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lunes, 12 de junio de 2017
Aerosmith
Posiblemente no tenga la enjundia de otros debuts de aquel 1973 —los de New York Dolls, Lynyrd Skynyrd o Montrose—, pero el primer y homónimo plástico de Aerosmith posee una frescura rocker y bluesy que hace de su escucha deleite instantáneo. Make It y Somebody son dos piezas de hard que saben a R&B y denotan la influencia de Led Zeppelin, Blue Cheer, Cactus y semejantes e imprescindibles referencias del género. Dream On es la balada por excelencia del grupo de Steven Tyler, muy alejada de esas horteradas que en los ochenta y en los noventa (salvo excepciones aisladas) llevaron a Aerosmith a lo más alto de las listas. One Way Street se va hasta a los siete minutos y sirve para que Tyler se luzca con la armónica y Joe Perry haga lo propio con su guitarra en un tema de inequívoco aire stoniano. Rock and roll de riff clásico y primigenio, Mama Kin fue popularizada a finales de los ochenta gracias a la versión de Guns N' Roses. Write Me A Letter continúa festejando la música de Chuck Berry y haciendo que el oyente con ganas y sin achaques mueva sus caderas, que diría Burning. Blues rock pesado y psicodélico es lo que nos ofrece Movin' Out, justo antes de que la versión del Walkin' The Dog complete el elepé. El quinteto de Boston lleva el tema de Rufus Thomas —igualmente adaptado por los Stones en su debut— a su terreno hard, y lo hace con nota alta redondeando un trabajo muy digno. Toys In The Attic o Rocks mejorarán lo ofrecido en Aerosmith y supondrán la cumbre de la banda, pero los mimbres mostrados en el plástico que hemos comentado ya hablaban de Aerosmith como un grupo a tener muy en cuenta.
viernes, 17 de julio de 2015
Pump
De la tercera etapa de Aerosmith —la que retoma la formación clásica a mediados de los ochenta, recuperando a Joe Perry y Brad Whitford a las guitarras—, Pump (1989) es, en mi opinión, la mejor de sus grabaciones, la única equiparable a sus obras maestras de los setenta por intensidad, composiciones y variedad de registros. Y eso a pesar de una producción de Bruce Fairbairn que en su hinchazón no me convence aun siendo preferible a la de Permanent Vacation, también del canadiense.
Unidas por un furibundo, reivindicativo redoble de Joey Kramer, Young Lust y F.I.N.E. conforman uno de esos arranques frenéticos de Aerosmith, aunque la efectividad y rotundidad logradas aquí tengan difícil parangón. El espectacular y rompedor single Love In An Elevator mueve al quinteto a ese terreno funk del que saca estructuras particularísimas al cruzarlo con el hard rock. Marcada por la slide de Joe Perry y el sustrato del blues, Monkey On My Back es una maravilla musical en la que Steven Tyler moraliza sobre el tema de las drogas. Janie's Got A Gun —éxito absoluto en su momento— se acerca al pop para tratar el repugnante tema de los abusos sexuales y la comprensible venganza de las víctimas.
Una miniatura folk nos introduce en la cara B y sirve de prólogo a ese fantástico pedazo de rock and roll de aroma soul titulado The Other Side. Sazonado deliciosamente por los Margarita Horns, el tema, escrito por Jim Vallance y Steven Tyler, tiene ciertas concomitancias con el Standing In The Shadows Of Love de los Four Tops, y así tuvo que ser admitido con posterioridad a la publicación del elepé. Veloz e infectada por el rockabilly y el swing, My Girl precede feliz a Don't Get Mad, Get Even, vibrante hard boogie que, a su vez, se funde con la introducción (uno de los, así llamados, "interludios musicales" del álbum) de Voodoo Medice Man, o lo más cerca que la banda de Boston puede llegar a estar de la psicodelia. La temible balada de turno pone fin a Pump, si bien es innegable que What It Takes no cae en la indignante ñoñez de Angel o, viajando al futuro, Crazy, ni merma un conjunto excelente —epílogo acústico e instrumental no acreditado incluido— que, a finales de la década de 1980, recordaba con mano firme a los divos del sleaze quiénes (y por qué) eran sus maestros.
jueves, 2 de abril de 2015
Toys In The Attic
Suena a excusa y dejadez el eterno sambenito de clones de los Stones cuando uno se para a escuchar con atención un disco como Toys In The Attic (1975). A mediados de los setenta, Steven Tyler, Joe Perry y compañía se hallan en un momento sumamente inspirado, y su afán de crecer e investigar va a quedar plasmado en un disco tan espléndido como su tercer trabajo, en el que, sin dejar de estar presentes sus influencias, Aerosmtih demuestra ser una banda versátil, curiosa e independiente de sus fuentes primarias de inspiración.
