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sábado, 14 de septiembre de 2013

Sobre Beccaria y De los delitos y las penas


Hay libros que cambian el mundo.
  
¿Hay libros que cambian el mundo?

Bien lo afirmemos o nos lo preguntemos, lo cierto es que hay libros que, como reza el tópico, se adelantan a su tiempo. El existencialismo de Sartre ya estaba en Calderón de la Barca; frases extraídas de El capital de Marx son literalmente extrapolables a nuestros días; Montesquieu fue modernísimo al hablar de la separación de poderes, aunque se había inspirado… en los pensadores romanos; etc.

Nadie inventa nada, claro, el pensamiento está en el aire, que diría Bob Dylan; pero claro también que algunos autores plasman ciertas ideas de cierta manera en cierto momento que pareciera como si aquello hubiera surgido por generación espontánea, tal es la clarividencia y la verdad de sus palabras leídas siglos después. El noble milanés Cesare Beccaria es uno de esos autores bendecidos por el don de la penetración, y su libro De los delitos y las penas, uno de los más influyentes textos jamás publicados. Defensor a ultranza de la ley, la igualdad ante la misma y la proporcionalidad del castigo, estos axiomas llevaron a Beccaria a condenar la tortura y la pena de muerte —extendidísimas a la sazón— por su injusticia e ineficacia. Todo esto, que en teoría es evidente en cualquier democracia contemporánea, era de una audacia tal en 1764, que podía pasar perfectamente por herejía o badulaquería. No lo era, por supuesto, y muy pocos pensadores han sido, con posterioridad, tan insolentes y radicales a la vez (piensen, verbigracia, en el Proudhon de ¿Qué es la propiedad?, pero no muchos más). Como decía, glosándolo, Francisco Tomás y Valiente —asesinado por ETA, que no siguió los consejos de Beccaria al aplicarle la pena de muerte sin juicio alguno—, “los preceptos fundamentales de la política legislativa que él aconseja (…), dada su radical novedad e incompatibilidad con el sistema establecido, significaba, de ser admitida, la total remoción del mismo. El reformismo penal de Beccaria es ciertamente profundo”. Concluimos, pues, en consonancia con las palabras de Tomás y Valiente: Si De los delitos y las penas y Cesare Beccaria no cambiaron el mundo, al menos lo prefiguraron, que no es poco.

NOTA: Este texto fue escrito a petición de mi querida amiga Esther, y publicado originalmente en abril de este año en La Ciudad del Libro.