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21 de noviembre de 2021

Obscure #1 - Wilbur Harden

Hay vocablos del idioma inglés que son intraducibles al español. No porque no tengan una traslación literal sino porque la conversión resultante no conserva la "potencia" del significado. Uno de ellos, en el idioma jazzístico, es "obscure".
Literalmente cualquier traductor lo convierte al adjetivo "oscuro", pero en inglés es más que eso. Significativamente refiere a algo "poco considerado", "oculto por la niebla del tiempo", "enterrado en el olvido".
Obscure, expresión que a partir de ahora habría que destacarla en cursiva —al igual que swing— por no tener una exacta traducción, es el adjetivo más apropiado para la referirse a la figura de Wilbur Harden y su colección de grabaciones registradas.

Wilbur Harden, nació en Birmingham, Alabama, el 31 de Diciembre de 1924. Su presencia en la historia del jazz está rodeada de un misterio que lo convierte en una figura semi-legendaria. Fue un destacado solista y compositor y se cree que fue el primer trompetista en la historia del jazz en utilizar el fliscorno como segundo instrumento.
Comenzó a tocar profesionalmente en la década de 1940 integrando bandas de Rhythm & Blues como las de Ray Brown e Ivory Joe Hunter. Después de formar parte de las orquestas de Marina estadounidense, se instaló en Detroit y, en la primavera de 1957, reemplazó al trombonista Curtis fuller en el grupo de Yusef Lateef. Desde entonces, influenciado por Miles Davis, se dedicó a tocar casi exclusivamente el fliscorno.
En 1958 grabó cuatro álbumes para el sello Savoy. Tres de ellos junto a John Coltrane y uno en formato de cuarteto junto al pianista Tommy Flanagan. 
Debido a su frágil salud, dejó de tocar y de grabar en 1959 y en 1960 desapareció de la escena del jazz.
Murió en Nueva York el 10 de junio de 1969 con tan solo cuarenta y cinco años de edad. 

Consultada la guía Music Hound Jazz de Steve Holtje y Nancy Ann Lee (que nos inspirará para muchas búsquedas futuras), se nos ocurre repasar tres registros esenciales de su cosecha discográfica de 1958. Por un lado Mainstream 1958, un álbum con una historia muy extraña ya que ha sido reeditado muchas veces como un disco de John Coltrane cuando, en realidad Wilbur Harden es su verdadero líder. El repertorio, además, revela su gran potencial compositivo. 

Wilbur Harden 
Mainstream 1958 ~ The East Coast Jazz Scene

1 - Wells Fargo 
2 - West 42nd Street 
3 - E.F.F.P.H. 
4 - Snuffy 
5 - Rhodomagnetics

Wilbur Harden (fliscorno), John Coltrane (saxo tenor), Tommy Flanagan (piano), Doug Watkins (contrabajo), Louis Hayes (batería). 
Grabado en Rudy Van Gelder Studio, Hackensack, Nueva Jersey, el 13 de marzo de 1958.


El segundo disco de Harden que nos interesa repasar, es The King And I, un álbum donde nuevamente la figura del trompetista, en las sucesivas reediciones, quedó eclipsada por la del pianista Tommy Flanagan. El contenido explora jazzísticamente la música de la obra teatral del mismo nombre, escrita por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, cuyo guión se basó en el libro "Anna and the King of Siam" de Margaret Landon, tomado, a su vez, de la autobiografía de Anna Leonowens, una maestra de los hijos del rey Mongkut de Siam durante la década de 1860.
Esta grabación es otro pequeño tesoro del catálogo del sello Savoy donde, si bien ninguna de las improvisaciones de Harden y Flanagan son muy aventuradas, las melodías fueron traducidas al mejor y más perfecto jazz moderno.

Wilbur Harden  
The King And I

1 - Getting To Know You
2 - My Lord And Master
3 - Shall We Dance?
4 - We Kiss In A Shadow
5 - I Have Dreamed
6 - I Whistle A Happy Tune
7 - Hello Young Lovers
8 - Something Wonderful

Wilbur Harden (trompeta y fliscorno), Tommy Flanagan (piano), George Duvivier (contrabajo), Granville T. Hogan (batería).
Grabado en Rudy Van Gelder Studio, Hackensack, Nueva Jersey, el 23 y el 30 de setiembre de 1958.


La guía Music Hound Jazz no solo organiza sus reseñas destacando las principales grabaciones de los artistas, sino que agrega, para cada uno, un apartado titulado "Vale la pena buscar" que, en el caso de Harden, sugiere el trabajo del trompetista como acompañante de John Coltrane en la recopilación del sello Prestige titulada The Stardust Session. Allí se indica que, en su contenido, pueden encontrarse algunos de los mejores solos de Wilbur. En particular, recomienda prestar atención a su económico fraseo de "I'm a Dreamer Aren't We All" y a su brillante upbeat de "Spring Is Here".


John Coltrane
The Stardust Session

1 - Spring Is Here
2 - Invitation
3 - I'm a Dreamer Aren't We All
4 - Love Thy Neighbor
5 - Don't Take Your Love from Me
6 - My Ideal
7 - Stardust
8 - I'll Get By

John Coltrane (saxo tenor), Wilbur Harden (trompeta y fliscorno), Red Garland (piano), Paul Chambers (contrabajo), Jimmy Cobb (batería).
Grabado en Rudy Van Gelder Studio, Hackensack, Nueva Jersey, el 11 de julio de 1958. 

15 de octubre de 2021

Murakami y el Jazz #16

Y bien, con esta entrada llegamos al final de la serie. 

"Primera persona del singular" es la más reciente publicación de Haruki Murakami, un libro de cuentos que reúne ocho relatos basados en recuerdos de adolescencia y juventud que difuminan las fronteras entre realidad y ficción y hacen saltar por los aires los límites entre la imaginación y el mundo real.
Son cuentos sobre amores perdidos, relaciones truncadas, soledad, adolescencia, reencuentros y, sobre todo, la memoria del amor, porque, como asegura un narrador que bien podría ser el propio Murakami, "nadie podrá arrebatarnos el recuerdo de haber amado o de haber estado enamorados alguna vez en la vida".
Las guiñadas "jazzísticas" aparecen en tres de los cuentos y ninguna refiere específicamente a un disco en particular. Por lo tanto, advierto que este final de serie estará "intervenido" con música de una antología de John Coltrane (para volver a introducir un tema ya presentado) y álbumes clásicos que se me ocurrieron como simple lector.


*Charlie Parker Plays Bossa Nova*

Este relato, nos cuenta lo que le ocurrió a un joven estudiante después de escribir, para una revista universitaria, la reseña de un disco de Charlie Parker donde Bird interpreta clásicos de la bossa nova acompañado por el pianista brasileño Antonio Carlos Jobim. En la reseña no sólo habla de las virtudes del disco, sino de los músicos que acompaña al saxofonista, como el guitarrista Jimmy Raney o el baterista Roy Haynes. También describe las ocho canciones que componen el álbum, expresando sus sorpresas ante la fusión del saxo de Parker y el piano de Jobim.
Al terminar la transcripción de su propia reseña, el narrador confiesa su "travesura", ya que dicho disco nunca existió. Sin embargo, por entones nadie se percató del engaño debido a porque lo perfecto y creíble que lo hizo.

Bird ha vuelto.

¿No se estremece el lector, exultante y lleno de expectación, al escuchar la noticia? Vuelve, intacto, el vigor de antaño y resurge alzando el vuelo cual ave fénix, recibiendo vítores de bienvenida allá por donde pasa, desde Novosibirsk hasta Tombuctú, brillando con luz propia y decidido a iluminar el mundo con renovados bríos.

Estamos en 1963. Han transcurrido varios años desde la última ocasión en que tuvimos constancia pública de nuestro querido Charlie Parker, o Bird, como es conocido por la mayor parte de sus fieles seguidores. ¿En qué lugar se encuentra retirado en estos momentos? ¿A qué se dedica? Estas son las preguntas que todos los aficionados al jazz del mundo llevan haciéndose mucho tiempo. Pese al largo mutismo que lo rodea, que sepamos no ha fallecido. Si así hubiera sido, nos habrían llegado noticias e informaciones al respecto. Preveo que algún avezado alzará la voz para señalar que tampoco tenemos indicio alguno de que esté vivo.

La última vez que supimos algo de Bird fue cuando su mecenas, la baronesa Nica, le permitió instalarse en su lujosa mansión para pasar allí su convalecencia. Diversos problemas de salud lo asediaban y su condición de heroinómano era un secreto a voces para cualquier buen aficionado al jazz. Corrieron rumores de que, además del letal polvo blanco, una grave pulmonía, diversas afecciones internas, dolorosos síntomas de diabetes e incluso de enfermedad mental lo mantenían postrado. Aunque la fortuna de seguir vivo entre semejante grado de adversidad pueda haberlo acompañado, no así lo habrán hecho la fuerza y la energía necesarias para retomar su actividad musical, de modo que poca más opción le quedó aparte de retirarse de los escenarios y de la escena pública para convertirse en una leyenda viva y hermosa del jazz. Corría el año 1955.

