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jueves, 15 de enero de 2026

Crop Circle Blues

Último disco de Mostros, Crop Circle Blues llegaba en 2012, cinco años después de aquel fulminante y espléndidamente articulado Las fabulosas aventuras de Vacillatio et Revolvo. Al igual que en él, manda aquí la autogestión, el espíritu del do it yourself punk para producir y distribuir una música de vocación underground, instinto primario y contacto directo con el oyente. Música de escasas florituras pero ejecutada a la perfección que es presentada de nuevo y exclusivamente en formato vinilo de doce pulgadas a reproducir a 45 revoluciones por minuto, justo al contrario de los dos primeros discos de la banda argentino-balear, que solo vieron la luz en CD.

Bordello Queen y Crop Circle Blues inician el álbum adscritas al punk tendente al hardcore habitual en Mostros. Storm Weaver se abre al punk rock melódico, y The One (I'm Waiting For) es un rock and roll clásico, temas en los que el grupo no pierde contundencia o autoridad ni Macky rebaja su empoderamiento vocal. Complaints recupera las maneras veloces de las dos primeras canciones mientras que All Rnr Clichès se pasa al hard rock para ironizar sobre unos tópicos que a la vez son queridos por los autores de Feed The Rockin' Soul, tomando distancia sobre una forma de hacer las cosas de la que no van a renegar.

La segunda cara tiene menos matices que la opuesta y detallada, pues, con sus diferencias y siendo todas composiciones brillantes, Stereo, 33, Abduction, Motocross, Dr Mostro y Tales Of An Indoor Animal siguen la senda de Bordello Queen, Crop Circle Blues y Complaint Blues, haciendo mayoritaria —la cabra siempre tira al monte— la querencia por el frenesí y el ataque sonoro —el vértigo de quien va al límite con el exceso por bandera— que emparenta a la banda con Poison Idea, Motörhead, Aerobitch o, por supuesto, con los Cerebros Exprimidos de Juanmi Bosh, guitarrista arrebatador de Mostros y Crop Circle Blues. Entre tanta medianía y cursilada instalada en el mainstream, merece la pena recordar y reivindicar a quienes lo dieron todo y extendieron la distorsión y la violencia made in Raw Power.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Las fabulosas aventuras de Vacillatio et Revolvo

Limitada a seiscientas copias en vinilo —cuyas portadas fueron hechas de "cartón reciclado, y fueron cortadas, plegadas, serigrafiadas y pegadas a mano una por una" por los miembros del grupo, tal y como cuentan en los créditos del epé—, la tercera entrega de Mostros (no he escuchado las dos primeras) es una muestra de hardcore y punk desenfrenado que, así a bote pronto, trae a la cabeza a Zeke o Muletrain, bestias pardas del género. Ocho canciones en veinte minutos que no esconden, bajo la muralla de sonido y las soberbias guitarras de Juanmi Bosh (el que fuera guitarrista de Cerebros Exprimidos, la mítica formación balear), una querencia, aparte de los géneros que son su cimiento, por el garage y el rockabilly.

La voz de la argentina Macky, que se encarga de todas las letras, hace inevitable el recuerdo de Laura Bitch y ese impresionante Steamrollin' con el que Aerobitch daba carpetazo a su carrera. Pero no sería justo ir más allá de la comparación por la calidad de las composiciones y la agresividad y pericia técnica de las interpretaciones. Uno pincha Fourteen y siente ganas de plantar cara a toda la humanidad porque sí, sin buscar motivos, de gritar "¡Déjenme en paz!". Wonderboys & Rollergirls, Mahara Baby y Out Of Control (Big Sister) te mantienen con el puño en alto, con un nudo en el estómago, estupendas canciones en las que hay mucho de Circle Jerks, Dead Kennedys o Poison Idea, por supuesto, pero que hacen patente cuán larga es la sombra de MC5 y los Stooges.


No cede lo más mínimo el grupo en la otra cara, la de Vacillatio (la primera es la de Revolvo), gracias a XXXII, Moho, Romántico (pura adrenalina, puro rock and roll) y Puke On My Shoes. Llega el silencio tras el tremendo ataque y te quedas con los temas de Las fabulosas aventuras de Vacillatio et Revolvo (2008) —ejemplo de autogestión y solidaridad en la producción y distribución de trabajos discográficos— rondando por tu cabeza, mientras esa incertidumbre existencial que nunca nos abandona vuelve a ganar terreno. Ha sido un espejismo, un momento en que las cosas parecían cobrar el sentido que no tienen, en el que el rock and roll parecía salvarte del absurdo cotidiano. No importa: seguiremos agarrándonos a espejismos hasta el último momento, no para mantener la esperanza, que no existe, sino para alejar el tedio y la desesperación. Y cantaremos junto a Macky:


"ven más cerca

que hace frío

dime algo romántico".