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jueves, 12 de marzo de 2026

The Covers E.P.

Lo que en principio eran cuatro cortes ocultos de Sum en su versión digital se transformaron por derecho propio en The Covers E.P. (1996). Derecho ganado y debido a la habilidad de Sex Museum para convertir el material ajeno a la religión (digo sonido) de la banda y a la portada ya mítica del genial dibujante Ladrón. Haircut & Attitude (Manitoba's Wild Kingdom, o los Dictators fracasando en los mercados una vez más con diferente marca comercial), Shot By Both Sides (Magazine), Hanging Around (Strangers) y Bubble Gum (Kim Fowley), sin dejar de ser reconocibles, cobran nueva vida insuflada por el cruce entre garage y hard rock tan característico del grupo madrileño. La voz de Miguel Pardo, la guitarra de su hermano Fernando, el órgano de Marta Ruiz, el bajo de Pablo Rodas y la batería de Kiki Tornado hacen suyas las canciones de un epé impecable, una más de las excelentes grabaciones de Sex Museum, cuya trayectoria de cuarenta años apenas tiene rival en España. A ver quién es el guapo que se atreve a negarlo.



jueves, 29 de agosto de 2024

Fifteen Hits That Never Were

Sin asomo de nostalgia. No la hay en Sex Museum al regrabar sus canciones como Fifteen Hits That Never Were (2008). Doce de las canciones (trece en la versión en vinilo, que sumaba Brave Ulyses Goes Funky, compañera en formato single del P.V.C. que encabezaba Sonic) corresponden al segundo periodo de la banda y los tres álbumes en estudio que registran entre 2000 y 2006: el citado Sonic, Speedkings y United; Wassa Massa es un tema  nuevo y solo dos representan su primera época, Black Mummy (Sparks) y Two Sisters (Nature's Way), ambos de la primera mitad de los noventa. Las canciones nuevamente interpretadas no varían demasiado de las originales, pero sí que hay arreglos y matices a descubrir que las reescriben y un grupo que suena glorioso y presente haciendo algo que en muchos otros sería rancio y oportunista. El equilibrio perfecto entre garage, hard y pop se halla en una colección que se aleja de la recopilación para que la música cobre vida flamante y espectacular, pues los hermanos Pardo, Marta Ruiz, Javi Vacas y Loza esculpen las composiciones con la elegancia, la potencia y el feeling de quienes dominan sus instrumentos a la perfección sin que la técnica sea un muro para la expresión. Aunque no fueran éxitos, como nos recuerda su título, estos Fifteen Hits That Never Were son, pues, igual de imprescindibles que los discos de los que se nutren y hemos ido mencionando.


 

jueves, 15 de diciembre de 2022

Again & Again

En la ya larga trayectoria de Sex Museum puedes echar la vista atrás a cualquier momento que nunca darás con una grabación prescindible ni mucho menos mediocre, cosa que de muy pocos grupos podemos decir. Da igual que la elegida sea Nature's Way de 1991 —encabezada por ese himno llamado Two Sisters—, que volemos diez años en el tiempo y nos encontremos con Speedkings o que caigamos, como es el caso, en 2011 y el disco a describir se titule Again & Again: la calidad siempre va a estar garantizada.

Y lo está desde un principio gracias a canciones tan soberbias como I'm Falling Down, o la épica del perdedor musicada. Composición extensa y exquisita, sin duda uno de sus grandes logros, el sonido Museum halla aquí la síntesis exacta entre hard rock y pop (atentos a los ecos del Rebel Yell de Billy Idol), hace una parada a mitad de camino para ralentizar el tema y vuela realmente alto gracias a la sensibilidad de cinco músicos que no se exceden en el plano técnico pero que encuentran siempre el arreglo preciso para potenciar la emoción y envolver al oyente.

