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viernes, 29 de noviembre de 2024

Bandas sonoras míticas del cine (CXCII)


Howard Hawks dirige su última película en 1970, Río Lobo, continuación de las otras dos con las que forma una especie de trilogía, Río Bravo y El Dorado. Las constantes morales de Hawks sobre la amistad masculina (aquí con idea de concordia posguerra norte/sur, ilustrada en una simpática relación entre un coronel yanki y un capitán confederado), su capacidad de crear sentido del humor en los diálogos dentro de la tensión que implica el contexto y desarrollar la acción de forma dinámica, le dan al film un tono agradable. Leight Brackett vuelve a ser su guionista de confianza, como en otras muchas.
A finales de la Guerra Civil Americana (1861-1865), un grupo de suristas mandados por el Capitán Pierre Cordona (Jorge Rivero) se dedican a robar los cargamentos de oro que transportaba el ejército yanki. En uno de estos asaltos el coronel Cord McNally (John Wayne) pierde a uno de sus mejores amigos. Una vez finalizada la guerra y como venganza personal, Cord McNally se dedicará a buscar a los miembros de la banda de asaltantes. Una pista le lleva hasta el pueblo de Río Lobo, un lugar donde sus enemigos se han convertido en los amos e imponen la ley del más fuerte.
Casi todos los westerns de Hawks se caracterizan porque tienen el mismo esquema, es decir, un hombre valiente (siempre interpretado por Wayne), trata de imponer la ley, pero sólo consigue la ayuda de un reducido grupo de hombres buenos, pero con algún defecto que les imposibilita para la tarea, como ser demasiado viejos, borrachos o incluso demasiado jóvenes. En esta ocasión, el pistolero inexperto es el que interpreta Jorge Rivero. No dejo pasar por alto la extraordinaria belleza morena de Jennifer O'Neill.
Aquí, la muralla numantina de la cárcel, símbolo de la vigencia de la ley donde se atrincheran el héroe por antonomasia, ya otoñal, borrachuzo y conformista (John Wayne), el jóven impetuoso y aprendiz (Jorge Rivero) y el anciano bufón (un cuatrero irredento como Jack Elam), es tan sólo un escenario anecdótico en el metraje del film, un guiño cariñoso a sus películas hermanas.
Esta última obra rodada por Hawks, por momentos tiene el vigor de alguna de sus primeras realizaciones. Su clasicismo y solidez son abrumadores.
Jerry Goldsmith fue el encargado de componer una extraordinaria banda sonora, en cuyo tema principal tenía a Gregg Nestor a la guitarra española.


Os dejo con el tema principal del film.

jueves, 28 de noviembre de 2024

Escenas míticas del cine (CCCLXXXV)


Howard Hawks dirige su última película en 1970, Río Lobo, continuación de las otras dos con las que forma una especie de trilogía, Río Bravo y El Dorado. Las constantes morales de Hawks sobre la amistad masculina (aquí con idea de concordia posguerra norte/sur, ilustrada en una simpática relación entre un coronel yanki y un capitán confederado), su capacidad de crear sentido del humor en los diálogos dentro de la tensión que implica el contexto y desarrollar la acción de forma dinámica, le dan al film un tono agradable. Leight Brackett vuelve a ser su guionista de confianza, como en otras muchas.
A finales de la Guerra Civil Americana (1861-1865), un grupo de suristas mandados por el Capitán Pierre Cordona (Jorge Rivero) se dedican a robar los cargamentos de oro que transportaba el ejército yanki. En uno de estos asaltos el coronel Cord McNally (John Wayne) pierde a uno de sus mejores amigos. Una vez finalizada la guerra y como venganza personal, Cord McNally se dedicará a buscar a los miembros de la banda de asaltantes. Una pista le lleva hasta el pueblo de Río Lobo, un lugar donde sus enemigos se han convertido en los amos e imponen la ley del más fuerte.
Casi todos los westerns de Hawks se caracterizan porque tienen el mismo esquema, es decir, un hombre valiente (siempre interpretado por Wayne), trata de imponer la ley, pero sólo consigue la ayuda de un reducido grupo de hombres buenos, pero con algún defecto que les imposibilita para la tarea, como ser demasiado viejos, borrachos o incluso demasiado jóvenes. En esta ocasión, el pistolero inexperto es el que interpreta Jorge Rivero. No dejo pasar por alto la extraordinaria belleza morena de Jennifer O'Neill.
Aquí, la muralla numantina de la cárcel, símbolo de la vigencia de la ley donde se atrincheran el héroe por antonomasia, ya otoñal, borrachuzo y conformista (John Wayne), el jóven impetuoso y aprendiz (Jorge Rivero) y el anciano bufón (un cuatrero irredento como Jack Elam), es tan sólo un escenario anecdótico en el metraje del film, un guiño cariñoso a sus películas hermanas.
Esta última obra rodada por Hawks, por momentos tiene el vigor de alguna de sus primeras realizaciones. Su clasicismo y solidez son abrumadores.


Precisamente en esa escena donde se atrincheran en la cárcel del sheriff es con la que me quedo hoy, una escena brutal donde Wayne le pregunta a Elam que porqué toca siempre la misma melodía...

