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jueves, 22 de junio de 2023

Escenas míticas del cine (CCLXXXVI)


Sergio Leone dirige en 1968 para mi su obra maestra incontestable, después de su trilogía del Spaguetti Western, Once upon a time in the west (traducida aquí como "Hasta que llegó su hora"). Con uno de los comienzos más sangrientos y espectaculares de la historia del cine, Brett McBain (granjero viudo de origen irlandés) y sus hijos que viven en una zona desértica y pobre, son asesinados por una banda de pistoleros, antes de la llegada de su futura esposa Jill (Claudia Cardinale) que viene desde Nueva Orleans (en realidad una fulana). Esa banda de pistoleros la lidera Frank interpretado por un Henry Fonda en estado de gracia, y que en muchos momentos del film es el mejor malo que he visto en el cine. En el lado opuesto está Harmonica (Charles Bronson), cuya venganza será lenta pero segura.
La llegada de Harmonica al pueblo es de las que se hacen notar, se baja del tren por el otro lado, mientras que en el lado normal están tres tipos de la banda de Frank, en una escena mítica que no tiene diálogos (ni falta que le hacen) y donde solo suena la armónica que toca el protagonista, y que está en la banda sonora de Ennio Morricone, se produce el tiroteo, donde Harmonica derriba a los tres rivales, sufriendo una pequeña lesión en un brazo.


Os dejo con la mítica escena.

viernes, 25 de septiembre de 2015

The Professionals (1966)

Cartel del film


Richard Brooks dirige en 1966 Los Profesionales, un clásico del western colocado por derecho propio entre los mejores de la historia del cine. Este director tenía ya joyas en su bagaje como La gata sobre el tejado de zinc (1958) y Dulce pájaro de juventud (1958) entre otras.
Con un reparto actoral de lujo, la música de Maurice Jarre y un excelente guión basado en la novela A mule for the Marquesa de Frank O'Rourke, Brooks firma un western crepuscular sobre unos paisajes desolados, desérticos, de sol abrasador, por los que se mueven unos personajes que son algo así, como los representantes de una raza de hombres acostumbrados a vivir a salto de mata, de un lado para otro de la frontera, unas veces de lado de unos supuestos buenos y otras de su propio lado, en una delgada línea frágil.


En el año 1917 cuatro expertos mercenarios son reclutados por un multimillonario llamado Joe Grant (Ralph Bellamy) con la misión de recuperar a su esposa (Claudia Cardinale) de las manos de un rebelde mexicano llamado Jesús Raza (Jack Palance). Raza había sido compañero de los profesionales contratados, Henry Rico Fardan (Lee Marvin) y Bill Dorworth (Burt Lancaster), cuando estos dos últimos se habían unido a la causa de la revolución mexicana.
Pero la historia tendrá un giro inesperado cuando ellos vayan al rescate de la mujer, ya que no era lo que les había contado Mr. Grant.

Claudia Cardinale, diosa

En este film destaca sobre manera la descripción de seres de otro mundo, en franca retirada ante el empuje de una civilización basada en automóviles y petróleo, en el que algunos tienen el dinero suficiente para que otros se ocupen de sus turbios asuntos. En este caso concreto se trata de cobardes plagados de dólares, incapaces de retener a una mujer capaz de convertir a algunos niños en hombres y algunos hombres en niños, cosa que se comprende muy bien cuando a uno de los personajes le preguntan sobre el porqué de una recompensa tan alta por jugarse la vida por una mujer, pero claro ¡¡¡qué mujer!!! una Claudia Cardinale en estado de gracia y guapa hasta decir basta (lo siento no puedo ser objetivo con esta mujer), con una sensualidad a prueba de bombas.


La lealtad a los pensamientos, el romanticismo que todavía existe de la rebeldía, la amistad, la integridad en el proceder, el amor pertinaz o el encuentro entre idealismo y realismo son varios de los temas tratados en el film, todos ellos de manera soberbia. Un viaje de ida y vuelta con un desenlace a la altura del peculiar sentido del honor, que todos ellos comparten de manera tácita.


Os dejo con el tráiler del film.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

7 Women (1966)

Cartel del film
 
 
El gran John Ford cerró su carrera como director con una película que algunos juzgan como menor, y no digo que no lo sea en cuanto a formato y quizás puesta en escena, pero desde luego no en cuanto a trasfondo, en interpretaciones ni lecturas. Mucho se ha dicho de que si Ford era un cineasta ultraconservador que rayaba el fascismo, hombre no sé si llegaba a tanto, pero desde luego al ver este film no diría yo eso.
La historia se centra en el verano de 1935, en la frontera entre China y Mongolia, dominada por señores feudales y bandidos, dónde los miembros de una misión americana se encuentran desamparados tras la invasión del país por Tunga Khan (Mike Mazurki, uno de los borrachines y esbirros más característicos del western en general y del de Ford en particular, detalle importante como se verá). Ante la urgente petición de un médico por parte de la misión, llegará como respuesta la doctora Cartwright (Anne Bancroft, que está brutal), una persona con ideas modernas e independiente, descreída y mundana, con un carácter fuerte y una sinceridad que chocan demasiado frontalmente con el ambiente tradicional y conservador que se respira en la misión.
En la misión, dirigida por Agatha Andrews (Margaret Leighton, que está fenomenal), se combina el trabajo material con la educación religiosa. En ella convive con algunos criados chinos y con sus colaboradores, Jane (Mildred Dunnock), la señorita Russell (Anna Lee, una de las fijas de Ford a lo largo de su carrera, y amiga personal), Charles Pather (Eddie Albert), el profesor de religión, su esposa Florrie (Betty Field, espléndidamente insoportable), que vive un embarazo tardío y muy peligroso, tanto por ese hecho mismo en sí como por la situación que rodea a la misión, y, sobre todo, con la joven Emma Clark (Sue Lyon, algo alejada, aunque no del todo, de sus carnales exhibiciones para Kubrick), atractiva muchacha por la que enseguida adivinamos que la señorita Andrews siente una inclinación “especial”.

  
Ford no acaba de concretar el planteamiento del film, pero no por relajación o pereza, sino que es, diría que aposta para que provoque, de manera imperfecta, una atmósfera opresiva y muy amenazante, ese tipo de peligro difuso, difícil de definir pero que hace que la vida de un grupo de misioneras laicas norteamericanas penda de un fino hilo.
La película transita a lo largo de sus apenas 83 minutos en un equilibrio de contrarios en lucha permanente, simbólicamente encarnados en los personajes.
 
Os dejo con este film no tan menor.