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martes, 26 de noviembre de 2013

Modern times (1936)

Cartel del film

En 1936, Charles Chaplin dirige y protagoniza Tiempos modernos, una extraordinaria película, que sigue vigente a día de hoy del cine norteamericano de los años 30. Chaplin vió que la crisis no era más que una excusa para una mayor explotación del capitalismo, como ahora mismo podemos comprobar a día de hoy, para un mayor sometimiento y eliminación de los derechos sociales y de los avances laborales. Aquí la película refleja la situación de La Gran Depresión, dónde hubo una crisis descomunal.


Pero hay dos planos iniciales en ésta película muy esplícitos, el primero es un rebaño de ovejas, desfilando por un plano en picado, para a continuación convertirse dichas ovejas en personas vestidas con sombrero que se dirigen a una fábrica a fichar y trabajar. El interior de la fábrica nos muestra una cadena de montaje, ese sistema instaurado por el empresario modelo de aquellos tiempos, osea, Henry Ford. Es decir, da a entender que ese empresario ha conseguido tener al trabajador como un esclavo, con tiempos justitos para almuerzo, u ocio, y sometido a una dinámica que le convierte en una máquina, quedándose el trabajador con escasa respuesta.


Más adelante hay una secuencia en la que el trabajador está paseando por la calle en una zona obrera dónde abundan la pobreza y el hacinamiento. Le han despedido de la fábrica y de repente pasa un camión y se le cae una bandera roja que indica la carga que sobresale, el hombre la coge y empieza a ondearla para avisar al conductor del camión, lo que provoca que involuntariamente se ponga al frente de una manifestación de trabajadores y tomado por líder sindical de la protesta, así que sufre la carga policial y es llevado a la cárcel.



La verdadera historia de la película no es la conquista de una chica, sino la búsqueda de trabajo. El vagabundo y la chica quieren pertenecer a la clase media, tener una casa y montar un jardín con árboles frutales.

Disfrutad de éste gran film con un trasfondo de crítica social.


miércoles, 6 de noviembre de 2013

The Great Dictator (1940)

   Cartel del film

El gran dictador es una película escrita, dirigida y protagonizada por Charles Chaplin en 1940. Era el único cineasta en Hollywood que seguía realizando películas mudas cuando el sonido ya estaba plenamente implantado en el cine, siendo ésta su primera película sonora y curiosamente la de mayor éxito. En el momento de su estreno, Estados Unidos no estaba en guerra todavía con la Alemania Nazi, pero la película ya demostraba una feroz y controvertida condena al nazismo, el fascismo y el antisemitismo, pero realmente lo era a las dictaduras en general.


Un humilde barbero judío tiene un parecido asombroso con el dictador de Tomania, un tirano que culpa a los judíos de la crítica situación que atraviesa el país. Un día, sus propios guardias lo confunden con el barbero y lo llevan a un campo de concentración. Al mismo tiempo, al pobre barbero lo confunden con el tirano. Chaplin interpreta ambos papeles, el del dictador Adenoid Hynkel (clara parodia de Adolf Hitler) y el barbero judío que guarda similitudes con el personaje del vagabundo de Charlot, aunque no hay referencias explícitas del mismo, se considera que en éste film está la última aparición de Charlot.


Hynkel, el dictador de Tomania, es presentado como un hombre egoísta, infantil, inseguro, incapaz de tomar decisiones de ninguna clase y todavía menos de gobernar un país, la bola del mundo con la que juega en una de las escenas más memorables del film, que acaba explotando, física y simbólicamente, en sus manos. Pero Hitler no es el único personaje de carne y hueso que inspiró a Chaplin, el dictador de Bacteria, Benzino Napoloni (Jack Oakie), está inspirado en el dictador fascista italiano Benito Mussolini. Garbitsch (del inglés garbage=basura), interpretado por Henry Daniell, secretario del interior y ministro de propaganda de Hynkel, está inspirado en Joseph Paul Goebbels (1897-1945), ministro de educación popular y propaganda del gobierno nazi, y el Mariscal Herring (Billy Gilbert) evoca al Mariscal Hermann Wilhelm Göring (1893-1946), responsable de las fuerzas aéreas y uno de los máximos dirigentes de la Gestapo, los servicios secretos alemanes. La cruz gamada de los nazis, al mismo tiempo, aparece transformada en una doble cruz aprovechando un juego de palabras anglosajón que implica la idea de estafar.


Una, sin duda, de las obras maestras del cine, una película atemporal, y que describe muchas de las miserias de la raza humana, las dictaduras como un cáncer absoluto y totalmente realista y visionaria a la vez.

Os dejo con la última escena de la película con el discurso final.