Si bien tanto una (Welcome To The Jungle) como otra (Nightrain) fueron singles en 1987 y 1989 —respectivamente— del espectacular debut de Guns N' Roses, Appetite For Destruction, ambas canciones fueron también extraídas conjuntamente de su primer álbum en un sencillo británico y alemán de 1988 ante el que hay que arrodillarse por contener las mejores composiciones del grupo angelino en mi opinión. Hard rock, punk y un pequeño trozo de psicodelia a lo Whole Lotta Love son los subgéneros que alimentan Welcome To The Jungle, soberbia descripción de la jungla de asfalto (que dirían W. R. Burnett y John Huston) que lleva ecos de AC/DC, Led Zeppelin, Dead Boys y Sex Pistols pero que manifiesta un sonido propio que crece sobre experiencias personales y una gran ambición artística. Nightrain es una irresistible andanada rocker de riff stone, macarrismo digno de Rose Tattoo y tremendas guitarras de Slash e Izzy Stradlin. Doble cara, pues, sensacional de una banda anclada siempre en la polémica y castigada por la fama pero que fabricó rock and roll tan excitante como el de Celibate Rifles o Union Carbide Productions.
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lunes, 17 de mayo de 2021
Welcome To The Jungle, Nightrain
jueves, 15 de octubre de 2020
You Could Be Mine
Podría haber formado parte del magistral Appetite For Destruction, pero quedó como banda sonora de la segunda parte de Terminator, primero, y canción de Use Your Illusion II, después. Anticipo de un álbum cuádruple e irregular, aunque lleno de canciones soberbias, You Could Be Mine (1991) es un single tremendo que sirvió por igual para abrir boca a los fans de Guns N' Roses que para animar a despistados y dubitativos a ver la película de James Cameron. Completa y hace perfecto el sencillo otro tema asimismo incluido en el segundo de los Illusion, Civil War, cuyos homéricos siete minutos y medio son protagonizados por las guitarras de Slash (salvaje y sensacional) e Izzy Stradlin y las teclas de Dizzy Reed. Una rodaja de órdago, oigan.
martes, 28 de enero de 2014
G N' R Lies
Geffen lo debía de tener claro: había que aprovechar el éxito desbocado de su primer disco y publicar algo que calmara el hambre de los fans de Guns N' Roses, que en unos pocos meses habían pasado de miles a millones en todo el mundo, en especial tras la publicación de Sweet Child O' Mine —doy fe adolescente— como single y videoclip constantemente emitido por la MTV en el último cuatrimestre de 1988. Así que lo que hubiera sido un EP de cuatro canciones acústicas que contrastara con la sensacional y procaz electricidad de Appetite For Destruction, se convirtió en un elepé —publicado en noviembre de 1988— al prensar en la otra cara del vinilo cuatro temas ya editados, los de su debut en corto de 1986, Live ?!*@ Like A Suicide. Contenía éste el lado más punk y sucio de una banda a la que ya se le veían hechuras gracias a dos pelotazos propios (Reckless Life y la excelente Move To The City) y dos versiones de alcurnia: el Nice Boys de Rose Tattoo y el Mama Kin de Aerosmith. La otra mitad de G N' R Lies (o Lies a secas) ofrecía la cara más íntima, la faceta más recogida del quinteto californiano. Bien en una balada de bella cadencia como Patience; ya en un tema tan animado como Used To Love Her; en la lectura para la ocasión de You're Crazy, que anidaba veloz y macarra en Appetite; o en esa espléndida despedida llamada One In A Million, en la que se apela al Alice Cooper de Love It To Death y se deja un hueco a la guitarra enchufada y amplificada, Guns N' Roses mantiene la calidad de la que su ya clásica puesta de largo había sido notaria, aunque el impacto estético y emocional sea —por supuesto— menor. La ambición (o pretenciosidad) de Axl Rose llevará a la banda a partir de entonces a un callejón sin salida del que quedará un cuádruple elepé divido en dos y conocido como Use Your Illusion —capaz de lo mejor y de lo peor por las ínfulas carnavalescas del cantante— y un innecesario álbum de versiones, The Spaghetti Incident? Sea como fuere, el ímpetu inicial había quedado atrás, y el grupo que había publicado G N' R Lies era ya —a principios de los noventa— historia. Cada vez que lo pincho, me sirve para reafirmarlo.
