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jueves, 25 de septiembre de 2025

That's The Way I Wanna Rock N Roll

La mayor diferencia del segundo single con el primero extraído de Blow Up Your Video en 1988 no radica en su tema titular. No. That's The Way I Wanna Rock N Roll es un himno solvente e incluso agraciado que roquea con similar convicción y clase que Heatseeker y contiene un estribillo contagioso (de donde sale el nombre del elepé) que invita a mandar todo a tomar viento y festejar la vida bajo los acordes y ritmos de la música del diablo. La otra mitad de la galleta se nutre igualmente del álbum, pero Kissin' Dynamite, sin ser una joya, resulta bastante mejor que la mediocre Go Zone —más propia de Bryan Adams que del grupo de los hermanos Young— que acompañaba a Heatseeker. Es lo que hace que el sencillo, valorado en su conjunto, esté por encima del anterior. That's the way we wanna rock and roll!

lunes, 9 de junio de 2025

Heatseeker

Encabezando Blow Up Your Video (1988), un "disco en que AC/DC empezaba a caer en una cosa medio de empresa, de McDonalds rockero", en acertadísimas palabras de nuestro amigo Mariano del blog Beefheart Smiles, Heatseeker se eleva sobre el elepé como explosivo sencillo que, sin estar la altura de pretéritos himnos hechos de adrenalina y electricidad (Let There Be Rock, Riff Raff, Shot Down In Flames, Shoot To Thrill…), nos lleva a elevar el puño, coger la guitarra imaginaria y celebrar que el grupo australiano todavía podía componer canciones dignas de un leyenda labrada entre 1975 y 1980. La cara B del single, extraída del mismo elepé, carece del brío y distinción de su compañera, una Go Zone que rezuma vulgaridad, hard rock con el sello de sus autores pero llevado a unos terrenos de pachanga y dejadez que, por desgracia, visita asimismo buena parte del álbum. Sirve al menos para destacar Heatseeker, que por sí sola se encarga de defender esta galleta mitad dulce, mitad amarga.



jueves, 20 de marzo de 2025

Powerage

Cualquier duda entre Let There Be Rock, Powerage, Highway To Hell o Back In Black es comprensible, dioses los cuatro del panteón rocker, tetralogía sagrada de la música del diablo y cumbre de AC/DC, la mejor banda de rock and roll de la segunda mitad de los años setenta y, sin dejarme llevar por el fan inflexible que llevo dentro, una de las diez mejores de todos los tiempos. Entre 1977 y 198o, el grupo australiano refina y hace definitivo un estilo ya de por sí excelentemente definido en sus tres primeros plásticos y registra una serie de obras maestras que corroboran una tras otra un estilo personalísimo del que se han aprovechado infinidad de creadores e imitadores, un sonido explosivo con más nutrientes que los de un bufé libre y una habilidad compositora digna de Muddy Waters, Chuck Berry o los Rolling Stones.

De los cuatro elepés citados, Powerage (1978) es quizá el menos reconocido en general, pero, a su vez, uno de los más queridos por los seguidores de los hermanos Young y compañía y por guitarristas de la talla de Keith Richards, Joe Perry, Eddie Van Halen o Slash. Y no es de extrañar, porque hablamos de un disco arrollador y salvaje ejecutado por un quinteto pletórico en el que la novedad es la entrada de Cliff Williams al bajo en sustitución de Mark Evans. La cadencia irresistible de Rock 'N' Roll Damnation, cuyo riff no tiene precio, inicia el festín de ritmo y decibelios con la elegancia de quien hace de la sencillez norma y perfección (perfección y norma). Down Payment Blues y su pétreo discurrir endurecen la función mediante otra canción perfecta que, con sus seis minutos, se proclama la más larga de las nueve que contiene el álbum*. Boogie rock de primera, el de Gimme A Bullet es, al contrario, el del tema de menor duración, previo a ese huracán veloz, macarra y vital hasta la médula llamado Riff Raff, el himno de la chusma y una de las composiciones definitivas de los autores de High Voltage. Claro que siendo AC/DC la materia a nadie puede extrañar que la segunda cara empieza con otra.