Ocho años después, en el verano del presente año, 1963, volvemos a tener noticias de él. Con su inseparable saxo alto y sin tiempo que perder, se ha encerrado en un estudio de grabación a las afueras de Nueva York y, raudo como el rayo, ha alumbrado una nueva obra, ¡un elepé que lleva por título Charlie Parker Plays Bossa Nova!

¿Suena poco plausible?

Pues vayan ustedes preparándose y agárrense fuerte porque es cierto.

Así comienza un artículo que escribí para una revista universitaria, el primero que conseguí publicar en mi vida y por el que incluso obtuve una modesta remuneración.

Naturalmente, no existe ningún disco titulado Charlie Parker Plays Bossa Nova. Charlie Parker murió el 12 de marzo de 1955, y la bossa nova llegó a territorio estadounidense en 1962, introducida por músicos como Stan Getz. Pero no es improbable que Bird hubiese mostrado interés por ese estilo nuevo en caso de haber vivido en la década de los sesenta, y, por qué no, que se hubiera animado a adoptarlo en sus interpretaciones. Partiendo de semejante suposición, inventé un disco fruto de esa hipotética adopción musical e ideé una reseña ficticia del mismo, lo cual resultó en el artículo mencionado y transcrito en parte en estas páginas.

La gracia del asunto reside en que el editor jefe de la revista universitaria que accedió a publicarlo creyó de veras en la existencia del disco y tomó mi crítica como auténtica y genuina, sin sospechar de su autenticidad. Su hermano menor, buen amigo mío, le habló de mis virtudes con la pluma e hizo de promotor de mi causa (la revista llegó a publicar cuatro únicos números antes de echar el cierre, en el tercero de los cuales apareció mi reseña).

La narración continua con el estudiante ya convertido en un escritor importante, unos cuantos años más tarde. Paseando por Nueva York entra a una tienda de discos de segunda mano y, con sorpresa, encuentra el álbum que había inventado. Es exactamente igual, con todas las características que presentó en su reseña. Cuesta 35 dólares y por varios minutos titubea entre comprarlo o no. Al final no lo compra porque piensa que es un simple engaño. 

Sucedió en Nueva York, donde residí por algún tiempo debido al trabajo. Cierta tarde, con abundante tiempo libre por delante, salí de mi habitación de hotel para dar una vuelta y acabé entrando en un modesto establecimiento de discos de segunda mano situado en la calle Catorce Este. Se me ocurrió echar un vistazo a la sección de Charlie Parker y ahí encontré un disco que llevaba por título Charlie Parker Plays Bossa Nova. Tenía aspecto de edición pirata. La funda exterior era blanca, la portada carecía de foto o ilustración y en ella solo había el título, impreso en bastos caracteres negros, mientras que en la contraportada se detallaban la lista de temas musicales incluidos y el elenco de músicos participantes. Tanto los nombres de los músicos como el título y el número de los temas coincidían a pies juntillas con los que yo había seleccionado para mi disco ficticio. Asimismo, al igual que en mi reseña, Hank Jones al piano sustituía a Carlos Jobim en dos únicos temas.
(...)
Extraje el disco de su funda y comprobé que el adhesivo central era tan blanco como la funda y que en él también aparecían escritos los títulos de los temas en el orden correspondiente, pero no encontré ni el nombre ni el logotipo de casa discográfica alguna. Presté entonces atención a los surcos del vinilo. En efecto, en ambas caras podían apreciarse los cortes del inicio de cada uno de los cuatro temas. Fue entonces cuando tomé la resolución de pedirle al joven de pelo largo apostado tras el mostrador que me permitiera escucharlo. Negó con la cabeza y lamentó que el tocadiscos de que disponía la tienda estuviera estropeado. Lo sentía mucho.

Una etiqueta adherida a la funda indicaba que el precio era de treinta y cinco dólares. Me sumí en la indecisión de si comprarlo o dejarlo, hasta que, finalmente, me decanté por lo último y abandoné el local con las manos vacías. Sin duda, no podía tratarse más que de una broma sin gracia. A falta de nada mejor en que pasar el rato, alguien se había tomado la molestia de crear un disco a imagen y semejanza del que yo describía en mi artículo, aunque solo en la portada, claro. Habría localizado cualquier elepé con cuatro cortes en cada cara, despegado la etiqueta empapándola en agua, y adherido con pegamento la suya propia, elaborada con sus propias manos. Pagar treinta y cinco dólares por semejante tomadura de pelo se me antojaba de lo más estúpido.
(...)
A última hora de la mañana siguiente salí del hotel y volví a dirigirme al mismo lugar. En su interior, un hombre de mediana edad, de pelo lacio y con el cuello del jersey deshilachado, sorbía café y leía las páginas deportivas de un periódico, sentado tras el mostrador. Un reconfortante aroma a café recién hecho se extendía tenuemente por todo el local mezclándose con vieja música de Pharoah Sanders emitida desde el techo por caducos altavoces, sin un solo cliente todavía a esas horas, a excepción de mí. Tenía el hombre toda la pinta de ser el dueño de la tienda. Repasé de inmediato la sección de Charlie Parker, sin éxito. No hallé, entre los demás, el disco del día anterior. Qué raro. Recordaba haberlo devuelto a su sitio después de llevarlo hasta el mostrador. No quise darme por vencido y revisé todos los cajones de la sección completa de jazz. Seguro que lo deposité entre otros discos, eso debió de ocurrir. Después de hurgar concienzudamente, me vi obligado a tirar la toalla, con la certeza al menos de saber que allí no estaba. ¿Se había vendido acaso en un intervalo de tiempo tan corto? Abordé al hombre del mostrador:

—Disculpe, no consigo localizar un disco que vi ayer en la tienda...

—¿Qué disco busca? —inquirió, sin levantar la vista de las páginas de The New York Times.

Charlie Parker Plays Bossa Nova —repliqué sin rodeos.

El hombre dejó el periódico, se quitó las viejas gafas de montura metálica y alzó lentamente la vista hacia mí.

—Perdone, ¿le importaría repetirme el título?

Así lo hice. El hombre, tras un pausado sorbo a su café y un levísimo movimiento de cabeza hacia ambos lados, dijo:

—No existe el disco por el que usted pregunta.

—Lo sé. Y, sin embargo...

—Ahora bien, si le interesa Perry Como Sings Jimi Hendrix, creo que todavía tenemos alguno.

Supe que se trataba de una broma en cuanto oí mencionar el nombre de Perry Como. Aquel hombre era de esos que no sonríen cuando bromean.

—El caso es que puedo asegurarle que lo vi aquí, en esta tienda —me sentí obligado a aclarar—. Naturalmente, debía de tratarse de una tomadura de pelo, de eso no cabe duda.

—¿Dice que lo vio aquí?

—Como lo oye. Ayer por la tarde.

Procedí entonces a describir la cubierta y demás detalles: número de temas, títulos, etcétera. No olvidé mencionar la etiqueta con el precio marcado, treinta y cinco dólares.

—¿No lo habrá confundido con otro? —El hombre se mantenía remiso a admitir mi relato—. Le aseguro que no hemos tenido ningún disco con las características que usted enumera. Soy yo quien se encarga de adquirir los discos que ponemos a la venta. Nadie más. También les pongo el precio. Así que ya me contará... Si me hubiera topado con semejante rareza, le aseguro que lo recordaría.

Negó de nuevo con la cabeza, se colocó las gafas y reanudó la lectura de las páginas deportivas del diario. De pronto, como si una fugaz idea hubiera cruzado rauda por su mente, volvió a quitarse las gafas y, aguzada la mirada, los ojos entornados, me miró fijamente.

—Ahora bien, si, por remota que parezca la posibilidad, acabase usted dando con él, no dude en comunicármelo, por favor.

El relato finaliza con un sueño que tiene el protagonista muchos años después, en el cual se le aparece Charlie Parker y toca "Corcovado", una de las piezas de bossa nova del disco inexistente. Luego de su interpretación, Parker comienza a hablarle de su corta vida y el autor piensa en su primera novela que se publicó cuando él tenía la misma edad que Bird al morir, 34 años.  A partir de la muerte del saxofonista y de nacimiento de escritor, comienza un diálogo constante entre lo vital y lo trivial del tiempo.

¿Con qué música "ilustrar" este cuento?
En principio, se me ocurre pensar que, "el viejo disco de Pharoah Sanders" que está escuchando el vendedor de discos, bien podría ser el disco debut del saxofonista como líder, desde una edición conmemorativa que incluye consideraciones de Sanders sobre diversos tópicos, extraídos de distintas entrevistas.

