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jueves, 23 de enero de 2025

Here's Lee Morgan

De febrero de 1960 en Nueva York nos llega Here's Lee Morgan, elepé del gran trompetista nacido en un periodo en el que todavía forma parte muy activa de los Jazz Messengers de Art Blakey. No es extraño, pues, que sea el esencial baterista quien se encargue de las baquetas (volverá a hacerlo para llevar el ritmo de Morgan) en un disco de hard bop reluciente y muy de su época en el que también incluyen sus sonidos Wynton Kelly, Clifford Jordan y Paul Chambers. Nombres que allanarán el camino al aficionado que no conozca la obra y le harán imaginar lo que en ella encontramos.

Dividida en dos mitades idénticas en duración y número de temas (cerca de los diecinueve minutos y tres cortes cada una), la primera la abren el contrabajo de Chambers y la batería de Blakey como breve introducción al Terrible "T" de Morgan, donde su trompeta, el saxo tenor de Jordan y el piano de Kelly efectúan improvisaciones comedidas pero brillantes. Rozando los ocho minutos y también escrito por Morgan, Mogie es el tema más largo del trabajo y sirve para que todos los miembros del quinteto ejecuten solos espléndidos, especialmente sutiles los de Kelly y Chambers. El clásico de Frank Sinatra I'm A Fool To Love You se encarga de que la cara A concluya en forma de balada liderada por los vientos cruzados de Morgan y Jordan, aunque las teclas de Kelly asimismo resalten y construyan su romanticismo.

Running Brook es un regalo de Wayne Shorter cuyo motivo principal goza de una melodía radiante que inicia la cara B. Los solos de Lee Morgan y Wynton Kelly destacan por encima del de Cliff Jordan (nada malo, que no cunda el pánico), si bien en Off Spring (Milt Jackson) el saxofonista en nada envidie al trompetista y al pianista, encargados los tres de mantener la musicalidad del plástico con la ayuda de una base rítmica sin mácula. La tercera composición de Morgan (Bess) confirma la incapacidad del autor de The Procrastinator de crear algo mediocre, con el trío improvisador tan feliz en la despedida como en el resto de Here's Lee Morgan. Enésimo ejemplo de que lo que se cocía en la escena jazzística por entonces no tenía capacidad de generar productos malos o, al menos, regulares. No entraba en sus planes.


 

jueves, 29 de abril de 2021

Expoobident

Sin llegar todavía a la altura de su obra maestra, The Sidewinder, el Lee Morgan de Expoobident demuestra el enorme talento del que, a pesar de su juventud, disfruta el trompetista, no en vano cuando en octubre de 1960 registra el elepé que vamos a comentar ya es dueño de una fulminante carrera en solitario y ha paseado su instrumento por el Blue Train de John Coltrane y el Moanin' de los Jazz Messengers de Art Blakey, grupo del que forma parte. Es precisamente el maestro Blakey quien se encarga de la batería, completando el quinteto Clifford Jordan, Eddie Higgins y Art Davis, saxo, piano y contrabajo respectivamente. Aunque la casa habitual de Morgan hasta su trágica muerte fue Blue Note, también grabó para algún que otro sello, como el caso de Vee-Jay, nombre bajo el que verán la luz Here's Lee Morgan y este Expoobident que no necesita más de media hora larga y siete temas para lucir su refinado hard bop. Quizá mi momento favorito del disco sea la interpretación que la banda hace de Easy Living (segundo y más largo de los cortes), que, ausente Jordan, no ya protagoniza, sino posee la trompeta de Morgan en modo balada; pero esta elección que hago no debe llegar a engaño a nadie: en cualquiera de los fragmentos de la grabación, y gracias a cualquiera de los músicos, podemos encontrar belleza y placer. Esos vientos, esas teclas, esas cuerdas y esas baquetas de quienes no tenían ni la remota idea de hacer las cosas mal o entregar un producto fútil al comprador, en este caso al de Expoobident.


lunes, 20 de agosto de 2012

The Sidewinder

"La muerte no es nada", había dicho el 12 de diciembre de 1804 (…).

(Napoleón, Max Gallo)


Formar parte de la big band de Dizzy Gillespie con sólo dieciocho años —su trompeta suena en Dizzy In Greece y Birk's Works— y morir de un disparo en el corazón con treinta y tres —efectuado por la que es tu pareja de hecho cuando estás a punto de comenzar una actuación en directo— son dos datos que van irremediablemente ligados a la biografía de Lee Morgan. Precoz en la vida, precoz en la muerte, Morgan es —en lo estrictamente musical— conocido por ser el autor de The Sidewinder, grabación del 21 de diciembre de 1963 que conocerá las mieles del éxito al año siguiente, y que sigue siendo una bendición para los oídos del que hoy se acerca a ella.

La trompeta de Morgan y el saxo tenor de Joe Henderson se rinden ante sus propietarios desde la inicial The Sidewinder y su bellísima melodía, diez minutos espectaculares en los que ambos intérpretes inventan solos espléndidos sostenidos por el ritmo imparable generado por el piano de Barry Harris, el contrabajo de Bob Cranshaw, que también hacen sus aportaciones individuales, y la batería de Billy Higgins. Hard bop que huele a soul y a incipiente boogaloo, aunque todavía no tuviera ese nombre, componen esta pieza maestra —al igual que otras de un Herbie Hancock que ha debutado en 1962 y que colaborará, con toda la lógica estilística, en algunos de los posteriores elepés de Morgan—, en la que se cuelan los sonidos del Caribe para convivir con las estructuras clásicas surgidas del jazz de la década de 1950. Totem Pole repite duración, con un Henderson especialmente brillante y un Morgan que duplica su intervención antes y después de las del saxofonista y de Harris. En Gary's Notebook el influjo caribeño, que ha ido cediendo en el corte anterior, desaparece para centrarse únicamente en un hard bop que el quinteto sigue resolviendo con improvisaciones muy notables. En la misma línea, Boy, What A Night y Hocus-Pocus sirven para completar el álbum, destacando en los dos temas, para mi gusto, las teclas de Barry Harris, cuya creativa y lírica templanza en nada envidia a los fenomenales y protagonistas vientos.

The Sidewinder —referencia ya ineludible— será la base sobre la que se asiente la obra de Lee Morgan durante los ochos años que le quedarán de vida antes de que una bala, dirigida por las relaciones sentimentales mal entendidas, ponga fin a sus días. Ocho años de mucha fertilidad en los que Morgan seguirá publicando discos excelentes que harán de él uno de los trompetistas más primorosos de los años sesenta. Para comprobarlo, reproduzcamos The Sidewinder, extraigamos el proyectil de su cuerpo y hagamos revivir a Lee Morgan y su música. No importa el tiempo que haya trascurrido, ésta no ha sufrido menoscabo alguno, y gracias a ella, continúa aquél entre nosotros.