Os dejo con la mítica escena.

lunes, 30 de marzo de 2020

Escenas míticas del cine (CXXV)


Howard Hawks dirige Río Bravo en 1959, un western algo claustrofóbico (ideal en los tiempos que vivimos), pero una de las cumbres de un director que fue maestro en varios géneros, pero que en el western lo bordó. Con guión de sus íntimos colaboradores Leight Brackett y Jules Furthman basado en la historia de B. H. McCampbell, que narraba una amistad a través del enfrentamiento entre el sheriff John T. Chance al que da vida John Wayne y sus dos ayudantes contra un terrateniente Nathan Burdette (John Russell) que quiere rescatar a su hermano encarcelado Joe Burdette (Claude Atkins). Chance sólo tiene la ayuda de un viejo simpático, algo cascarrabias, pero mítico personaje Stumpy a cargo del entrañable Walter Brennan, de Dude (Dean Martin), un tipo dado a la bebida por culpa de su mujer y en cierto modo también por Colorado Ryan, al que da vida un joven cantante Ricky Nelson (sustituto de Elvis Presley, que no llegó a un acuerdo económico por medio de su agente). Los cuatro se enfrentan al  terrateniente, cerrándose poco a poco el cerco sobre ellos y tendrán en la prisión del pueblo su propia prisión, y a la vez un lugar seguro.
Como no puede ser de otra forma también hay lugar para el amor en un western evidentemente masculino, y ahí es donde reluce con protagonismo estelar Angie Dickinson, dando vida a Feather, una vividora que huye de su dudoso pasado y que enamora al sheriff. Precisamente la escena final, él hace llorar a Feather demostrándola de una manera tosca que la quiere, además de tener su lado cómico.


Os dejo con la mítica escena.

martes, 30 de junio de 2015

Rio Lobo (1970)

Cartel del film


Howard Hawks dirige su última película en 1970, Río Lobo, continuación de las otras dos con las que forma una especie de trilogía, Río Bravo y El Dorado. Las constantes morales de Hawks sobre la amistad masculina (aquí con idea de concordia posguerra norte/sur, ilustrada en una simpática relación entre un coronel yanki y un capitán confederado), su capacidad de crear sentido del humor en los diálogos dentro de la tensión que implica el contexto y desarrollar la acción de forma dinámica, le dan al film un tono agradable.
Leight Brackett vuelve a ser su guionista de confianza, como en otras muchas.


A finales de la Guerra Civil Americana (1861-1865), un grupo de suristas mandados por el Capitán Pierre Cordona (Jorge Rivero) se dedican a robar los cargamentos de oro que transportaba el ejército yanki. En uno de estos asaltos el coronel Cord McNally (John Wayne) pierde a uno de sus mejores amigos. Una vez finalizada la guerra y como venganza personal, Cord McNally se dedicará a buscar a los miembros de la banda de asaltantes. Una pista le lleva hasta el pueblo de Río Lobo, un lugar donde sus enemigos se han convertido en los amos e imponen la ley del más fuerte.


Casi todos los westerns de Hawks se caracterizan porque tienen el mismo esquema, es decir, un hombre valiente (siempre interpretado por Wayne), trata de imponer la ley, pero sólo consigue la ayuda de un reducido grupo de hombres buenos, pero con algún defecto que les imposibilita para la tarea, como ser demasiado viejos, borrachos o incluso demasiado jóvenes. En esta ocasión, el pistolero inexperto es el que interpreta Jorge Rivero.
No dejo pasar la extraordinaria belleza morena de Jennifer O'Neill.


Aquí, la muralla numantina de la cárcel, símbolo de la vigencia de la ley donde se atrincheran el héroe por antonomasia, ya otoñal, borrachuzo y conformista (John Wayne), el jóven impetuoso y aprendiz (Jorge Rivero) y el anciano bufón (un cuatrero irredento como Jack Elam), es tan sólo un escenario anecdótico en el metraje del film, un guiño cariñoso a sus películas hermanas.
Esta última obra rodada por Hawks, por momentos tiene el vigor de alguna de sus primeras realizaciones. Su clasicismo y solidez son abrumadores.


Os dejo con el tráiler de esta mítica película.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Se nos va Lauren Bacall.



Sin solución de continuidad, después de la triste noticia de la muerte de Robin Williams, se nos va una de las estrellas más grandes de Hollywood de todos los tiempos, Lauren Bacall, la eterna viuda de Humphrey Bogart, que ha sufrido ayer un derrame cerebral a los 89 años.
Bacall era la superviviente de una generación a la que llegó muy joven (con 19 años, para rodar "To Have and Have Not" en 1944 y atarse ya a Bogart) y que la perspectiva de la historia ha acordado llamar Hollywood dorado. Apenas quedan compañeros que la conocieran de verdad.




Inició su carrera en el teatro, y después empezó a trabajar en el cine. Participó en unas 40 películas, entre las que destacan Tener y no tener (1944), The Big Sleep (1946), Dark Passage (1946), How to Marry a Millionaire (1953), Designing Woman (1957) y The Mirror has two faces (1996). Sus interpretaciones la hicieron acreedora de múltiples premios, entre ellos un premio del Sindicato de Actores, un Globo de Oro y dos Tony. Por su trayectoria profesional recibió el Óscar honorífico, así como el premio Cecil B. DeMille, el César Honorífico y el Premio Donostia.
Su época había sido otra, si bien había estado en activo hasta hace dos años, cuando prestó su cavernosa y legendaria voz a "Ernest & Celestine", una cinta de animación, y en las últimas décadas había pasado de puntillas por cintas clave de la evolución del lenguaje cinematográfico como "Dogville", de Lars Von Trier.





Para mi la mirada de la Bacall es de las más profundas y asombrosas del cine de todos los tiempos, de esas que no se olvidan.
Os dejo con una escena mítica de la película Tener o no tener de 1944, dirigida por Howard Hawks e interpretada por esa pareja mítica de Hollywood, Humphrey Bogart y Lauren Bacall además de Dolores Morán, otra guapísima actriz de la época.