 

Pharoah Sanders Quintet
Pharoah's First

1 - Seven By Seven
2 - Bethera
Entrevistas:
3 - Bernard Stollman Meets Pharoah Sanders
4 - Coming To New York
5 - Meeting Sun Ra
6 - Meeting John Coltrane
7 - Comments On Other Musicians
8 - Playing With Don Cherry
9 - The Scene
10 - Why The Music Changes

#1 y #2:
Pharoah Sanders (saxo tenor), Stan Foster (trompeta), Jane Getz (piano), William Bennett (contrabajo), Marvin Pattillo (percusión).
Grabados en el Loft Studio del ingeniero de sonido Jerry Newman, Nueva York, el 10 de setiembre de 1964.

****

Si bien el autor ficciona el disco inexistente de Charlie Parker como un álbum cuya "funda exterior era blanca, la portada carecía de foto o ilustración y en ella solo había el título, impreso en bastos caracteres negros", la publicación Granta encargó al ilustrador Jon Grey un diseño "posible" del arte de tapa, para presentar el cuento en su número de agosto de 2019. 
Y entonces, nos sumamos a la fantasía...

Charlie Parker
Plays Bossa Nova

Lado 1
1 - Corcovado
2 - Once I Loved (O Amor em Paz)
3 - Just Friends
4 - Bye Bye Blues (Chega de Saudade)

Lado 2
5 - Out of Nowhere
6 - How Insensitive (Insensatez)
7 - Once Again (Outra Vez)
8 - Dindi

Charlie Parker (saxo alto); Hank Jones [#3 y #5], Antonio Carlos Jobim (pianos); Jimmy Raney (guitarra); Jimmy Garrison (contrabajo); Roy Haynes (batería).
Lugar y fecha de grabación sin identificar.

****

Como cuando se hace la advertencia "no inteten hacer esto en casa", cabe insistir: este disco no existe.

Sin embargo, es cierto que Charlie Parker, como conjetura el autor, "hubiese mostrado interés por ese estilo nuevo en caso de haber vivido en la década de los sesenta". Ello puede deducirse si se considera su coqueteo con ritmos latinos a principios de 1950, como queda plasmado en la edición del sello Verve de 1995, con Bird formando parte de la orquesta de Machito, el pionero del jazz afrocubano.

Charlie Parker
South Of The Border

1 - Mango Mangue
2 - Okiedoke
3 - No Noise
4 - My Little Suede Shoes
5 - Un Poquito De Tu Amor
6 - Why Do I Love You?
7 - Tico-Tico
8 - Fiesta
9 - La Cucuracha {(sic) [a.k.a La Cucaracha]}
10 - Mama Inez
11 - Estrellita
12 - La Paloma
13 - Begin The Beguine
14 - Afro-Cuban Jazz Suite

Charlie Parker (saxo alto), acompañado por:
#1 a #3
Machito And His Afro-Cuban Orchestra
Mario Bauza, Paquito Davilla, Bobby Woodlen (trompetas); Gene Johnson, Fred Skerritt (saxos altos); José Madera (saxo tenor); Leslie Johnakins (saxo barítono); René Hernandez (piano); Roberto Rodriguez (contrabajo); José Mangual (bongós); Luis Miranda (congas); Machito (maracas); Ubaldo Nieto (tumbadoras).
Grabado en Nueva York, el 20 de diciembre de 1948 (#1 y #3) y en enero de 1949 (#2).
#4 a #8:
Walter Bishop, Jr. (piano), Teddy Kotick (contrabajo), José Mangual (bongós), Luis Miranda (congas), Roy Haynes (batería).
Grabado en Nueva York, el 12 de marzo de 1951.
#9 a #13:
Benny Harris (trompeta), Walter Bishop, Jr. (piano), Teddy Kotick (contrabajo), José Mangual (bongós), Luis Miranda (congas), Max Roach (batería).
Grabado en Nueva York, el 23 de enero de 1952.
#14
Machito And His Afro-Cuban Orchestra
Mario Bauza (trompeta y clarinete); Paquito Davilla, Harry "Sweets" Edison, Al Stewart, Bobby Woodlen (trompetas); Artista no identificado (clarinete); Gene Johnson, Fred Skerritt (saxos altos); José Madera, Flip Phillips, Sol Rabinowitz (saxos tenores); Leslie Johnakins (saxo barítono); René Hernandez (piano); Machito (maracas); José Mangual (bongós); Luis Miranda, Chino Pozo (congas); Ubaldo Nieto (tumbadoras); Buddy Rich (batería); Chico O'Farrill (arreglos y dirección).
Grabado en Nueva York, el 21 de diciembre de 1950.

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*With the Beatles*

El narrador de este cuento nos relata una vivencia de un momento de su adolescencia cuando, caminado por los pasillos del liceo, se cruza con una joven de la que no se acuerda de su rostro. Por tanto, no puede recordar si era bonita o no, tampoco si fue un sueño o no, pero se distinguía por llevar en sus manos el segundo álbum de los Beatles titulado With The Beatles, un disco que él recién escuchó cuando tuvo 35 años, ya que no le gustaban los Beatles en su época de estudiante. 

Ni en mi etapa como estudiante de secundaria ni después, tras mi entrada en la universidad, adquirí un disco de los Beatles. Cuando me disponía a escuchar música con la debida atención, me decantaba únicamente por el jazz o por la clásica. Compraba discos de jazz con la asignación que me entregaban mis padres y frecuentaba cafeterías y bares especializados en dicho género musical, en los que rastreaba el catálogo de vinilos de Miles Davis y Thelonious Monk entre otros, además de acudir a conciertos de música clásica siempre que me era posible.

Miles Davis
Milestones

1 - Dr.Jackle
2 - Sid's Ahead
3 - Two Bass Hit
4 - Milestones
5 - Billy Boy
6 - Straight, No Chaser
7 - Two Bass Hit (alternate take)
8 - Milestones (alternate take)
9 - Straight, No Chaser (alternate take)


Miles Davis (trompeta y piano en #2), Cannonball Adderley (saxo alto), John Coltrane (saxo tenor), Red Garland (piano), Paul Chambers (contrabajo), Philly Joe Jones (batería).
Grabado en el Columbia 30th Street Studio de Nueva York, el 4 de febrero (#3 a #9) y el 4 de marzo (#1 y #2)  de 1958.

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Thelonious Monk
Plays Duke Ellington

1 - It Don't Mean A Thing
2 - Sophisticated Lady
3 - I Got It Bad (And That Ain't Good)
4 - Black And Tan Fantasy
5 - Mood Indigo
6 - I Let A Song Go Out Of My Heart
7 - Solitude
8 - Caravan

Thelonious Monk (piano), Oscar Pettiford (contrabajo), Kenny Clarke (batería).
Grabado en Van Gelder Studio, Hackensack, Nueva Jersey, el 21 y el 27 de julio 1955.

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Avanzado el cuento, repleto de consideraciones sobre los Beatles, el protagonista nos narra hechos que ocurrieron en 1965, como la guerra de Vietnam, el descubrimiento del gato Iriomote en Okinawa y su relación amorosa con una joven compañera de estudios, llamada Sayoko, quien no era bonita, pero si popular, algo celosa, habladora y a quien tampoco le gustaban los Beatles:

Aquella primera novia era menuda y coqueta. Empezamos viéndonos una vez por semana durante las vacaciones escolares de verano. Recuerdo bien la tarde en que besé por primera vez sus cálidos y suaves labios y le metí la mano bajo el vestido blanco de tirantes para acariciar sus tentadores pechos sin quitarle el sostén. Recuerdo el tenue y reconfortante aroma a mandarina que emanaba de sus cabellos.

Apenas le interesaban los Beatles. Apenas le interesaba el jazz. Prefería la música orquestal de Mantovani y de Percy Faith, los temas populares al piano de Roger Williams y las canciones de Andy Williams o Nat King Cole, sintonías sosegadas, dulces y melosas para el recreo plácido de familias acomodadas (debe señalarse que en los años sesenta, la categorización de un artículo o producto de consumo en función de sus altas pretensiones comerciales no venía lastrada por tono acusatorio alguno ni desprecio de ningún tipo, al contrario de lo que ocurre hoy día). Al visitar su casa, me di cuenta de la gran cantidad de discos que tenía de ese estilo, burdamente englobado después bajo la etiqueta de easy listening. Ella se complacía en mostrármelos y hacérmelos escuchar en el tocadiscos de la sala de estar, equipado con un magnífico sistema de sonido estereofónico, recostados ambos en el sofá y dejando que nuestros labios saborearan la música rozándose entre sí en húmedos besos. Yo los días en que la familia se ausentaba y disponíamos ella y yo del sofá de la sala de estar a nuestro completo antojo, a lo que menos prestaba atención era al tipo de música que sonaba en el tocadiscos.
(...)
Mi novia tenía un hermano mayor y una hermana menor que no había comenzado aún el bachillerato pero que era cinco centímetros más alta que ella, y como casi todas las chicas de estatura notablemente mayor que la que les corresponde según su edad, no resultaba demasiado agraciada. Para colmo, y como si deseara subrayar lo que acabo de indicar, llevaba unas gruesas gafas de un buen número de dioptrías. Pese a ello, mi novia trataba a su hermana menor con grandes dosis de dulzura y cariño.

