Y bien, con esta entrada llegamos al final de la serie.
"Primera persona del singular" es la más reciente publicación de Haruki Murakami, un libro de cuentos que reúne ocho relatos basados en recuerdos de adolescencia y juventud que difuminan las fronteras entre realidad y ficción y hacen saltar por los aires los límites entre la imaginación y el mundo real.
Son cuentos sobre amores perdidos, relaciones truncadas, soledad, adolescencia, reencuentros y, sobre todo, la memoria del amor, porque, como asegura un narrador que bien podría ser el propio Murakami, "nadie podrá arrebatarnos el recuerdo de haber amado o de haber estado enamorados alguna vez en la vida".
Las guiñadas "jazzísticas" aparecen en tres de los cuentos y ninguna refiere específicamente a un disco en particular. Por lo tanto, advierto que este final de serie estará "intervenido" con música de una antología de John Coltrane (para volver a introducir un tema ya presentado) y álbumes clásicos que se me ocurrieron como simple lector.
*Charlie Parker Plays Bossa Nova*
Este relato, nos cuenta lo que le ocurrió a un joven estudiante después de escribir, para una revista universitaria, la reseña de un disco de Charlie Parker donde Bird interpreta clásicos de la bossa nova acompañado por el pianista brasileño Antonio Carlos Jobim. En la reseña no sólo habla de las virtudes del disco, sino de los músicos que acompaña al saxofonista, como el guitarrista Jimmy Raney o el baterista Roy Haynes. También describe las ocho canciones que componen el álbum, expresando sus sorpresas ante la fusión del saxo de Parker y el piano de Jobim.
Al terminar la transcripción de su propia reseña, el narrador confiesa su "travesura", ya que dicho disco nunca existió. Sin embargo, por entones nadie se percató del engaño debido a porque lo perfecto y creíble que lo hizo.
Bird ha vuelto.
¿No se estremece el lector, exultante y lleno de expectación, al escuchar la noticia? Vuelve, intacto, el vigor de antaño y resurge alzando el vuelo cual ave fénix, recibiendo vítores de bienvenida allá por donde pasa, desde Novosibirsk hasta Tombuctú, brillando con luz propia y decidido a iluminar el mundo con renovados bríos.
Estamos en 1963. Han transcurrido varios años desde la última ocasión en que tuvimos constancia pública de nuestro querido Charlie Parker, o Bird, como es conocido por la mayor parte de sus fieles seguidores. ¿En qué lugar se encuentra retirado en estos momentos? ¿A qué se dedica? Estas son las preguntas que todos los aficionados al jazz del mundo llevan haciéndose mucho tiempo. Pese al largo mutismo que lo rodea, que sepamos no ha fallecido. Si así hubiera sido, nos habrían llegado noticias e informaciones al respecto. Preveo que algún avezado alzará la voz para señalar que tampoco tenemos indicio alguno de que esté vivo.
La última vez que supimos algo de Bird fue cuando su mecenas, la baronesa Nica, le permitió instalarse en su lujosa mansión para pasar allí su convalecencia. Diversos problemas de salud lo asediaban y su condición de heroinómano era un secreto a voces para cualquier buen aficionado al jazz. Corrieron rumores de que, además del letal polvo blanco, una grave pulmonía, diversas afecciones internas, dolorosos síntomas de diabetes e incluso de enfermedad mental lo mantenían postrado. Aunque la fortuna de seguir vivo entre semejante grado de adversidad pueda haberlo acompañado, no así lo habrán hecho la fuerza y la energía necesarias para retomar su actividad musical, de modo que poca más opción le quedó aparte de retirarse de los escenarios y de la escena pública para convertirse en una leyenda viva y hermosa del jazz. Corría el año 1955.
Ocho años después, en el verano del presente año, 1963, volvemos a tener noticias de él. Con su inseparable saxo alto y sin tiempo que perder, se ha encerrado en un estudio de grabación a las afueras de Nueva York y, raudo como el rayo, ha alumbrado una nueva obra, ¡un elepé que lleva por título Charlie Parker Plays Bossa Nova!
¿Suena poco plausible?
Pues vayan ustedes preparándose y agárrense fuerte porque es cierto.
