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lunes, 19 de febrero de 2018

The Shape of Water (2017)


Parece que por fin el mundo de la ciencia ficción tratado con exquisita maestría por Guillermo del Toro empieza a tener reconocimiento en la Academia, y La Forma del Agua, su última y espléndida película, ha alcanzado trece nominaciones a los premios Óscar y por lo visto ayer, espero que se lleve muchos de ellos. Lo primero que me llama la atención de este film es la factura técnica y artística que es de un nivel altísimo, y teniendo en cuenta que trata una historia de amor monstruoso y bello a la vez, es algo que hay que hacer de manera delicada sin que resulte ni pastoso ni empalagoso, y os puedo asegurar que en eso Guillermo es un maestro.  No se puede negar que el referente de la película La mujer y el monstruo de 1954 está ahí, pero Del Toro le ha dado su pócima y ha hecho su propia idea. Por si fuera poco, la banda sonora de la película no solo es acertadísima, sino que me apasionó, toda ella elegida por Alexandre Desplat.


Esta película tiene la gran habilidad de sumergirte, nunca mejor dicho, en una historia donde logra alcanzar tu corazón y poco menos que tocarlo y derretirlo, alcanzado incluso momentos mágicos. La historia nos cuenta como un hombre anfibio (interpretado por Doug Jones) es trasladado a unas instalaciones secretas en Estados Unidos sobre el año 1963, una época en la que las fricciones entre EEUU y la U.R.S.S. eran constantes en plena Guerra Fría, por lo que el espionaje y el contraespionaje estaban a la orden del día. En esas instalaciones hay un servicio de limpieza que se mezcla con todos los que allí trabajan, y realizan su sacrificada labor. Dos de esas mujeres, Elisa Espósito (maravillosamente interpretada por Sally Hawkins) y Zelda Fuller (a la que da vida estupendamente Octavia Spencer) verán llegar al hombre anfibio y serán las encargadas de limpiar la sangre que provoca el enfrentamiento entre él y Richard Strickland (Michael Shannon), el tipo del gobierno que ha traído al hombre pez.


A partir de ahí y a escondidas, Elisa irá a visitar al hombre anfibio, le dará de comer, le pondrá música y notará que es receptivo y con un lado afable y cariñoso que contrasta completamente con los métodos violentos de Strickland, que le trata como a un trozo de carne que le sobra. Éste personaje es un villano sublime, que acumula muchos estereotipos de esa época.
Pero el director tiene la gran habilidad de contar la historia a través de uno de los protagonistas, Giles (al que da vida Richard Jenkins), un antiguo ilustrador de publicidad y que comparte casa como vecino con Elisa, y relatarlo como si de una fábula se tratara, un cuento que da igual que pasara o no, sino que lo importante es lo que tu, como espectador, puedas sacar de dicho relato.


Elisa representa la fragilidad más absoluta en un mundo de hombres, ya que ella es pequeña, huérfana y muda, pero tendrá la gran habilidad de entender a ese ser, que otros solo "entienden" a palos. Su vida era rutinaria, su baño matinal, su autobús al trabajo y su labro allí, pero la aparición del ser cambiará sus ritmos. En su afán por salvarle la vida al hombre anfibio, contará como colaborador inesperado pero fundamental con el Doctor Robert Hoffstetler (Michael Stuhlbarg), que como ella, tendrá el mismo fin de ayudarle.
Pero este film es una mezcla perfecta entre una película de monstruos, un cuento de hadas y un thriller de espionaje, donde todo está medido, e incluso las dosis de humor son más elevadas de lo que podría parecer a primera vista.


En definitiva, esto es cine amigos y amigas, puede haber gustos para los diferentes estilos, pero esta cinta te cautiva si o si, seas fan de esos géneros o no, te guste el tipo de música que suena o no, es todo un conjunto realmente apabullante.


Os dejo con el tráiler de esta gran película.

viernes, 30 de octubre de 2015

Crimson Peak (2015)

Cartel del film

Guillermo del Toro, el director mexicano, ha realizado en su último film un personalísimo ejercicio sobre lo gótico, encontrando además el pretexto narrativo para que la siniestra mansión que preside el relato a partir del segundo cuarto del mismo, supure directamente sangre (o algo viscoso muy parecido) en un cargador rojo oscuro, además del añadido de la arcilla del terreno, que propicia una eficaz metáfora visual sobre la malignidad que encierra la casa y su entorno. Los referentes son claros, Roger Corman (La caída de la casa Usher) o Sam Reimi (Posesión Infernal), etc...


La historia narra la vida de una escritora americana, Edith Cushing (Mia Wasikowska) que después de una tragedia familiar se encuentra en un dilema, elegir entre el amor de su amigo de la infancia y médico de su padre, o la tentación de un misterioso desconocido que le acaba robando el corazón, el enigmático Thomas Sharpe (Tom Hiddleston). En su intento por escapar de los fantasmas del pasado, emprende viaje con su amado a su mansión en Inglaterra, una casa que respira, sangra, rezuma... y recuerda. Allí compartirá vida con Thomas y su hermana Lucille (Jessica Chastain), que será una de las más malvadas villanas que haya visto.



Muy importante es el tema de diseño de producción y el vestuario, aquí cada elemento visto en pantalla, goza de un nivel de detalle único y pocas veces visto en grandes producciones. Desde los vestidos que utiliza Jessica Chastain hasta la misma casa, auténtica protagonista total. Además, Del Toro demuestra una característica muy inteligente y es que deja claro que el nivel de efectos visuales para una historia de terror, es mejor dejarlo en un margen mínimo, donde los fantasmas que aparecen son actores que interpretan espectros, logrando mayor interacción con el actor.


La música juega también un papel muy importante dentro de un romance gótico, donde la tentación de ideas de toques barrocos o minimalismo podía dominar, pero Del Toro contrató los servicios del español Fernando Velázquez, con un trabajo sencillo pero acertado.
Pasando ya al tercer cuarto, el director nos ofrece una visión retorcida e incómoda para el espectador, lejos del horror fantasmal, Del Toro indaga sobre los pecados de una familia, que son de dimensiones brutales.


La película tiene el sello inconfundible de su director, lo transpira y supura plasmándolo en un retrato, aunque a veces se pierde en su historia, un guión algo deshilachado en algunos momentos. Si bien la característica del romance gótico es el choque del pasado (fantasmas) y el presente (vivos) quizás peca de inocencia excesiva en algunos personajes, y la forma que se desarrolla el último cuarto del film me deja un poco descolocado.


Un film, en resumen, que despliega mucha parafernalia y efectismo, pero que narrando una interesante historia, a veces le faltan detalles para concretar una obra para el recuerdo.

Os dejo con el tráiler.