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jueves, 17 de abril de 2014
The Lonesome Death Of Electric Campfire
Son los aficionados españoles al power pop los que mejor recuerdan a los Mockers y su The Lonesome Death Of Electric Campfire de 2005, que sigue sonando estupendamente casi una década después de su publicación. Aunque estadounidenses, Seth Gordon y Tony Leventhal, los pilares de la banda, se conocieron de niños en Estepona (donde vivieron una temporada con sus familias) y estaban destinados a que su música triunfase en nuestro país aun sin salir de un ámbito estrictamente minoritario.
Producido por Robbie Rist, que también canta y toca guitarra solista y teclados, y presentado como una "emocionante novela de acción" del oeste, este Electric Campfire se divide en doce canciones alegres y saltarinas, mayormente matizadas por instrumentos diferentes al cuerpo creado por la guitarra eléctrica, el bajo y la batería. El fuego que dispara el cowboy de la portada del álbum lo abre Real Enough For Me, declaración de amor (o amistad) adolescente revestida de purito punk pop, y en la que escuchamos cosas como:
"No sé lo que es la vida real,
o lo que se supone que es.
Solo sé lo que me haces sentir,
y eso es suficientemente real para mí".
El ska convertido en rock de Doin' Time sirve para criticar el alienante mundo laboral del sistema capitalista ("Sí, el Sueño Americano se ha convertido / en una pesadilla") y gana en originalidad gracias al órgano y la mandolina de Robbie Rist. Something New es power pop de lo más canónico en el que Morley Bartnoff toca el piano y Nelson Bragg suma el glockenspiel (un tipo de metalófono) a su batería. Straight In The Eyes es un subidón de adrenalina en forma de acusación ("Todas tus mentiras ya me están hartando") potenciado por el órgano de Bartnoff, la trompeta de Probyn Gregory y el saxo de Frankie Mooney. Medio tiempo romántico, You Can Call Me (con Gordon tocando armónica y órgano además de la guitarra) precede al himno del disco, Mola, Guay, Ok, estupendo y simpático canto de amor a España tan inocuo como irresistible. Little Girl Blue lleva en su sustrato a los Byrds, y la guitarra de doce cuerdas de Seth Gordon y la slide y la tremolo de Rist no hacen sino reafirmarlo. The Emperor Strikes Out es una adaptación al inglés de El Imperio contraataca de Los Nikis (ya se habían atrevido a hacer lo mismo con el Déjame de Los Secretos), muy superior al tema original, en mi opinión, e impulsada por los vientos de Riel Gallagher y Phil Parlapiano. Aprovechan aquí los Mockers para atacar duramente —sin que la fiesta decaiga— al asesino más sanguinario que por ahora ha conocido el siglo XXI, George W. Bush, y no se olvidan de mencionar a sus cómplices Tony Blair y José María Aznar. (Stuck In) New York In The Summertime es una linda balada redondeada por el sitar eléctrico y el mellotron, de los que se encarga Robbie Rist. Bullets And Babies nos retrotrae a los Beatles de la primera etapa, mientras que Willoughby Station lo hace a los Kinks… en un hipotético cruce con los Clash (no andan ambos grupos británicos tan alejados como pudiera parecer, a propósito). Si en el primero de los cortes Morley Bartnoff repite al órgano, en el segundo se hace cargo del piano, que se escucha junto con los coros de Frankie Mooney y Derrick Anderson y los instrumentos de viento de Probyn Gregory. A Girl I've Never Met despide de forma solemne y lennoniana la grabación, supliendo Rist a Tony Leventhal al bajo, y tecleando Gordon piano y mellotron. Con sus hermosos versos finales decimos también adiós nosotros, no vaya a ser que después no logremos estar a la altura:
"Intentaré de verdad recordarlo,
pero sé que nunca olvidaré
que una chica a la que conozco de siempre
es una chica a la que nunca he conocido".
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