No abandona la estela de su debut Danko Jones en We Sweat Blood (2003), y ya su título anuncia la chulería hard de su interior. AC/DC, Thin Lizzy, Kiss y gentes de semejante calaña siguen alumbrando el camino de los canadienses, que demuestran facilidad para dar con himnos calientes que, reconociendo su origen, patean culos con la convicción del que usa sus influencias sin complejos. El brío enardecedor de I Want You, la agresividad metálica de Heartbreak's A Blessing, la querencia punk de Wait A Minute o la potencia salvaje de The Cross epitoman razonablemente un disco (otra elección sería plausible) en el que la voz del cantante y guitarrista del trío domina la función, siendo en mi opinión su máximo atractivo. No hay invención, pues, en We Sweat Blood, ni es la intención de sus autores, pero el resultado del conjunto se beneficia de la sinceridad aplastante que transmiten unas canciones cuyos riffs, melodías y ritmos les traerán a la cabeza a esta o aquella banda sin por ello oler a estafa o a déjà vu. Si les gusta el rock and roll acerado, no se lo pierdan.
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lunes, 28 de agosto de 2023
lunes, 30 de noviembre de 2015
Sleep Is The Enemy
Incólume y desaforada: así mantiene la energía de sus dos predecesores el tercer disco de Danko Jones, Sleep Is The Enemy (2006). Como de costumbre en el trío canadiense, lo que importa aquí es el cómo y no el qué, la puesta en escena de un guión escrito con anterioridad por AC/DC, Thin Lizzy o T. Rex reescribiendo asimismo lo que —de Chuck Berry a los Sonics— los pioneros de del rock and roll habían establecido. Rock and roll heredero del exultante espíritu festivo de Little Richard —aunque lo que en éste era (y es) un hecho estético absoluto en Danko Jones se queda en ineludible aspiración a serlo—, el arte del grupo es el arte de la resistencia perentoria, de la fe en unos sonidos, unos ritmos y unos acordes de sobra conocidos que en sus manos luchan por cobrar un sentido nuevo. La glamurosa arrogancia y la naturalidad con las que se suceden las canciones no son suficientes para dar con un producto genuino, pero es de justicia transmitir la pasión violenta y primaria que el vozarrón falocrático y la guitarra de Danko, el bajo de John Calabrese y la batería de Damon Richardson —sustituido por Dan Cornelius en el ínterin que va de la grabación a la publicación del álbum— hacen llegar al oyente. Al igual que en el caso de Gluecifer o Supersuckers, los riffs, las cuatro cuerdas y las baquetas no dan tregua alguna desde que Sticky Situation abre el álbum y Sleep Is The Enemy lo cierra para recordarnos su título. Las letras siguen girando sobre el sexo y el amor (¡faltaría menos!), si bien éste puede ser igualmente negado (Don't Fall In Love) o admitido (When Will I See You Again), pues en terrenos eróticos y sentimentales no existe verdad absoluta alguna, siempre al albur de los caprichos, necesidades, miedos, nostalgias o podredumbres de cada cual. Lo que no admite discusión, más allá del nivel artístico que le asignemos (notable en mi opinión), es que Sleep Is The Enemy es un zambombazo de mucho cuidado, sostenido por la convicción de sus tres artífices y articulado en base a composiciones sencillas y pegadizas. De ésos que el cuerpo te pide de vez en cuando para seguir en pie.
jueves, 14 de junio de 2012
Born A Lion
Aunque ya llevaba seis años dando guerra y había publicado cosas, no será hasta 2002 cuando el trío canadiense Danko Jones dé a conocer su primer ábum, Born A Lion. Hard rock hijo de AC/DC y Thin Lizzy y de cierto regusto funk, el grupo aprieta el acelerador de un coche lleno de gasolina nada más comenzar y deja que el disco avance mediante buenos riffs de los de toda la vida, instrumentación precisa y la voz poderosa y sexual de quien presta su nombre a la banda. Nada nuevo, pues, pero hecho con hambre y seriedad, sin altibajos, con coherencia y fe ciega —para bien y para mal— en el rock. Quizá la mayor virtud de Born A Lion sea, una vez escuchado y disfrutado, que cuesta destacar canción alguna, pues todas son muy buenas y están bien interpretadas. Y la de Danko Jones, que supo mantener el depósito cargado para sus dos siguientes trabajos, We Sweat Blood y Sleep Is The Enemy. No es ninguno de los tres, refiriéndonos a sus modelos, Jailbreak o Powerage, por supuesto, pero tienen el valor del convencimiento —no la genialidad— que los pone en pie. En fin, que quizá Born A Lion no dé para mucha reflexión ulterior (al menos, no a mis neuronas), pero les aseguro que les hará pasar un rato de lo más divertido.
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