—¿Sabes? Mi hermana saca unas notas estupendas —señaló en cierta ocasión, lo cual no era decir mucho teniendo en cuenta los propios resultados escolares de mi novia, que eran tirando a mediocres. De hecho, tal vez mis propias notas no anduviesen muy distantes de las de su hermana.

En cierta ocasión, fuimos los tres juntos al cine. Da igual la circunstancia que tuvo que darse para que su compañía resultase ineludible, el caso es que acabamos viendo la película musical >Sonrisas y lágrimas< en un cine completamente abarrotado de público y sentados a escasa distancia de una de aquellas inmensas pantallas de cinemascope que se curvaban hacia los extremos, cosa que, recuerdo, me dejó los globos oculares extenuados. A mi novia le encantó la música y adquirió el disco de la banda sonora, que a partir de entonces escucharíamos sin descanso, aunque yo me quedaba, sin pensármelo dos veces, con la mágica interpretación de John Coltrane de "My Favorite Things", cosa que me ahorré decirle a ella, asumiendo que no me llevaría a ningún sitio hacerlo.

John Coltrane
Trane ~ The Atlantic Collection

1 - My Favorite Things, Part 1 (single version)
2 - Like Sonny
3 - Cousin Mary
4 - Giant Steps
5 - Central Park West
6 - Equinox
7 - Naima
8 - My Shining Hour
9 - Mr. Syms

Compendio de grabaciones realizadas entre 1959 y 1961, procedentes de los discos My Favourite Things,  Coltrane Jazz, Giant Steps, Coltrane's Sound y Coltrane Plays The Blues. [Información detallada en librillo].

****

 *Carnaval*

Este relato se compone de dos historias. 

En la primera, el narrador nos habla de sus encuentros y relación con F*, una mujer que conoce en un concierto por medio de un amigo y que de inmediatamente la clasifica de "fea". En algún momento F* y el narrador comienzan a hablar de sus gustos musicales, ambos son melómanos y ante la pregunta: ¿qué música llevar a una isla desierta?, ambos estuvieron de acuerdo en llevar la pieza Carnaval de Robert Shumann. Tanto les gustaba esa pieza, tanto la conocían y apreciaban que decidieron formar una especie de club, integrado solo por ellos dos, llamado Carnaval, cuyo principal objetivo consistía en ir juntos a todos los conciertos en los que se interpretara Carnaval, o comprar y comentar algún álbum que apareciera en el mercado, así como reseñas o estudios de esta obra de Shumann. 

En la segunda historia, el narrador rememora un acontecimiento de su época universitaria, cuando acompañó a un amigo a una cita doble. La chica que salió con él era "fea". Sin embargo, en un momento surge el jazz en la conversación. Más adelante trató de tener otra cita con ella, pero nunca pudo encontrar el papel en el que ella le había anotado su teléfono. 

Durante mis años de universitario, recuerdo haber tenido un encuentro con una chica a la que no calificaría de fea, pero a la que, por decirlo de una manera sencilla, no encontré especial atractivo. Un amigo mío que tenía novia se empeñó en buscarme una acompañante para que saliéramos los cuatro una tarde a tomar algo por ahí. Convencieron a una chica de un curso por detrás del mío que se alojaba en la misma residencia universitaria que la novia de mi amigo. Pues bien, salimos y cenamos algo ligero, tras lo cual el grupo se escindió en dos parejas, una formada por mi amigo y su novia, y la otra, obviamente, por aquella chica y yo. Era uno de esos días próximos al final del otoño.

Paseamos por el parque, entramos en una cafetería y conversamos al calor de sendas tazas de café. Era de estatura menuda, ojos pequeños y aire afable. Su voz clara, gentil y teñida de azoramiento me agradó. Tenía un timbre muy agradable. Me dijo que era miembro del club de tenis de la facultad, deporte cuya afición le venía de familia, por sus padres, a los que siempre había acompañado a jugar desde niña. Qué familia tan sana, pensé. Debía de reinar un ambiente muy saludable también entre padres e hijos. Como es un deporte que apenas he practicado, no supe seguirle la conversación. Yo hubiera podido hablar de jazz, pero ella no sabía nada al respecto, así que tampoco por ahí hubo avances. Por lo que parecía, no iba a resultarnos sencillo encontrar un tema común de conversación. Sin embargo, al menos expresó su deseo de escuchar jazz, así que traté de prepararla para las maravillas de músicos como Miles Davis o Art Pepper; le conté el modo en que empecé a sentirme atraído por dicho estilo y qué veía especialmente interesante en él. Ella me escuchó con paciencia y atención, aunque nada me asegura que siguiera el hilo de todo lo que le expliqué. Después la acompañé hasta la estación y nos despedimos.

Antes de marcharse, me dio el teléfono de la residencia donde se alojaba. Lo apuntó en el margen de una página de su agenda, la dobló con cuidado y arrancó el fragmento con el fin de entregármelo. Nunca la llamé.
(...)
Yo apenas contaba veinte años, pero lo recordé todo con la misma nitidez que si estuviera viviéndolo una vez más: la laxitud del tiempo y un agradable paseo por el parque, ella —no especialmente agraciada, pero tampoco espantosamente fea— y yo, al abrigo de la dorada luz de aquel sol de poniente de finales de otoño. Después, en la cafetería, le había explicado cómo el sonido del saxo alto de Art Pepper se quebraba ocasionalmente en una genialidad de quejidos que, lejos de enturbiar su música, le proporcionaban un aderezo expresivo de admirable inspiración. Recuerdo haber utilizado esas mismas palabras, una por una. Luego, aquel fragmento de papel, perdido en un abismo eterno. Un abismo de eternidad, medité, era demasiado tiempo. 

Miles Davis All Stars
Walkin'

1 - Walkin'
2 - Blue 'N' Boogie
3 - Solar
4 - You Don't Know What Love Is
5 - Love Me Or Leave Me

Miles Davis (trompeta) 
En sexteto (#1 y #2) con: J.J. Johnson (trombón), Lucky Thompson (axo tenor), Horace Silver (piano), Percy Heath (contrabajo), Kenny Clarke (batería).
En quinteto (#3 a #5) con: David Schildkraut (saxo alto), Horace Silver (piano), Percy Heath (contrabajo), Kenny Clarke (batería).
Grabaciones realizadas en el Van Gelder Studio, Hackensack, Nueva Jersey, el 3 (#3 a #5) y el 29 (#1 y #2) de abril de 1954.

****

Art Pepper
The Art Pepper Quartet

1 - Art's Opus
2 - I Surrender Dear
3 - Diane
4 - Pepper Pot
5 - Besame Mucho
6 - Blues At Twilight
7 - Val's Pal 
8 - Pepper Pot (alternate)
9 - Blues At Twilight (alternate)
10 - Val's Pal (take 1)
11 - Val's Pal (take 4)
12 - Val's Pal (take 5)

Art Pepper (saxo alto), Russ Freeman (piano), Ben Tucker (contrabajo), Gary Frommer (batería).
Grabado en Hollywood, el 25 de noviembre de 1956.

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¿Murakami y el Jazz #17?

"Las remeras que amo", quizá sea la traducción del nuevo título de Murakami. Ya está publicado en japonés y su edición traducida al inglés, de la que se conoce solo las dos posibles portadas, se promete para noviembre de 2021.
Lo único que se sabe es que se trata de una colección de artículos que Murakami compuso para una revista de moda masculina japonesa y en la que "abre su ropero" para mostrar su colección de remeras.
Si contiene "guiñadas" jazzísticas solo lo sabré cuando llegue el libro a mis manos. 
Mientras tanto... a pensar en el futuro de Quintaesencia. 

1 de octubre de 2021

Murakami y el Jazz #12

Retomando nuestra búsqueda de los discos de jazz cuya música integra Haruki Murakami en su obra literaria, iniciamos la parte final de la serie enfocándonos en sus libros de cuentos que, hasta la fecha son cinco.
El primero de ellos es "El elefante desaparece", un volumen que contiene 17 relatos escritos entre 1980 y 1991. La editorial encargada de su traducción al español lo presenta como "una maravillosa muestra del talento narrativo de Murakami que nos abre las puertas a otras realidades y nos lleva de la mano a mundos fantásticos", y resume su contenido de la siguiente manera: "Un hombre que se obsesiona con la insólita y misteriosa desaparición del elefante de un zoo, un abogado en paro que recibe el encargo de su mujer de encontrar a su gato, una pareja de recién casados que deciden atracar un MacDonald’s en plena noche, una curiosa digresión sobre los canguros, un enano diabólico que baila, un joven empeñado en burlarse de su futuro cuñado, un pirómano confeso... Los protagonistas de todos los relatos que componen este volumen esperan algo. Un accidente, un hecho azaroso. Al contrario que esta obra, donde nada, absolutamente nada, queda al azar. Alternando páginas inquietantes e hilarantes, El elefante desaparece es una prueba más de la capacidad de Murakami para cruzar la frontera entre lo cotidiano más realista y lo fantástico, transformando así la trivialidad de nuestras vidas".

