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lunes, 23 de septiembre de 2024

Natural Black Inventions: Root Strata

Something For Trane That Trane Could Have Said. Recordando a su venerado John Coltrane abre Rahsaan Roland Kirk (ya ha añadido el Rahsaan a su nombre y así lo refleja la portada) Natural Black Inventions: Root Strata, particular grabación de 1971 en la que Kirk se acompaña de las percusiones de Maurice McKinley y Joe Texidor y los múltiples instrumentos que él toca. Nacen, pues, las peculiaridades acústicas que atraviesan el elepé de una voluntad categórica de su autor, ya que aquí él hace sonar (algunos conjuntamente, algunos de su creación, como es sabido) saxos, flautas, clarinete, armonio, percusiones y, a mencionar aparte, trozos de manguera, una caja de música, una hoja de metal, sonidos de pájaros y palmas. Pero no solo es eso. La brevedad de las trece piezas (ninguna llega a los cuatro minutos), contextualizada en un entorno jazzístico y cotejándola con la obra de su autor, y la forma de afrontar las improvisaciones y el acompañamiento rítmico eluden las etiquetas tajantemente (incluida la versión del Day Dream de Duke Ellington, en la que Sonelius Smith incorpora su piano) y se saltan cualquier regla que las ate a subgénero alguno. Se declara Kirk libre del todo para hacer lo que le venga en gana (tampoco hace free jazz, no). Puede haber momentos en que la música les recuerde a una fanfarria; otros en que un minimalismo primitivo y esotérico les arrope; aquéllos en los que una tarde de lluvia de la infancia encerrado en casa —la incertidumbre y el deseo de la mano— acuda a su mente… Las posibilidades son infinitas y no quiero asociar el título de ninguna composición a las sensaciones que en mí provoca, prefiero que sea el lector el que lo haga. Natural Black Inventions rehúye la taxonomía y llama a la sensibilidad y la inteligencia del oyente sin los prejuicios de la clasificación que tanto nos obligan y que tantas veces utilizamos como anticipo defensivo de lo inefable. Lo de Rahsaan Roland Kirk en este álbum es único, no vayamos a estropearlo con más vocablos.



lunes, 13 de mayo de 2024

Volunteered Slavery

Aunque uno sea defensor de toda su trayectoria, quizá sea a finales de los años sesenta del siglo XX cuando Rahsaan Roland Kirk vuela más alto, al publicar consecutivamente The Inflated Tear, Left & Right y este Volunteered Slavery que nos disponemos a comentar. Si el anterior disco había pivotado en torno a una voluntad vanguardista reflejada en los veinte minutos de Expansions, cuya voracidad abarcaba del jazz tradicional al free jazz pasando por la música culta europea, aunque su segunda mitad hollara terrenos menos experimentales, Volunteered Slavery se decanta en su primera cara por la tradición festiva que va del góspel al soul con parada en el R&B.

Los coros del tema inicial, que da nombre al elepé, huelen a plantación al principio y a iglesia en su desarrollo, además de citar con desparpajo el Hey Jude de los Beatles. Más prominentes, los coros son elemento esencial de Spirits Up Above, góspel, jazz y pop en  una composición hecha para enardecer al feligrés, digo al oyente. La versión del My Cherie Amour de Stevie Wonder y Search For The Reason Why, si bien una pieza es puramente instrumental y la segunda es cantada, recorren caminos hechos de pop, de soul, de bossa nova, de felicidad y de inmediatez en cortes de tres y dos minutos respectivamente. Sin abandonar del todo dichos caminos, la lectura de I Say A Little Prayer cobra mientras avanza forma de jazz, hard bop, yéndose a los ocho minutos en los que Kirk introduce en su improvisación unos segundos del A Love Supreme coltraniano, notas que no son casuales y que enlazan, como vamos a ver, con la segunda cara del álbum.