Así comienza un artículo que escribí para una revista universitaria, el primero que conseguí publicar en mi vida y por el que incluso obtuve una modesta remuneración.
Naturalmente, no existe ningún disco titulado Charlie Parker Plays Bossa Nova. Charlie Parker murió el 12 de marzo de 1955, y la bossa nova llegó a territorio estadounidense en 1962, introducida por músicos como Stan Getz. Pero no es improbable que Bird hubiese mostrado interés por ese estilo nuevo en caso de haber vivido en la década de los sesenta, y, por qué no, que se hubiera animado a adoptarlo en sus interpretaciones. Partiendo de semejante suposición, inventé un disco fruto de esa hipotética adopción musical e ideé una reseña ficticia del mismo, lo cual resultó en el artículo mencionado y transcrito en parte en estas páginas.
La gracia del asunto reside en que el editor jefe de la revista universitaria que accedió a publicarlo creyó de veras en la existencia del disco y tomó mi crítica como auténtica y genuina, sin sospechar de su autenticidad. Su hermano menor, buen amigo mío, le habló de mis virtudes con la pluma e hizo de promotor de mi causa (la revista llegó a publicar cuatro únicos números antes de echar el cierre, en el tercero de los cuales apareció mi reseña).
La narración continua con el estudiante ya convertido en un escritor importante, unos cuantos años más tarde. Paseando por Nueva York entra a una tienda de discos de segunda mano y, con sorpresa, encuentra el álbum que había inventado. Es exactamente igual, con todas las características que presentó en su reseña. Cuesta 35 dólares y por varios minutos titubea entre comprarlo o no. Al final no lo compra porque piensa que es un simple engaño.
Sucedió en Nueva York, donde residí por algún tiempo debido al trabajo. Cierta tarde, con abundante tiempo libre por delante, salí de mi habitación de hotel para dar una vuelta y acabé entrando en un modesto establecimiento de discos de segunda mano situado en la calle Catorce Este. Se me ocurrió echar un vistazo a la sección de Charlie Parker y ahí encontré un disco que llevaba por título Charlie Parker Plays Bossa Nova. Tenía aspecto de edición pirata. La funda exterior era blanca, la portada carecía de foto o ilustración y en ella solo había el título, impreso en bastos caracteres negros, mientras que en la contraportada se detallaban la lista de temas musicales incluidos y el elenco de músicos participantes. Tanto los nombres de los músicos como el título y el número de los temas coincidían a pies juntillas con los que yo había seleccionado para mi disco ficticio. Asimismo, al igual que en mi reseña, Hank Jones al piano sustituía a Carlos Jobim en dos únicos temas.
(...)
Extraje el disco de su funda y comprobé que el adhesivo central era tan blanco como la funda y que en él también aparecían escritos los títulos de los temas en el orden correspondiente, pero no encontré ni el nombre ni el logotipo de casa discográfica alguna. Presté entonces atención a los surcos del vinilo. En efecto, en ambas caras podían apreciarse los cortes del inicio de cada uno de los cuatro temas. Fue entonces cuando tomé la resolución de pedirle al joven de pelo largo apostado tras el mostrador que me permitiera escucharlo. Negó con la cabeza y lamentó que el tocadiscos de que disponía la tienda estuviera estropeado. Lo sentía mucho.
Una etiqueta adherida a la funda indicaba que el precio era de treinta y cinco dólares. Me sumí en la indecisión de si comprarlo o dejarlo, hasta que, finalmente, me decanté por lo último y abandoné el local con las manos vacías. Sin duda, no podía tratarse más que de una broma sin gracia. A falta de nada mejor en que pasar el rato, alguien se había tomado la molestia de crear un disco a imagen y semejanza del que yo describía en mi artículo, aunque solo en la portada, claro. Habría localizado cualquier elepé con cuatro cortes en cada cara, despegado la etiqueta empapándola en agua, y adherido con pegamento la suya propia, elaborada con sus propias manos. Pagar treinta y cinco dólares por semejante tomadura de pelo se me antojaba de lo más estúpido.
(...)