Sin City desarrolla su estructura de introducción, estrofa, estribillo, solo de guitarra, calma antes de la tormenta (bajo, batería y voz) y vuelta a la distorsión, a la estrofa y al estribillo para dar con una musicalidad infinita y unánime y una de las mejores letras de Bon Scott. What's Next To The Moon se arrastra amenazante hasta que explota, Bo Diddley y The Who en la recámara aunque el disparo sea inequívoca y genuinamente acedeciano. Gone Shootin' suaviza el sonido con su delicioso R&B vitaminado antes de que Up To My Neck In You nos golpee a la manera agresiva de Riff Raff, hard rock and roll hecho para enardecer al oyente una y otra vez. ¿Que no han quedado ahítos de violencia sonora? No se preocupen, llega Kicked In The Teeth, suerte de relectura de Let There Be Rock sin la parte solista y coltraniana de Angus Young que completa un disco descomunal que por sí solo situaría a AC/DC en lo más alto. Sumado a los tres que le acompañan en la primera línea de este texto, ya lo hemos dicho, si no proclamado, coloca a la banda en el mismo lugar que los tres artistas nombrados al cerrar el primer párrafo. Muy cerril, sordo o asustadizo tiene que ser quien no lo reconozca, digo yo.

*Cold Hearted Man, con Evans a las cuatro cuerdas, estará en la primera edición europea pero acabará no formando parte del conjunto.



lunes, 27 de enero de 2025

Plug Me In

DVD doble de cinco horas publicado en 2007, Plug Me In vino a ser un complemento audiovisual empaquetado de la carrera de AC/DC, abarcando cada uno de los discos los respectivos periodos de Bon Scott y Brian Johnson en momentos extraídos de actuaciones en varios países, alguna aparición en televisión y entrevistas. Visionado en estricto orden se aprecia el apogeo de la banda hasta la desaparición de Scott (Australia, Inglaterra, Escocia y Holanda son los países testigos de la apoteosis del mejor grupo de rock and roll de la segunda mitad de la década de 1970), la potencia y agresividad que mantiene durante los primeros años con Johnson al micro (con el público japonés y estadounidense como testigo) y la conversión de los autores de Back In Black en un mito que vive de las rentas a partir de los años noventa, si bien su calidad musical en vivo sea indiscutible. Rusia, Inglaterra, Australia, Francia, Alemania y Canadá reciben a los hermanos Young y compañía en olor de multitudes, las que aclaman a una institución situada por encima del bien o del mal a la que las etiquetas (punk, hard o heavy) adjudicadas sobran pues la de AC/DC a secas es tan reconocible como la de la selección brasileña de fútbol. Dinosaurios del rock sin rival sobre las tablas, no puede sorprender que despida el segundo disco (dentro de los bonus) una versión del Rock Me Baby interpretada en Leizpig por los Rolling Stones en compañía de Angus y Malcolm en 2003. Casos similares en cuanto a popularidad y pérdida progresiva de relevancia en el estudio, Stones y AC/DC se esforzaban (y esfuerzan) ya en el siglo XXI en mantener en los escenarios un prestigio debido a lo realizado en el siglo anterior. ¿Quién se lo puede impedir o negar?

lunes, 12 de septiembre de 2022

For Those About To Rock (We Salute You)

Homérico himno que levanta a un muerto, el For Those About To Rock (We Salute You) es la última canción absolutamente indiscutible grabada por AC/DC, que hasta 1982 es la mejor banda de rock and roll del mundo. Inspirada en Robert Graves y la antigua Roma, los hermanos Young crean una estructura perfecta y plena de emoción sobre la que Brian Johson se desgañita. Los que en la época del imperio estaban a punto de morir, en la composición de los australianos están a punto de roquear, composición llena de guiños líricos e ingeniosos juegos de palabras (el intraducible "Heads will roll and rock tonight" no tiene precio) y dueña sobre todo de una musicalidad y una fuerza irresistibles. Completa este tremendo single otro tema magistral, el Let There Be Rock en directo en 1981, lo que hace de la galleta una maravilla que mira a la cara sin rubor alguno a los mejores sencillos de Chuck Berry o los Rolling Stones, palabras mayores no, lo siguiente, que a día de hoy nadie debería discutir.

lunes, 16 de mayo de 2022

Who Made Who

Banda sonora de la película Maximun Overdrive de Stephen King, Who Made Who (1986) sirve para pasar un buen rato y cotejar unos AC/DC de valor incalculable (los anteriores a 1983 y Flick Of The Switch, aunque dicho e infravalorado trabajo no tenga representación en este recopilatorio) con otros cuyas canciones, al igual que las de los Stones posteriores a Some Girls, pueden no estar mal pero que no arrojan luz sobre las características y la calidad del quinteto australiano. O en otras palabras, quizá más duras, que de no existir no pasaría nada.

