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jueves, 25 de mayo de 2023

Escenas míticas del cine (CCLXXXII)


En 1974, Francis Ford Coppola realiza la segunda parte del Padrino, basado igualmente en la novela de Mario Puzo. Aquí se desarrolla la continuación de la historia de los Corleone, por medio de dos historias paralelas, primero la elección de Michael Corleone como jefe de los negocios familiares y por otro los orígenes del patriarca, el ya fallecido Don Vito a quien da vida un inmenso y muy joven Robert de Niro, primero en Sicilia y luego en Estados Unidos, donde empezando desde abajo llegó a ser el capo de la mafia de New York.
Aquí suceden hechos realmente importantes en el devenir de la familia, y la película relata el reinado de Michael con todos sus problemas, y su manera de manejar todo.
En una escena inolvidable que en la cinta recrea la noche del 31 de diciembre de 1958 en La Habana, los protagonistas son Michael Corleone (Al Pacino) y Fredo Corleone (John Cazale). Ambos han transitado un largo camino en la ciudad cubana, que les lleva a descubrir una traición que cambiará para siempre la historia de la poderosa familia. Mientras los invitados empiezan a abrazarse y desearse feliz año, en el fondo se ve a Fulgencio Batista, el anfitrión y dictador de la isla cubana, quien manejó sus designios durante casi una década con mano dura. En ese mismo instante Michael busca a Fredo, le toma del cuello y le besa en la boca mientras le dice "Sé que fuiste tú, ¡me destrozaste el corazón!". Es así como Michael descubre a su hermano, quien había mandado a unos matones a matarle en su propia casa. Mientras tanto, un matón de la familia intenta cargarse a Hyman Roth sin éxito.
Pero en otra escena igual de memorable, Fredo, después de engañar y traicionar a su hermano, vuelve a casa para dar una explicación a Michael, a la vez que busca su perdón. Pero Michael le da a entender que es demasiado tarde, es entonces cuando sale el Michael petreo que ni olvida ni perdona, que se ha vuelto desconfiado y muy despiadado ya que tiene enemigos hasta en su propia familia. La suerte de Fredo está echada y Michael ha decidido que ya no es su hermano y la frase "Fredo eres un extraño, ya no eres mi amigo ni mi hermano" es lapidaria.


Os dejo con la mítica escena.

martes, 20 de junio de 2017

Escenas míticas del cine (LVIII)


En 1972 Francis Ford Coppola dirige una obra maestra, El Padrino, basada en la novela de Mario Puzo, que participó en el guión junto al propio director. Hay una escena, después de que se haya presentado a la familia a través de una larga introducción, donde se produce la entrevista entre la familia Corleone (sin Michael, que no entraba todavía en los negocios) y el narcotraficante Virgil Sollozzo (interpretado magistralmente por Al Lettieri). En este encuentro, Sollozzo ofrece a la familia Corleone un trato, del cual Don Vito (Marlon Brando) pronto se descuelga al no gustarle la división del dinero, y le acusa de que tendrá que financiarle influencia política y protección legal en la operación, a cambio de un porcentaje bajo de beneficios. Es un negocio de importación de heorína que el narco tiene pactado con la familia Tattaglia. Esta negativa de Don Vito, desencadenará toda la espiral de crímenes que ya no para en todo el film, que tocará al propio Don Vito y hará que la figura de Michael Corleone crezca de forma exponencial.


Sin duda el momento más mítico es la metedura de pata de Sonny (James Caan), algo habitual en el impetuoso hijo mayor de El Padrino, al que su padre echará la bronca pertinente a solas después de la reunión. Pero hay una frase, después del discurso de Sollozo donde dice necesitar a una persona con "amigos influyentes y un millón de dólares en la mano" en la que Don Vito deja claro que perdería el apoyo de esos políticos si le relacionan con asuntos de drogas, en vez de con el juego, que es por donde él se los metió en el bolsillo, en pocas palabras considera el asunto del narcotráfico algo sucio, algo que no gusta nada al narco, aunque deja claro que a él le es indiferente lo que un hombre haga para vivir. También es una contraposición de una ideología más antigua, con una más moderna. Se estrechan las manos, pero Don Vito no se fía de Sollozo y hace llamar a Luca Brasi, para que investigue sobre él, ya que no le parece de confianza...