No arredra al quinteto madrileño una apertura de dicho calibre, pues lo que sigue mantiene el nivel, destacando más que nunca el órgano y los teclados de Marta Ruiz. Y digo destacando a sabiendas de que la labor de los hermanos Pardo, Javier Vacas y Loza es la de unos intérpretes de rock and roll superlativos, de ésos que da gusto escuchar cada nota o ritmo que ejecutan. La capacidad del grupo para moverse en terrenos de garage rock no le imposibilita para bordar las baladas (Keep Running), sumergirse en las honduras melódicas de la mencionada I'm Falling Down o atreverse con desfases psicodélicos que, explayándose durante diez minutos, cierran el álbum en Go Around. Un magnífico Again & Again que certificaba por enésima ocasión la categoría de una banda ejemplar que hay que equiparar a nombres extranjeros como los de Black Crowes o Asteroid B-612 si queremos situar su importancia en el rock facturado en los últimos treinta y cinco años.


 

lunes, 25 de marzo de 2019

Sonic


A su habitual órgano Hammond y un piano sumaba Marta Ruiz dos cajas de ritmos (nombradas "Groove box 505, 303" en los créditos del CD) que traían la polémica. Así es. Cinco años después de Sum, Sex Museum volvía con Sonic (2000), en el que el grupo añadía tecnología para modernizar su discurso sin perder su contundencia o escribir malas canciones. Vistas casi dos décadas después de su publicación, las pegas puestas al disco suenan falsas y forzadas, pues la banda madrileña sigue siendo una maquinaria letal de rock and roll en un trabajo que contiene —hechos para enardecer en vivo a la parroquia— dos de sus himnos definitivos: Flyin' High y Let's Go Out.

P.V.C. es un medio tiempo imponente que sitúa al quinteto en terrenos de hard rock ligeramente industrial y se hace perfecto para abrir impactantemente un álbum, como es el caso. El mencionado Flyin' High (R&R 65), irónica apología del cantante o artista de éxito, arrasa con su ritmo rápido y ese cruce entre AC/DC y el techno. De potentes riffs y batería, We Can Move tiene un aire a Rammstein, aunque su metal industrial esté alejado de la ridícula solemnidad del grupo alemán. I Walk Alone no abandona del todo dicho patrón, pero aporta un matiz progresivo. Introspectiva y sugerente, Empty's My Soul (In A Ocean Full Of People) se olvida de la distorsión durante sus hermosos seis minutos para que paseemos por diversos, delicados e inspirados motivos melódicos. Can't Stick Around recupera la pegada mediante un tema redondo y muy pegadizo, hard rock con aroma a garage en el que insiste Night Monster, si bien aquí la parte instrumental tenga un peso mayor. Gotta Get Away pasa del pop psicodélico al rock guitarrero en dos ocasiones, contraste que funciona a las mil maravillas.

La hemos nombrado en el primer párrafo porque Let's Go Out es una de las mejores composiciones de la banda de los hermanos Pardo. La introducción y el riff que la acompaña, la tensión que anuncia la estrofa y desata el magnífico estribillo, la voz de Miguel, el solo de Fernando, las teclas y los secuenciadores de Marta Ruiz, la batería de Kiki Tornado, el bajo de Pablo Rodas: todo es de oro en una canción infinita que a cada escucha renueva su energía y aumenta sus posibilidades. Pills sigue la senda de Can't Stick Around y Night Monster, con el órgano y las máquinas de Ruiz pegando fuerte. Cobra Song es un final instrumental algo insolente, luminoso ademán de bossa nova interpretado por unos roqueros muy abiertos de miras que parecen decir sin estridencias pero claramente: ¡¡Puristas, alejaos de mí!! Una independencia de criterio que ya se conocía y que el tiempo ha ido consolidando e incluso aumentando. La de Sex Museum y su espléndido y poco reivindicado Sonic, justo antes de que Loza se hiciera con las baquetas y el quinteto grabara el magistral Speedkings, palabras mayores aquí ya glosadas. Dicho sea de paso.