El único cuento que remite a un disco específico es "Quemar graneros", un relato claramente inspirado en el famoso "Incendiar establos" de William Faulkner. En este cuento, un hombre de treinta y un años —quien cuenta la historia— conoce a una sencilla y sensible chica de veinte que trabaja como modelo publicitaria, aunque su vocación es aprender las destrezas de la mímica.  Nos enteramos de que se conocen en la boda de un amigo en común y que se hacen íntimos. Gracias a una herencia recibida tras la muerte de su padre, la chica viaja al norte de África y cuando regresa lo hace acompañada de un novio que tiene una extraña pasión: quemar graneros. Nuestro relator se entera de ello una tarde de domingo, cuando la pareja lo visita en su casa. 
Y allí aparece la escena que revela la música de nuestra búsqueda:

Llegaron pasadas las dos. Oí el ruido de un coche deportivo acercándose a la casa. Salí a la entrada y aquel vehículo plateado que ya conocía se encontraba allí delante. Ella sacó la cabeza por la ventanilla y agitó la mano. Los seguí con la mirada hasta que aparcaron en la parte de atrás del jardín.

—Ya estamos aquí —dijo sonriente.

Llevaba una camisa tan fina que casi se le transparentaban los pezones, y una falda corta de color verde oliva. Él vestía una chaqueta sport azul marino. Daba una impresión muy distinta respecto a la última vez que le había visto debido a una barba descuidada de no menos de dos días. No obstante, su aspecto general era correcto. Tan solo se apreciaba en él una sombra algo más densa de lo normal. Nada más salir del coche se quitó las gafas de sol y se las guardó en el bolsillo.

—Siento aparecer así de improviso en su día de descanso —se excusó.

—No pasa nada. Para mí, casi todos los días son de descanso. Además, me aburría de estar solo.

—Hemos traído algo de comer.

Sacó una bolsa grande de papel blanco del asiento trasero.

—¿Comida?

—Poca cosa —aclaró él—, pero es domingo y me pareció adecuado.

—Se lo agradezco. No he comido más que manzanas en todo el día.
Entramos en casa y dejamos la comida en la mesa. Había un surtido considerable: sándwiches de rosbif, ensalada, salmón ahumado y helado de arándanos. No estaba mal, la verdad. Ella lo sirvió todo en platos y yo saqué una botella de vino blanco de la nevera. Parecía una fiesta.

—Vamos a comer. Me muero de hambre.

Estaba muerta de hambre, como de costumbre.

Comimos los sándwiches, la ensalada y picamos salmón ahumado. Cuando se terminó el vino, saqué unas cervezas. En la nevera siempre había cerveza. Un amigo tiene una empresa pequeña y me proporciona vales de descuento.

Por mucho que bebiera, la expresión de la cara de él no cambiaba. Yo también aguanto bien la cerveza. Ella bebió a su vez y, en menos de una hora, había una considerable cantidad de latas vacías encima de la mesa. Era una visión sorprendente. Se levantó de la mesa, eligió unos cuantos discos de la estantería y puso uno en el reproductor. Airegin, de Miles Davis, fue su primera elección. 

—Un Garrard de cambio automático —dijo él—. Qué cosa tan poco habitual en estos tiempos.

Le expliqué que era un maniático de los reproductores automáticos y que encontrar un Garrard en buen estado había significado todo un triunfo. Escuchaba mis explicaciones sin dejar de asentir con la cabeza.

 Miles Davis
Cookin' With The Miles Davis Quintet


1 - My Funny Valentine
2 - Blues By Five
3 - Airegin
4 - Tune Up / When Lights Are Low

Miles Davis (trompeta), John Coltrane (saxo tenor), Red Garland (piano), Paul Chambers (contrabajo), Philly Joe Jones (batería).
Grabado en Van Gelder Studio, Hackensack, Nueva Jersey, el 26 de octubre de 1956.

1 de septiembre de 2021

Murakami y el Jazz #8


"Kafka en la orilla" es, quizá, el libro más profundo de Murakami. El autor, al igual que sus personajes, sigue buscándose y planteando sus principales obsesiones: heridas de amor, personajes desaparecidos, gatos portadores de mensajes, amores inalcanzables, mucha música y personajes extraños, sin olvidar sus referencias (o preferencias) literarias: Hegel, Tolstoi, Chéjov, Shakespeare.
La obra consta de dos historias diferentes, pero relacionadas entre sí y la narrativa avanza y retrocede entre ambas historias, alternando capítulos para contar cada una de ellas. El título refiere no solo al personaje principal de la novela, sino también a una obra pictórica y a una canción.

Por un lado, los capítulos pares hablan sobre la trágica vida de Satoru Nakata, un anciano discapacitado desde la Segunda Guerra Mundial por un extraño accidente en una excursión escolar por el bosque, que se dedica a buscar gatos perdidos. 

Por otro, los capítulos impares cuentan la historia de Kafka Tamura —nombre inspirado en Franz Kafka—, un joven fornido, alto e inteligente, que huye de la casa de su padre —el famoso escultor Koichi Tamura—, el mismo día que cumple 15 años. Su madre y su hermana habían abandonado a la familia cuando él apenas era un niño y su padre está convencido de que su hijo habría de repetir el mismo infeliz destino de Edipo. Tiene un alter ego, "El joven llamado Cuervo" —'Kafka' suena como 'kavka' que significa grajilla en checo, una especie de cuervo— que interactúa con él y le recuerda constantemente que debe ser "el chico de quince años más fuerte del mundo".
Al irse de su casa, el destino lo lleva rumbo al sur del país, más precisamente a Takamaksu, llegando a una biblioteca que se convertirá en su refugio. Allí conoce a una mujer bastante mayor, llamada Saeki que tiene características muy misteriosas y que bien podría ser su madre. Antes de esto, en el autobús que toma para escaparse, Kafka conoce a Sakura, que bien puede ser su hermana.
Pasa sus días tranquilo leyendo "Las mil y una noches" y las obras de Natsume Sōseki, hasta que un día la policía empieza a investigarlo por su extraña conexión con un macabro asesinato. Kafka Tamura deberá escapar otra vez, y será el bibliotecario Ôshima —un chico de 21 años, intelectual, hemofílico y homosexual—, quién lo guíe a un bosque entre las montañas y le preste la cabaña de su familia para esconderse.

Finalmente, en un plano más metafísico que real, los destinos de Kafka Tamura y Nakata seguirán un curso de colisión inminente.

Pero vayamos a nuestro "juego". Ya en los comienzos, en el Capítulo 5, nos enteramos por qué las bibliotecas son tan importantes para el joven prófugo:

Hasta el anochecer, decido matar el tiempo en una biblioteca. Había averiguado de antemano qué bibliotecas había en los alrededores de Takamatsu. Desde pequeño, yo siempre he matado las horas en las salas de lectura de las bibliotecas. No son muchos los sitios adonde puede ir un niño pequeño que no quiera volver a su casa. No le está permitido entrar en las cafeterías, tampoco en los cines. Únicamente le quedan las bibliotecas. No hay que pagar entrada y, aunque vaya solo, no le dicen nada. Allí puede sentarse y leer todos los libros que quiera. A la vuelta de la escuela, yo siempre iba en bicicleta a la biblioteca municipal del barrio. Incluso los días festivos solía pasar largas horas allí solo. Cuentos, novelas, biografías, historia: leía todo lo que encontraba. Y, cuando había devorado todos los libros infantiles, pasaba a las estanterías de obras para el público en general y leía los libros para adultos. Incluso los que no entendía los leía hasta la última página. Y cuando me cansaba de leer, me sentaba ante los auriculares y escuchaba música. Carecía por completo de cultura musical, así que iba escuchando por orden todos los discos que había, empezando por la derecha. Y así fue como descubrí la música de Duke Ellington, los Beatles, Led Zeppelin.
La biblioteca era como mi segunda casa. En realidad, es posible que fuera mi verdadero hogar. A fuerza de ir cada día acabé conociendo de vista a todas las bibliotecarias. Ellas sabían mi nombre, me saludaban al verme y me dirigían frases cariñosas (aunque yo muy pocas veces respondía porque soy terriblemente tímido).

