, más tremendo Javier Marías, de esos creadores "que no existen", la crítica más dura que he leído sobre su novela más famosa la escribió Rafael Sánchez Ferlosio al prologar el Pinocho de Carlo Collodi, crítica que servía de paso para ensalzar el Lord Jim de Joseph Conrad, un autor infinitamente superior al ruso pero que no goza de similar prestigio. A la belleza y personalidad de los textos del creador de El corazón de las tinieblas sumamos las apreciaciones estético-morales que hace Ferlosio de Lord Jim en comparación con Crimen y castigo. Estén de acuerdo o no, disfruten de la prosa ferlosiana.

"El modelo más caracterizado de las novelas que tienen por tema un conflicto moral es el de las que podríamos llamar "novelas de redención". Arquetípicas son entre ellas el Crimen y castigo de Dostoievski y el Lord Jim de Conrad; en ambas encontramos el esquema puro: un pecado original como punto de partida y, como desarrollo, el largo camino hasta la redención. En el Pinocho falta un claro pecado original (a no ser que se lo considere simbolizado en el nacimiento a partir de un pedazo de madera), pero no hay duda de que entra perfectamente entre las novelas de redención. Si ahora comparamos entre sí las dos primeras, quedará manifiesto lo que es manipular: en el Lord Jim obra y funciona exclusivamente la moral de Lord Jim y él solo es el responsable y el agente de su propia redención, mientras que en el Crimen y castigo la redención de Raskolnikov es algo a todas luces querido y dirigido por la mano y la voluntad de Dostoievski. Esto hace que el Crimen y castigo, a despecho de los estupendos diálogos con el juez, no pase de ser un mediocre folletón, en tanto que el Lord Jim es una obra maestra."

miércoles, 25 de marzo de 2020

Cortázar y el jazz


Con más de once años en pie, este blog llega a su entrada número 1000 en tiempos de reclusión forzosa debida al coronavirus. A pesar de ello lo celebramos por todo lo alto con un texto del extraordinario relato de Julio Cortázar El perseguidor —junto con Bartleby, el escribiente, La muerte de Iván Ilich y Una avanzada del progreso póquer de ases personal de la narrativa breve—, donde describe la música de Johnny Carter, trasunto de Charlie Parker que protagoniza el relato. Es decir, estamos, en el fondo, ante un acercamiento al genial saxofonista y el bebop. Un acercamiento en el que la sabiduría analítica y la belleza formal son una sola cosa.

"Este Jazz desecha todo erotismo fácil, todo wagnerianismo por decirlo así, para situarse en un plano aparentemente desasido donde la música queda en absoluta libertad, así como la pintura sustraída a los representativo queda en libertad para no ser más que pintura. Pero entonces, dueño de una música que no facilita los orgasmos ni las nostalgias, de una música que me gustaría poder llamar metafísica, Johnny parece contar con ella para explorarse, para morder en la realidad que se le escapa todos los días. Veo ahí la alta paradoja de su estilo, su agresiva eficacia. Incapaz de satisfacerse, vale como un acicate continuo, una construcción infinita cuyo placer no está en el remate sino en la reiteración exploradora, en el ejemplo de facultades que dejan atrás lo prontamente humano sin perder humanidad."

miércoles, 4 de diciembre de 2019

¿Figuración o abstracción?: imagen, color, forma

Cúrate de la manía de buscar un asunto —una historieta, una anécdota, un testimonio— en la pintura. Conténtate con lo que se vea y con la quieta satisfacción que te procura el goce de una armonía de líneas, de una equilibrio de colores, de una serena —o atormentada— combinación de texturas, de intensidades, de valores, de tensiones.

(La consagración de la primavera, Alejo Carpentier)