No sé cuántos lectores de Quintaesencia siguen (o conocen) la obra literaria de Haruki. Y es bien sabido que una vez leído no hay término medio: o se lo descalifica totalmente o se lo reverencia con entusiasmo. A mí ubíquenme entre los de la segunda lista.
Como siempre me sucede, es muy difícil "salir de la órbita" murakamiana al terminar uno de sus libros. Por eso, mientras busco qué material elegir para un nuevo proyecto, se me ocurrió hacer un repaso general de sus títulos y así completar lo más posible la lista de sus "retratos de jazz". No sólo los explícitos del proyecto “Retratos en Jazz” sino los implícitos, aquellos que aparecen mencionados al pasar en sus novelas. Algunos están bien definidos, otros no tanto. Y en esos genéricos, en los que nombra sólo a un artista o una canción en particular, me permitiré "intervenir" como lector y dejar que la imaginación haga lo suyo.
Cualquier lector consecuente o casual de Haruki Murakami sabe que el autor, además de escribir, posee dos pasiones: correr y escuchar música. Y si bien el jazz parece ser la principal, no me animaría a asegurarlo. Su conocimiento de la música clásica queda en evidencia no sólo por cómo la vincula en sus novelas, sino por el profundo análisis que es capaz de realizar. Por ejemplo, en su más reciente libro traducido al español: "Música, sólo música", una recopilación de conversaciones con su amigo Seiji Ozawa, antiguo director de la Orquesta Sinfónica de Londres, el propio Osawa se asombra de que Murakami tenga discos que él mismo no tiene, y que los recuerde tan claramente.
Por otro lado, su conocimiento del pop, del soul, del rock, de la bossa nova y de la llamada "easy listening", muy presente en sus novelas, quedó claro en los programas radiales que dirigió en plena pandemia, oficiando como comentarista y discjockey en el programa "Murakami RADIO" de la emisora Tokyo FM. Confieso que escuché alguna de sus emisiones y por suerte había música porque no entendí nada de lo que hablaba, obviamente.
En su último libro, "Primera persona del singular", aún no publicado en español (falta poco para que aparezca, pero me ganó la ansiedad y ya lo "mal leí" en inglés), Haruki "descubre" un disco nunca editado de Charlie Parker junto con Antonio Carlos Jobim al piano, pero no mejor no hacer spoiler...
Por tanto, yendo a sus primeras novelas, comencemos con "Escucha la canción del viento", buscando pistas de jazz en su escritura. Allí aparecen dos referencias. Una muy clara de Miles Davis, y otra que "habrá que imaginar" del Modern Jazz Quartet.
No olvidemos que esto no pretende ser más que pura diversión... Si alguien se percata de alguna "pista" que no pude identificar, bien puede indicarlo en los comentarios.
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En "Escucha la canción del viento", ópera prima de Murakami, el autor sigue las vicisitudes de "Yo", un joven estudiante que, durante unas vacaciones en su ciudad natal, disfruta de la compañía de su mejor amigo, apodado "el Rata", una chica con cuatro dedos y el barman del Jay's Bar, personajes a los que se suma la figura de un escritor suicida (e inventado): Derek Heartfield.
Hay dos discos de jazz presentes en la obra. En el Capítulo 8, "el joven estudiante" va a lavarse la cara al baño del Jay's Bar y encuentra una chica tirada en el piso. Jay y el "joven estudiante" la ayudan a incorporarse, le curan una herida en la cabeza y deciden llevarla a su casa. Por precaución, el "joven estudiante" resuelve quedarse con ella a cuidarla, y cuenta:
Debía tener sed, porque me desperté antes de las seis de la mañana. Cuando abro los ojos en casa ajena, me siento siempre como un alma a la que hubieran embutido a la fuerza en un cuerpo que no le perteneciese. Me levanté con gran esfuerzo de la estrecha cama y, tras beber como un caballo un vaso de agua tras otro en un sencillo fregadero que había junto a la puerta, me volví a la cama.
A través de la ventana abierta de par en par se veía un trozo de océano. Las pequeñas olas reflejaban, centelleantes, los rayos del sol que acababa de alzarse en el cielo, y aguzando la vista distinguí unos sucios buques de carga que flotaban en el agua con aire de hastío. Aquel día prometía ser caluroso. Las casas de los alrededores aún dormían en silencio, no se oía más que algún chirrido en la vía del tren y la tenue melodía del programa de gimnasia radiofónico.
Todavía desnudo, me recosté en la cabecera de la cama y, tras encender un cigarrillo, miré a la mujer acostada a mi lado. Los rayos de sol que penetraban por la ventana orientada al sur bañaban por completo su cuerpo. Estaba sumida en un profundo sueño, con la colcha de felpa retirada hasta los pies. De vez en cuando, su respiración se agitaba y sus senos bien moldeados oscilaban de arriba a abajo. Tenía el cuerpo muy moreno, pero, con el paso de los días, el color había perdido lustro y la parte sin broncear, que reseguía con nitidez las líneas del traje de baño, mostraba una blancura extraña que recordaba la carne medio descompuesta.
