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viernes, 19 de agosto de 2016

Hotel California


El éxito desaforado del quinto disco de los Eagles, las polémicas satánicas (me abstengo de calificarlas) del tema que lo abría y titulaba y la ausencia del guitarrista Bernie Leadon, sustituido por Joe Walsh, hacen de Hotel California (1976) el elepé que todo el mundo conoce del grupo californiano y marcan un antes y un después en su carrera. Si el country ya venía menguando en sus dos plásticos anteriores, en el que nos ocupa su rastro es ya remoto, inclinándose al soft rock descaradamente. Es conveniente, sin embargo, distinguir una cara de la otra, pues la primera mantiene un nivel muy alto que en la segunda no va a tener continuación.

Hotel California (¿queda algún individuo en el mundo occidental que no la conozca?) es una canción extraordinaria, no importa las veces que se pueda escuchar. Su estructura, su cadencia, su melodía, su colosal puesta en escena y hasta su duración hacen que el préstamo tomado de la excelente We Used To Know de Jethro Tull se quede en peccata minuta. La dulzura de New Kid In Town no se hace empalagosa en ningún momento, brillantes sus armonías vocales y destacable la prudente belleza del piano eléctrico y el órgano de Joe Walsh. Si Glenn Frey ha sustituido a Don Henley en el segundo de los cortes del álbum, vuelve el baterista a ocuparse de las labores vocales en el potente Life In The Fast Line, o el único momento en que se desatan las pasiones roqueras del quinteto a excepción del Victim Of Love que ahora comentaremos. Pone fin a la primera mitad Wasted Time, insulsa balada que se convierte en breve Reprise orquestal abriendo la segunda. La mentada Victim Of Love es un buen medio tiempo que antecede a dos nuevos temas lentos, Pretty Maids All In A Row y Try And Love Again (cantados, respectivamente, por Walsh y el bajista Randy Meisner), que a mí no me dicen casi nada y en los que es difícil encontrar algo que se salga del guion. Mejor es The Last Resort, con Don Henley recuperando sus galones de cantante, aportando cierta emoción en sus siete minutos largos de crítica, siempre relativa, al modo de vida americano y el sistema capitalista. Final éste de un disco irregular, portador de una de las composiciones más espléndidas que haya dado la música rock, pero también de material no tan convincente que no ha impedido al Hotel California ser huésped al que acomodar en nuestra casa virtual.