Obviamente, el elepé obligatorio de los Sex Pistols es Never Mind The Bollocks, pero esta recopilación de singles de 1979 —Flogging A Dead Horse— está realmente bien e interesa por varios motivos. El primero es por contener cuatro (soberbios) temas del álbum madre: Anarchy In The U.K., God Save The Queen, Pretty Vacant y Holidays In The Sun; el segundo, por traer tres caras B que ayudan al tirar del hilo high energy que desemboca en el punk rock y los propios Pistols: I Wanna Be Me, Do You No Wrong y la personal lectura del No Fun stooge; el tercero, por incorporar tres brillantes composiciones originales de The Great Rock 'N' Roll Swindle: la homónima, No One Is Innocent y Silly Thing, si bien inferiores a las del mencionado Never Mind The Bollocks; y el cuarto, por añadir cuatro versiones de aquella banda sonora: My Way, cantada por Sid Vicious, (I'm Not Your) Steppin' Stone, de Paul Revere & The Raiders, y, sobre todo, Something Else y C'mon Everybody, clásicos de Eddie Cochran que también hicieron suyos Led Zeppelin, archienemigo teórico del grupo inglés. Al final, todos descendían de lo mismo y tenían las mismas influencias. Porque, en definitiva, unos y otros, punks y dinosaurios heavys y progresivos, se dedicaban al gran y maravilloso timo del rock and roll. Que conste. (O pasen por caja.)
Mostrando entradas con la etiqueta Sex Pistols. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sex Pistols. Mostrar todas las entradas
lunes, 17 de agosto de 2020
jueves, 12 de marzo de 2009
Never Mind The Bollocks
Ataque frontal al rock sinfónico y al heavy rock de excesivo virtuosismo (en lo musical) y al sistema capitalista (en lo político), la incidencia del movimiento punk, a treinta años vista, es clave en el posterior devenir del rock and roll, pero más débil parece su influencia en otros campos. Sí cabe decir a su favor que los discos que produjo siguen sonando a gloria bendita, tan frescos y cercanos como las mejores grabaciones de Chuck Berry o Little Richard. Porque hacia allí es adonde apuntaban, hacia la recuperación de la pureza y sencillez del primitivo rock and roll, más que hacia la (hipotética) debilitación de la Europa del bienestar. 
Never Mind The Bollocks ha quedado como la más significativa y representativa obra de aquel movimiento, más allá de la manipulación publicitaria que de los Sex Pistols hicera Malcolm McLaren. Versión nihilista del punk, frente a la fuertemente politizada y comprometida de los Clash, el clásico por antonomasia de esta música es un tratado de malas maneras y agresividad condensadas en doce temas que rondan los tres minutos cada uno de ellos. Ataques a todo dios y mala baba por doquier parecen camuflar un disco extraordinario en lo musical, rock and roll de primer orden que suena como una unidad compacta (con una producción de Chris Thomas no demasiado punk, por cierto), difícil de dividir, pero de la que me gustaría destacar No Feelings, God Save The Queen y Pretty Vacant, tres gemas inmortales que representan a la perfección lo que fue un época, para bien o para mal, imposible de repetir.
Poco más tendrían ya que decir los Sex Pistols en lo estrictamente musical. Eran un producto, y como tal producto murieron; no es óbice ello para hacerse eco una y mil veces de la magnificencia de un álbum por el que no parecen pasar los años y que seguirá llevando a jóvenes en todo el mundo a empuñar una guitarra eléctrica para expresar con sencillez y sin pretensiones y pelos en la lengua aquello que tengan que expresar.
Never Mind The Bollocks ha quedado como la más significativa y representativa obra de aquel movimiento, más allá de la manipulación publicitaria que de los Sex Pistols hicera Malcolm McLaren. Versión nihilista del punk, frente a la fuertemente politizada y comprometida de los Clash, el clásico por antonomasia de esta música es un tratado de malas maneras y agresividad condensadas en doce temas que rondan los tres minutos cada uno de ellos. Ataques a todo dios y mala baba por doquier parecen camuflar un disco extraordinario en lo musical, rock and roll de primer orden que suena como una unidad compacta (con una producción de Chris Thomas no demasiado punk, por cierto), difícil de dividir, pero de la que me gustaría destacar No Feelings, God Save The Queen y Pretty Vacant, tres gemas inmortales que representan a la perfección lo que fue un época, para bien o para mal, imposible de repetir.
Poco más tendrían ya que decir los Sex Pistols en lo estrictamente musical. Eran un producto, y como tal producto murieron; no es óbice ello para hacerse eco una y mil veces de la magnificencia de un álbum por el que no parecen pasar los años y que seguirá llevando a jóvenes en todo el mundo a empuñar una guitarra eléctrica para expresar con sencillez y sin pretensiones y pelos en la lengua aquello que tengan que expresar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)