Con riff tomado de Keith Richards, ya que hemos citado a los autores de Let It Bleed, Who Made Who tiene que enfrentarse, maneras jevilongas incluidas, al inmortal You Shook Me All Night Long, himno de contundente elegancia extraído del magistral Back In Black. Primer instrumental de la función y segundo tema grabado específicamente para el trabajo, D.T. es de una mediocridad que asusta. Sink The Pink fue single de Fly On The Wall, una pegadiza composición que poco puede hacer ante la maravillosa Ride On (única pieza cantada por Bon Scott, ¡joder, cómo te añoramos Bon!) y la impresionante Hells Bells, mítica apertura del ya nombrado primer elepé de la banda con Brian Johnson. Tras ellas, Shake Your Foundations (también de Fly On The Wall) y el segundo instrumental (Chase The Ace) son carne de ochenterismo choni que viene a poner en su sitio For Those About The Rock (We Salute You), la sensacional arenga sonora que abría y daba nombre al segundo plástico de la era Johnson. Nos ponemos en pie, pues, y alzamos el puño para celebrar —en este mundo de guerras y horrores que a veces hay que olvidar— al mejor grupo de rock and roll de todos los tiempos… si a lo mejor de su repertorio nos referimos. Ése que en Who Made Who hace su aparición en cuatro de los nueve cortes que lo conforman.

lunes, 15 de febrero de 2021

AC/DC Live

A pesar de haberse grabado en la gira del que probablemente sea su peor disco, The Razors Edge, y no contar con Phil Rudd a la batería (Chris Slade tiene un estilo y un tempo que no me cuadran con los australianos), siempre es un placer escuchar en vivo a AC/DC. En la edición doble, AC/DC Live (1992) trae 23 temas que sirven para comprobar que la banda, con los matices rítmicos comentados, se come el escenario pero no puede evitar la comparación entre las canciones nuevas y las clásicas. Thunderstruck se hunde al sonar tras ella Shoot To Thrill; The Razors Edge y Moneytalks son boicoteadas por la clase inmarcesible de Dirty Deeds Done Dirt Cheap, situada entre ambas; y Are You Ready es respuesta impropia a Hells Bells. Solo Fire Your Guns conserva el tipo antes de la pantagruélica versión de Jailbreak con las correspondientes exhibiciones de Angus Young al principio y en mitad del corte. Cualquier desliz es perdonado por la traca final, que explica por qué los autores de Powerage no tienen rival en esto del rock and roll. High Voltage, You Shook Me All Night Long, Whole Lotta Rosie, Let There Be Rock, Bonny, Highway To Hell, T.N.T. y For Those About To Rock (We Salute You) son descargas del olimpo en el que moran guitarra eléctrica, bajo y batería, goce absoluto que nosotros, súbditos mortales de la música del diablo, recibimos con los brazos abiertos y la garganta preparada para aullar. Que se haga la luz… digo el rock.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

'74 Jailbreak

Tiene truco este disco, entre epé y elepé, publicado en 1984 con material antiguo de AC/DC. En efecto, '74 Jailbreak reunía cinco temas de la banda australiana, cuatro grabados a finales de 1974 para el que sería debut de la banda en su país (High Voltage) y uno más extraído de la versión antípoda de Dirty Deeds Done Dirt Cheap y registrado en 1976. Daba igual. La mayoría de fans europeos y norteamericanos no conocían aquellas canciones, así que la aparición de dicho artefacto fue una alegría que recuperaba al vocalista original e irremplazable (Bon Scott) aun cuando el nuevo (Brian Johnson) había liderado al grupo a la sazón en una obra maestra (Back In Black) y dos álbumes muy recomendables (For Those About To Rock y Flick Of The Switch).
 

Jailbreak es el primero de los cortes, curiosamente el mismo título del que abría y nombraba también en 1976 el soberbio elepé de Thin Lizzy, con quien AC/DC comparte trono hard en la segunda mitad de los setenta. Magnífica composición a la que siguen las cuatro de su primer trabajo: una en la que se puede seguir el rastro pop de los Easybeats de los productores Henry Vanda y George Young (You Ain't Got Hold On Me); un explosivo rock and roll  hijo de Chuck Berry (Show Business o la crudeza del negocio musical); lo más cerca que los autores de Powerage, con todos los matices que se quiera, han estado del rock progresivo y la psicodelia (Soul Stripper); y una ardiente lectura del mítico Baby, Please Don't Go que completa '74 Jailbreak y recuerda que, incluso primerizos, los integrantes de AC/DC hacían las cosas de manera formidable. Con Bon Scott al frente y hasta 1979, de hecho, no conocerían rival.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Stiff Upper Lip



