"1Q84" es una novela fantástica que se compone de tres libros. El título hace referencia a la novela 1984 de George Orwell, pero se escribe de esa manera porque en japonés, la letra "Q" y el número "9" son homófonos y ambos se pronuncian "kyū".
La trama narrativa cuenta la historia desde los puntos de vista de los personajes principales, Aomame —una mujer independiente de 30 años— y Tengo —un profesor de matemáticas—. Sin embargo, ambos son más de lo que parecen: la bella Aomame es una asesina y el anodino Tengo, un aspirante a novelista al que su editor ha encargado un trabajo relacionado con "La crisálida del aire", una enigmática obra dictada por la esquiva adolescente Eriko Fukada, hija del líder de la organización religiosa "Vanguardia".
La acción sucede en 1984 cuando Aomame se da cuenta de que se ha introducido en una realidad deformada, a la que llama 1Q84.
En los dos primeros libros, cada capítulo cuenta alternativamente lo que le sucede a uno de los dos. En el tercero, se cuenta también el punto de vista de Ushikawa, un detective de aspecto grotesco, contratado por el misterioso culto "Vanguardia" para investigar a Tengo y a Aomame.
En los tres libros se hacen muchas menciones a muchas obras del cine, la música, la literatura y la historia. Un ejemplo es la "Sinfonietta" de Leoš Janáček, que forma parte central de la trama. Otras se centran en la historia de Japón o tienen relación directa, como el libro de Antón Chéjov, "La isla de Sajalín", donde narra extensamente (con fragmentos del libro) la historia de los guiliakos que vivían en una isla cuya soberanía se disputaron Japón y Rusia. También incluye narraciones sobre las conquistas del Imperio de Japón durante la Segunda Guerra Mundial.
Nuestro "juego" de buscar referencias jazzísticas, nos lleva a encontrar la única de la obra, en el Capítulo 2 del Libro 2, titulado "TENGO" y subtitulado "No tengo nada, aparte de alma". Allí, utilizando la voz de Aomame, Murakami se despacha con una reseña que deja al descubierto su exquisita —y hasta erótica— sensibilidad ante una obra musical:
Colocó el disco de la "Sinfonietta" de Janáček en el plato del tocadiscos y pulsó el botón de reproducción automática. Era la Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por Seiji Ozawa. El plato empezó a girar a una velocidad de treinta y tres revoluciones por minuto, el brazo se movió hacia el interior y la aguja siguió los surcos del disco. Tras la introducción de metales, el espléndido sonido de los timbales salió por los altavoces. Era la parte favorita de Tengo.
Mientras escuchaba la música, tecleaba frente a la pantalla del ordenador. Escuchar la "Sinfonietta" de Janáček temprano por la mañana se había convertido en una costumbre diaria. Desde que la interpretó siendo percusionista sustituto en su época de bachiller, se había tornado para Tengo en una obra muy especial. Siempre le había dado ánimos y lo había protegido. Al menos, eso era lo que a él le parecía.
También la había escuchado con su novia mayor que él. "No está nada mal", le había dicho ella. Pero su novia prefería los viejos discos de jazz a la música clásica. Y daba la impresión de que cuanto más viejos, mejor. Era una afición un tanto extraña para una mujer de su edad. Sobre todo, le gustaba un disco en el que un joven Louis Armstrong cantaba una recopilación de blues de W.C. Handy. Barney Bigard tocaba el clarinete y Trummy Young, el trombón. Ella le había regalado el disco a Tengo, pero más que para que lo escuchara él, era para escucharlo ella.
Después de hacer el amor, escuchaban el disco metidos en la cama. Ella nunca se cansaba de oírlo. "La trompeta y la voz de Louis son intachables, formidables, pero si quieres que te dé mi opinión, sobre todo deberías prestar atención al clarinete de Barney Bigard", le había dicho ella. Sin embargo, en aquel álbum, apenas había solos de Barney Bigard. Además, todos sus solos se limitaban a un "chorus", ya que se trataba de un disco en el que el protagonista era Louis Armstrong. Sin embargo, ella había memorizado con mimo cada uno de los escasos solos de Bigard y siempre los tatareaba al unísono en voz baja.
"Tal vez haya mejores clarinetistas de jazz que Barney Bigard, pero por mucho que busque no encuentro a ninguno que tocara con tanta calidez y delicadeza", le había dicho ella. Sus ejecuciones —en sus mejores momentos, por supuesto— siempre se convertían en un paisaje sensorial. Sin embargo, Tengo desconocía cómo eran otros clarinetistas de jazz. En cualquier caso, a fuerza de escucharlo se fue dando cuenta, poco a poco, de que en ese álbum el clarinete poseía una bella presencia, nada forzada, sustanciosa e imaginativa. Pero para comprenderlo tuvo que escucharlo con mucha atención. También necesitó una guía competente. Si se hubiera limitado a escuchar, lo habría pasado por alto.
"Barney Bigard tiene una forma de tocar preciosa, como un jugador, con mucho talento, de la segunda base", le había dicho ella una vez. "Sus solos son fantásticos, pero cuando mejor se aprecia su arte es en los momentos en que acompaña a otros. Hace que cosas realmente difíciles parezcan un juego de niños. Sólo un oyente atento se da cuenta del valor que tiene".
Cada vez que empezaba la sexta pieza de la cara B del LP "Atlanta Blues", ella se agarraba a alguna parte del cuerpo de Tengo y ponía por las nubes el modesto y preciso solo de Bigard, que se intercalaba entre el canto y el solo de Louis Armstrong. "¡Mira, presta atención! Al principio, de pronto suena un largo chillido, como de un niño pequeño. Quizás una efusión de sorpresa o alegría, o una muestra de dicha. Se convierte en un placentero suspiro, que avanza serpenteando por un bello cauce y se va desvaneciendo de manera natural en algún lugar armonioso y secreto. ¡Escucha! Nadie más puede tocar un solo tan conmovedor. Jimmie Noone, Sidney Bechet, Pee Wee o Benny Goodman son todos grandes clarinetistas, pero ninguno puede conseguir esa especie de delicadas obras de artesanía".
—¿Por qué sabes tanto de jazz viejo? —le había preguntado Tengo en una ocasión.
—Hay muchas cosas de mi pasado que desconoces. Un pasado que nadie puede reescribir. —Y le había acariciado los testículos suavemente con la palma de la mano.
Louis Armstrong
Louis Armstrong Plays W.C. Handy
1 - St. Louis Blues
2 - Yellow Dog Blues
3 - Loveless Love
4 - Aunt Hagar's Blues
5 - Louis Armstrong Monologue
6 - Long Gone (From Bowlin' Green)
7 - The Memphis Blues (Or, Mister Crump)
8 - Beale Street Blues
9 - Ole Miss
10 - Chantez Les Bas (Sing 'Em Low)
11 - Hesitating Blues
12 - Atlanta Blues (Make Me One Pallet On Your Floor)
Louis Armstrong (trompeta y vocalista), Trummy Young (trombón), Barney Bigard (clarinete), Billy Kyle (piano), Arvell Shaw (contrabajo); Barrett Deems (batería), Velma Middleton (vocalista).
Grabado en Chicago, Illinois, entre el 12 y el 14 de julio de 1954.