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viernes, 24 de febrero de 2023

Escenas míticas del cine (CCLXX)

En 1962 Stanley Kubrick dirigió Lolita, basada en la novela de Vladimir Nabokov, una de las más influyentes del Siglo XX. Poseedora de una calidad indudable, dicha novela tenía una elegante pluma que trazaba la condenable idea del amor entre una menor y alguien mucho mayor que se quedaba prendado de ella, pero precisamente en su condena está su atracción. Ya lo decía Freud, que cuanto más censurado está algo, más placer psíquico nos proporciona (mayor es la descarga mental, según sus propias palabras).
Humbert Humbert, un profesor cuarentón al que da vida James Mason, llega a Ramsdale (New Hampshire) y alquila una habitación en casa de la viuda Charlotte Haze (Shelley Winters) que tiene una hija de once años llamada Lolita. Charlotte le enseña la casa a Humbert, que solo ver por primera vez a Lolita se enamora perdidamente de la chiquilla y acepta quedarse allí. Más adelante trazará un perverso plan, casarse con la madre para poder estar siempre cerca de Lolita (Sue Lyon).


Precisamente esa escena mítica es la que propongo hoy, la visita que Humbert hace de la casa guiado por Charlotte y el momento en el que ve a Lolita y dice que si a la primera.

Os dejo con la mítica escena.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

7 Women (1966)

Cartel del film
 
 
El gran John Ford cerró su carrera como director con una película que algunos juzgan como menor, y no digo que no lo sea en cuanto a formato y quizás puesta en escena, pero desde luego no en cuanto a trasfondo, en interpretaciones ni lecturas. Mucho se ha dicho de que si Ford era un cineasta ultraconservador que rayaba el fascismo, hombre no sé si llegaba a tanto, pero desde luego al ver este film no diría yo eso.
La historia se centra en el verano de 1935, en la frontera entre China y Mongolia, dominada por señores feudales y bandidos, dónde los miembros de una misión americana se encuentran desamparados tras la invasión del país por Tunga Khan (Mike Mazurki, uno de los borrachines y esbirros más característicos del western en general y del de Ford en particular, detalle importante como se verá). Ante la urgente petición de un médico por parte de la misión, llegará como respuesta la doctora Cartwright (Anne Bancroft, que está brutal), una persona con ideas modernas e independiente, descreída y mundana, con un carácter fuerte y una sinceridad que chocan demasiado frontalmente con el ambiente tradicional y conservador que se respira en la misión.
En la misión, dirigida por Agatha Andrews (Margaret Leighton, que está fenomenal), se combina el trabajo material con la educación religiosa. En ella convive con algunos criados chinos y con sus colaboradores, Jane (Mildred Dunnock), la señorita Russell (Anna Lee, una de las fijas de Ford a lo largo de su carrera, y amiga personal), Charles Pather (Eddie Albert), el profesor de religión, su esposa Florrie (Betty Field, espléndidamente insoportable), que vive un embarazo tardío y muy peligroso, tanto por ese hecho mismo en sí como por la situación que rodea a la misión, y, sobre todo, con la joven Emma Clark (Sue Lyon, algo alejada, aunque no del todo, de sus carnales exhibiciones para Kubrick), atractiva muchacha por la que enseguida adivinamos que la señorita Andrews siente una inclinación “especial”.

  
Ford no acaba de concretar el planteamiento del film, pero no por relajación o pereza, sino que es, diría que aposta para que provoque, de manera imperfecta, una atmósfera opresiva y muy amenazante, ese tipo de peligro difuso, difícil de definir pero que hace que la vida de un grupo de misioneras laicas norteamericanas penda de un fino hilo.
La película transita a lo largo de sus apenas 83 minutos en un equilibrio de contrarios en lucha permanente, simbólicamente encarnados en los personajes.
 
Os dejo con este film no tan menor.