Hay que llegar al Capítulo 25 para encontrar nuestra primera "pista" jazzística:

Vuelvo a mi habitación, miro la partitura de "Kafka en la orilla del mar" que me ha impreso Ôshima. Tal como imaginaba, la mayoría de los acordes son muy sencillos. Y en el estribillo hay dos que son increíblemente complicados. Voy a la sala de lectura, me siento ante el piano vertical, pulso las teclas. La digitación es dificilísima. Practico una vez tras otra, domo los músculos de los dedos, al final logro reproducir un sonido similar. Primero, los acordes suenan todos mal, parece que me haya equivocado. Me pregunto incluso si no habrá algún error de impresión. O si, tal vez, el piano está desafinado. Pero a fuerza de ir escuchando con gran atención, una y otra vez, el eco de los acordes de forma alternativa me convenzo de que es justo en estos dos acordes donde reside el interés de la canción. Son estos dos acordes los que confieren a "Kafka en la orilla del mar" una profundidad de la que carecen las canciones pop más normales. Pero ¿cómo diablos se le pudieron ocurrir a la señora Saeki unos acordes tan fuera de lo común?

Vuelvo a mi habitación, caliento agua en la tetera eléctrica, me preparo un té, me lo tomo. Luego voy poniendo en el plato del tocadiscos, uno tras otro, los discos que me traje del trastero. "Blonde on Blonde", de Bob Dylan; "White Album", de los Beatles; "Dock of the Bay", de Otis Redding; "Getz/Gilberto", de Stan Getz. Todos, música que triunfó a finales de los 60. El chico que estaba en esta habitación —junto al cual, con toda seguridad, debía de encontrarse la señora Saeki— ponía estos discos en el plato, igual que estoy haciendo yo ahora, bajaba la aguja y escuchaba la música que salía por los altavoces. Esta música traslada la habitación entera, incluyéndome a mí, a un tiempo extraño. A un mundo de cuando yo aún no había nacido. Escuchando esta música, intento reproducir en mi mente, con la mayor exactitud posible, la conversación que he tenido esta tarde con la señora Saeki en el primer piso.

"Pero, a los quince años, yo estaba segura de que en este mundo existía un lugar así. De que la entrada a un mundo distinto estaba escondida en alguna parte y de que yo podría encontrarla".

Stan Getz • João Gilberto
Getz / Gilberto

1 - The Girl From Ipanema
2 - Doralice
3 - P'ra Machuchar Meu Coração
4 - Desafinado
5 - Corcovado
6 - Só Danço Samba
7 - O Grande Amor
8 - Vivo Sonhando

Stan Getz (saxo tenor), João Gilberto (guitarra y voz), Antonio Carlos Jobim (piano), Milton Banana (batería), Astrud Gilberto (vocalista en #1 y #5).
Grabado en Nueva York, el 18 y 19 de marzo de 1963.

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Finalmente, nuestra segunda "pista" aparece en el Capítulo 39. Kafka Tamura nos cuenta sobre su estancia en el bosque:

Mi segundo día en la montaña transcurre, como siempre, de una manera lenta y continua. El tiempo es casi lo único que diferencia un día del día anterior. Si la meteorología fuera la misma, perdería en un instante la noción del paso del tiempo. Dejaría de poder distinguir el día de hoy del de ayer, el día de hoy del de mañana. El tiempo parecería un barco que, una vez perdida el ancla, vaga a la deriva por la extensa superficie del mar.

Cuento los días. Estamos a martes. Hoy, la señora Saeki —si hay algún visitante, por supuesto— efectuará la pequeña visita guiada por el interior de la biblioteca, igual que siempre. Como el día que crucé por primera vez el portal de la Biblioteca Conmemorativa Kômura. Ella sube las escaleras sobre sus finos tacones. El eco de sus pasos resuena por el interior de la biblioteca. Las medias brillantes, la blusa inmaculada, el pequeño par de perlas en sus orejas, la Montblanc sobre el escritorio. Su sonrisa plácida (aunque proyecte la larga sombra de la resignación). Todo eso queda muy lejos ahora. Nada me parece siquiera real.

En el sofá de la cabaña, aspirando el olor de la tela descolorida, pienso de nuevo en nosotros dos, en la señora Saeki y en mí haciendo el amor. Resigo mis recuerdos, uno tras otro, voy evocando aquellas imágenes. Ella se desnuda despacio. Luego se mete en la cama. Ni que decir tiene que mi pene empieza a ponerse de nuevo en erección. Duro como una roca. Pero ya no me duele como ayer. El enrojecimiento del glande también ha desaparecido.

Harto de encontrarme inmerso en fantasías sexuales, salgo afuera y realizo mi programa gimnástico. Hago ejercicios para fortalecer los músculos del abdomen utilizando la barandilla del porche. Acometo una tanda de abdominales a ritmo acelerado, luego, una dura tanda de estiramientos. Sudo tan profusamente que voy al bosque, empapo la toalla en el arroyo y me friego todo el cuerpo con ella. El agua está fría. Apacigua un poco mi exaltación. Luego me siento en el porche, escucho Radiohead en el "discman". Desde que me escapé de casa he estado escuchando reiteradamente la misma música. "Kid A", de Radio-head; "Greatest Hits", de Prince. Y, de vez en cuando, "My Favorite Things", de John Coltrane.

Y un poco más adelante, en el Capítulo 41, la música de Coltrane vuelve a aparecer mientras Kafka camina por el bosque:

Silbo para llenar el silencio. Silbo la melodía del saxo soprano de "My Favorite Things", de John Coltrane. Ni falta hace que diga que mi dudoso silbido no logra reproducir aquella complicada improvisación que cubre todas las notas musicales. Sólo añado algunos sonidos a los que me vienen a la cabeza. Mejor eso que nada.
(...)
En cierto momento, John Coltrane termina de tocar su solo de saxo soprano. Ahora es el solo de piano de McCoy Tyner lo que resuena en mis oídos. La mano izquierda marca el monótono ritmo, la derecha acumula gruesos y oscuros acordes. La música describe vívidamente, con todo lujo de detalles, las circunstancias del tenebroso pasado de alguien (alguien sin nombre, alguien sin rostro) que van siendo arrancadas, como si fueran vísceras, del corazón de las tinieblas, tal como ocurriría en alguna escena de algún mito. Al menos así es como suena a mis oídos. Aquella música paciente y reiterativa va haciendo, poco a poco, que la realidad se desmorone y la va reconstruyendo de forma diferente. Desprende un hipnótico olor a peligro. Como el bosque.

John Coltrane
My Favorite Things

1 - My Favorite Things
2 - Everytime We Say Goodbye
3 - Summertime
4 - But Not For Me

John Coltrane (saxo soprano [#1 y #2], saxo tenor [#3 y #4]), McCoy Tyner (piano), Steve Davis (contrabajo), Elvin Jones (batería).
Grabaciones realizadas en Atlantic Studios, Nueva York, el 21 de octubre de 1960 (#1), el 24 de octubre de 1960 (#3), y el 26 de octubre de 1960 (#2 y #4). 

13 de agosto de 2021

Murakami y el Jazz #3

La imagen ilustrativa de esta entrada nuevamente refiere a dos títulos debido a que "La caza del carnero salvaje" constituye el final de la trilogía "del Rata" y es, a su vez, el inicio de la trilogía "del Carnero", conectadas por el Hotel Delfín de "Baila, Baila, Baila", y la búsqueda de un anciano científico que aparecerá en "El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas".
Murakami no ha dado mucho crédito al concepto de trilogía, aunque tampoco lo ha desmentido. Poco importa... El lector no tiene culpa de contagiarse del mundo surrealista que mezcla la cotidianidad con la fantasía o que destaca lo "fantástico" de la realidad. Lo cierto es que las conexiones aparecen sin que la imaginación del lector se lo proponga: el hombre carnero de "La caza del carnero salvaje" aparecerá en "Baila, Baila, Baila", será mencionado en "1Q84", y el pozo de "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo" traslada al protagonista a un hotel que guarda grandes similitudes con el Hotel Delfín de "Baila, Baila, Baila".
Pero el objetivo de Quintaesencia no es la cuestión literaria, sino un ejercicio lúdico: encontrar el jazz mencionado por esos "otros yoes" que constituyen los protagonistas de las novelas de Murakami.