Toys In The Attic descorcha la botella literalmente, nada de metáforas, pues la canción es un balazo hard que recorre volando su camino hasta Uncle Salty, donde sigue mandando el rock duro, aunque a menos revoluciones y con algo de boogie en su interior. Dos temas redondos, sea como fuere. Más boogie es el que contiene Adam's Apple, lúdica y picante adaptación del famoso mito bíblico. Walk This Way es una de las mejores, más famosas y originales canciones de los autores de Get Your Wings. El pegajoso funk rock de la estrofa, el perfecto riff de guitarra, el irresistible estribillo, el solo final de Joe Perry: todo se conjunta para dar con un tema ya clásico capaz de revolucionar cualquier fiesta. Swing y rock and roll se alían en la versión de Big Ten Inch Record (Fred Weismantel) antes de que, tan especial como Walk This Way, Sweet Emotion exija su puesto como cima del elepé. Lógico que así sea: su psicodélica introducción, su peculiar cadencia y sus imparables guitarras rítmicas y solistas la hacen merecedora de dicho trofeo. No more No more es un estupendo rock and roll que huele a Richards y a Berry, sí, pero también a Bad Company y Mott The Hoople, y del que Boston —grupo paisano de Aerosmith— aprenderá bastante. De tempo lento e influjo zeppeliano, Round And Round sería el corte más largo del disco de no ser porque el siguiente, You See Me Crying, le supera en unos segundos. Qué tiempos aquéllos en los que el quinteto norteamericano hacía baladas en las que la dignidad y la comercialidad no estaban reñidas, como es el caso de la canción sentimental que culmina Toys In The Attic con la misma brillantez con la que había comenzado; corroborando, pues, que estamos ante la obra maestra de uno de los grupos más insignes y creativos surgidos en los años setenta. Norteamericano para más señas, de criterio propio, e injustamente acusado de copiar a Sus Majestades Satánicas por los morros de su cantante y principal compositor.
lunes, 26 de mayo de 2014
Honkin' On Bobo
Grabar un disco de versiones puede ser altamente discutible, pero si sirve para recuperar la dignidad perdida, entonces no hay duda: ¡a por ello! Aerosmith había caído bastante bajo en sus dos anteriores visitas al estudio (Nine Lives, Just Push Play), así que la decisión de publicar un álbum compuesto por material ajeno bien podía ser la manera de volver al redil de la calidad en el que todavía habitaba Get A Grip. Honkin' On Bobo (2004) confirmará que la apuesta no ha sido errada. Hay una cosa buena y mala, de entrada, que se nota desde la primera escucha: estamos delante de un disco que suena a Aerosmith por los cuatro costados; el grupo se apropia de los originales y los convierte en el espectáculo sobreproducido que desde 1987 viene practicando, a pesar del cual fue capaz de crear dos obras tan espléndidas como Permanent Vacation y Pump. El blues del que se parte (y algo de rock and roll, soul y gospel) significa la admiración que por ese género y por sus autores siempre ha sentido el quinteto de Boston, no que dicha admiración vaya a anular sus perspectivas artísticas y comerciales, fundidas en una sola desde hace lustros. Aerosmith suena tan grandilocuente como en anteriores entregas, perdiendo las canciones elegidas buena parte de su encanto natural, pero traspasando en ese proceso de desintegración una enorme cantidad de energía y pasión al grupo de Steven Tyler, tal y como afirman las interpretaciones. Desde la inicial Road Runner del genial Bo Diddley hasta la tradicional Jesus Is On The Main Line, Aerosmith amplifica a sus ídolos con una fuerza en la que se nota las ganas de gustarse y la alegría suscitada al contacto de temas adorados por la banda. Como jugosos extras, además, la presencia un año antes de morir del mítico Johnnie Johnson al piano en Shame, Shame, Shame y Temperature —aunque no tan excitante como en los años cincuenta o sesenta—, y de los Memphis Horns en Never Loved A Girl, revisión en clave masculina del inmortal éxito de Aretha Franklin. La vuelta de Jack Douglas a los controles no hace que Joe Perry y sus compañeros retornen a los días de Toys In The Attic o Rocks, ni rebaja la aparatosidad mencionada que les acompaña en los últimos veintisiete años, pero la actitud demostrada por los cinco miembros del grupo es suficiente para garantizar el disfrute de un muy buen trabajo. Solo un pero: el peor de lo doce cortes es el único escrito por Tyler y Perry, The Grind, lo cual no hace sino reivindicar la idea de lo necesario que era para Aerosmith registrar a la sazón una obra como Honkin' On Bobo.
