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lunes, 4 de enero de 2021

Have A Little Faith

Último álbum de los BellRays con Tony Fate a la guitarra, Have A Little Faith (2006) trae al grupo californiano tan vigoroso y creativo como siempre, amarrado a la distorsión, atento a cualquier meandro que le saque de tópicos rockers y abriendo nuevas vías con las que saciar su curiosidad. Tell The Lie inicia la función con moderación sonora hecha de soul y funk antes de que Time Is Gone apriete las tuercas, se aproveche del beat diddleiano y dé con Fate saliéndose del camino en un pasaje cuyas seis cuerdas se acercan al free jazz. Punk y heavy metal construyen Chainsong, que acaba convertida en una miniatura folk llamada I've Been Searchin'. High energy galvanizado, el de Pay The Cobra es realmente amenazante, más si le sumamos ese pepinazo que le sigue, Snotgun, salpicado de interludios donde, matizando y suavizando la canción, hallamos gran parte de la personalidad de la banda de Lisa Kekaula. Have A Little Faith In Me reescribe la balada insertada en Grand Fury y la convierte en primoroso pop orquestado con teclados. Change The World retoma la electricidad sin miedo a injertarle un garabato de música concreta. Detroit Breakdown mantiene la consigna de la celeridad y el puño en alto y esconde, en sus últimos segundos, un Horn Interlude que su título define. La psicodelia pop de Lost Disciples nos enseña aspectos diferentes de los BellRays, igual que Everyday I Think Of You representa su cara funk, pura y deliciosamente funk. Maniac Blues se lanza enérgica contra el oyente (¡joder, qué potencia!) pero Third Time's The Change rebaja la tensión entregándose al soul festivo y de colores en el que los vientos (saxo + trompeta) tienen mucho que decir. Lo que parece que va a desarrollarse cual oscura pieza de trip-hop, o Beginning From The End, modifica rápidamente su apariencia y endurece su propuesta, aunque el tema contenga diversas acotaciones que lo hacen mudar constantemente y huir de descripciones fáciles. Y, por si faltaban sorpresas y bifurcaciones, el minuto final del disco lo ocupa una versión acústica del Dark Horse Pigeon que estaba en Let It Blast. Un argumento más para amar Have A Little Faith y la bendita heterodoxia de sus creadores, quienes ni con la pérdida de Tony Fate (aparentemente crucial) rebajarían su exigencia. Pregunten si no a Hard Sweet And Sticky.

jueves, 21 de mayo de 2020

Raw Collection Vol. 1 & Vol. 2


Compilación española en forma de doble CD, Raw Collection Vol 1 & Vol. 2 (2005) ampliaba el primer volumen de dos años antes reuniendo singles, splits y apariciones en discos tributo de una de las bandas más importantes —incluido un plano pedagógico muy raro en el mundillo— que haya dado el rock and roll en las tres últimas décadas. Complemento perfecto para los dos elepés finales de los BellRays con el gran Tony Fate en sus filas (los excelentes The Red, White & Black y Have A Little Faith, publicaciones asimismo de principios de este siglo), esta amplia y cruda colección sirve igualmente para identificar y disfrutar de las señas de identidad de la salvaje apisonadora liderada por Lisa Kekaula. Los autores de Grand Fury se apropian de garage, punk, high energy, soul y free jazz de la misma manera que de los originales que versionan junto con sus canciones. No hay homenaje servil y rancio a subgéneros musicales o a artistas admirados, no van aquéllos compartimentados ni hay copia o asimilación trivial del credo estético de éstos: los Bellrays responden al suyo, sin por ello renegar de afinidad —no es elección caprichosa ni insondable— con los Saints, Doctor Clayton (vía Chuck Berry), Cheap Trick, Radio Birdman y Nick Ashford (vía Ray Charles). Nights In Venice, I Got To Find My Baby, Dream Police, If I Wanted To y I Don't Need No Doctor son servidas con idénticos ingredientes que los que conforman sus composiciones: voz, bajo, batería y guitarra estruendosos y ardientes que utilizan el rock and roll como medio (de expresión) y no como fin (de imitación). Despiden los BellRays una autenticidad y una convicción que convierten sonidos e influencias pretéritos en presente creativo y personal. No se me ocurre mejor piropo para esparcir la experiencia catártica que la escucha de los BellRays supone. La que jamás proporcionará tanto estafador que hemos de sufrir en el mundo del rock y aledaños… No digo más y vuelvo al principio con You're Sorry Now, ¡qué gusto!

lunes, 19 de febrero de 2018

The Red, White & Black


"El jazz no es la única gran forma artística americana, también lo es el rock and roll". Así de rotunda se muestra Lisa Kekaula, cantante de los BellRays, en el combativo texto que firma para acompañar el soberbio The Red, White & Black (2003), quizá la obra maestra del grupo californiano. High energy y punk que flirtean con el noise rock, en la línea cruda de Grand Fury, explorando las "enormes posibilidades" de la música del diablo —tantas veces vendida por sus mercaderes y ninguneada por sus propios oyentes— sin olvidar el ascendente espiritual del soul. Partiendo de unas composiciones espléndidas de Tony Fate y Bob Vennum y unos interludios escritos por todo el grupo, los BellRays arden al interpretarlos. Kekaula canta (y muerde) mejor que nunca, Eric Allgood aporrea nervioso su batería, Fate pasa del riff básico y feroz a la improvisación de origen free y Vennum toca efectivo las notas del bajo. Todo un espectáculo rocker, el de quienes han decidido quemar sus naves en defensa de un sonido propio y sin concesiones porque saben que "la música es ilimitada con una perspectiva abierta". En un siglo en que el rock and roll se ha vuelto muchas veces un reclamo inocuo, rancio y obsoleto, estancado en el pasado por la falta de valor y talento de aquellos que lo practican, da gusto decir que también hay discos como The Red, White & Black y bandas como los BellRays.