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En "La caza del carnero salvaje", "Yo", ese desencantado treintañero está en proceso de divorcio y ha conocido a otra mujer —una modelo publicitaria "de orejas", prostituta ocasional y correctora tipográfica— y queda prendado por la perfección absoluta de sus orejas.
La acción se desencadena cuando a "Yo" lo llaman de la agencia de publicidad donde trabaja debido a la elección de una fotografía que "el Rata" le envió semanas atrás como portada para un dossier empresarial. La fotografía aparentemente no tiene importancia: se trata de un rebaño de ovejas con un idílico fondo de montañas nevadas y, entre ellas, un carnero. Pero esa imagen banal pondrá al protagonista en el punto de mira de un poderosísimo grupo industrial, verdadero imperio económico y también político. El emblema de ese grupo es precisamente el carnero de la imagen, pero éste es un animal que no puede aparecer en ninguna fotografía tomada de la realidad, porque no existe. Y a partir de aquí, el narrador, acompañado por su amante, se verá lanzado a una ardua investigación, digna de las mejores novelas policíacas americanas. Antes de un mes debe encontrar el lugar donde fue hecha la fotografía y el animal que aparece en ella. Si no lo hace, llevarán a la ruina a su pequeña agencia y lo convertirán en un verdadero paria. El grupo del carnero es lo bastante poderoso como para poder aniquilarle económica y socialmente.

Como ya se ha mencionado, las "pistas jazzísticas" en esta novela son mínimas: dos sin referencias a discos y una totalmente inventada.
Una de las tangenciales sin disco está en la memoria auditiva del protagonista, cuando, pensando en el hombre que ahora vive con su ex esposa, cuenta:

Era un guitarrista de jazz no muy famoso, de veintisiete años; para ser un guitarrista de jazz no muy famoso, era un tipo bastante normal. No era mala persona. Pero le faltaba originalidad. Un año, por ejemplo, su estilo era una mezcla de Kenny Burrell y B. B. King, y a lo mejor al año siguiente sus fuentes de inspiración eran Larry Coryell y Jim Hall.

La otra "jazzísticamente" reconocible, aparece casi al final del libro, cuando el protagonista (mejor no decir dónde), cuenta:

Del cuarto trasero saqué una vieja guitarra, que logré afinar sin esfuerzo. Probé unos rasguños, interpretando viejas melodías. Luego me puse a practicar a los sones de "Air Mail Special", de Benny Goodman; y en éstas, se hizo mediodía.

Hasta aquí, nada que me parezca interesante para "ilustrar" con discos. Y mucho menos con la "pista" de la Parte 4 del Capítulo 8, cuando, en la biblioteca de la casa que habita, el protagonista encuentra:

...una vitrina, también empotrada, que contenía uno de esos equipos musicales característicos de mediados de los años sesenta: tocadiscos, amplificador y altavoces. También había unos doscientos discos, los cuales, aunque viejos y rayados, no carecían de valor. La música no sufre la erosión del tiempo tanto como las ideas. Accioné el interruptor del amplificador de válvulas y, eligiendo al tuntún un disco, lo puse en el plato del tocadiscos y posé sobre él la aguja. Era Nat King Cole cantando "South of the Border". Parecía que el ambiente de la habitación hubiera regresado a la década de los años cincuenta.

No... No busquen porque no lo encontrarán. Nat King Cole nunca grabó esa canción. Quizá haya sido una manera de agregar surrealismo a las circunstancias y al lugar...
Después de todo, parafraseando al escritor argentino Juan Forn, más de lo que Murakami "inventa" para contar, la gracia reside en su forma de hacerlo.

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En "Baila, Baila, Baila", encontramos al protagonista en marzo de 1983. Ahora "Yo" es redactor freelance todoterreno y, después de pasar unos días sombríos, siente la necesidad de volver a ciertos escenarios de su vida para ajustar cuentas con el pasado. Viaja a Sapporo con la intención de alojarse en el Hotel Delfín, donde años atrás pasó una semana con una misteriosa mujer que, de manera inesperada, desapareció de su lado. A su llegada descubre que han derribado el hotel y que en su lugar se alza otro, moderno y lujoso. Pero su estancia allí propicia la aparición de personajes envueltos en un aura de irrealidad: una guapa recepcionista que ha vivido experiencias inverosímiles, una adolescente dotada de una aguda sensibilidad, o un antiguo compañero de colegio, ahora actor de éxito, que lo meterá en graves problemas. Asesinatos, viajes a Hawai, pasajes a otros mundos y fiestas se suceden al ritmo de la música que suena en la radio de su destartalado Subaru. Lo cierto es que, como afirma un enigmático personaje, todo está conectado. Porque sólo se regresa al Hotel Delfín para poder empezar de nuevo.
Esta vez sí hay suficientes discos para elegir. Para empezar, en el Capítulo 7, donde "Yo" cuenta:

Decidí ir a la barbería del hotel, un local pulcro y agradable. Aunque iba con la esperanza de que el establecimiento estuviese lleno y me obligaran a esperar, lo encontré vacío, pues era un día laborable por la mañana. De las paredes color gris azulado colgaba algún óleo y de fondo, muy bajo, sonaba el Jaques Luossier Plays Bach. Era la primera vez en mi vida que entraba a una barbería como ésa. A aquello ni siquiera se le podía llamar barbería.

Jacques Loussier
Play Bach • N°1

1 - Prelude N°1 In C Major
2 - Fugue N°1 In C Major
3 - Prelude N°2 In C Minor
4 - Fugue N°2 In C Minor
5 - Toccata & Fugue In D Minor
6 - Prelude N°8 In E Flat Minor
7 - Prelude N°5 In D Major
8 - Fugue N°5 In D Major

Jacques Loussier (piano), Pierre Michelot (contrabajo), Christian Garros (batería).
Grabado en París, Francia, en 1959.

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En el mismo capítulo, "la chica de gafas" de la recepción del hotel, invita al protagonista a encontrarse a las ocho, después del trabajo para conversar, y le sugiere un lugar, cuyo nombre y mapa anota en una hojita. "Yo" cuenta entonces:

A las siete y media salí de mi habitación, me subí a uno de los taxis que había a la entrada del hotel y le enseñé al taxista la nota de la chica. El conductor asintió en silencio y me llevó hasta el local. Estaba a mil yenes de distancia. Era un bar pequeño y acogedor situado en los bajos de un edificio de cinco plantas. Al abrir la puerta, oí que sonaba un viejo y cálido disco de Gerry Mulligan. Era de la época en que Chet Baker y Bob Brookmeyer estaban en el grupo y Mulligan todavía llevaba camisas con botones en las puntas del cuello. Años atrás lo escuchaba a menudo.

En este punto, aparece un "juego murakamiano". Nunca pudo haber escuchado un disco con Mulligan, Baker y Brookmeyer tocando juntos. Precisamente, fue el trombón de Bob Brookmeyer que sustituyó la trompeta de Chet Baker en los célebres cuartetos sin piano de Gerry Mulligan.
Por lo tanto, es momento de "intervenir" con dos ejemplos. Uno con Bob y otro con Chet...

Gerry Mulligan
Mainstream Of Jazz

1 - Westwood Walk
2 - Ain't It The Truth
3 - Mainstream
4 - La Plus Que Lente (alternate take)
5 - La Plus Que Lente
6 - Igloo
7 - Makin' Whoopee
8 - Elevation
9 - Lollypop
10 - Blue At The Roots

Gerry Mulligan (saxo barítonoy piano); Bob Brookmeyer (trombón); Zoot Sims (saxo tenor); Jon Eardley [#1 a #4], Don Ferrara [#5 a #10] (trompetas); Peck Morrison (contrabajo); Dave Bailey (batería).
Grabaciones realizadas en Nueva York, el 21 de setiembre de 1955 (#1 a #4) y el 26 de setiembre de 1956 (#5 a #10).

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Gerry Mulligan Quartet
Reunion With Chet Baker

1 - Reunion
2 - When Your Lover Has Gone
3 - Stardust
4 - My Heart Belongs To Daddy
5 - Jersey Bounce
6 - The Surrey With The Fringe On Top
7 - Trav'lin' Light
8 - Trav'lin' Light (alternate take)
9 - Ornithology
10 - People Will Say We're In Love
11 - The Song Is You
12 - Gee Baby, Ain't I Good Tto You
13 - Gee Baby, Ain't I Good To You (alternate take)
14 - I Got Rhythm
15 - All The Things You Are

Gerry Mulligan (saxo barítono), Chet Baker (trompeta), Henry Grimes (contrabajo), Dave Bailey (batería).
Grabaciones realizadas en Nueva York, el 3, 11 y 17 de diciembre de 1957.

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La siguiente "pista jazzística" aparece en el Capítulo 23. Después de un encuentro con los detectives "el Literato" y "el Pescador", "Yo" cuenta:

Volví a casa en taxi. Llené la bañera y me sumergí un buen rato en el agua caliente. Me cepillé los dientes, me afeité, me lavé la cabeza. Todo el cuerpo me apestaba a tabaco. Había estado en un lugar inmundo.
Al salir del baño, herví coliflor y me la tomé con una cerveza mientras Arthur Prysock cantaba acompañado por Count Basie y su orquesta. Un disco rematadamente bueno. Lo había comprado en 1967, hacía dieciséis años. Durante todos esos años lo había escuchado muchísimas veces. Nunca me cansaba.

