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viernes, 20 de abril de 2018

Campeones (2018)


La trayectoria de Javier Fesser como director, después de un magnífico comienzo con Aquel Ritmillo (1995) y El secdleto de la tlompeta (1995) sus dos primeros cortos y sobre todo con el Milagro de P. Tinto (1998), su primer film largo y especialmente recordado haciendo gala de un tremendo y divertido humor, hizo que su carrera fuera por esos derroteros hasta La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón (2003). A partir de ahí vino un cambio con Binta y la gran idea (2004) y sobre todo con Camino (2008), aquel dramón que le dio muchos Goyas al año siguiente. La vuelta en 2014 con Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo hizo pensar que volvía a su lado humorístico. Pero ahora en Campeones, no sólo sigue con el humor, sino que lo mezcla con la ternura y ciertas dosis de drama, una mezcla que le sale redonda.


Si que es cierto, que el guión y la historia de este film podrían parecer algo arquetípicas, pero la manera de tratarlo de Fesser hace que te llegue al alma, y lo explico a continuación.
El film narra la historia de Marco, interpretado por el gran Javier Gutiérrez, un entrenador profesional de baloncesto, cuyo trabajo es segundo entrenador del Estudiantes, que un día en un partido estalla, dentro de su propia crisis personal, y se enfrenta al primer entrenador en el transcurso de un partido, por la noche se emborracha y tiene un altercado con la policía. El resultado es que se le despide del club, se le retira el carnet de conducir por dos años y se le conmuta la pena de cárcel por 3 meses de trabajos para la comunidad, que la jueza le determina será dirigir a un equipo compuesto por personas con discapacidad intelectual. Él al principio lo llevará mal, pero irá aprendiendo que a esos chicos debe quererlos.



Pero Campeones tiene una gran virtud y consiste en que te presenta a los miembros del equipo como son, con todo lo que tienen, al desnudo, sus problemas que son muchos, pero también sus virtudes, que las tienen. Todos los trabajos que tienen y en los que están integrados, para luego ir al club y jugar al baloncesto. La soberbia inicial de Marco se irá tornando (y ahí Javier Guitérrez está de diez) en una comprensión y una ternura hacia esos chavales, que hará que saque de ellos lo mejor. Consiguen meterse en la liga nacional y empiezan a jugar partidos, e irán mejorando tanto que llegarán a la final del campeonato.


Quizás algunos elementos de superación son algo forzados, pero estamos ante un film, alguna cosa de más siempre tiene que haber, pero todo está tratado desde el cariño y con un sentido del humor realmente admirable. Al final se convierte en una lección de vida, tanto para Marco el protagonista, como para los que ven el film y entienden el mensaje que el director ha querido lanzar, creo. Ese toque humano es lo que le da tintes al film de auténtico, y consigue engancharte hasta tal punto de que en las partes más sensibles sueltes una lágrima. Pero en conjunto el humor y la lágrima de emoción hacen una combinación perfecta.


Os dejo con el tráiler de esta muy admirable película.

martes, 16 de diciembre de 2014

Noviembre (2003)

Cartel del film


 
Después del exitazo que supuso El Bola (2000) para Achero Mañas, el actor reconvertido a director de cine, en 2003 realizó Noviembre, que es un falso documental (lo de falso en el mejor sentido de la palabra) sobre un grupo de teatro español, que llevaba el nombre de ese penúltimo mes de año.
Esta película tiene un concepto que me encanta y es que para aquellos que piensan que el cine dejó de ser el Séptimo Arte para convertirse en una máquina de hacer dinero, en este film encontrarán todo lo contrario. El cine aquí pasa a ser arte, transmite, enseña sensaciones, vivencias y sobre todo una historia muy real, y además consigue que una vez vista, sientas que puedes cambiar el mundo.
 




 
Alfredo (Óscar Jaenada) llega de un pueblo de Murcia a Madrid para estudiar interpretación. Allí logra unir a un grupo de alumnos y amigos y formar su grupo de teatro, embadurnado de un barniz total de idealismo. El grupo se basa en actuar en la calle, en el metro, en un parque... para llamar la atención del espectador sobre hechos como la guerra, el mal endémico que provoca la televisión, el terrorismo, etc., siempre sin cobrar un duro, ya que el dinero corrompe el arte.
¡Cierren las salas, el arte está en la calle! Empujado por el grito revolucionario y ese espíritu antes reseñado, Alfredo como líder del grupo decide crear "un arte más libre, hecho con el corazón, capaz de hacer que la gente se sienta viva".



 
Los montajes que realiza el grupo en la calle están muy bien realizados y montados, y parecen que sean grabados con cámara oculta ante la reacción del público. En esas actuaciones no hay límites ni censuras, de hecho hay momentos radicales, que provocan discusiones entre los miembros del grupo sobre las líneas a seguir. Pero son ideas, unas mejores u otras menos bien llevadas, con la finalidad de que el espectador deje de ser un mero espectador y forme parte de la función. El teatro como la vida, la vida como el teatro... no hay diferencia, sólo pasión. Eso provocará que pongan en alerta a las fuerzas de orden público.
Además, también es una nueva muestra de las ganas de cambiar el mundo que se tiene cuando uno es joven, y que con el paso de los años se quedan en un vago recuerdo de juventud.
 
 


 
Óscar Jaenada está soberbio, Ingrid Rubio no lo hace nada mal y todos los actores como Héctor Alterio y sobre todo Juan Diego (al que admiro mucho) están sobresalientes.
 
Os dejo con el film.