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jueves, 28 de noviembre de 2024

Escenas míticas del cine (CCCLXXXV)


Howard Hawks dirige su última película en 1970, Río Lobo, continuación de las otras dos con las que forma una especie de trilogía, Río Bravo y El Dorado. Las constantes morales de Hawks sobre la amistad masculina (aquí con idea de concordia posguerra norte/sur, ilustrada en una simpática relación entre un coronel yanki y un capitán confederado), su capacidad de crear sentido del humor en los diálogos dentro de la tensión que implica el contexto y desarrollar la acción de forma dinámica, le dan al film un tono agradable. Leight Brackett vuelve a ser su guionista de confianza, como en otras muchas.
A finales de la Guerra Civil Americana (1861-1865), un grupo de suristas mandados por el Capitán Pierre Cordona (Jorge Rivero) se dedican a robar los cargamentos de oro que transportaba el ejército yanki. En uno de estos asaltos el coronel Cord McNally (John Wayne) pierde a uno de sus mejores amigos. Una vez finalizada la guerra y como venganza personal, Cord McNally se dedicará a buscar a los miembros de la banda de asaltantes. Una pista le lleva hasta el pueblo de Río Lobo, un lugar donde sus enemigos se han convertido en los amos e imponen la ley del más fuerte.
Casi todos los westerns de Hawks se caracterizan porque tienen el mismo esquema, es decir, un hombre valiente (siempre interpretado por Wayne), trata de imponer la ley, pero sólo consigue la ayuda de un reducido grupo de hombres buenos, pero con algún defecto que les imposibilita para la tarea, como ser demasiado viejos, borrachos o incluso demasiado jóvenes. En esta ocasión, el pistolero inexperto es el que interpreta Jorge Rivero. No dejo pasar por alto la extraordinaria belleza morena de Jennifer O'Neill.
Aquí, la muralla numantina de la cárcel, símbolo de la vigencia de la ley donde se atrincheran el héroe por antonomasia, ya otoñal, borrachuzo y conformista (John Wayne), el jóven impetuoso y aprendiz (Jorge Rivero) y el anciano bufón (un cuatrero irredento como Jack Elam), es tan sólo un escenario anecdótico en el metraje del film, un guiño cariñoso a sus películas hermanas.
Esta última obra rodada por Hawks, por momentos tiene el vigor de alguna de sus primeras realizaciones. Su clasicismo y solidez son abrumadores.


Precisamente en esa escena donde se atrincheran en la cárcel del sheriff es con la que me quedo hoy, una escena brutal donde Wayne le pregunta a Elam que porqué toca siempre la misma melodía...

Os dejo con la mítica escena.

lunes, 30 de marzo de 2020

Escenas míticas del cine (CXXV)


Howard Hawks dirige Río Bravo en 1959, un western algo claustrofóbico (ideal en los tiempos que vivimos), pero una de las cumbres de un director que fue maestro en varios géneros, pero que en el western lo bordó. Con guión de sus íntimos colaboradores Leight Brackett y Jules Furthman basado en la historia de B. H. McCampbell, que narraba una amistad a través del enfrentamiento entre el sheriff John T. Chance al que da vida John Wayne y sus dos ayudantes contra un terrateniente Nathan Burdette (John Russell) que quiere rescatar a su hermano encarcelado Joe Burdette (Claude Atkins). Chance sólo tiene la ayuda de un viejo simpático, algo cascarrabias, pero mítico personaje Stumpy a cargo del entrañable Walter Brennan, de Dude (Dean Martin), un tipo dado a la bebida por culpa de su mujer y en cierto modo también por Colorado Ryan, al que da vida un joven cantante Ricky Nelson (sustituto de Elvis Presley, que no llegó a un acuerdo económico por medio de su agente). Los cuatro se enfrentan al  terrateniente, cerrándose poco a poco el cerco sobre ellos y tendrán en la prisión del pueblo su propia prisión, y a la vez un lugar seguro.
Como no puede ser de otra forma también hay lugar para el amor en un western evidentemente masculino, y ahí es donde reluce con protagonismo estelar Angie Dickinson, dando vida a Feather, una vividora que huye de su dudoso pasado y que enamora al sheriff. Precisamente la escena final, él hace llorar a Feather demostrándola de una manera tosca que la quiere, además de tener su lado cómico.


Os dejo con la mítica escena.

domingo, 25 de octubre de 2015

Ayer se nos fue Maureen O'Hara.


El cine clásico va perdiendo a los pocos actores que le quedan vivos. Ayer fue el turno de la mítica Maureen O'Hara, actriz nacida en Dublín, Irlanda, el 17 de agosto de 1920.
En su juventud fue cantante de ópera irlandesa y al finalizar sus estudios le fue ofrecido el cargo de cantante de ópera principal en el Abbey Theater, pero ella decidió ir a Londres a intentar una carrera como actriz, su verdadera vocación, asistiendo a un casting para una productora de cine inglesa, que fue decepcionante ya que la producción no se llevó a cabo. Pero ese casting cautivó a Charles Laughton (impresionado con los ojos de la O'Hara) quien la llamó y la convenció de que ese era su futuro.
Su primer film fue Jamaica Inn (La posada de Jamaica) dirigida por un incipiente Alfred Hitchcock en 1939. A partir de ahí títulos, entre otros, como El cisne negro (1942), Río Grande (1950) o El hombre tranquilo (1952) ambas con John Ford, La pelirroja de Wyoming (1953), Lady Godiva (1955) Tu a Boston y yo a California (1961) o El gran Jack (1971) donde paró su producción. Sólo una aparición más en 1991 dejó huella en Yo, tu y mamá.


