Salvoconducto ha creado, cómo no, polémica en Francia, pues muchos de los personajes que retrata fueron tachados en su momento —y aún hoy en día lo siguen siendo— de colaboracionistas por la Resistencia (incluso aunque trabajasen para ella). Se acusa a Tavernier de ser demasido indulgente cuando tan mordaz es con el presente. Pero también se le acusa de los contrario. De todos modos, ésta es ya una historia de rencores patrios en la que no queremos entrar, pues, —como todas las historias de rencores patrios— tiene demasiados recovecos y hay muchas cosas que desde aquí se nos escapan. Nos quedamos, en fin, con el trabajo de Tavernier, que se ha convertido por méritos propios en uno de los grandes del cine europeo y con la excelente interpretación de Jacques Gamblin.
NOTA: Esta reseña fue publicada por la revista Ruta 66 el mes de enero de 2003.