La mejora experimentada en Ballbreaker iba a ser corroborada por AC/DC en Stiff Upper Lip (2000), el mejor disco del quinteto australiano desde los días del excelente Flick Of The Switch. Por supuesto, cualquier comparación con Powerage, Highway To Hell o Back In Black es ociosa; por supuesto, no se trata de una grabación obligatoria; y, por supuesto. la sensación de déjà vu o de analepsis borrosa puede asaltar al oyente en cualquier momento. Dicho esto —precaución que asumo exagerada—, no es sino escuchar el tema que da título al trabajo y saber que lo que aquí se cuece es serio. Las canciones que nos ofrecen los hermanos Young tienen un regusto a blues rock y boogie-woogie (Hold Me Back, Can't Stand Still); apelan al espíritu punk de la banda (Safe In New York City, las Torres Gemelas intactas todavía); se nutren de la estructura de You Shook Me All Night Long para dar con mi composición favorita de las doce, Satellite Blues, de impagables coros graves de Malcolm Young y Cliff Williams; retoman el riff de Ballbreaker y nos maldicen a velocidad media (Damned); o te dejan grogui a cámara lenta (All Screwed Up). Pero, sobre todo, hablan de un grupo digno de su nombre sagrado en el panteón del rock and roll sin que haga falta entregarnos una obra maestra. Es decir, no yuxtapongan Stiff Upper Lip a Let There Be Rock ni tampoco lo escondan en su estantería: en este caso, el término medio es el adecuado.

miércoles, 30 de enero de 2019

Ballbreaker


Digámoslo para simplificar y sin ánimo de controversia: con Phil Rudd se fue el crédito, con Phil Rudd volvió. El retorno del baterista primigenio a su casa corría en paralelo a la recuperación de las sensaciones de For Those About To Rock y Flick Of The Switch, vibraciones que Fly On The Wall, Blow Up Your Video y —especialmente— The Razors Edge habían ido dejando en el camino. Las baquetas de Rudd y la producción de Rick Rubin hicieron que los hermanos Young sacaran sus riffs más aguerridos y dieran con Ballbreaker (1995), un álbum realmente bueno en su conjunto y con tres canciones muy destacadas por cara. No estábamos delante de un nuevo Powerage o Back In Black, claro, pero Hard As Rock, Boogie Man, Burnin' Alive, Hail Caesar, Caught With Your Pants Down y Ballbreaker nos hacían olvidar Thunderstruck o Moneytalks, los momentos más bajos, a pesar de su éxito enorme, de la carrera de AC/DC. El quinteto australiano escapaba de las garras nefastas de Bruce Fairbairn y sonaba sucio y macarra, como se supone que debe sonar un grupo de rock and roll.  No se trataba de reomar los laureles de Highway To Hell, por otro lado misión imposible, sino de sacar a flote la digninidad de la que en su momento fuera la mejor banda del planeta. Y creo que eso Ballbreaker lo consigue. Oyendo aullar a Brian Johnson el último y homónimo tema del elepé no deben quedar dudas.

miércoles, 24 de mayo de 2017

High Voltage


Para no hacernos líos, digamos desde un principio que el disco del que nos disponemos a hablar es el publicado internacionalmente en 1976 y no el High Voltage con el que debutaba AC/DC en Australia el año anterior. Es decir, el que en España conoce todo el mundo como tal y cuya portada encabeza este texto; o lo que es lo mismo: su segundo disco (T.N.T.) —sin Rocker y la versión del School Days de Chuck Berry— con dos cortes del primero añadidos, Little Lover y She's Got Balls. Aclarado esto, el elepé con el que los hermanos Young se dieron a conocer a la mayor parte de la humanidad (roquera) es una muestra tan descomunal como las siguientes del talento de una banda incomparable y extraordinaria que supo encontrar su lugar entre los riffs del autor de St. Louis To Liverpool y el sonido de Led Zeppelin. Liderado por Bon Scott, el quinteto australiano tuvo la capacidad de dar con la tecla de la originalidad desde el comienzo de su carrera, estilo inconfundible que se va a aplicar a unas composiciones siempre perfectas a la altura de los clásicos del género cantados por Little Richard, Elvis Presley, Jerry Lee Lewis o Eddie Cochran en los años cincuenta. Porque es lo que hacía y hace AC/DC: rock and roll.


It's A Long Way To The Top (If You Wanna Rock 'N' Roll) da el pistoletazo (¡qué digo, el cañonazo!) de salida con una de las maravillas de la creación, que además de la rocosa base rítmica formada por la batería de Phil Rudd y el bajo de Mark Evans, las guitarras abrasivas de Malcolm y Angus Young y la voz macarra, vacilona y embaucadora de Scott cuenta con la en principio inopinada gaita de este último. Tremenda. Rock 'N' Roll Singer es otra canción formidable cuyo riff ha sido calcado por infinidad de artistas, The Cult y The Soundtrack Of Our Lives entre ellos. Autobiográfica y profética como pocas, su letra resume la filosofía de Bon Scott y sus compañeros:

"Ellos [mis padres] no comprendían
 Querían que fuera alguien respetable
Como un doctor o un abogado
(Pero yo tenía otros planes).

