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jueves, 10 de octubre de 2024

Neurotica

La personalísima amalgama de punk, hard, glam y power pop de Redd Kross ya resplandece en Neurotica (1987). Que su nivel no sea el de la trilogía que se yuxtapondrá y hará del grupo californiano referencia ineludible de la década de 1990 —por canciones, sonido y heterodoxia: Third Eye, Phaseshifter y Show World— no significa que lo que aquí encontramos sea menor; es muy bueno y marca el camino que también señalaba tres años antes el epé Teen Babes From Monsanto al reunir versiones de Kiss, Stones, Shangri-Las, Stooges, David Bowie y Boyce & Hart y mostrar un descaro y una amplitud de miras alejados (alejadísimos) de sectarismos y preocupados por ofrecer una visión propia del rock and roll en la que los conceptos mainstream y underground, comercial e independiente, no son reluctantes o enemigos. En absoluto. Conviven en la armonía de quien ama y asume por igual a los Beatles, a lo Beach Boys, a Black Flag, a Circle Jerks o a los grupos y solistas arriba citados y no desvía su camino por ofrecimientos, acusaciones e incluso apóstrofes o dicterios de uno u otro lado de la industria musical. De quien, dicho vulgarmente, va a su bola.

Producido por Tommy Ramone, Neurotica establece con una frescura incontestable lo que será la banda de los hermanos McDonald, su fuerza arrolladora, sus adictivas y sorprendentes composiciones, su estilo genuino… Caudal y riqueza que ya llamaban a la puerta en su primer elepé, Born Innocent, si bien muy inclinada la balanza hacia el maximalismo hardcore. Desde Neurotica hasta Beautiful Bye-Byes, las once canciones del elepé original (y hasta catorce en ediciones posteriores, entre ellas la maravillosa de 2022 y Merge en doble elepé que suma las maquetas y yo tengo la suerte de tener) suenan diferentes, curiosas, felices y desprejuiciadas. La armonía pop, el exabrupto punk, el solo metálico o el riff rocker: todo eso y más lo van a reconocer aquí o allá, pero la mixtura definitiva, la forma en que viene uno y se va otro, o se adhieren en diversas capas, eso es el sello Redd Kross, el desparpajo para construir un universo único en el que solo cuenta la creatividad y el reduccionismo de cualquier purista salta por la ventana quedándose Neurotica dentro de la habitación. (Coda: lo de títulos como Janus, Jeanie And George Harrison, Tatum O'Tot And The Fried Vegetables o Ghandi Is Dead (I'm The Cartoon Man) ya se lo dejo a usted, querido lector.)

lunes, 5 de diciembre de 2016

Third Eye


Van Halen, Cheap Trick, Police, Ramones, Thin Lizzy, Stooges o Big Star son algunos de los variados nombres —por no hablar de los que son directamente homenajeados como Shonen Knife, 1910 Fruitgum Co. o Kiss— que vienen a mi mente cuando escucho Third Eye (1990), tercer elepé de Redd Kross y superlativa colección de canciones de obligada aparición en cualquier lista de los mejores discos de los años noventa. Punk, power pop, hard rock, heavy metal, bubblegum, glam y hasta folk conducen el torbellino de emociones puesto en pie por los hermanos McDonald, Robert Hecker y Victor Indrizzo (batería ad hoc en aquellas sesiones) para la multinacional Atlantic. El cambio de sello y de modelo de producción no hace que el grupo californiano pierda independencia, calidad o heterodoxia, sino que, al contrario, se muestre exultante, firme en sus convicciones intransferibles y pleno de musicalidad. Sacudidos por la melancolía y construidos mediante melodías soberbias, los once temas del disco suenan espléndidos y diferenciados pero coherentes en su alma pop y juvenil y su querencia por la exquisitez interpretativa. Sin ser mejores que sus compañeros de viaje, sí quiero destacar tres de los himnos que —listos para enardecer al oyente— contiene el trabajo. Son Annie's Gone, Zira (Call Out My Name) y 1976 canciones tensas y rotundas, de ésas que levantan el ánimo hasta al más amargado, y si no lo hacen es porque está ya hundido en una miseria de la que no hay retorno. La presencia de una joven y desnuda Sofia Coppola en una portada de obvia bizarría (acaba de rodar con su padre la tercera parte de El padrino) es el dato que nos sirve para completar el texto y proclamar una vez más nuestra admiración por Third Eye y sus creadores, que mantendrán durante aquella década el extraordinario nivel demostrado al comenzarla. Pero de Phaseshifter y Show World hablaremos en otra ocasión.