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domingo, 17 de noviembre de 2024

Escenas míticas del cine (CCCLXXIX)


Como decía días atrás en 1977 el director norteamericano Sam Peckinpah dirige La cruz de hierro, con un guión adaptado por Julius J. Epstein, Walter Kelley y James Hamilton a partir de la novela de Willi Heinrich titulada The willing flesh, aunque a posteriori se le cambió el título para hacerlo coincidir con el de la película. El film nos sitúa en el Frente Oriental, Península de Taman, en el año 1943, allí el Sargento Steiner, al que da vida un magistral James Coburn, encabeza un pelotón alemán que combate por sobrevivir a la dura experiencia del frente ruso. La llegada a la unidad de un nuevo y estirado oficial prusiano, el Capitán Stransky, al que interpreta de manera no menos genial Maximillian Schell, tiene como única finalidad conseguir la condecoración de la Cruz de Hierro a cualquier precio, lo que hará complicar mucho las cosas, el ambiente y demás, mientras el frente alemán empieza a hacer aguas por todas partes.
Peckinpah había demostrado crear en sus anteriores trabajos un universo visual propio, impactante y de una fuerza arrolladora, sobre todo dentro del género del Western. Pero en esta su única incursión en el cine bélico, hizo una obra maestra sin paliativos, mostrando la guerra con una crudeza y realismo espectaculares. Aquí todo esta visto desde el lado perdedor, en un momento en el que el curso de la guerra cambia totalmente y los alemanes empiezan a ver cerca el final con su derrota.


En una escena mítica muy al final del film, el pelotón de Steiner ha sido aniquilado casi en su totalidad por orden de Stransky (alemanes matando a alemanes), y como es lógico Steiner va a buscar al Capitán, al que recibe con una ráfaga de tiros. Le invita a salir al campo de batalla (en ese momento sufren un brutal ataque ruso) y le pregunta si sabe utilizar el fusil, a lo que contesta que naturalmente. Stransky acepta el reto y dice que le va a enseñar como lucha un general prusiano, a lo que Steiner le contesta con una frase lapidaria "Y yo le enseñaré donde crecen las cruces de hierro".

Os dejo con la mítica escena.

jueves, 31 de octubre de 2024

Escenas míticas del cine (CCCLXXVIII)


En 1977 el director norteamericano Sam Peckinpah dirige La cruz de hierro, con un guión adaptado por Julius J. Epstein, Walter Kelley y James Hamilton a partir de la novela de Willi Heinrich titulada The willing flesh, aunque a posteriori se le cambió el título para hacerlo coincidir con el de la película. El film nos sitúa en el Frente Oriental, Península de Taman, en el año 1943, allí el Sargento Steiner, al que da vida un magistral James Coburn, encabeza un pelotón alemán que combate por sobrevivir a la dura experiencia del frente ruso. La llegada a la unidad de un nuevo y estirado oficial prusiano, el Capitán Stransky, al que interpreta de manera no menos genial Maximillian Schell, tiene como única finalidad conseguir la condecoración de la Cruz de Hierro a cualquier precio, lo que hará complicar mucho las cosas, el ambiente y demás, mientras el frente alemán empieza a hacer aguas por todas partes.
Peckinpah había demostrado crear en sus anteriores trabajos un universo visual propio, impactante y de una fuerza arrolladora, sobre todo dentro del género del Western. Pero en esta su única incursión en el cine bélico, hizo una obra maestra sin paliativos, mostrando la guerra con una crudeza y realismo espectaculares.


En una mítica escena el Capitán Stransky llama al Sargento Steiner (que ha estado hospitalizado un tiempo y ha vuelto) para ofrecerle y proponerle que firme para la consecución de su objetivo único, que es la Cruz de Hierro, diciéndole que es el regimiento quién ha dicho que lo merece ya. La cara de Coburn, que lleva la procesión por dentro es una maravilla, ante el egocentrismo descomunal del Capitán.

domingo, 30 de octubre de 2022

Escenas míticas del cine (CCLV)

Como decía ayer, en 1971 Sergio Leone acabó dirigiendo ¡Agáchate, maldito!, como se tradujo aquí A fistful of dynamite, Giù La Testa (aunque también tuvo el título de "Érase una vez la Revolución"). Ya antes de filmar Hasta que llegó su hora en 1968, Leone andaba obsesionado con llevar a la pantalla "The Hoods" una historia de gángsters y afirmó que su obra maestra sería su último western. Pero la United le forzó a realizar otro western más si quería financiación para Érase una vez en América. Leone aceptó producir, crear la historia y trabajar en el guión, pero no dirigir. Eligió a Peter Bogdanovic, según él por su ópera prima "El héroe anda suelto" para que la dirigiese, pero realmente solo le atraía de él que tenía amistad con John Ford y Howard Hawks. Leone en las primeras reuniones con Bogdanovic no congenió para nada, ya que este no entendía nada de su filosofía cinéfila, entonces intentó reclutar a Sam Peckinpah, pero este declinó la oferta, por lo que Leone se vio obligado a algo casi lógico, a dirigir él lo que había creado y con la exigencia por parte de la productora de que Rod Steiger estuviera en el reparto haciendo de Juan Miranda, aunque Leone quería a Eli Wallach para ese papel, pero como compensación contó con James Coburn, ya que lo de Eastwood era un imposible, a Coburn lo había tentado años atrás.
Ambientada en el México revolucionario de principios del S.XX, Juan Miranda (Rod Steiger) es un bandido sucio y analfabeto cuya banda la componen su padre y sus incontables hijos. Esperan a una diligencia para asaltarla y una vez capturada se detiene a descansar cuando aparece un tipo muy curioso en motocicleta, es John H. Mallory (James Coburn), un especialista en explosivos y antiguo integrante del IRA irlandés, atormentado por un oscuro pasado y colaborador de los revolucionarios mexicanos. Juan ve en John el sueño de su vida, poder robar el banco de Mesa Verde con su colaboración. Es a partir de ahí cuando sus vidas de unen, regalándonos una historia de amistad dentro del Western realmente increíble. John es culto, refinado y con educación, mientras Juan es mezquino, analfabeto y ladrón, una mezcla antagonista pero efectiva. Un film de esos tapados y vilipendiados que se ve muy poco en televisión, y que para mí es una gran película.


En una escena mítica, Juan se quiere echar una cabezada en un momento de descanso, y pregunta a John desde su ignorancia qué es el papel, a lo que John le contesta que un mapa de su país, a lo que Juan contesta que él no tiene más país que él y su familia, a renglón seguido salta la soflama de Juan sobre quien inicia las revoluciones, desde su punto de vista siempre son los ricos (los que leen libros), para someter a los pobres (los que no leen libros).

Os dejo con la mítica escena.