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lunes, 5 de mayo de 2014
Whisper Not
Formado en 1983, el Standars Trio del pianista Keith Jarrett, el contrabajista Gary Peacock y el baterista Jack DeJohnette se dedica a lo que su nombre explicita: tomar clásicos del jazz y desplegar sus capacidades improvisadoras a partir de ellos. Ni más ni menos. Whisper Not es un CD doble en vivo grabado por dicho trío en el Palacio de Congresos de París el 5 de julio de 1999, y publicado al año siguiente, y tiene de particular que ilustra el retorno de Jarrett a los escenarios tres años después de que se le diagnosticara síndrome de fatiga crónica. Y por lo registrado en la capital de Francia, vuelve en plena forma. Repasando temas de Bud Powell, Dizzy Gillespie, Billy Strayhorn, Thelonious Monk, Cole Porter o Duke Ellington, Jarrett, Peacock y DeJohnette dan muestra de una profesionalidad intachable y de una creatividad a prueba de bombas, si bien los cortes no se alargan tantísimo como antaño. Escuchamos Bouncing With Bud, Groovin' High, Chelsea Bridge, Round Midnight, What Is This Thing Called Love, Prelude To A Kiss o Hallucinations, y advertimos que la enjundia digital de Jarrett no ha cedido un ápice, bien sea rememorando el mejor y más veloz bebop o encandilando a la audiencia con baladas que emocionan profundamente gracias a la pureza que el pianista extrae del teclado. Nadie tendrá dudas, por lo hasta ahora contado, de que Keith Jarrett es el protagonista de esta grabación, si bien Gary Peacock y Jack DeJohnette forman una base rítmica excelente que se entiende con su jefe a las mil maravillas y que, lejos de funcionar como mero apoyo, llena de matices las intervenciones del autor de Facing You. Se podrá objetar que son muchos —demasiados— los discos en directo editados por el Standars Trio, pero cuando la elegante precisión de sus componentes nos atrapa y no deja de ejercer su influjo mágico hasta el final del segundo compacto, cualquier teórico rechazo pierde el sentido automáticamente. En otras palabras: Whisper Not es una delicia ante la que caerán rendidos si tienen un mínimo de sensibilidad, y, se me ocurre, una buena manera de adentrarse en el mundo del jazz por si queda algún rezagado ahí fuera a quien le dé miedo o pereza.
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