Voy a ser un cantante de rock and roll
Voy a ser una estrella de rock and roll".

The Jack es un delicioso hard blues de cadencia lenta y sobresaliente formalización que se arrastra cual serpiente venenosa en busca de su víctima y en el que la guitarra solista de Angus ejecuta un excelente punteo in crescendo. Establecido el discurso por la mayestática tríada inicial, Live Wire, T.N.T., Can I Sit Next To You Girl, Little Lover, She's Got Balls y High Voltage se van a sumar —igual de redondas y fornidas que sus antecesoras con sus ritmos y melodías infalibles que solo en Little Lover impresionantes sus seis y tensos segundos de silencio en la parte final— bajan las revoluciones con la intención de entregarnos otro blues endurecido y placentero en la línea de The Jack. Así hasta completar un álbum que sigue deslumbrando hoy igual que lo hacía —se dice pronto— cuatro décadas atrás y que ponía en el mapa mundial a una de las instituciones más sagradas e intocables en la historia del rock and roll: AC/DC.

sábado, 26 de abril de 2014

Back In Black


Tan ilustre como la campana que diez años atrás abría el primer elepé de John Lennon —tratado aquí este mismo mes de abril—, la que escuchamos al principio de Back In Black (1980) en memoria de Bon Scott servirá, asimismo y por desgracia, meses después para el autor de John Lennon/Plastic Ono Band, vilmente asesinado la noche del 8 de diciembre. Poco tienen que ver ambos álbumes, admitido, pero el tañido que les une, la nobleza que de los dos emana —llegando cada uno a conclusiones estéticas diferentes: imposible imaginar otra cosa— y la muerte de Lennon ese mismo 1980 en que se ha ido Scott y ve la luz el disco de AC/DC, bien pudieran cerrar un círculo macabro que, en principio, no parecía ni siquiera existir. Admitiendo que alguien pueda tomar como extemporáneas mis reflexiones —convirtiéndolas en meras elucubraciones—, de lo que no hay duda alguna es de que el primer elepé con Brian Johnson es una de las obras más redondas y rotundas nacidas en la era del rock an roll, el mejor homenaje posible a Bon Scott y una colección de canciones que no ha envejecido un solo segundo desde que fuera dada a conocer.


Con Scott enterrado y el nivel compositivo e interpretativo mostrado en Highway To Hell, solo un milagro podía lograr que Back In Black no hiciese el ridículo frente a su mayúsculo antecesor. Pero el solemne arranque que supone Hells Bells anuncia sin ambages que no solo no se arruga el nuevo material  cuando se le coteja con el del glorioso pretérito, sino que es exactamente igual de bueno. Y el anuncio, a partir de ahí, es afirmado con generosidad. Shoot To Thrill y What Do You Do For Money Honey son dos himnos excepcionales construidos mediante riffs incontestables que siguen poniendo la piel de gallina al oyente cada nueva escucha. Given The Dog A Bone demuestra que todavía corre el boogie por las venas de los hermanos Young, pero también hace evidente que Brian Johnson no tiene la capacidad de seducción de Bon Scott y que el grupo ha perdido cierto swing, lo que dada la entidad de las composiciones no es problema alguno, si bien lo será cuando éstas bajen de nivel. Let Me Put My Love Into You es lo más cerca que AC/DC puede estar de una power ballad, aunque donde los constructores de estas baladas metálicas dan vergüenza ajena, el quinteto australiano emociona al huir de la sensiblería y el acorde fácil. ¿Qué decir de Back In Black? La canción que contiene el que para muchos es el mejor riff de toda la historia es un ínclito medio tiempo ante el que habría que arrodillarse e, incluso, detener la escucha del álbum de no ser porque el tema que se yuxtapone es You Shook Me All Night Long, o la perfección hecha música y lista para corear eternamente. Have A Drink On Me, en la línea de Given The Dog A Bone, es la octava joya del elepé y hace que uno se pregunte si no habrían firmado los miembros de la banda un pacto con El Maligno para producir tanta belleza continuada. La respuesta —negativa— nos la dan los dos últimos cortes de la función, ya que tanto Shake A Leg como Rock And Roll Ain't Noise Pollution, siendo ambos notables, no tienen la categoría del resto del trabajo. No por ello pierde la matrícula de honor Back In Black, simplemente humaniza a sus autores y nos permite asimilar y hacer balance —en su despedida— de la intensidad y el magisterio sentado por Angus y Malcolm Young, Cliff Williams, Phil Rudd y Brian Johnson, sí, obligado el vocalista a arrostrar una misión de antemano imposible: sustituir a Bon Scott. No lo conseguiría, pero con Johnson al frente, AC/DC grabó su último elepé realmente imprescindible, y ese mérito, más de tres décadas después, no se lo quita nadie.