viernes, 22 de julio de 2016

Hard Sweet And Sticky


Que la marcha de Tony Fate hicera que los BellRays perdieran parte de su carácter noise y free jazz nadie lo pone en duda. Comparando su último álbum con la banda (Have A Little Faith) con el primero ya fuera (Hard Sweet And Sticky, 2008), es evidente que hay menos crudeza en éste que en aquél. Pero nada más. ¿Y por qué? Porque el disco viene cargado de canciones fantásticas —bien nuevas, bien revisiones del pasado—, el grupo las interpreta pletórico y encontramos diferentes texturas y estilos que deben su excelencia a la pericia técnica del cuarteto.


The Same Way —corte inicial— es uno de esos temas ya grabados por el grupo de Lisa Kekaula y recuperados para la ocasión. Elegante, estilizada apertura, incorpora un órgano que bien podríamos adjudicar a Chris Leroy, aunque no me atrevo a afirmarlo con total seguridad. Rock clásico y sosegado al que se yuxtaponen dos bombazos como One Big Party e Infection. De riff sencillo de la escuela de AC/DC, el primero es un himno delicioso e imparable que vuelve a evidenciar la querencia de Bob Vennum —responsable de todas las guitarras que escuchamos ahora que no está Fate— por el quinteto australiano. El siguiente, Infection, rebaja la velocidad pero dobla la potencia en un medio tiempo que revive y actualiza los modos de Jimi Hendrix de la manera en que Lenny Kravitz debería pero no sabe. Sin solución de continuidad, Coming Down se decanta por el stoner rock, energía y psicodelia que se funde con el soul y el funk de Footprints On Water, segunda pieza robada a la historia del grupo aquí cantada espléndidamente por Kekaula, heredera de las grandes voces negras y femeninas de su país. La amargura del amor deshecho —sino ineluctable de las relaciones sentimentales— es convertida en una hermosa balada que tiene algo de bossa nova (Blue Against The Sky) en la que escuchamos versos como —a muchos les sonarán— "Todo ha terminado ahora" o "Mi vida está vacía / Estaba tan asustada / Que no era posible / En absoluto vivir". Psychotic Hate Man contrasta en su brevedad punk, más aun si la canción que le sigue es de la sensualidad psicodélica de The Fire Next Time, magnífica composición que trae al disco el mencionado Chris Leroy. Los BellRays hijos de Detroit y su high energy rock and roll resucitan en That's Not The Way It Should Be antes de dejarnos boquiabiertos con los seis minutos largos de Wedding Bells, trip hop deslumbrante que trae a la cabeza inmediatamente a Portishead y similares adalides musicales del Bristol de los noventa.


La edición de Bittersweet en CD (que es la que tiene un servidor) termina así, sin añadir la lectura del Pinball City que anuncia la contraportada y que si está en otras versiones digitales o analógicas del elepé. En nada creo que afecte dicha merma a la brillantez de un trabajo recomendable sin ambages y que venía a declarar que la ausencia de un artista de la talla de Tony Fate no iba a destartalar o asustar al binomio Vennum-Kekaula. Apoyado por el bajo de Billy Mohler y la batería de Craig Waters, en un estado de forma envidiable en Hard Sweet And Sticky.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Grand Fury


"Los BellRays tenemos el honor de tocar la música en la que creemos", declaraba el grupo californiano en los créditos de Grand Fury (2001)*. Tienen dichas palabras un tono mesiánico que no me gusta, pero cierto es que la música de los BellRays —como bien ha demostrado su ya larga e interesantísima discografía— asume riesgos y contradicciones que la hacen muy personal, forzándola constantemente a escapar de encajonamientos fáciles u obvios para el crítico. En Grand Fury, uno de sus mejores trabajos, identificamos sus cualidades bajo la furia que anuncian título y portada: rock and roll estruendoso heredado de Detroit y el punk en canciones que se rompen mediante improvisaciones de la guitarra de Tony Fate y cambios de ritmo o intensidad. Canciones que descolocan a quien espera un himno (trillado) pero que no renuncian a la inmediatez, la cercanía, la sencillez original aprendidas de Chuck Berry. Con la electricidad a flor de piel en busca de un discurso distintivo, la voz de Lisa Kekaula está obligada a destacar, y lo hace bramando su poderío afroamericano, orgullo recogido de un pasado de sangre, represión y lucha. Destacar entre tanta agresividad creativa una única, aunque muy hermosa, balada, Have A Little Faith In Me, que no solo de Fire In The Moon, Evil Morning o Stupid Fuckin' People se alimenta nuestra conciencia. Para saborear —si es posible y los vecinos o la familia no se quejan— a todo volumen, por supuesto.

*El año de producción que asegura la contraportada del CD es 2000, pero, al parecer, el disco fue publicado a principios de 2001.