A última hora de la mañana siguiente salí del hotel y volví a dirigirme al mismo lugar. En su interior, un hombre de mediana edad, de pelo lacio y con el cuello del jersey deshilachado, sorbía café y leía las páginas deportivas de un periódico, sentado tras el mostrador. Un reconfortante aroma a café recién hecho se extendía tenuemente por todo el local mezclándose con vieja música de Pharoah Sanders emitida desde el techo por caducos altavoces, sin un solo cliente todavía a esas horas, a excepción de mí. Tenía el hombre toda la pinta de ser el dueño de la tienda. Repasé de inmediato la sección de Charlie Parker, sin éxito. No hallé, entre los demás, el disco del día anterior. Qué raro. Recordaba haberlo devuelto a su sitio después de llevarlo hasta el mostrador. No quise darme por vencido y revisé todos los cajones de la sección completa de jazz. Seguro que lo deposité entre otros discos, eso debió de ocurrir. Después de hurgar concienzudamente, me vi obligado a tirar la toalla, con la certeza al menos de saber que allí no estaba. ¿Se había vendido acaso en un intervalo de tiempo tan corto? Abordé al hombre del mostrador:
—Disculpe, no consigo localizar un disco que vi ayer en la tienda...
—¿Qué disco busca? —inquirió, sin levantar la vista de las páginas de The New York Times.
— Charlie Parker Plays Bossa Nova —repliqué sin rodeos.
El hombre dejó el periódico, se quitó las viejas gafas de montura metálica y alzó lentamente la vista hacia mí.
—Perdone, ¿le importaría repetirme el título?
Así lo hice. El hombre, tras un pausado sorbo a su café y un levísimo movimiento de cabeza hacia ambos lados, dijo:
—No existe el disco por el que usted pregunta.
—Lo sé. Y, sin embargo...
—Ahora bien, si le interesa Perry Como Sings Jimi Hendrix, creo que todavía tenemos alguno.
Supe que se trataba de una broma en cuanto oí mencionar el nombre de Perry Como. Aquel hombre era de esos que no sonríen cuando bromean.
—El caso es que puedo asegurarle que lo vi aquí, en esta tienda —me sentí obligado a aclarar—. Naturalmente, debía de tratarse de una tomadura de pelo, de eso no cabe duda.
—¿Dice que lo vio aquí?
—Como lo oye. Ayer por la tarde.
Procedí entonces a describir la cubierta y demás detalles: número de temas, títulos, etcétera. No olvidé mencionar la etiqueta con el precio marcado, treinta y cinco dólares.
—¿No lo habrá confundido con otro? —El hombre se mantenía remiso a admitir mi relato—. Le aseguro que no hemos tenido ningún disco con las características que usted enumera. Soy yo quien se encarga de adquirir los discos que ponemos a la venta. Nadie más. También les pongo el precio. Así que ya me contará... Si me hubiera topado con semejante rareza, le aseguro que lo recordaría.
Negó de nuevo con la cabeza, se colocó las gafas y reanudó la lectura de las páginas deportivas del diario. De pronto, como si una fugaz idea hubiera cruzado rauda por su mente, volvió a quitarse las gafas y, aguzada la mirada, los ojos entornados, me miró fijamente.
—Ahora bien, si, por remota que parezca la posibilidad, acabase usted dando con él, no dude en comunicármelo, por favor.
El relato finaliza con un sueño que tiene el protagonista muchos años después, en el cual se le aparece Charlie Parker y toca "Corcovado", una de las piezas de bossa nova del disco inexistente. Luego de su interpretación, Parker comienza a hablarle de su corta vida y el autor piensa en su primera novela que se publicó cuando él tenía la misma edad que Bird al morir, 34 años. A partir de la muerte del saxofonista y de nacimiento de escritor, comienza un diálogo constante entre lo vital y lo trivial del tiempo.
¿Con qué música "ilustrar" este cuento?
En principio, se me ocurre pensar que, "el viejo disco de Pharoah Sanders" que está escuchando el vendedor de discos, bien podría ser el disco debut del saxofonista como líder, desde una edición conmemorativa que incluye consideraciones de Sanders sobre diversos tópicos, extraídos de distintas entrevistas.