jueves, 21 de noviembre de 2013

For Those About To Rock We Salute You


No creo que haya un solo seguidor de AC/DC que niegue la siguiente evidencia: Back In Black es la última obra maestra del grupo australiano. El primer disco sin Bon Scott a bordo mantuvo el nivel porque las canciones eran tan sobresalientes como las de Highway To Hell, ni más ni menos. No importaba que Brian Johnson no tuviera la categoría de Scott: las composiciones quitaban el hipo y su interpretación era perfecta. Hells Bells, Shoot To Thrill, Back In Black, You Shook Me All Night Long… aquellos temas eran himnos insuperables, y parecía que la nueva banda podría igualar los registros de la década de los setenta. Parecía. Treinta años después sabemos que no fue así, y For Those About To Rock We Salute You (1981), el primer elepé encargado de demostrarlo, aunque su inicio lleve a engaño.


Cierto. El corte homónimo que da el pistoletazo, digo cañonazo, de salida sigue poniendo los pelos de punta a todo roquero de bien, que diría Tyla DeVille, a finales de 2013 igual que en el momento en que se publicó. Glorioso medio tiempo que deviene rápido en su tramo final, For Those About To Rock (We Salute You) es una de las pocas canciones de AC/DC pos Back In Black que aguanta el tipo a las que contiene tan suculento trabajo. Sin embargo, es un espejismo. El resto del álbum mantiene un nivel aceptable, muy bueno incluso, pero en ningún momento consigue emocionar al máximo. El quinteto de los hermanos Young, por supuesto y sin negar lo afirmado, apenas tiene rival en el mundo del hard rock incluso en esas condiciones, y muchos de los grupos punteros del género en los años ochenta jamás realizarán una grabación de la enjundia de ésta que hoy nos ocupa; el problema es que la vara con la que se mide a los más grandes es (y debe ser) demasiado exigente.

Flick Of The Switch, siguiente redondo del conjunto, mejorará mínimamente lo expuesto en For Those About To Rock y significará, en mi opinión, el mejor disco de AC/DC con Brian Johnson sin tener en cuenta Back In Black, aunque aquejado de la misma enfermedad que su predecesor. Notable, a pesar de lo dicho, este último se defiende fácilmente de mis acusaciones cuando no hay cotejo de por medio, pues sus cualidades musicales son evidentes. Cuando la sombra del pasado acecha —lamentablemente—, ni el cañón que exhibe su portada es capaz de disiparla. ¿Mi consejo? Escúchenlo poniendo el contador a cero en noviembre de 1981, y disfruten de él sin comerse el tarro, dejándose saludar por una de las maquinarias más precisas que el rock and roll haya alumbrado y por sus cinco componentes. We salute them!

lunes, 10 de junio de 2013

If You Want Blood You've Got It


Disparados hacia el infinito: así estaban Bon Scott, los hermanos Young, Phil Rudd y el nuevo bajista, Cliff Williams, en 1978. En unos pocos años habían creado y consolidado un estilo único y perfecto que se reflejaba en los discos de estudio y en unos conciertos que se servían de aquéllos para interpretar ante la audiencia con mayor ferocidad un repertorio que en nada envidiaba ya al de su maestro Chuck Berry. Extraído mayormente de una actuación en Glasgow previa, si no me equivoco, al lanzamiento de Powerage, If You Want Blood You've Got It presenta a AC/DC dando lo mejor de sí sobre el escenario. Las canciones —diez joyas— no varían de sus versiones originales, pero denotan la fricción del público y el directo. El grupo lleva el rock and roll a lo más alto, pues repite y amplifica el ritual de renovación sin adulterio expuesto en los elepés sobre el lugar más preciso para hacerlo: las tablas. Sin embargo, la voz de Scott y la guitarra de Angus Young —ésa que le atraviesa en la portada— son protagonistas inevitables e indiscutibles, y lo que el en resto de la banda es maestría en ellas es genio: el de unos propietarios que no parecen nacidos para la música del diablo, sino que ésta hubiera nacido para que ellos la interpretaran. Los tres minutos y pico finales de Rocker, a pesar de haber sido mutilada, epitoman todo lo dicho en un solo tema. Soberbios y salvajes, los solos de Young confirman en notas las palabras chulescas de Bon Scott que atraviesan el micrófono: "I'm a rocker". No, Bon, no: no eres un roquero, eres el roquero, y base y guitarra rítmicas no pueden pasar de ser fámulos —dignos, admirables y necesarios, por supuesto— de la majestad que detentas junto a Angus. Pena que murieras y ésta se redujera al cincuenta por ciento; en 1978 todavía estaba intacta, y así nos llega desde Escocia en If You Want Blood You've Got It. Sangre fresca (sigue siendo).