Después de fumarme un cigarrillo me pasé diez minutos intentando recordar el nombre de la mujer, pero fue en vano. Para empezar, ni siquiera recordaba si lo había sabido alguna vez o no. Resignado, bostecé y volví a mirarla. Tendría apenas veinte años y era más bien delgada. Con los dedos extendidos fui midiendo, a partir de la cabeza, su estatura. Ocho veces la extensión de mi mano abierta y, al final, al llegar al talón, me sobraba el dedo pulgar. Es decir, unos 158 centímetros.
Debajo del seno derecho tenía una mancha del tamaño de una moneda de diez yenes que parecía salsa derramada. En su bajo vientre el fino vello púbico se arremolinaba vivaz como las hierbas de un arroyo tras una inundación. Además, en la mano izquierda tenía cuatro dedos.
Y en el Capítulo 15, unos días más adelante:
A la mañana siguiente, tras pasear un rato por el puerto con mi camiseta recién estrenada, que me picaba un poco, abrí la puerta de una pequeña tienda de discos que descubrí al pasar. En el interior de la tienda no había ningún cliente, sólo una vendedora sentada detrás del mostrador repasando con cara de aburrimiento unos recibos mientras bebía una lata de Coca-Cola. Tras recorrer las estanterías un rato, de pronto me di cuenta de que la conocía. Era la chica a la que le faltaba el dedo meñique y que una semana atrás había hallado tendida en el suelo del baño del Jay's Bar. Le dije "Hola". Un poco sorprendida, me miró a la cara, miró mi camiseta y, luego, se bebió de un trago la Coca-Cola que le quedaba.
— ¿Cómo has sabido dónde trabajo? — preguntó con resignación.
— Por casualidad. He venido a comprar un disco.
— ¿Cuál?
— Un elepé que incluya California Girls, de los Beach Boys.
Tras asentir con aire suspicaz, se levantó, se dirigió a grandes pasos hacia una estantería y, como un perro bien adiestrado, volvió con un disco.
— ¿Te parece bien éste?
Asentí, y con las manos embutidas en los bolsillos, lancé una mirada a mi alrededor.
— También quiero el Concierto para piano n° 3 de Beethoven...
Sin despegar los labios, esta vez vino con dos elepés.
— ¿Cuál prefieres: Glenn Gould o Backhaus?
— Glenn Gould.
Dejó uno sobre el mostrador y devolvió el otro a la estantería.
— ¿Qué más?
— Uno de Miles Davis que incluya A Gal in Calico.
En esta ocasión tardó un poco más, pero me trajo el disco, como era previsible.

Miles Davis
The Musing Of Miles
Lado 1
1 - Will You Still Be Mine?
2 - I See Your Face Before Me
3 - I Didn't
Lado 2
4 - A Gal In Calico
5 - A Night In Tunisia
6 - Green Haze
Miles Davis (trompeta), Red Garland (piano), Oscar Pettiford (contrabajo), Philly Joe Jones (batería).
Grabado en el Rudy Van Gelder Studio, Hackensack, Nueva Jersey, el 7 de junio de 1955.
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El siguiente disco, aparece en el Capítulo 22, cuando "la chica de cuatro dedos" invita al "chico estudiante" a comer en su casa. Casi finalizando el relato sobre la velada, "Yo" cuenta:
Después de comer nos tomamos un café y, tras lavar los dos juntos los platos en la pequeña cocina y volver a la mesa, nos encendimos un cigarrillo y escuchamos un disco del Modern Jazz Quartet.
Ella llevaba una fina blusa que dejaba ver claramente la forma de sus pezones y unos pantalones cortos de algodón holgados por la cintura. Además, bajo la mesa, nuestros pies se encontraban sin cesar y yo, cada vez, me ruborizaba un poco.
Y sigue un diálogo a propósito de la noche que él durmió en casa de ella. ¿Intimaron "la chica de cuatro dedos" y "el chico estudiante"? Ella cree una cosa, él asegura otra.
Lo mejor será que lean el libro. Para mí, el disco que no nombra Murakami bien pudo ser el siguiente...

The Modern Jazz Quartet
Plays For Lovers
Lado 1
1 - All The Things You Are
2 - Softly, As In A Morning Sunrise
3 - All Of You
4 - Autumn In New York
Lado 2
5 - I'll Remember April
6 - Gershwin Medley
Love Walked In ~ For You, For Me, Forevermore ~ Soon ~ Our Love Is Here To Stay
7 - Rose Of The Rio Grande
8 - But Not For Me
John Lewis (piano); Milt Jackson (vibráfono); Percy Heath (contrabajo); Kenny Clarke [#1, #2, #7, #8], Connie Kay [#3, a #6] (baterías).
Grabaciones realizadas por Rudy Van Gelder en Nueva York, el 22 de diciembre de 1952 (#1 y #7) y en Hackensack, Nueva Jersey, el 25 de junio de 1953 (#4 y #8) y el 2 de julio de 1955 (#2, #3, #5 y #6).