Guerrera e indómita siempre tuvo su cruz en el poco reconocimiento de la Academia de Hollywood, que en este 2015 la recompensó con un Óscar honorífico por toda su carrera que recibió de manos de Liam Neeson y Clint Eastwood, a lo que ella espetó "Espero que sea de plata o de oro y no algo sacado de la cocina".

En su memoria os dejo con una mítica escena de la película Un hombre tranquilo de John Ford, donde comparte papel protagonista con John Wayne. Inolvidable para siempre esa mítica frase que dice:
"Entre nosotros no habrá puertas ni cerrojos, Mary Kate. Excepto los que tu pongas en tu mezquino corazón".


martes, 30 de junio de 2015

Rio Lobo (1970)

Cartel del film


Howard Hawks dirige su última película en 1970, Río Lobo, continuación de las otras dos con las que forma una especie de trilogía, Río Bravo y El Dorado. Las constantes morales de Hawks sobre la amistad masculina (aquí con idea de concordia posguerra norte/sur, ilustrada en una simpática relación entre un coronel yanki y un capitán confederado), su capacidad de crear sentido del humor en los diálogos dentro de la tensión que implica el contexto y desarrollar la acción de forma dinámica, le dan al film un tono agradable.
Leight Brackett vuelve a ser su guionista de confianza, como en otras muchas.


A finales de la Guerra Civil Americana (1861-1865), un grupo de suristas mandados por el Capitán Pierre Cordona (Jorge Rivero) se dedican a robar los cargamentos de oro que transportaba el ejército yanki. En uno de estos asaltos el coronel Cord McNally (John Wayne) pierde a uno de sus mejores amigos. Una vez finalizada la guerra y como venganza personal, Cord McNally se dedicará a buscar a los miembros de la banda de asaltantes. Una pista le lleva hasta el pueblo de Río Lobo, un lugar donde sus enemigos se han convertido en los amos e imponen la ley del más fuerte.


Casi todos los westerns de Hawks se caracterizan porque tienen el mismo esquema, es decir, un hombre valiente (siempre interpretado por Wayne), trata de imponer la ley, pero sólo consigue la ayuda de un reducido grupo de hombres buenos, pero con algún defecto que les imposibilita para la tarea, como ser demasiado viejos, borrachos o incluso demasiado jóvenes. En esta ocasión, el pistolero inexperto es el que interpreta Jorge Rivero.
No dejo pasar la extraordinaria belleza morena de Jennifer O'Neill.


Aquí, la muralla numantina de la cárcel, símbolo de la vigencia de la ley donde se atrincheran el héroe por antonomasia, ya otoñal, borrachuzo y conformista (John Wayne), el jóven impetuoso y aprendiz (Jorge Rivero) y el anciano bufón (un cuatrero irredento como Jack Elam), es tan sólo un escenario anecdótico en el metraje del film, un guiño cariñoso a sus películas hermanas.
Esta última obra rodada por Hawks, por momentos tiene el vigor de alguna de sus primeras realizaciones. Su clasicismo y solidez son abrumadores.


Os dejo con el tráiler de esta mítica película.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Stagecoach (La Diligencia) (1939)

Cartel del film



 
 
La Diligencia es un clásico del cine, y el primer western que sentó cátedra dentro del género, dirigido por John Ford y protagonizado por John Wayne. Ganó 2 Óscars. La película en blanco y negro fue el auténtico espaldarazo a la carrera, aún incipiente, de un jóven actor John Wayne.
La película, con localizaciones espectaculares del Monument Valley, está rodada de forma magistral, destacando la filmación del ataque indio y, en la globalidad de la película, algún plano de tipo subjetivo desde encima del carruaje, travellings, la profundidad de campo, las sombras y contrastes de luz de Ford y Bert Glennon, habitual colaborador del maestro.







John Ford



 
En un pueblo de Arizona, la liga por las buenas costumbres y la decencia deciden expulsar del pueblo a Dallas, una prostituta, y al doctor Boone, un médico borracho. Éstos son obligados a subir a la diligencia, que iba a salir de la ciudad de Tonto con destino a Lordsburg, Nuevo México.  A esta diligencia se unen la señora Lucy Malory, mujer de un capitán de caballería, embarazada y deseando reunirse con su marido, un banquero que debía cerrar un negocio y Hartfield, un antíguo soldado confederado que se hallaba en una época de jugador y pistolero, que se pone a servicio de la señora Malory debido a una vieja amistad.
El último de los tripulantes, es un comerciante de alcohol, que no tarda en tener al doctor Boone entre uno de sus mejores amigos.






John Wayne

 
 
 
Éste film lo tiene todo, un catálogo de personajes antimaniqueos perfectamente retratados e interpretados que equilibran con sus diferentes tipologías una interesante historia dónde se mezclan el romance, el humor, el drama, la acción, la aventura, etc.,
En el mismo también tenemos una crítica social, se habla de alcoholismo, prostitución, choque de clases... todo ello dentro de una narrativa que sabe atrapar cada detalle, emoción, mirada o frase, con mucho componente emocional y gran trabajo artístico.






     Gerónimo y los Indios
 
 
 
 
John Wayne está en plan estelar, como antihéroe y gracias a su personaje de Ringo Kid, forajido de valores consistentes y nobles sentimientos presentado con un zoom de leyenda, se convirtió en una estrella, para luego ser un mito.
 
Os dejo con ésta inolvidable película.