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jueves, 21 de diciembre de 2023

Escenas míticas del cine (CCCXIX)

Como decía ayer, en el año 2010 Joseph Kosinski dirigió Tron Legacy, la secuela de aquella película de culto de 1982. Cuando Sam Flynn (Garrett Hedlund), un experto programador de 27 años, investiga la desaparición de su padre Kevin Flynn (Jeff Bridges), se encuentra de repente inmerso e un peligroso y salvaje mundo surrealista, un mundo paralelo donde su padre ha vivido durante 25 años. Con la ayuda de una joven (Olivia Wilde), padre e hijo emprenden un viaje a vida o muerte, a través de un sofisticado universo cibernético. 28 años después, aquel producto de Disney que no tuvo éxito comercial y que gracias a sus efectos visuales se convirtió en película de culto, tenía su continuación en esta segunda parte, que por contra tenía mayores pretensiones que la original y un director debutante, con el reclamo de la más sofisticada tecnología y el 3D que puso de moda James Cameron.
Tras la máquina del juego 'Tron' Sam encuentra la puerta al despacho secreto de Kevin, y tras toquetear un poco el ordenador, activa la fantástica puerta a un mundo paralelo, el cibernético. Allí descubre una fría sociedad contralada por un ser llamado CLU, un tirano cuya mayor diversión es asistir a unos juegos mortales donde extraños gladiadores se lanzan discos de luces.
En una escena mítica, Sam Flynn (que es un joven y rico heredero al estilo Bruce Wayne de Batman y sabe de todo al ser muy inteligente) lucha contra Rinzler en una batalla de discos que es de lo mejor de la película. Sam es inexperto en esa lucha, pero pronto aprende como luchar...


Os dejo con la fantástica escena.

viernes, 10 de enero de 2014

Inside Llewyn Davis (2013)

Cartel del film

 
 
Muchas ganas tenía de ver la nueva película de los hermanos Joel y Ethan Cohen, a los que adoro, ya que su filmografía me ha producido momentos inolvidables. Pero con "A propósito de Llewyn Davis" vuelven a estar ahí arriba, narrando una historia de un cantautor que recorre la escena musical folk de Nueva York en 1961. Está parcialmente basada en las memorias "The Mayor MacDougal Street del músico y activista Dave Van Ronk. El protagonista principal es Oscar Isaac (Llewyn Davis), Justin Timberlake (Jim), Carey Mulligan (Jean) y John Goodman (Roland Turner) entre otros.
 
 


 Oscar Isaac, Justin Timberlake & Carey Mulligan


 
En febrero de 1961, Llewyn Davis es un cantante popular que lucha (anteriormente un marino mercante) en el Greenwich Village de Nueva York. Su compañero musical, Mike (cantado por Marcus Mumford), se ha suicidado y su reciente álbum en solitario Inside Llewyn Davis no está a la venta, no tiene dinero y está durmiendo en los sofás de amigos y conocidos.
En cuanto a los actores que rodean el film, secundarios de lujo, quiero destacar a Carey Mulligan (qué guapa, leñe) y su sólida y gran interpretación, que pierde toda su inocencia para fulminar al protagonista, no sólo con una mirada, sino con unos problemas (que a Gallardón le harían vomitar) y con una frase lapidaria "todo lo que tocas lo conviertes en mierda, como el hermano tonto del rey Midas" y la del gran F. Murray Abrahan (el inolvidable Salieri de Amadeus), que en una sólo escena, con dos miradas y dos frases lo borda.



Oscar Isaac


 
Es una película sobre perdedores, sobre uno de esos perdedores a los que se les coge un cariño poco justificable si no nos escudamos en el hecho de que se trata de “nuestro perdedor”, ese al que estamos siguiendo la pista desde que recibe la primera hostia en el minuto uno (física y psíquica), de un loser, que tiene en su carácter tantos rasgos nuestros (la mayoría exagerados y la minoría fotocopiados) y que no podemos evitar sentir cierta identificación inmediata, aunque mantengamos la distancia hipócrita diciendo "a mi eso no me pasaría", cuando en el fondo es uno de los nuestros.



John Goodman
 
 
 
Los hermanos Cohen son unos magos, no sólo en contar historias de perdedores, sino en crear personajes increíbles, como el que aquí interpreta Oscar Isaac con reminiscencias de El Nota, algunas otras de los fugitivos de O Brother, o esa secretaria y esa oficina ajenas al paso del tiempo, a la informática y a la digitalización, que ya encontramos en "Quemar después de leer", o ese enorme (en todos los sentidos) John Goodman, que nos recuerda a aquel tipo irascible que arrojó contra sí mismo las cenizas de su amigo, también en "El gran Lebowski".
 
En resumen, un film extraordinario, que recomiendo con ganas (sobre todo a aquellos que les gusta la música) y cuyo final es una descripción total de lo que es la suerte o tener estrella en la vida y lo que es ser un perdedor, cuando te pegan después de actuar y encima en el mismo local tocaba un joven ¿Bob Dylan?...
 
Os dejo con el tráiler.