Si el primer cincuenta por ciento había sido grabado en estudio en julio de 1969, el segundo va a ser recogido un año antes y en directo en el festival de Newport. Comienza Roland Kirk explicando al público que lo que va sonar en la deliciosa One Ton son sus stritch, manzello, saxo tenor, flauta y flauta nasal (siempre moderado nuestro hombre), aunque se olvida del piano de Ron Burton, el contrabajo de Vernon Martin y la batería de Jimmy Hopps. De necios sería negar el protagonismo de Kirk, pero las teclas blues de Burton suenan también a gloria. Es en su segundo comentario cuando el autor de We Free Kings se acuerda de sus acompañantes y, con su habitual sentido del humor, bromea con su ceguera antes de presentarlos e introducir el tributo a John Coltrane que une Lush Life, Afro-Blue y Bessie's Blues, homenaje digno y respetuoso de Kirk (y su cuarteto) a su admirado Trane y sus diferentes facetas. Three For The Festival concluye el trabajo con un tema rápido que en su último tercio decelera y en el que brilla especialmente la flauta de Rahsaan Roland Kirk, cuya creatividad y amplitud de miras tiene uno de sus hitos en Volunteered Slavery. Una joya que no debe faltar en la discografía de cualquier amante no ya del jazz en particular sino de la música en general.



lunes, 27 de marzo de 2023

Left & Right

Los casi veinte minutos y nueve movimientos de Expansions hacen de esta enardecedora suite orquestal centro de uno de los mejores y más ambiciosos trabajos de Rahsaan Roland Kirk, Left & Right. Además de los típicos instrumentos de viento creados por Kirk se suman todo tipo de representantes de dicha familia musical, piano, contrabajo, batería, percusión y el arpa de Alice Coltrane. Es muy difícil definir una pieza de tal longitud y riqueza, pero detalles como el homenaje explícito a Charles Mingus y Duke Ellington en los títulos o la cita de La consagración de la primavera en una de las improvisaciones son pistas de lo mucho y extraordinario que vamos a encontrar.

Una miniatura con amplia sección de cuerda llamada Black Mistery Has Been Revealed ha abierto el elepé, cuerdas que no se van del corte que sigue a Expansions, un relajado y delicioso Lady's Blues cuyo parecido con su antecesor es inexistente. Posee la misma atmósfera e incluso duración, y recibe idéntica calificación nuestra, la adaptación del IX Love de un Charles Mingus que vuelve a aparecer por aquí. Hot Cha nos invita a bailar, claro, un eufórico chachachá, en contraste puro con la balada de Quincy Jones Quintessence, cuerdas sobre las que Kirk hace sonar (a gloria) su manzello. No abandona nuestro hombre el tono sentimental en los dos temas que completan el trabajo, aunque sobre la orquesta imponga otros saxos, el tenor en el I Waited For You de Gil Fuller y Dizzy Gillespie, y el stritch en el A Flower Is A Lovesome Thing de Billy Strayhorn, inequívoca segunda alusión a Ellington. Con cualquiera de los tres —manzello, tenor, stritch— crea Roland Kirk un ambiente embriagador, el placer de tocar que activa la constante admiración del oyente atrapado sin remedio.

Registrado en junio 1968, Left & Right gira inevitablemente sobre la soberbia pieza de la que nos hemos ocupado en el primer párrafo, pero ello no es óbice para disfrutar del resto, centrado mayoritariamente en asuntos del corazón y resuelto con la excelencia propia del invidente de Ohio. Dos caras del mismo artista, ése que venía de grabar The Inflated Tear y posteriormente publicaría Volunteered Slavery, conformando junto con el plástico hoy descrito una arrolladora trilogía que cualquier aficionado al jazz debe poseer.