domingo, 23 de septiembre de 2012

Dirty Deeds Done Dirt Cheap


Si bien es un hecho que Dirty Deeds Done Dirt Cheap es el tercer álbum de AC/DC —como es sabido por todo hijo de vecino en estos tiempos de gookinet—, tendrá que pasar alguna que otra generación para que sus seguidores europeos no lo consideren el segundo, pues sus dos primeros discos jamás vieron aquí la luz y fueron comprimidos en uno solo, llamado High Voltage como su debut. Así que, como buen europeo, me dispongo a hablar del elepé publicado en el viejo continente a finales de 1976, y no del que dos meses antes (si no me equivoco) se ponía a la venta en Australia.


Orgulloso canto procaz e individualista al hedonismo y al rock and roll, Dirty Deeds Done Dirt Cheap rebosa chulería y descaro en nueve canciones gloriosas interpretadas apabullantemente por un grupo que, en la segunda mitad de los años setenta y mientras Bon Scott vive, no tiene rival alguno y todo lo hace bien. El tema homónimo que da el pistoletazo de salida es uno de los himnos definitivos de AC/DC, áspero, agresivo y poderoso. Love At First Feel (que no se hallaba en la versión australiana) y Big Balls (una de las canciones más cachondas de la banda) no son tan tajantes, pero sí absolutamente deliciosas. Rocker (ya presente en el anterior T.N.T.), Problem Child (con uno de sus riffs más arquetípicos e imitados), There's Gonna Be Some Rockin' y Ain't No Fun (Waiting Round To Be A Millionaire) son un festín que empalma ambas caras del elepé a mayor gloria del maestro Chuck Berry. Al igual que Love Song y You Ain't Got A Hold On Me en su debut o Crabsody In Blue en Let There Be Rock, Ride On es una excepción en el álbum y en toda la carrera de AC/DC. A medio camino entre el blues lento y la balada, el tema es pura emoción asentada en la voz de Bon Scott y la guitarra solista de Angus Young. Squealer, en fin, retoma la contundencia habitual para cerrar un disco que en nuestros antípodas había encargado esa misión a Jailbreak. Escojamos una u otra versión, solo un monumento al rock como el mencionado Let There Be Rock será capaz de superar este espectacular Dirty Deeds Done Dirt Cheap. Toda una hazaña.

lunes, 3 de octubre de 2011

Flick Of The Switch


La falta de tiempo, la pereza, el dejarse llevar, la estupidez… El motivo puede ser cualquiera, pero es cierto que, muchas veces, damos cosas por sentadas sin haberlas pasado por el tamiz de nuestra experiencia o nuestro criterio. Y nadie se libra. A mí me pasó con Flick Of The Switch (1983), tercer disco de AC/DC con Brian Johnson. Hasta hace unos años no me había acercado a él porque nada bueno había leído al respecto, aunque se tratara de uno de mis grupos favoritos de toda la vida. Y he ahí que un día descubro a un crítico español que habla muy bien del álbum, incluso dice que hay quien lo considera el mejor disco de la etapa Johnson, salvando, por supuesto, el inconmensurable Back In Black. Y me digo: "Pues igual no es tan malo, ¿no?".

Pues no, no lo es. De hecho, en mi opinión nunca ha vuelto a grabar AC/DC nada tan bueno, y sólo Stiff Upper Lip pudiera situarse cerca. No recupera Flick Of The Switch la frescura ni la inspiración de sus primeros años —como al parecer se pretendía con una grabación que iba a llevar por título I Like To Rock—, pero sí que encontramos a una banda seca y certera en las composiciones. Conocida es la situación interna de entonces, que desemboca en la expulsión de Phil Rudd tras haber registrado las baterías del álbum. Es fácil relacionar la adicción de Rudd a las drogas y el cariño a la botella de Malcolm Young con la severidad del álbum —que no se volverá a ver en ninguno de los trabajos posteriores de AC/DC—, pero siempre hay que ser muy cauto al analizar situaciones personales de los artistas, suponer intenciones e intentar vincularlas con los resultados de su obra.


