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lunes, 26 de octubre de 2020

Invitation

 
Word Of Mouth fue el título del segundo elepé de Jaco Pastorius y el nombre de la big band con la que giró para presentarlo mientras el colapso mental aparecía en su vida, arruinándola hasta su triste final —molido a palos en la entrada de un local y muerto unos días después— con treinta y cinco años. El paso de aquella gira por Japón dio lugar a un álbum grabado en Tokio, Yokohama y Osaka que Warner publicaría a finales de 1983 y que nos trae al extraordinario bajista liderando una banda de veintiún músicos.

Una canción de Bronislaw Kaper para el film de George Cukor Su propia vida inicia el disco y le da nombre. Invitation deja en nuestra pluma etiquetas obvias (jazz fusion, post bop, world music…) que el resto de piezas no va a negar e incluso va a ampliar. Pero no hay en estas magníficas tomas en vivo (o al menos no para ser rémora) la afectación que muchas veces lastra y afea dichos subgéneros jazzísticos. Amerika es un tema tradicional que Pastorius utiliza para lucir brevemente su bajo y enlazar con una Soul Intro de su propiedad que sirve de prólogo a la versión de The Chicken, tema que Pee Wee Ellis escribiera para James Brown y que añade el funk a la función en sus potentes sonidos orquestales. Continuum lo recupera Jaco Pastorius de su primer trabajo, corte dominado por sus mágicas cuatro cuerdas salvo en su final. Del segundo y mencionado al arrancar este texto viene Liberty City, en lectura muy podada si la comparamos con los doce minutos que duraba en el estudio.

No se olvida quien fuera miembro de Weather Report de homenajear a los más grandes de su negociado. Nos encontramos así con el Sophisticated Lady de Duke Ellington, convertido en un duelo amistoso entre la armónica de Toots Thielemans y el bajo que acaba completando la orquesta, y con el Giant Steps de John Coltrane, incrustado en medio del Reza y su Reprise de Pastorius y conformando un mosaico único de diez minutos largos en cuya primera mitad brilla la trompeta de Randy Brecker, en cuya segunda Pastorius tiene momentos muy potentes y en el que escuchamos una cita del Caravan de —sí, nuevamente— Ellington. Fannie Mae y Buster Brown dan paso al R&B y al jump blues, baile y diversión que preceden a Eleven, adaptación del tema de Gil Evans (y Miles Davis) que hurta segundos al ya corto original para decir adiós en menos de un minuto. La felicidad que nos trasmite la música tornaría en problemas y miserias que arrastrarían —perra y maldita existencia— a Jaco Pastorius a la tumba, sin que la paliza que le propició aquel desalmado aparezca como colofón inesperado de un devenir idílico. Al contrario, pero que la destrucción estuviera cantada no es ni será óbice para recordar a un artista fantástico disfrutando frente al público nipón y rodeado de dos decenas de compañeros mientras hacía lo que mejor sabía. La muerte llega antes o después.

viernes, 26 de abril de 2013

Word Of Mouth

 

Cinco años tardó Jaco Pastorius —ocupado como estaba con Weather Report— en dar réplica al que había sido su homónimo debut en solitario, pero cuando lo hizo en 1981, publicando Word Of Mouth, se supo que la espera no había sido en balde. El aluvión de notas hilvanadas sin tregua por su bajo —espoleando a vientos, piano y percusiones— hace que los cinco minutos de Crisis te enganchen al elepé sin remedio. 3 Views Of A Secret , marcado por la armónica de Toots Thielemans, conduce al album —constante que ya definía al primero en sus continuas bifurcaciones— hacia un rumbo diferente, más lírico y orquestal. No lo abandona Liberty City en sus doce minutos, que cuentan en su último tramo con una brillante intervención de Herbie Hancock al piano. En Chromatic Fantasy, Pastorius se atreve (por no decir que se encara) con Bach de manera iconoclasta, pues lo que empieza con su bajo en solitario acaba, tras un brevísimo interludio de metales y percusión, con una suerte de performance de música concreta totalmente ajena a lo que le ha precedido que, por si fuera poco, se empalma con una versión del Blackbird de los Beatles liderada por Thielemans. Su armónica y el bajo dibujan la melodía compuesta por Lennon y McCartney sobre un fondo atonal que se extiende a Word Of Mouth, protagonizado por el instrumento, esta vez distorsionado, de Jaco Pastorius y el golpear marciano de los steel pans de Trinidad y Tobago, de los que se encargan Othello Molineaux y Paul Horn-Muller. Cercano a las sonoridades de Weather Report y a los detallados 3 Views Of A Secret y Liberty City, John And Mary sirve para que disfrutemos —específicamente— del saxo soprano de Wayne Shorter, ya que hemos mencionado al grupo que compartía con Pastorius, además de los coros y palmas dedicados a los hijos del genio de las cuatro cuerdas. El final de un muy buen disco, aunque algo por debajo de su predecesor. Cuando hablamos de un músico tan extraordinario, sin embargo, quizá tales desniveles no sean sino minucias.



miércoles, 2 de febrero de 2011

Jaco Pastorius

En 1976 se publican Black Market (Weather Report, grupo del que formaría parte durante los siguientes cinco años el protagonista de esta reseña), All American Alien Boy (Ian Hunter), Hejira (Joni Mitchell) y Land Of The Midnight Sun (Al Di Meola). No sólo tuvo tiempo de colaborar en todos ellos Jaco Pastorius, el gran bajista estadounidense, sino que también lo tuvo para debutar en solitario con Jaco Pastorius.

La versión del Donna Lee de Charlie Parker, con un Pastorius acompañado sólo por las congas de Don Alias, pone las cartas sobre la mesa de un músico que no esconde su virtuosismo para lucirse en los menos de dos minutos y medio que dura el corte. El funk de Come On, Come Over, con un excelente riff de Pastorius, incorpora, alejándose de la sobriedad inicial, trompetas, saxofones, trombón bajo, batería, los teclados de Herbie Hancock y las voces de Sam & Dave. Todo un festín. La atmosférica y hermosa Continum pone un nuevo contrapunto; contraste que vuelven a provocar Kuru y Speak Like A Child, dos temas en uno, con una orquesta de cámara que acompaña a unos soberbios Hancock al piano, Pastorius, Alias a las congas y los bongós y Bobby Economou a la batería. Portrait Of Tracy deja al bajista solo en su exquisito hacer antes de dar paso al exótico, ligeramente atonal Opus Pocus (Wayne Shorter al saxo soprano, tan característico en Weather Report). Okonkolé y Trompa muestra las habilidades de Peter Gordon al corno francés, que improvisa sobre una monótona y repetitiva melodía que me trae a la cabeza a Kraftwerk y los King Crimson de Discipline. Los casi nueve minutos de (Used To Be A) Cha-Cha son una delicia total de clásico hard bop interpretado por un quinteto formado por Pastorius, Hancock, Alias, Lenny White a la batería y Hubert Laws al flautín. El piano de Hancock y, de nuevo, la orquesta de cámara ponen fin, con la miniatura Forgotten Love y sin que el bajista esté presente, a Jaco Pastorius, cuyo principal atributo quizá sea la variedad. Un disco primoroso, ¿lo he dicho ya?, y cima no igualada de una carrera cercenada a los treinta y cinco años —la misma edad con la que falleció Mozart— por una muerte violenta a la que Pastorius fue arrastrado por una precaria salud mental y el alcoholismo en la que ésta, al parecer, derivó. Producto ambas, tragedia y creatividad, de la misma sensibilidad que las hizo indisociables.