Pharoah Sanders Quintet
Pharoah's First
1 - Seven By Seven
2 - Bethera
Entrevistas:
3 - Bernard Stollman Meets Pharoah Sanders
4 - Coming To New York
5 - Meeting Sun Ra
6 - Meeting John Coltrane
7 - Comments On Other Musicians
8 - Playing With Don Cherry
9 - The Scene
10 - Why The Music Changes
#1 y #2:
Pharoah Sanders (saxo tenor), Stan Foster (trompeta), Jane Getz (piano), William Bennett (contrabajo), Marvin Pattillo (percusión).
Grabados en el Loft Studio del ingeniero de sonido Jerry Newman, Nueva York, el 10 de setiembre de 1964.
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Si bien el autor ficciona el disco inexistente de Charlie Parker como un álbum cuya "funda exterior era blanca, la portada carecía de foto o ilustración y en ella solo había el título, impreso en bastos caracteres negros", la publicación Granta encargó al ilustrador Jon Grey un diseño "posible" del arte de tapa, para presentar el cuento en su número de agosto de 2019.
Y entonces, nos sumamos a la fantasía...
Charlie Parker
Plays Bossa Nova
Lado 1
1 - Corcovado
2 - Once I Loved (O Amor em Paz)
3 - Just Friends
4 - Bye Bye Blues (Chega de Saudade)
Lado 2
5 - Out of Nowhere
6 - How Insensitive (Insensatez)
7 - Once Again (Outra Vez)
8 - Dindi
Charlie Parker (saxo alto); Hank Jones [#3 y #5], Antonio Carlos Jobim (pianos); Jimmy Raney (guitarra); Jimmy Garrison (contrabajo); Roy Haynes (batería).
Lugar y fecha de grabación sin identificar.
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Como cuando se hace la advertencia "no inteten hacer esto en casa", cabe insistir: este disco no existe.
Sin embargo, es cierto que Charlie Parker, como conjetura el autor, "hubiese mostrado interés por ese estilo nuevo en caso de haber vivido en la década de los sesenta". Ello puede deducirse si se considera su coqueteo con ritmos latinos a principios de 1950, como queda plasmado en la edición del sello Verve de 1995, con Bird formando parte de la orquesta de Machito, el pionero del jazz afrocubano.
Charlie Parker
South Of The Border
1 - Mango Mangue
2 - Okiedoke
3 - No Noise
4 - My Little Suede Shoes
5 - Un Poquito De Tu Amor
6 - Why Do I Love You?
7 - Tico-Tico
8 - Fiesta
9 - La Cucuracha {(sic) [a.k.a La Cucaracha]}
10 - Mama Inez
11 - Estrellita
12 - La Paloma
13 - Begin The Beguine
14 - Afro-Cuban Jazz Suite
Charlie Parker (saxo alto), acompañado por:
#1 a #3:
Machito And His Afro-Cuban Orchestra
Mario Bauza, Paquito Davilla, Bobby Woodlen (trompetas); Gene Johnson, Fred Skerritt (saxos altos); José Madera (saxo tenor); Leslie Johnakins (saxo barítono); René Hernandez (piano); Roberto Rodriguez (contrabajo); José Mangual (bongós); Luis Miranda (congas); Machito (maracas); Ubaldo Nieto (tumbadoras).
Grabado en Nueva York, el 20 de diciembre de 1948 (#1 y #3) y en enero de 1949 (#2).
#4 a #8:
Walter Bishop, Jr. (piano), Teddy Kotick (contrabajo), José Mangual (bongós), Luis Miranda (congas), Roy Haynes (batería).
Grabado en Nueva York, el 12 de marzo de 1951.
#9 a #13:
Benny Harris (trompeta), Walter Bishop, Jr. (piano), Teddy Kotick (contrabajo), José Mangual (bongós), Luis Miranda (congas), Max Roach (batería).
Grabado en Nueva York, el 23 de enero de 1952.
#14:
Machito And His Afro-Cuban Orchestra
Mario Bauza (trompeta y clarinete); Paquito Davilla, Harry "Sweets" Edison, Al Stewart, Bobby Woodlen (trompetas); Artista no identificado (clarinete); Gene Johnson, Fred Skerritt (saxos altos); José Madera, Flip Phillips, Sol Rabinowitz (saxos tenores); Leslie Johnakins (saxo barítono); René Hernandez (piano); Machito (maracas); José Mangual (bongós); Luis Miranda, Chino Pozo (congas); Ubaldo Nieto (tumbadoras); Buddy Rich (batería); Chico O'Farrill (arreglos y dirección).