jueves, 9 de febrero de 2017

Big City Lies


Espoleados por la gira que celebraba el vigésimo quinto aniversario de su debut discográfico —Fuzz Face— los miembros de Sex Museum entraban en el estudio en diciembre de 2013 para grabar Big City Lies (2014), brillante elepé (como siempre) del mejor grupo de rock en activo que hay en España. El garage de estirpe ochentera que informaba a la banda en sus inicios vuelve a infectarla en su madurez, pero con toda la experiencia acumulada y sin que la frescura haya mermado. El fuzz al que se apelaba con orgullo en el título de su primer plástico inaugura de la mano de Fernando Pardo el álbum y Lost In Blue, colisión de garage, hard y psicodelia en la que el quinteto muerde cual Drácula rocker. Entre el himno y el ambient, Circles In The Salt hace convivir contundencia y fluidos lisérgicos gracias a una base rítmica implacable (Loza y Javier Vacas), una guitarra que pasa del riff pétreo al arpegio ácido, los diferentes registros de la voz de Miguel Pardo y un órgano, el de Marta Ruiz, que imprime el sello definitivo —made in Sex Museum— a la canción. Tanto La Californiana como Judee Sill mantienen intacto dicho sello, un sonido propio y muy reconocible que en el primero de los temas se acerca al punk y en el segundo al afterpunk, aunque pasando ambos subgéneros por la batidora de Malasaña. Un magnifico y emotivo instrumental de casi cinco minutos, Huesos de santo, pone contrapunto al resto del álbum y cierra su primera cara remitiendo a Los Coronas.


La segunda abre anfetamínica mediante Holy Shit, que va a marcar la veloz senda a seguir. Motherboard aprieta aún más el acelerador, corte vehemente al que se suma igual de arrebatado Emotional Tyranny, que emparenta con el rock duro del Flyin' High situado en el excelente Sonic. Ruler Of Your Life reduce la celeridad pero resulta un tema de una intensidad similar a la de los que le han precedido, alimentando de garage y psicodelia su sinuoso, escurridizo recorrido y destacando el trabajo de Fernando Pardo a las seis cuerdas. Más garage rock nos regala Golden Money, nuevo, delicioso y penúltimo trallazo de un disco que quiere decir adiós con Odio. El castellano sustituye al inglés para que Miguel Pardo —en solo dos minutos y medio dignos de Paralísis Permanente, Kortatu o Def Con Dos— escupa versos de asco, desprecio, lamento y, claro, odio como:

"Si nos llevamos tan mal
qué cojones nos hablamos
tu sonrisa es pura vida
y en secreto nos odiamos",

reflexiones cantadas que cualquiera que haya sufrido el calvario de un amor muerto y alargado por compasión, rutina o imbecilidad dará por buenas, y que podemos relacionar sin capricho con aquéllas en las que el gran Plutarco de Queronea comparaba el matrimonio con el calzado hace ya muchos siglos. Rabioso colofón a un trabajo refrescante y vivificante de un grupo que en Big City Lies volvía a sus orígenes (frase manida que aquí es cierta) para reivindicar su liderazgo moral y artístico en la música del diablo facturada en nuestro país.