martes, 29 de septiembre de 2009
Appetite For Destruction
No ha envejecido bien el sleaze angelino de los años ochenta. La mezcla de glam, punk y heavy metal —tan exitosa hasta que llegó Kurt Cobain— suena a día de hoy bastante desfasada: mucho ruido (rímel) y pocas nueces (canciones). En paralelo al neoliberalismo que se adueñaba del mundo, el movimiento que produjo el sleaze ha quedado como superficial y más cuando se escuchan a día de hoy esas grabaciones superproducidas, hinchadas (defecto general de la década de los ochenta), esas voces chillonas y esas nefastas composiciones.
Pero, en fin, todo tiene sus excepciones. Y Guns N' Roses son la excepción, al menos su primer álbum. Influenciados por multitud de grupos (Hanoi Rocks, padres de todo el sleaze, AC/DC, Led Zeppelin, Rose Tattoo, Rolling Stones, Sex Pistols, etc.), los californianos supieron trascender todas sus influencias para crear un sonido propio (de su época pero diferente) en su espléndido debut de 1987: Appetite For Destruction. La crudeza de las guitarras de Izzy Stradlin y Slash y la contundencia de la base rítmica, en el fondo, les alejan del sleaze y les acercan a una relectura del mejor rock de los setenta. Canciones tan enormes como Welcome To The Jungle o Nightrain muestran a un grupo en estado de gracia que, al menos en este disco, ha encontrado una voz única en algo a veces tan manido como el rock and roll.
El éxito de Sweet Child O' Mine (con ese tremendo solo de Slash) catapultó a Appetite a lo más alto de las lista de ventas, y durante unos años Guns N' Roses fue el grupo más famoso del mundo. Las ínfulas de Axl Rose perjudicaron mucho la carrera posterior de la banda, perdiendo peso en las tareas compositivas Izzy Stradlin en favor de un cantante que parecía querer mezclar ópera con rock and roll con arreglos que lastraron en buena medida el ambicioso Use Your Illusion. Pero ésa es otra historia que no debe afectar a la valoración de un disco que se ha mantenido incólume con el paso del tiempo.
Pero, en fin, todo tiene sus excepciones. Y Guns N' Roses son la excepción, al menos su primer álbum. Influenciados por multitud de grupos (Hanoi Rocks, padres de todo el sleaze, AC/DC, Led Zeppelin, Rose Tattoo, Rolling Stones, Sex Pistols, etc.), los californianos supieron trascender todas sus influencias para crear un sonido propio (de su época pero diferente) en su espléndido debut de 1987: Appetite For Destruction. La crudeza de las guitarras de Izzy Stradlin y Slash y la contundencia de la base rítmica, en el fondo, les alejan del sleaze y les acercan a una relectura del mejor rock de los setenta. Canciones tan enormes como Welcome To The Jungle o Nightrain muestran a un grupo en estado de gracia que, al menos en este disco, ha encontrado una voz única en algo a veces tan manido como el rock and roll.
El éxito de Sweet Child O' Mine (con ese tremendo solo de Slash) catapultó a Appetite a lo más alto de las lista de ventas, y durante unos años Guns N' Roses fue el grupo más famoso del mundo. Las ínfulas de Axl Rose perjudicaron mucho la carrera posterior de la banda, perdiendo peso en las tareas compositivas Izzy Stradlin en favor de un cantante que parecía querer mezclar ópera con rock and roll con arreglos que lastraron en buena medida el ambicioso Use Your Illusion. Pero ésa es otra historia que no debe afectar a la valoración de un disco que se ha mantenido incólume con el paso del tiempo.
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