Grabado en Nueva York, el 21 de diciembre de 1950.
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*With the Beatles*
El narrador de este cuento nos relata una vivencia de un momento de su adolescencia cuando, caminado por los pasillos del liceo, se cruza con una joven de la que no se acuerda de su rostro. Por tanto, no puede recordar si era bonita o no, tampoco si fue un sueño o no, pero se distinguía por llevar en sus manos el segundo álbum de los Beatles titulado With The Beatles, un disco que él recién escuchó cuando tuvo 35 años, ya que no le gustaban los Beatles en su época de estudiante.
Ni en mi etapa como estudiante de secundaria ni después, tras mi entrada en la universidad, adquirí un disco de los Beatles. Cuando me disponía a escuchar música con la debida atención, me decantaba únicamente por el jazz o por la clásica. Compraba discos de jazz con la asignación que me entregaban mis padres y frecuentaba cafeterías y bares especializados en dicho género musical, en los que rastreaba el catálogo de vinilos de Miles Davis y Thelonious Monk entre otros, además de acudir a conciertos de música clásica siempre que me era posible.

Miles Davis
Milestones
1 - Dr.Jackle
2 - Sid's Ahead
3 - Two Bass Hit
4 - Milestones
5 - Billy Boy
6 - Straight, No Chaser
7 - Two Bass Hit (alternate take)
8 - Milestones (alternate take)
9 - Straight, No Chaser (alternate take)
Miles Davis (trompeta y piano en #2), Cannonball Adderley (saxo alto), John Coltrane (saxo tenor), Red Garland (piano), Paul Chambers (contrabajo), Philly Joe Jones (batería).
Grabado en el Columbia 30th Street Studio de Nueva York, el 4 de febrero (#3 a #9) y el 4 de marzo (#1 y #2) de 1958.
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Thelonious Monk
Plays Duke Ellington
1 - It Don't Mean A Thing
2 - Sophisticated Lady
3 - I Got It Bad (And That Ain't Good)
4 - Black And Tan Fantasy
5 - Mood Indigo
6 - I Let A Song Go Out Of My Heart
7 - Solitude
8 - Caravan
Thelonious Monk (piano), Oscar Pettiford (contrabajo), Kenny Clarke (batería).
Grabado en Van Gelder Studio, Hackensack, Nueva Jersey, el 21 y el 27 de julio 1955.
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Avanzado el cuento, repleto de consideraciones sobre los Beatles, el protagonista nos narra hechos que ocurrieron en 1965, como la guerra de Vietnam, el descubrimiento del gato Iriomote en Okinawa y su relación amorosa con una joven compañera de estudios, llamada Sayoko, quien no era bonita, pero si popular, algo celosa, habladora y a quien tampoco le gustaban los Beatles:
Aquella primera novia era menuda y coqueta. Empezamos viéndonos una vez por semana durante las vacaciones escolares de verano. Recuerdo bien la tarde en que besé por primera vez sus cálidos y suaves labios y le metí la mano bajo el vestido blanco de tirantes para acariciar sus tentadores pechos sin quitarle el sostén. Recuerdo el tenue y reconfortante aroma a mandarina que emanaba de sus cabellos.
Apenas le interesaban los Beatles. Apenas le interesaba el jazz. Prefería la música orquestal de Mantovani y de Percy Faith, los temas populares al piano de Roger Williams y las canciones de Andy Williams o Nat King Cole, sintonías sosegadas, dulces y melosas para el recreo plácido de familias acomodadas (debe señalarse que en los años sesenta, la categorización de un artículo o producto de consumo en función de sus altas pretensiones comerciales no venía lastrada por tono acusatorio alguno ni desprecio de ningún tipo, al contrario de lo que ocurre hoy día). Al visitar su casa, me di cuenta de la gran cantidad de discos que tenía de ese estilo, burdamente englobado después bajo la etiqueta de easy listening. Ella se complacía en mostrármelos y hacérmelos escuchar en el tocadiscos de la sala de estar, equipado con un magnífico sistema de sonido estereofónico, recostados ambos en el sofá y dejando que nuestros labios saborearan la música rozándose entre sí en húmedos besos. Yo los días en que la familia se ausentaba y disponíamos ella y yo del sofá de la sala de estar a nuestro completo antojo, a lo que menos prestaba atención era al tipo de música que sonaba en el tocadiscos.