miércoles, 6 de agosto de 2014

United


Si en Sonic y Speedkings Sex Museum había endurecido su sonido sin que la calidad se diluyese —más bien al contrario—, en United (2006) el grupo recuperaba sensaciones de antaño con el poderío añadido de esa base rítmica que es a día de hoy la mejor del rock nacional: Loza y Javi Vacas. Garage, pop y hard son manejados a su antojo por el quinteto madrileño en canciones excelentes que suenan con una frescura impropia de una banda con dos décadas a sus espaldas. Si bien en Ghost Without A Will y I've Lost My Faith In You se nota que ahí sigue la querencia por los riffs aguerridos, Madrid —canto de amor y odio a su ciudad— reivindica el pasado mod de los autores de Fuzz Face, aunque me dirán, y con razón, que el órgano de Marta Ruiz en el tema anterior (el mencionado I've Lost My Faith In You) ya era una invitación constante al baile. Todos los ingredientes de la ensalada están en Mother Nature, y a su vez a nadie le pueden quedar dudas —vamos ya por el cuarto tema—: la mezcla de Sex Museum es única e inconfundible y sabe a manjar sagrado. I Won't Go Back nos vuelve a recordar, por si alguien no ha caído todavía, la presencia de Deep Purple en el cuerpo del grupo, ya sea la primera, la segunda o la tercera de sus formaciones o marcas. The Distance es algo así como una balada, en la que manda el prominente órgano de Ruiz. Sus teclas son también las encargadas de abrir I Enjoy The Forbidden, una de las composiciones más adorables de la banda y particular himno a la alegría del rock español. En Outrageous Woman la psicodelia, el funk y el rhythm and blues pasan por la batidora y salen hechos Sex Museum… ¡qué rico! Dos temazos más de su cosecha —Talk About The Good Times, Something For Real— y una versión, que sirve asimismo de reivindicación, del Unidos de Parálisis Permanente clausuran un disco espléndido de groove imparable y con unos hermanos Pardo que se salen cantando y tocando la guitarra. Como de costumbre, claro.

martes, 28 de agosto de 2012

Speedkings


Para quienes habitamos en Madrid y gustamos de esto del rock, resulta difícil hablar sin cierta emoción de Sex Museum. Vivir su evolución sobre un escenario mientras su obra mutaba a medida de que las inquietudes del grupo aumentaban, ser fedatario de su categoría internacional (peligroso telonero para artistas de relumbre mundial) o disfrutar de ese proyecto paralelo, Los Coronas, que ha devenido referencia mundial de la música popular instrumental, ha sido sinónimo de asumir sin complejos ni prejuicios que lo que teníamos ante nuestros ojos (y oídos) era una de la mejores bandas de rock and roll del planeta.

Speedkings (2001), su segundo álbum tras el retorno con Sonic el año anterior —el grupo había pasado cerca de tres en barbecho—, hunde sus fundamentos en el hard de los setenta —como anuncia ese título que es referencia explícita a Deep Purple e implícita a Little Richard— para lograr un trabajo espléndido, el primero como miembro de Sex Museum del exquisito baterista Roberto Lozano, Loza, quien se reconoce alumno nada más y nada menos que de John Bonham, Keith Moon, Mitch Mitchell y Matt Cameron. A lo largo de los once temas que ponen en pie el disco —todos originales excepto la versión del clásico que en plural lo intitula—, la banda demuestra que es posible acercarse a sonidos pretéritos y lograr, sin traicionarlos, un producto fresco que no llore por el pasado sino que celebre el presente. Las guitarras pesadas de Fernando Pardo se vuelven psicodélicas si es necesario en el desarrollo nunca previsible de las canciones; el órgano Hammond y el teclado de Marta Ruiz soportan el lado más alucinógeno y sensorial de las interpretaciones y crean un hermoso manto que —arropando al conjunto— supone buena parte de la personalidad del álbum y de Sex Museum; la percusión del mencionado Loza y el bajo de Pablo Rodas forman una base rítmica dinámica y exacta; y la voz de Miguel Pardo completa un quinteto que no alcanza la perfección sólo porque no existe, ni es deseable que lo haga.

A partir de entonces, y como si no tuviera ya unas sólidas carrera y discografía a sus espaldas, Sex Museum lanzará durante los siguientes diez años un doble CD en vivo y tres discos de estudio (uno de ellos, Fifteen Hits That Never Were, con material antiguo puesto al día), cuya impecabilidad hace que nos preguntemos si no será éste el grupo de rock más importante nacido en España después de Burning. A riesgo de exagerar con una afirmación tan tajante, dejo la cuestión formulada por si alguien está interesado en el debate. Por de pronto, Speedkings sigue lanzando argumentos desde los altavoces.