Sea como fuere, no se puede negar la dureza arrogante con la que Rising Power da la bienvenida. Dureza que replican, a lo largo del disco, Flick Of The Switch y su excelente riff; el contorno rockabilly de la fulgurante Landslide; medios tiempos como Deep In The Hole; Bedlam In Belgium, uno de los himnos del álbum; o ese paso por la estación del blues llamado Badlands. Por citar alguno de los temas, pues el resto mantiene la cabeza alta y da al conjunto una calidad que lo sitúa, como mínimo, al nivel de For Those About To Rock We Salute You, con todos los matices y diferencias —aquí no se saluda a nadie— señalados. Que nadie que no lo conozca espere un Powerage; menos aún un catálago de penurias protogrunge. Flick Of The Switch es un disco de AC/DC por los cuatro costados. AC/DC sin Bon Scott y sin posibilidad de plasmar un nuevo réquiem para él, pero regalándonos una dignísima colección de composiciones. Eso sí, compruébenlo ustedes mismos aunque sea para desdecirme.

lunes, 14 de junio de 2010

Let There Be Rock

Aunque afirmáramos el año pasado en Ragged Glory que Highway To Hell es "la obra maestra de AC/DC y uno de los más memorables discos de la historia del rock and roll", apotegma que seguimos corroborando, nada de lo que grabó el quinteto australiano con Bon Scott tiene desperdicio, mucho menos el torrencial Let There Be Rock, el disco más punk de AC/DC, y no sólo porque fuera publicado en 1977.

Go Down abre el elepé en forma de carnoso boogie a la plancha metálica, cocinado por cinco tipos en plena forma que apabullan con su energía. Dog Eat Dog es un buen tema, pero tiene que agachar la cabeza cuando termina, pues le sigue Let There Be Rock, una de las mejores canciones de AC/DC (¿quién mejor para cantar "Que se haga el rock"?), con implacable base rítmica, mayúscula guitarra de Angus Young y herética y cachonda letra de Bon Scott. Bad Boy Boogie, otra grandísima canción, cierra la primera cara del álbum.

La primera edición australiana de Let There Be Rock contenía un medio tiempo bluesy en la línea de Ride On que fue eliminado en posteriores ediciones. Crabsody In Blue era su título y Problem Child su sustituto definitivo, un magnífico tema, superior a aquél, pero que ¡ya formaba parte de Dirty Deeds Done Dirt Cheap! Así que la excelente Overdose pasó de encabezar la segunda cara a ocupar el lugar de Crabsody In Blue. De todas las maneras, Hell Ain't A Bad Place To Be y Whole Lotta Rosie se encargaban de cerrar cum laude el elepé, especialmente la última y arrolladora canción, cuya virulenta electricidad nos hace alcanzar el éxtasis mediante un Angus Young absolutamente soberbio.

Mezcla de sofisticación y fiereza, de rudeza y pulimento, la fórmula que, con un pie en Led Zeppelin y otro en Chuck Berry, desarrolló AC/DC tiene en Let There Be Rock una de sus mejores muestras. ¡Y encima todavía quedaban por llegar Powerage, el mentado Highway To Hell y Back In Black! Por muy grande que sea el elogio, no caeremos en hipérbole a la hora de calificar un banquete tan exquisito. Imposible, siempre nos quedaremos cortos.

viernes, 30 de octubre de 2009

Highway To Hell

Quizá sea exagerado decir que su muerte cerró una época y una forma de entender, vivir e interpretar el rock and roll. Quizá. Pero es innegable que la pérdida de Bon Scott significó un cambio tajante en la carrera de AC/DC, que desde ese momento se convertiría en el grupo más famoso del panorama rock, reventando todos y cada uno de los recintos en que actuaba y vendiendo millones y millones de discos.

Sin Bon Scott, es cierto, grabó el grupo australiano el espléndido Back In Black y los más que notables Flick Of The Switch y For Those About To Rock We Salute You. Pero ya no era aquella maravillosa maquinaria de hard boogie heredera directa de Chuck Berry aunque con la distorsión que en la década de los setenta mandaba.

Antes de dejar huérfanos a sus compañeros, Bon Scott grabó la obra maestra de AC/DC y uno de los más memorables discos de la historia del rock and roll: Highway To Hell (1979). Su sonrisa en la parte superior derecha de la portada es la mejor manera de invitarnos a tan suculento festín. Festín que comienza con el archiconocido tema que pone nombre al álbum y termina con el vicioso blues de Night Prowler. Entre medias, prodigiosos riffs, un Angus Young excelso con el contrapunto exacto del resto del grupo y un Bon Scott que más que cantar rock and roll es el rock and roll.

Perfección y goce constante sería la mejor manera de definir Highway To Hell. Se han publicado discos igual de buenos, sí, pero ninguno mejor, o al menos a mí no se me ocurre. Quede aquí este elogio a la electricidad mejor utilizada.