(...)
Mi novia tenía un hermano mayor y una hermana menor que no había comenzado aún el bachillerato pero que era cinco centímetros más alta que ella, y como casi todas las chicas de estatura notablemente mayor que la que les corresponde según su edad, no resultaba demasiado agraciada. Para colmo, y como si deseara subrayar lo que acabo de indicar, llevaba unas gruesas gafas de un buen número de dioptrías. Pese a ello, mi novia trataba a su hermana menor con grandes dosis de dulzura y cariño.
—¿Sabes? Mi hermana saca unas notas estupendas —señaló en cierta ocasión, lo cual no era decir mucho teniendo en cuenta los propios resultados escolares de mi novia, que eran tirando a mediocres. De hecho, tal vez mis propias notas no anduviesen muy distantes de las de su hermana.
En cierta ocasión, fuimos los tres juntos al cine. Da igual la circunstancia que tuvo que darse para que su compañía resultase ineludible, el caso es que acabamos viendo la película musical >Sonrisas y lágrimas< en un cine completamente abarrotado de público y sentados a escasa distancia de una de aquellas inmensas pantallas de cinemascope que se curvaban hacia los extremos, cosa que, recuerdo, me dejó los globos oculares extenuados. A mi novia le encantó la música y adquirió el disco de la banda sonora, que a partir de entonces escucharíamos sin descanso, aunque yo me quedaba, sin pensármelo dos veces, con la mágica interpretación de John Coltrane de "My Favorite Things", cosa que me ahorré decirle a ella, asumiendo que no me llevaría a ningún sitio hacerlo.

John Coltrane
Trane ~ The Atlantic Collection
1 - My Favorite Things, Part 1 (single version)
2 - Like Sonny
3 - Cousin Mary
4 - Giant Steps
5 - Central Park West
6 - Equinox
7 - Naima
8 - My Shining Hour
9 - Mr. Syms
Compendio de grabaciones realizadas entre 1959 y 1961, procedentes de los discos My Favourite Things, Coltrane Jazz, Giant Steps, Coltrane's Sound y Coltrane Plays The Blues. [Información detallada en librillo].
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*Carnaval*
Este relato se compone de dos historias.
En la primera, el narrador nos habla de sus encuentros y relación con F*, una mujer que conoce en un concierto por medio de un amigo y que de inmediatamente la clasifica de "fea". En algún momento F* y el narrador comienzan a hablar de sus gustos musicales, ambos son melómanos y ante la pregunta: ¿qué música llevar a una isla desierta?, ambos estuvieron de acuerdo en llevar la pieza Carnaval de Robert Shumann. Tanto les gustaba esa pieza, tanto la conocían y apreciaban que decidieron formar una especie de club, integrado solo por ellos dos, llamado Carnaval, cuyo principal objetivo consistía en ir juntos a todos los conciertos en los que se interpretara Carnaval, o comprar y comentar algún álbum que apareciera en el mercado, así como reseñas o estudios de esta obra de Shumann.
En la segunda historia, el narrador rememora un acontecimiento de su época universitaria, cuando acompañó a un amigo a una cita doble. La chica que salió con él era "fea". Sin embargo, en un momento surge el jazz en la conversación. Más adelante trató de tener otra cita con ella, pero nunca pudo encontrar el papel en el que ella le había anotado su teléfono.
Durante mis años de universitario, recuerdo haber tenido un encuentro con una chica a la que no calificaría de fea, pero a la que, por decirlo de una manera sencilla, no encontré especial atractivo. Un amigo mío que tenía novia se empeñó en buscarme una acompañante para que saliéramos los cuatro una tarde a tomar algo por ahí. Convencieron a una chica de un curso por detrás del mío que se alojaba en la misma residencia universitaria que la novia de mi amigo. Pues bien, salimos y cenamos algo ligero, tras lo cual el grupo se escindió en dos parejas, una formada por mi amigo y su novia, y la otra, obviamente, por aquella chica y yo. Era uno de esos días próximos al final del otoño.