jueves, 15 de julio de 2021

The Inflated Tear

Blues que es marcha fúnebre (y viceversa), The Black And Crazy Blues abre majestuoso The Inflated Tear, magistral elepé que Rahsaan Roland Kirk registra con su grupo en noviembre de 1967, es decir, en los albores de su crucial relación con Atlantic. Blues, hard bop y jazz de raíz coltraniana, la música de Kirk exhibe variedad tímbrica, armónica, estructural y potencial que hace posible que Many Blessings sea protagonizado por el agresivo saxo del invidente de Ohio y vaya seguido de una balada, Fingers In The Wind, en la que su flauta y el piano de Ron Burton recrean una atmósfera de suavidad. Pero también que otra balada, la que titula el álbum, juegue a la disonancia en su prólogo, a la mitad de camino y en su final o que la banda se atreva —espléndida e incluso salvaje— con el Creole Love Call de Duke Ellington. Ejemplos de un trayecto a disfrutar completo en el que Kirk saca a pasear sus saxos (el tenor, el soprano o manzello y el alto o strich), el clarinete, la flauta, el corno inglés, el silbato y el flexatone; Burton, el comentado piano; Steve Novosel, el contrabajo y Jimmy Hopps, la batería. Colabora tocando el trombón, además, Dick Griffin (acreditado Griffith) en Fly By Night, penúltima de las nueve piezas de un soberbio The Inflated Tear al que se yuxtapondrán Left & Right y Volunteered Slavery para componer una trilogía que esconde lo mejor del gran Rahsaan. Y eso que antes y después dejó también grabaciones excelentes.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Here Comes The Whistleman

El primer elepé de la relación contractual de Rahsaan Roland Kirk con Atlantic —la más extensa y fructífera de una carrera genial— es un curioso artefacto registrado en directo en los estudios neoyorquinos de la discográfica en marzo de 1965 pero que no será publicado hasta dos años después. Previo a la tríada que le consagrará artísticamente (The Inflated Tear, Left & Right y Volunteered Slavery), Here Comes The Whitleman puede pasar por divertimento que sirve de toma de contacto con los directivos de la compañía, mas el placer que transmiten las interpretaciones niega cualquier condición de pasatiempo o trabajo menor al álbum. Hard bop que en vivo tiene algo de jump blues, el de Kirk es propulsado por sus saxos tenor, soprano y alto, los dos últimos (manzello y stritch) inventados por él, tal y como es sabido, y flautas convencional y nasal. El protagonismo de sus instrumentos y su espectacular manera de tocarlos no es excusa para olvidar una base rítmica espléndida que aquí forman Major Holley (contrabajo), Charles Crosby (batería) y Jaki Byard (no Jackie, según los erróneos créditos originales) y Lonnie Liston Smith alternándose al piano en deliciosas intervenciones. La calidad de los siete cortes hace muy difícil el intento de destacar uno por encima del otro, así que si nombro la pieza que titula el disco es por el absoluto desfase que se produce al acompañar al cuarteto un buen número de silbatos tocados por el público presente (cualquier cosa es posible si hablamos del autor de We Free Kings) en una fiesta musical que prologa una charla de Kirk. Y termino: que su situación cronológica y el olvido sufrido no nos hagan renegar de esta fantástica grabación llamada Here Comes The Whistleman.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Domino


En la línea de su anterior Free Kings, Roland Kirk continuaba creciendo gracias al excelente Domino, registrado en abril y septiembre de 1962. Ya sea con los conocidos saxos de su invención, la flauta o la flauta nasal, Kirk ejecuta solos espléndidos, redondos en los diez temas del elepé, en cuya totalidad solo coincide con el contrabajista Vernon Martin. Así es. En los seis primeros del piano (y la celesta) se ocupa Andrew Hill y de la batería, Henry Duncan, músicos bien solventes que son mejorados, sin embargo, por los maestros Wynton Kelly (impresionante su presentación de credenciales en la versión del Get Out Of Town de Cole Porter) y Roy Haynes (tremendo en Rolando) en los cuatro últimos. El sonido pleno de Kirk, aun con las diferencias estilísticas y la personalidad del autor de Volunteered Slavery, nos hace pensar en intérpretes de la talla de Sonny Stitt o Eric Dolphy, tal es su poderío a los saxos y a la flauta respectivamente. Que dicho poderío, como es sabido, todavía tenga capacidad de mejora a lo largo de la década hace que no sea Domino un álbum muy recordado, pero su indudable categoría, majestuosa por momentos, le hace merecedor de este breve comentario.