Arthur Prysock And Count Basie

1 - I Could Have Told You
2 - Ain't No Use
3 - I Could Write A Book
4 - Gone Again
5 - Come Home
6 - I Worry About You
7 - What Will I Tell My Heart?
8 - Don't Go To Strangers
9 - I'm Lost
10 - I'm Gonna Sit Right Down And Write Myself A Letter
11 - Come Rain Or Come Shine
12 - Where Are You?
13 - Do Nothin' Till You Hear From Me
14 - Sunday

Arthur Prysock (vocalista), acompañado por The Count Basie Orchestra:
Count Basie (piano); Freddie Green (guitarra); George Cohn, Philip Guilbeau, Al Aarons, Wallace Davenport (trompetas); Eddie "Lockjaw" Davis, Eric Dixon , Marshall Royal, Bobby Plater, Charlie Fowlkes (clarinetes y saxos); Henderson Chambers, Grover Mitchell , Henry Coker, William Hughes, Al Grey (trombones); Dick Hyman (órgano); Grady Tate, Rufus "Speedy" Jones (baterías).
Grabado en Van Gelder Studios, Englewood Cliffs, Nueva Jersey, el 13, 14, 20 y 21 de diciembre de 1965.

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Y unas líneas más adelante...

Luego me eché una siesta. Fue como si me hubiera ido a algún lado, hubiese dado media vuelta y hubiera desandado el camino. Quizás unos treinta minutos.
(...)
Cada día que pasaba, la primavera de hacía más presente. En los días que había pasado en la comisaría de Akasaka, la brisa se había vuelto más apacible, el verdor había aumentado y la luz se había hecho cálida y suave. Incluso el ruido de la urbe sonaba dulce como el fliscorno de Art Farmer. El mundo era hermoso y yo tenía hambre. La rigidez alojada en el fondo de mis sienes había desaparecido.

Momento de "intervenir", ya que Murakami, aunque no parezca, deja una "pista" muy precisa. Art Farmer cambió de la trompeta al fliscorno en 1962, una vez disuelto el clásico y famoso grupo The Jazztet creado junto a Benny Golson. Formó entonces un cuarteto con el guitarrista, Jim Hall, que duró hasta 1964. Gracias al el sonido más suave del fliscorno consiguió lo que quería del instrumento sin tener que utilizar la sordina. Tanto fue así que, en 1989 participó en la creación de una trompeta-fliscorno híbrida, el flumpet, pero esa ya es otra historia...

Art Farmer Quartet
Interaction

1 - Days Of Wine And Roses
2 - By Myself
3 - My Little Suede Shoes
4 - Embraceable You
5 - My Kinda Love
6 - Sometime Ago
7 - Loads Of Love

Art Farmer (fliscorno), Jim Hall (guitarra), Steve Swallow (contrabajo), Walter Perkins (batería).
Grabado en Nueva York, el 25 de julio, el 29 de julio y el 1 de agosto de 1963.

****

Las siguientes dos "pistas" están en el Capítulo 25... "Yo" y Yuki —una adolescente frecuentemente abandonada por sus padres cuya imagen compone parte del misterio que encierra la historia—, acaban de cenar y el protagonista la está llevando a su casa...

Apenas habló en el trayecto de vuelta. Parecía reflexionar, recostada en el asiento. A ratos dormitaba, pero era difícil saber cuándo estaba despierta y cuándo dormida. No puso ninguna de sus cintas. Por probar, puse "Ballads" de John Coltrane. No hizo ningún comentario. Ni siquiera parecía haberse dado cuenta de que sonaba algo. Yo canturreaba los solos.

John Coltrane
Ballads

1 - Say It (Over and Over Again)
2 - You Don't Know What Love Is
3 - Too Young To Go Steady
4 - All Or Nothing At All
5 - I Wish I Knew
6 - What's New?
7 - It's Easy To Remember
8 - Nancy (With The Laughing Face)

John Coltrane (saxos tenor y soprano), McCoy Tyner (piano), Jimmy Garrison (contrabajo), Elvin Jones (batería).
Grabaciones realizadas en Van Gelder Studio, Englewood Cliffs, Nueva Jersey, el 13 de noviembre de 1962 (#1 a #5), el 18 de setiembre de 1962 (#6 y #8) y el 21 de diciembre de 1961 (#7).

****

Cuando aparqué delante de su edificio en Akasaka, dije:

— Hemos llegado, princesa.

Estrujó el chicle en su envoltorio y lo dejó sobre el salpicadero. Luego abrió desganadamente la puerta, se apeó y se alejó sin más. No dijo adiós, no cerró la puerta, no volvió la vista atrás. Estaba en una edad conflictiva. Eso, o simplemente tenía la regla. 
(…)
Después de sacudir la cabeza, me pasé al asiento de al lado y cerré la puerta. ¡Pam! Acto seguido, regresé a casa tarareando "Red Clay" de Freddie Hubbard.

Freddie Hubbard
Red Clay

1 - Red Clay
2 - Delphia
3 - Suite Sioux
4 - The Intrepid Fox
5 - Cold Turkey
6 - Red Clay (alternate version)

#1 a #5: 
Freddie Hubbard (trompeta), Joe Henderson (saxo tenor y flauta), Herbie Hancock (pianos acústico y eléctrico), Ron Carter (contrabajo), Lenny White (batería).
Grabado en Van Gelder Studios, Englewood Cliffs, Nueva Jersey, entre el 27 y el 29 de enero de 1970.
#6: 
Freddie Hubbard (trompeta), Stanley Turrentine (saxo tenor), Johnny "Hammond" Smith (órgano y piano eléctrico), George Benson (guitarra), Ron Carter (contrabajo), Billy Cobham (batería), Airto Moreira (percusión).
Grabado en vivo en el  Southgate Palace de Los Angeles, el 19 de julio de 1971.

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Las últimas dos "pistas" de nuestro juego aparecen en el Capítulo 30.
"Yo" está a punto de dejar Hawai, vuelve a Tokio y va rumbo al aeropuerto...

Conduje relajamente hasta el aeropuerto mientras escuchaba a Coleman Hawkins o a Lee Morgan en un programa radiofónico de jazz. Las nubes que cubrían parte del cielo se habían dispersado como si alguien las hubiera arrancado y sólo quedaran unos cuantos jirones; ahora los alisios que mecían las hojas de las palmeras los desplazaban lentamente hacia el oeste. Vi que un 747 se incrustaba en el cielo formando un ángulo agudo como si fuera una cuña plateada.
(...)
Con la mente en blanco, me limité a conducir mientras silbaba, aunque era más un siseo que un silbido, "Stuffy" y "The Sidewinder". Oí el ulular del viento mientras bajaba una cuesta a ciento sesenta. Después, tras un cambio de rasante, se amplió mi campo de visión y apareció el Pacífico, de un azul intenso.

Coleman Hawkins
Hollywood Stampede

1 - April In Paris
2 - Rifftide
3 - Stardust
4 - Stuffy
5 - Hollywood Stampede
6 - I'm Through With Love
7 - What Is There To Say
8 - Wrap Up Your Troubles In Dreams
9 - Too Much Of A Good Thing
10 - Bean Soup
11 - Someone To Watch Over Me
12 - It's The Talk Of The Town
13 - Isn't It Romantic
14 - Bean-A-Re-Bop
15 - The Way You Look Tonight
16 - Phantomesque

Coleman Hawkins (saxo tenor); Howard Johnson (saxo alto #13 a #16); Howard McGhee [#1 a #12], Miles Davis [#13 a #16] (trompetas); Vic Dickenson [#5 a #8], Kai Winding [#13 a #16] (trombones); Sir Charles Thompson [#1 a #12], Hank Jones [#13 a #16] (pianos); Allan Reuss (guitarra #1 a #12); Oscar Pettiford [#1 a #8], John Simmons [#9 a #12], Curley Russel [probablemente #13 a #16] (contrabajos); Denzil Best [#1 a #12] Max Roach [probablemente #13 a #16] (baterías).
Grabaciones realizadas en:
#1 a #4: Los Angeles, el 23 de febrero de 1945.
#5 a #8: Los Angeles, el 2 marzo de 1945.
#9 a #12: Los Angeles, el 9 de marzo de 1945.
#13 a #16: New York para Aladdin Records, en junio de 1947.

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Lee Morgan
The Sidewinder

1 - The Sidewinder
2 - Totem Pole
3 - Gary's Notebook
4 - Boy, What A Night
5 - Hocus-Pocus
6 - Totem Pole (alternate take)

Lee Morgan (trompeta), Joe Henderson (saxo tenor), Barry Harris (piano), Bob Cranshaw (contrabajo), Billy Higgins (batería).
Grabado en Van Gelder Studio, Englewood Cliffs, Nueva Jersey, el 21 de diciembre de 1963.