Os dejo con la mítica escena.

sábado, 8 de abril de 2017

Escenas míticas del cine (LI)


En 1974, Francis Ford Coppola realiza la segunda parte del Padrino, basado igualmente en la novela de Mario Puzo. Aquí se desarrolla la continuación de la historia de los Corleone, por medio de dos historias paralelas, primero la elección de Michael Corleone como jefe de los negocios familiares y por otro los orígenes del patriarca, el ya fallecido Don Vito a quien da vida un inmenso y muy joven Robert de Niro, primero en Sicilia y luego en Estados Unidos, donde empezando desde abajo llegó a ser el capo de la mafia de New York.
Aquí suceden hechos realmente importantes en el devenir de la familia, y la película relata el reinado de Michael con todos sus problemas, y su manera de manejar todo.
En una escena inolvidable que en la cinta recrea la noche del 31 de diciembre de 1958 en La Habana, los protagonistas son Michael Corleone (Al Pacino) y Fredo Corleone (John Cazale). Ambos han transitado un largo camino en la ciudad cubana, que les lleva a descubrir una traición que cambiará para siempre la historia de la poderosa familia. Mientras los invitados empiezan a abrazarse y desearse feliz año, en el fondo se ve a Fulgencio Batista, el anfitrión y dictador de la isla cubana, quien manejó sus designios durante casi una década con mano dura. En ese mismo instante Michael busca a Fredo, le toma del cuello y le besa en la boca mientras le dice "Sé que fuiste tú, ¡me destrozaste el corazón!". Es así como Michael descubre a su hermano, quien había mandado a unos matones a matarle en su propia casa. Mientras tanto, un matón de la familia intenta cargarse a Hyman Roth sin éxito.


Os dejo con la mítica escena.

lunes, 24 de noviembre de 2014

The Deer Hunter (1978)

 Cartel del film

 
Michael Cimino dirige en 1978 esta tremenda epopeya, que desde mi punto de vista es una obra maestra. Antes todo he de decir, que pocas películas saben tratar el tema de la amistad como en esta, y lo desgarrador que puede ser haber perdido las cosas bonitas que hemos tenido, de la forma más cruel, además de ser un canto a la supervivencia. Muy emotivo film, dónde la guerra de Vietnam también tiene su punto importante, para la explicación de muchas cosas, pero no es una película bélica, ya que en sus casi 3 horas de duración, sólo una media hora o algo más alcanza el tema de la guerra.

  
Cinco inseparables amigos trabajan en los altos hornos de Pennsylvania, entre metal fundido y altas temperaturas. Tres de ellos, Michael (Robert de Niro), Steven (John Savage) y Nick (Christopher Walken), se alistan para ir a luchar a Vietnam. Dos años más tarde, se vuelven a encontrar allí en plena batalla, cuando se produce la invasión del Vietcong. Cuando son capturados, los vietnamitas les obligan a participar en un juego suicida, la ruleta rusa, en el que sólo puede haber un vencedor. Aunque consiguen escapar, esta experiencia les deja marcados toda la vida.


Es, a las claras un film lírico, atormentado, un viaje de amistad con dolor de por medio, de muerte, de amor y de desesperación incalculable, pero que nos deja una sensación de derrota y de pérdida, ante todo de mucha pérdida. El verdadero fondo de la película nos muestra como una generación de hombres que van a una guerra absurda (como todas) vuelven completamente trastornados y sus vidas, ya no serán las que fueron.
Lo mejor de este film, es que es imperecedero, ya que habla de cosas que importan, la dificultad de la amistad, la certeza de la muerte, y lo hace a través de personajes verdaderos, ahí donde Cimino lo borda.




Mención aparte las interpretaciones de un magistral Robert de Niro, cuyo personaje es el más duro mentalmente, un Christopher Walken que está soberbio en todos los aspectos y cuyo personaje es clave en la película. John Savage está también enorme, en otro papel muy importante. Mención especial a una joven Meryl Streep, que ya apuntaba unas maneras tremendas además de estar guapísima.
Una película que me sigue haciendo llorar. También trememda banda sonora de Stanley Myers, y el tema central Cavatina que se repite en varias partes del film.

  
Bella y trágica película de obligado visionado, que se inscribe con letras de oro dentro de esa década tumultuosa y extraña que fueron los setenta, en la que tantas cosas (la mayoría buenas) acabaron y tantas otras (la mayoría malas) empezaron, y no solamente en el cine...
 
Os dejo con el tráiler de esta inolvidable película.