jueves, 26 de enero de 2017

We Free Kings


Grabado los días 16 y 17 de agosto de 1961 —un mes después de registrar para Prestige el excelente y compartido con Jack McDuff Kirk's Work—, We Free Kings supone el primero de los elepés que Rahsaan Roland Kirk publicará con Mercury. El multinstrumentista de Ohio cuenta con el apoyo fijo de Charlie Persip a la batería, mientras que Richard Wyands y Hank Jones, por un lado, y Art Davis y Wendell Marshall, por otro, se encargan del piano y el contrabajo —respectivamente— en los cortes en los que sus homólogos no intervienen. Como es habitual, nuestro mítico e invidente protagonista se encarga de del saxo tenor, del stritch, del manzello (estos dos últimos, saxos por él modificados, alto el primero, soprano el segundo) y de la flauta, triunfando con todos ellos cualesquiera que sean las improvisaciones que realiza. Hard bop, bebop, blues y soul jazz salen de las boquillas que sopla Kirk, confirmados asimismo por sus acompañantes, espléndidos en su conjunto, si bien las baquetas de Persip —si exceptuamos las aportaciones del autor de Volunteered Slavery son para mí lo más radiante y expresivo del álbum. Aunque hablemos de un disco cuya homogeneidad creativa es máxima, no está de más mencionar la brillante versión del clásico de Charlie Parker Blues For Alice, en la que Kirk toca varios de sus saxos a la vez; el tema que da título al trabajo, We Free Kings, en el que podemos escuchar el arsenal completo del músico, destacando por tiempo y belleza la flauta; lo juguetona que ésta puede llegar a ser en la breve You Did It, You Did It; o los seis minutos largos de Some Kind Of Love y su tempo de vals hecho jazz. Momentos que entresaco de un elepé fantástico en su totalidad, y que en 2017 suena tan fresco como cuando quedó plasmado en un estudio de Nueva York aquel verano de 1961.

jueves, 11 de junio de 2015

Kirk's Work


Ciego desde los dos añitos y muerto a los cuarenta y dos, Rahsaan Roland Kirk aprovechó su relativamente corta existencia (Mozart o Jaco Pastorius fallecieron con treinta y cinco) para desarrollar uno de los sentidos de los que la vida no le había privado: el oído. Su clásica imagen —un hombre negro e invidente del que cuelgan varios instrumentos de viento, alguno creado por él, y la boquilla de dos (o tres) de ellos atrapada entre sus labios— ya encabeza su tercera referencia, Kirk's Work, sobresaliente elepé grabado el 11 de julio de 1961 y también acreditado en portada al genial organista Jack McDuff: todo un festín el que se viene encima.

Armado del canónico saxo tenor y de sus saxos soprano (manzello) y alto (stritch), a los que suma esporádicas flauta y sirena, Kirk cocina junto con McDuff una exquisita receta de soul jazz cuyo delicioso sofrito de groove debe su dinamismo a la batería de Art Taylor y el contrabajo de Joe Benjamin. El tempo veloz manda en la mayoría de los siete temas, pero cuando se ralentiza en maravillas como Funk Underneath (aquí Kirk a la flauta) y Too Late Now, la maestría del cuarteto se manifiesta idéntica, si no mayor. La media hora larga del elepé tiene como curioso colofón una adaptación al universo hard bop de El vals de los patinadores de Émile Waldteufel (Skaters Waltz en el álbum), lectura que para el purista significará perversión y para nosotros gratitud, pues su valor consiste en anular casi por completo el rastro del compositor francés y adherirse a la perfección al conjunto del trabajo.

Una de las primera muestras de su talento, Kirk's Work anunciaba la magnífica, peculiarísima e indispensable carrera del a la sazón conocido solo por Roland Kirk. Sin embargo, su acabado y categoría hacen que los sonidos que porta no sean borrador para el futuro, sino valor propio que tantas décadas después se sigue saboreando con la misma alegría, asombrados por el desparpajo y la musicalidad de aquel cuarteto ad hoc que tuvo a bien existir a principios de la maravillosa década de 1960.