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domingo, 25 de enero de 2026

Escenas míticas del cine (CDLXVI)

En 1974 John Guillermin e Irwin Allen dirigen El coloso en llamas. En una época en la que proliferaban películas de catástrofes, esta en concreto reunió a un buen número de actores de primer nivel y que se había iniciado con La Aventura del Poseidón. Aquí se nos cuenta como las autoridades y personajes más importantes de San Francisco se encuentran en la fiesta de inauguración de un nuevo rascacielos de 138 plantas. Mientras los invitados disfrutan de la fiesta, que se celebra en el último piso del edificio, un suceso fortuito desencadena la tragedia, se trata de un cortocircuito en un cuarto trastero del piso 81, lo que provoca un incendio que comienza a expandirse a gran velocidad. El arquitecto Doug Roberts, al que da vida Paul Newman, había avisado de que se debía poner otro tipo de cables de más alta especificación, pero no le hicieron caso, era el viejo desafío del ser humano intentando tocar el cielo con una torre de acero, cemento y cristal, que se convierte en una trampa mortal para la envidia y la ambición mal enfocadas, sin hacer las cosas como dios manda y provocando una gran tragedia. Es entonces cuando entra en acción el cuerpo de bomberos encabezado por Michael O'Hallorhan, al que daba vida Steve McQueen, quien plantea el peligro de hacer edificios tan altos que complica la labor de los bomberos.
En una escena mítica el jefe de bomberos le dice a Roberts que no utilicen el ascensor express, Doug llama arriba y lo comunica. Entonces el dueño del edificio Jim Duncan (William Holden) habla a todos los integrantes de la fiesta y les pide no utilizar ese ascensor, pero después de la charla se abren las puertas del mismo, y los que hay cerca se meten dentro y se cierra...


Os dejo con la mítica escena.

miércoles, 27 de abril de 2022

Escenas míticas del cine (CCXXV)

Como decía días atrás, en 1960 John Sturges dirige Los 7 magníficos, un clásico entre los clásicos que fue en su día un bombazo de taquilla con un reparto maravilloso y una de esas películas que han disfrutado generaciones enteras desde su estreno. No es una obra maestra, pero es un film muy disfrutable en cada nuevo visionado, además de tener el placer de ver a actores míticos, muchos de ellos en el zenit de sus respectivas carreras. La idea partió del protagonista principal Yul Brynner, quien convenció al productor Walter Mirish de que había que hacer un remake de Los siete Samurais de Akira Kurosawa, de 1954, cumbre del japonés. El olfato de Brynner acertó de pleno ya que el aspecto psicológico de la trama y que envuelve a los personajes con sus propios miedos y deudas con la vida es evidentemente más complejo en la cita japonesa, pero Sturges con sus guionistas resuelve la papeleta con mucha dignidad, y aunque es un film menor que el original, tiene emoción y fuerza suficientes para salir a flote. Y se logró gracias a tres pilares fundamentales, el reparto soberbio y entregado, una música épica y un director que sabía lo que hacía.
La historia cuenta como unos humildes habitantes de un pueblo mexicano, que viven modestamente de la agricultura, se hallan a merced de una banda de forajidos que constantemente les exigen un pago por sus cosechas. Ellos no saben defenderse y acaban decidiendo contratar los servicios de siete pistoleros, implacables mercenarios, donde cada uno tiene una habilidad especial en el manejo de las armas.
En una mítica escena Chris Larabee (Yul Brynner) ha hecho correr la voz de que se necesitan pistoleros para hacer frente a los forajidos y defender a los humildes mexicanos que piden ayuda. 
Chris y Vin Tunner (Steve McQueen) van en busca de Lee (Robert Vaughn) que tiene sus problemas y sus historias, pero le quieren por ser buen tirador.


Os dejo con la mítica escena.