NOTA: Esta entrada está dedicada —cómo no— al querido Gonzalo Bobo Mayor.
sábado, 19 de octubre de 2013
Live! Bootleg
Como si de una edición pirata se tratara: así salió a la calle el doble en directo de rigor a nombre de Aerosmith en 1978. Parodia de las innumerables grabaciones en vivo que de manera poco profesional inundaban el mercado, Live! Bootleg recoge al quinteto de Boston girando por Estados Unidos, todavía en pleno apogeo artístico y comercial antes de que Joe Perry abandone el grupo. Temas por todos conocidos como Sweet Emotion, Lord Of The Things, Walk This Way, Dream On, Mama Kin, Draw The Line (sin acreditar) o las versiones del Come Together y el Train Kept A-Rollin' nos enseñan el poderío del grupo de Steven Tyler sobre un escenario en diversas actuaciones de 1977 y 1978, aunque también se incluyan dos cortes de un concierto de 1973 (I Ain't Got You y Mother Popcorn), en los que, interpretando las composiciones de Calvin Carter y James Brown, Aerosmith trata con pasión y solvencia blues y funk, estilos que su música siempre ha tenido en cuenta. Digamos resumiendo que, sin llegar a ser tan perentorio como otros dobles elepés en vivo publicados a finales de los setenta (Strangers In The Night, Live And Dangerous, Live Killers), Live! Bootleg es un muy buen álbum cuya construcción no se resiente por la utilización de diferentes —cronológica y espacialmente— actuaciones de la banda en su país, y que tiene a su favor el no haber sido (apenas) retocado en el estudio. Si no obligatorio, concluyamos, muy recomendable.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Done With Mirrors
Permanent Vacation y Pump se llevaron todos los aplausos, es cierto, pero el retorno de Joe Perry y Brad Whitford a Aerosmith ya había dado resultados discográficos muy notables en Done With Mirrors (1985), el primer elepé que el grupo —antes de que el éxito llame de nuevo a su puerta— grabará para Geffen. Jimmy Crespo y Rick Dufay habían sustituido a los guitarristas titulares de Aerosmith tres años atrás en Rock In A Hard Place, y lo habían hecho con gran solvencia, justo es reconocerlo, así que a Perry y a Whitford se les nota aquí con ganas. Muerden Steven Tyler y compañía desde el primer acorde en las contundentes Let The Music Do The Talking y My Fist Your Face para no ceder en intensidad en ningún momento, levanten o no el pie del acelerador. Se muestran pletóricos, incandescentes, todos los miembros de la banda, que, sin llegar a las excelencias de los dos discos mentados al principio (aunque en el caso de Permanent Vacation tenga mis dudas), se benefician de un sonido menos grandilocuente y de la ausencia de baladas insoportables como Angel. Por fortuna, el tiempo está haciendo justicia, y son muchos los seguidores del grupo de Boston que reivindican Done With Mirrors, tras años en el olvido. Si tenemos en cuenta, además, que en su edición original en vinilo faltaba el último corte, Darkness, todo parecía condenar al ostracismo y la ignominia a este disco desde su salida al mercado. Su música y sus canciones se han encargado de que no sea así, y, al fin y al cabo, eso es lo que cuenta.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Rock In A Hard Place
Poco apreciado por gran parte de la crítica (creo que la ausencia de Perry y Whitford supone un prejuicio demasiado fuerte), Rock In A Hard Place es, en mi opinión, un muy buen disco de principio a fin, cien por cien Aerosmith, sin caer en la superproducción de obras posteriores (aunque musicalmente espléndidas) como Permanent Vacation y Pump, que catapultarán al grupo de nuevo al éxito masivo. Es un trabajo más sobrio pero a la vez más fiero. Bitch's Brew y Bolivian Ragamuffin dejan bien claro que Yardbirds y Zeppelin son tanta o más influencia que Stones y Beatles en Aerosmith, aunque Steven Tyler y compañía posean ese sonido tan característico que domina Jailbait, Lightning Strikes o Rock In A Hard Place (Cheshire Cat). No falta, claro, la balada de rigor, y Cry Me A River es hermosa y contenida. Cierran el elepé los aires del Randy Newman más desenfadado que trae Push Comes To Show, con Steven Tyler y Paul Harris al piano.
De todos modos, y pesar de la prestancia mostrada por el tándem Crespo/Dufay, Perry y Whitford recuperarían las seis cuerdas perdidas en el siguiente y semiolvidado Done With Mirrors, por el que también siento especial aprecio. Demasiado era el peso y la calidad de quienes habían grabado Aerosmith o Toys In The Attic; demasiado poco comercial, quizá, el camino que Rock In A Hard Place dejaba entrever. Más allá de sus estrictos y perdurables logros estéticos, que los tiene y muchos, el elepé ha quedado como ejemplo de que (casi) nadie es insustituible en esta vida y de que siempre será mejor la relativización que la idolatría, el criterio limpio de elementos superfluos y externos al hecho a juzgar. Aunque hayan pasado muchos años, quizá a Joe Perry y a Brad Whitford todavía no se les haya quitado el susto del cuerpo.
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