Paseamos por el parque, entramos en una cafetería y conversamos al calor de sendas tazas de café. Era de estatura menuda, ojos pequeños y aire afable. Su voz clara, gentil y teñida de azoramiento me agradó. Tenía un timbre muy agradable. Me dijo que era miembro del club de tenis de la facultad, deporte cuya afición le venía de familia, por sus padres, a los que siempre había acompañado a jugar desde niña. Qué familia tan sana, pensé. Debía de reinar un ambiente muy saludable también entre padres e hijos. Como es un deporte que apenas he practicado, no supe seguirle la conversación. Yo hubiera podido hablar de jazz, pero ella no sabía nada al respecto, así que tampoco por ahí hubo avances. Por lo que parecía, no iba a resultarnos sencillo encontrar un tema común de conversación. Sin embargo, al menos expresó su deseo de escuchar jazz, así que traté de prepararla para las maravillas de músicos como Miles Davis o Art Pepper; le conté el modo en que empecé a sentirme atraído por dicho estilo y qué veía especialmente interesante en él. Ella me escuchó con paciencia y atención, aunque nada me asegura que siguiera el hilo de todo lo que le expliqué. Después la acompañé hasta la estación y nos despedimos.
Antes de marcharse, me dio el teléfono de la residencia donde se alojaba. Lo apuntó en el margen de una página de su agenda, la dobló con cuidado y arrancó el fragmento con el fin de entregármelo. Nunca la llamé.
(...)
Yo apenas contaba veinte años, pero lo recordé todo con la misma nitidez que si estuviera viviéndolo una vez más: la laxitud del tiempo y un agradable paseo por el parque, ella —no especialmente agraciada, pero tampoco espantosamente fea— y yo, al abrigo de la dorada luz de aquel sol de poniente de finales de otoño. Después, en la cafetería, le había explicado cómo el sonido del saxo alto de Art Pepper se quebraba ocasionalmente en una genialidad de quejidos que, lejos de enturbiar su música, le proporcionaban un aderezo expresivo de admirable inspiración. Recuerdo haber utilizado esas mismas palabras, una por una. Luego, aquel fragmento de papel, perdido en un abismo eterno. Un abismo de eternidad, medité, era demasiado tiempo.

Miles Davis All Stars
Walkin'
1 - Walkin'
2 - Blue 'N' Boogie
3 - Solar
4 - You Don't Know What Love Is
5 - Love Me Or Leave Me
Miles Davis (trompeta)
En sexteto (#1 y #2) con: J.J. Johnson (trombón), Lucky Thompson (axo tenor), Horace Silver (piano), Percy Heath (contrabajo), Kenny Clarke (batería).
En quinteto (#3 a #5) con: David Schildkraut (saxo alto), Horace Silver (piano), Percy Heath (contrabajo), Kenny Clarke (batería).
Grabaciones realizadas en el Van Gelder Studio, Hackensack, Nueva Jersey, el 3 (#3 a #5) y el 29 (#1 y #2) de abril de 1954.
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Art Pepper
The Art Pepper Quartet
1 - Art's Opus
2 - I Surrender Dear
3 - Diane
4 - Pepper Pot
5 - Besame Mucho
6 - Blues At Twilight
7 - Val's Pal
8 - Pepper Pot (alternate)
9 - Blues At Twilight (alternate)
10 - Val's Pal (take 1)
11 - Val's Pal (take 4)
12 - Val's Pal (take 5)
Art Pepper (saxo alto), Russ Freeman (piano), Ben Tucker (contrabajo), Gary Frommer (batería).
Grabado en Hollywood, el 25 de noviembre de 1956.
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¿Murakami y el Jazz #17?
"Las remeras que amo", quizá sea la traducción del nuevo título de Murakami. Ya está publicado en japonés y su edición traducida al inglés, de la que se conoce solo las dos posibles portadas, se promete para noviembre de 2021.
Lo único que se sabe es que se trata de una colección de artículos que Murakami compuso para una revista de moda masculina japonesa y en la que "abre su ropero" para mostrar su colección de remeras.
Si contiene "guiñadas" jazzísticas solo lo sabré cuando llegue el libro a mis manos.
Mientras tanto... a pensar en el futuro de Quintaesencia.