Heredero iraní de la tradición neorrealista europea, el cine de Abbas Kiarostami —el mago persa, en palabras de Guillermo Cabrera Infante— bebía igualmente de las fuentes idiosincráticas de su entorno cultural y artístico que de sus posibilidades económicas (hacer de la necesidad virtud), lo que, unido a la fuerte personalidad del director de Copia certificada (2010), dio con unas películas demasiado particulares como para declararlas hijas únicas de Roberto Rossellini o Las mil y una noches.
A través de los olivos (1994) es uno de los largometrajes más emblemáticos de Kiarostami, último de la trilogía vinculada al terrible terremoto que en 1990 asoló parte de la provincia de Guilán. El primero de ellos (¿Dónde está la casa de mi amigo?, 1987) se asocia a posteriori por haberse rodado en uno de los epicentros de la catástrofe tres años antes de haber sucedido. La segunda parte de este tríptico audiovisual (Y la vida continúa, 1992) cuenta cómo un cineasta, trasunto del propio Kiarostami, retorna al lugar donde rodó la primera para saber de sus protagonistas. Vuelta de tuerca definitiva, A través de los olivos recoge a un equipo en la misma zona filmando su antecesora para dar con hora y tres cuartos de celuloide fascinante que desemboca en un último plano —general y extenso— absolutamente maravilloso. Los recursos que utiliza Kiarostami son fáciles de identificar: derribo de las barreras entre ficción y documental, alusiones metalingüísticas, actores no profesionales, repetición, diálogos sencillos sobre temas trascendentales cuya exposición meridiana y natural no rebaja su carácter filosófico, humor sutil y un mensaje relativamente optimista o, si se quiere, vitalista. Una vez identificados, claro, la habilidad para ponerlos en escena y darles coherencia corresponde a su autor. Algo tan universal y manido como el amor cobra nuevo sentido artístico en manos de Abbas Kiarostami y un cine que, aun encontrándose en los antípodas del discurso canónico hollywoodense, tampoco juega a ser artificio abstracto de una vanguardia displicente con el relato tradicional o la corporeidad narrativa.